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16 octubre, 2008

Romper la omertà ciclista se paga con el rechazo, el aislamiento y la exclusión

Der Spiegel es un monumento con grapas que pueden encontrar cada semana en los kioskos. La publicación alemana, nacida en la inmediata postguerra (1947) es un ejemplo de periodismo denso, internacional, reportaje de análisis y un goce para el lector.

En España, país en el que jamás han triunfado los semanarios de información (Cambio 16 vivió su momento de gloria en la Transición, Interviú es otro cosa), es difícil hablar en esos términos de la creación de Rudolf Augstein, que se ha intentando copiar en muchos países, de manera burda y grotesca (Panorama en Italia, por ejemplo, órgano berlusconiano que prácticamente se regala).

Les pongo un ejemplo del buen periodismo, de los que tienen miles. El protagonista es Patrick Sinkewitz, viejo conocido del mundo del ciclismo y de este blog, aunque solo sea porque ha sido de los pocos casos (se cuentan con los dedos de la mano) de corredores que han confesado su doping y han tirado de la manta. En este caso, hasta donde le han dejado. Por su colaboración -la investigación sobre la trama de dopaje de la Universidad de Friburgo sigue adelante-, su sanción de dos años por dopaje fue reducida a un año, que ya ha cumplido. Sinkewitz podría haber competido en la parte final de la temporada, y sin embargo sigue sin equipo.

Der Spiegel repara en este hecho. En la enorme hipocresía de que un corredor joven de 28 años no encuentre su lugar en el pelotón, más dentro de la puritanísima Alemania y su lucha contra el doping, que ha cercenado a cuantos campeones recientes han tenido. Mientras tanto, Basso, que ha reconocido su doping pero que todavía sigue diciendo por ahí que "nunca ha dado positivo", está a punto de ponerse de nuevo un dorsal profesional en la Japan Cup, y ya había firmado por un equipo cuando ya se había descubierto su caso -el Discovery, donde iba a tener de gregario a Contador- y después, tras reconocer su implicación, con el Liquigas, ¡nada menos que hace seis meses!.

¿Cúal es la diferencia entre Basso y Sinkewitz? Y por favor, no me vengan con eso de que el italiano era un predestinato y todas esas sandeces. La diferencia es que el italiano -naturaleza obliga- se ha atenido a las reglas de omertà del pelotón -no digas, no hables, no sientas: chútate y corre. Si te pillan, calla para lo nuestro y rebuzna para lo otro-, mientras que el alemán no, al igual que su compatriota Jaksche. La familia ciclista sabe pagar esas extroversiones con una única moneda: el rechazo, el aislamiento y la exclusión.

Como leemos en el reportaje, la sanción de Sinkewitz expiró el 18 de julio pasado. Desde entonces han pasado lentamente las semanas sin ninguna respuesta de los equipos profesionales, hasta llegar a octubre con las plantillas ya diseñadas o simplemente cerradas. "Tengo 27 años, no cuesto un céntimo y nadie me quiere" o "todas las puertas cerradas" son algunas de las frases que leemos. También las falsas esperanzas dadas por un equipo que va de limpísimo como el Garmin. Y que de tan limpio que es tiene la base en Girona.

Reparen en la situación de Sinkewitz y en lo que hemos vivido este último mes en el ciclismo. Armstrong (37 años), vuelve y en el Giro de Italia le abren las puertas y probablemente le diseñen una carrera a medida, en la más rancia tradición de la carrera. Vinokourov (36 años), se deja querer por ahí. Heras, camino de los 35, también anda vendiéndose y pidiendo una nuevo oportunidad. Raúl Alcalá, con 43 años, acaba de reaparecer en la Vuelta a Chiahuahua, carrera ganada por Pancho Mancebo, que jamás ha cumplido sanción alguna, que jamás ha delatado a nadie, y que se verá premiado con un contrato con el Rock&Republic. Sinkewitz, que cumple 28 años en cuatro días, no encuentra equipo.

¿Saben ustedes cuántas páginas de supuesta información periodística han consumido esos zombies citados más arriba? No lo se, pero muchas. En cambio, de Sinkewitz sí que se que le han dedicado un par de páginas. Así paga el ciclismo y la casta periodística que ampara y loa las hazañas metahumanas a los que rompen la omertà: con el rechazo, el aislamiento y la exclusión. El olvido.