La introducción de noviembre de 2007 vale perfectamente para el post de hoy. "Debo la noticia de hoy a un lector de este blog. De otra forma hubiera sido imposible que una noticia provincial hubiese llegado a dominio público". Gracias a E.J.H. El resto ya no sirve.Aquel entonces fue en Lleida. Ahora es en Málaga. El caso es el mismo: robo de sustancias susceptibles de ser usadas como doping en los hospitales públicos. En el primero fue un propio trabajador del centro -el caso más frecuente-, ahora son "trabajadores externos". En la noticia del mejor de los diarios gratuitos queda bien claro que los dos más jovenes (26 y 29 años) eran los que sustraían los medicamentos que pagamos entre todos, y los dos más veteranos de 30 y 37 colocaban las sustancias en gimnasios, algunos de su propiedad.
Las noticias de las oscuras redes de centros de body building -ejem- y lo que circula por ellas no son nuevas. No hace mucho cayó una de los mejores del país, pero siempre era por las mismas sustancias: anabolizantes. Para más músculo. La novedad del caso de Málaga es la sustancia: hormona del crecimiento, el bálsamo de Fiebrás de los deportistas porque es prácticamente imposible de detectar en cualquier control antidopaje. En código Eufemiano, siempre tan clarividente en sus nombres, era fuerza.
Habían robado por valor de 40.359 euros -seguramente más, en el céntrico y populoso Hospital Carlos Haya deberían hacer un arqueo exhaustivo-, la Policía sólo ha encontrado sustancias por valor de 14.000 euros. Y eso que el robo se produjo poco a poco. No parece que tuviesen problemas para colocar el material. Bueno, casi nunca los hay: la demanda supera con mucho a la oferta, y mientras que el resto de la droga (esa que se denomina recreativa, como si el deporte no fuese recreativo) ha experimentado una prolongada y sostenida caída de precios, el conocido como doping dispara sus precios. Yo creo en el mercado y la ley de la oferta y la demanda, no creo que haga falta explicar más.
Fíjense ahora en la secuencia. El diario Sur, el más leído de la sexta ciudad más poblada de España, propiedad del grupo El Correo, publicaba un día antes esta noticia. Ya anunciaba el robo de "100 dosis", que valoraba en "60.000 euros", a razón de 600 euros la unidad. Después se rebajaría la expectativa y se quedarían únicamente en 400 euros c/u. Y todo ello dentro de un artículo sobre la vigorexia, un palabro de moda, como lo fue la tanorexia, y que no aporta nada: el diccionario ya recoge palabras muy concretas y de uso muy difundido para ese tipo de patologías.
Al día siguiente se apuntan el tanto (" tal y como adelantó SUR"), y eso que el artículo sobre la vigorexia parecía que era simplemente para rellenar. ¡Qué fino hilan por el Sur/SUR! ¡Con lo bien que vendría un titular como "Robo de fármacos a la sanidad pública para usarse como dopaje", en vez de hablar de una enfermedad imaginada y mediática!. En fin. Esto es lo que hay. Parece que Vocento, además de unificar la estética de todas sus cabeceras, también hace lo mismo con la capacidad de sus periodistas. En cuanto a los usuarios finales de la hormona del crecimiento, alguno de los cuales lee este blog, les recomiendo el último párrafo. Especialmente lo que dice de un ciclista.
Entre lo que pasó en Lleida y lo de la semana pasada en la otra punta del país, tan diferente en tantos aspectos, ha mediado la creacción de la Agencia Antidopaje Española. No se sabe si tendrá algo que decir sobre este caso. Si circunscribirlo a "otro de gimnasios" o, quien sabe, hacer uso de sus funciones y de la Fiscalía ad hoc creada con los impuestos y los recursos de nuestro Estado e iniciar una rueda de interrogatorios para que estos camellos de poca monta canten quienes eran sus clientes, si enviaban por correo o de qué cojones vivían antes de descubrir que robar medicamentos al sistema de Sanidad pública es lo más rentable que existe. Pero eso no pasará. La Agencia Antidopaje Española es como la abuela que está en la mecedora, al lado de la estufa, mientras el resto de la familia sigue la juerga y la farra, porque lo importante es dar espectáculo.
***
Andrea Moletta y su padre Natalino, inocentes. Nada se sabe de cúal era la composición de la jeringuilla que estaba escondida dentro de un tubo de pasta de dientes ni de por qué se necesitan 89 pastillas de Viagra, pero para el juez de Padova que llevaba el caso todo es perfectamente normal. Supongo que Kohl y Schumacher piensan lo mismo.
***
Un corredor que militó en el T-Mobile en 2003 y 2004 está colaborando como testigo protegido en la investigación sobre el centro de dopaje de la Universidad de Friburgo. Tampoco es tan difícil saber quien es.
***
Dos amigos. Una conversación intranscendente. Felicidades al periodista, que brilla por su ausencia.











