Para mí, y lo digo siempre que tengo oportunidad, Nairo Quintana tiene "el don", esa cosa rarísima que sale cada 10 o 15 años en un deporte y de lo que vivía España hasta la eclosión médica de los años ochenta. Es un campeón por naturaleza, y sólo cabe esperar que no se pierda por el camino.
El jueves en Arrate ganó la etapa, tras escaparse muy bien en el tramo de descenso antes de meta, pero sólo consiguió 2" de renta ante el resto de favoritos, suficientes para asegurar el segundo puesto en la general, en manos de su compatriota Henao, un simple testaferro de Porte y sus nada ocultas intenciones desde la salida de la carrera en Elgoibar.
El viernes la esperada etapa en el Goierri con llegada a la industriosa Beasain. Llovió muchísimo, y el espectáculo lo volvió a poner el Caja Rural, que lanzó perfectamente a Omar Fraile a 50 km. de meta, mientras el grupo se ponía detrás de Kiryenka y Zandio del Sky, probablamente hasta la mismísima línea de meta.
Fraile había sido apalabrado por el Euskaltel, pero llegó Igor González de Galdeano y decidió una política de fichajes de extranjeros, que ha salido como ha salido: hoy mismo acaban de lograr el exitazo de que un griego acabe por primera vez en la historia la París-Roubaix. El ataque y la excepcional entrega de un corredor como Fraile es lo que se esperaba del Euskaltel, pero no están ni se les espera.
El corredor del Caja Rural se papó en solitario el durísimo circuito, que tanto recordaba a las carreras de aficionados que otrora salpicaban el Goierri: carreteras estrechas, porcentajes absurdos combinados con descansos, descensos peligrosos y, bueno, la esencia del ciclismo. Sólo fue neutralizado por los favoritos a ocho km. de meta y consiguió entrar con sólo 40" de desventaja con el vencedor de la etapa.
S. Sánchez hizo un ataque de los suyos, de los de peseta por la g. de dios, poco antes de coronar, para lanzar uno de sus temidos y cacareados ataques descendiendo, esos que le han proporcionado tantas victorias como profesional, las mismas que adornan su palmarés de hojalata y de subcampeonatos, esa categoría inventado por él mismo.
Bien, pues no sirvió para nada. Porte se pegó a su rueda, y el resto poco antes de entrar en Beasaín, donde antes de cruzar el puente sobre el río y dar una curva de 180º, el australiano de Tasmania se fue en solitario -en el llano- para ganar la etapa con 4" de ventaja sobre Contador, Henao y Quintana. De cara a la decisiva crono final, Henao tenía 6" sobre Quintana y Porte, y 10" sobre Contador y Spilak.
Además, en la etapa abandonaron ¡75 corredores!, quedando sólo 73 en carrera. Les habrán dicho que fue por la dureza de la etapa, con 3.300 metros de desnivel acumulado, pero también fue por el diluvio -algunos se retiraron cuando apenas se habían cubierto diez km- y, especialmente, porque cuando una crono cierra la carrera, muchos se van antes. Sea como fuere, esto también le daba un aire de carrera de aficionados, especialmente esas de finales de los noventa, cuando el post-Indurain y el olanismo, donde llegaban a salir 320 corredores en las pruebas del Goierri, para que después acabasen 70.
Para la crono final sólo había un favorito: Richie Porte, que en Col d´Eze había sacado a Quintana bastante tiempo. Algunos hablaban de Contador, pero porque todavía no se han dado cuenta que su idolotrado no es el mismo desde que en el juicio del TAS se supo que su pasaporte biológico -y nunca le deberemos lo suficiente a Asheden- distaba mucho de ser "de níquel". Y con el, todo su equipo: desde el ex-Sky Rogers -sí, ha estado en carrera- hasta Kreuziger, doblado nada más empezar la crono por Intxausti.
Sin embargo, Quintana hizo una crono excepcional, batiendo a Porte en todos los puntos intermedios y acabando segundo de la etapa, a sólo 17" del campeón del mundo contrarreloj Tony Martin. Fue toda una exhibición y sirvió para rescatar una prueba que iba a ir para el Sky, que había dominado la carrera con ¡sólo cuatro corredores!, habida cuenta que Porte y Henao jamás tiraron. Para ellos los otros dos cajones del podio, cuarto Spilark por sólo un segundo, y quinto Contador.
Como ha habido ocasión reciente de glosar a Quintana, y las habrá futuras -espero que Unzué no sea tan mezquino de no llevarlo a las Ardenas-, hay que mirar la proyección de este corredor, que insisto que para mí tiene algo que se cada mucho tiempo en los ciclistas: a su excepcional capacidad escaladora une una categoría bajando impropia de un colombiano, y no es cojo en cronos que no sean completamente llanas.
Sin embargo, está en la cuadra navarra. Eso está bien para evitarse sustos con el antidopaje (¡Fertonani, no te olvidamos!), pero no tanto para su proyección futura en un equipo obsesionado con el Tour y con la sombra de Indurain. ¿Está Nairo Quintana con 23 años para hacer algo grande en el Tour? Yo creo que si, pero a tenor de este tweet parece que su director no piensa lo mismo:
@juanfdelacruz Unzué told me last year that, in his opinion, Quintana will probably never be a contender for Tour GC...I was surprised.
— Daniel Friebe (@friebos) 21 de marzo de 2013
Lo dice un periodista alemán bien informado y que no dice sandeces. Para Unzué, Quintana y sus excepcionales habilidades no son suficientes para un gran vuelta por etapas. Ni el Tour, ni la Vuelta, ni el Giro. El sabrá, igual que siempre ha dado posibilidades a Valverde en el Tour. Sí, el mismo corredor que en la crono final de Orio en la Itzulia de 2010 fue incapaz de hacer lo que ha hecho Quintana ante Porte. Y remontando.
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Tercera Paris-Roubaix para Cancellara. La carrera fue bastante buena, especialmente porque tuvo incertidumbre hasta el final. O eso creímos todos. Confieso que vi la carrera porque el sábado en el País Vasco hubo relativa sorpresa. En Roubaix no: segundo doblete Flandes-Roubaix para el cliente de Eufemiano Fuentes, tras el de 2010. Segundo doblete seguido Flandes-Roubaix, tras el de Boonen en 2012. ¿Emoción? Porque iba Vanmarcke. El resto, poco.
En el carrefour de l´Arbre se estrelló Vandenbergh, una bestia parda esta primavera y esta Roubaix en particular, por querer aprovechar demasiado la cuneta: se tragó un espectador y al suelo; poco después su compañero Stybar, que se había pegado muy bien a Cancellara cuando saltó del grupo perseguidor hacia los fugados Vandenbergh y Vanmarcke, tenía que pegar un bandazo para esquivar a su vez bandazo provocado por un espectador que se puso frente a los corredores. ¿Resultado? Los dos Quick Step, que podían haber jugado tácticamente en un grupo de cuatro, eliminados.
De ahí a meta la incertidumbre la puso Vanmarcke: por lo menos esta vez Cancellara no iba a llegar solo. Sin embargo, el joven belga de 24 años se comportó como un pardillo. Lanzó el sprint a 200 de meta desde el peralte, Cancellara subió y ganó con facilidad, la misma con la que se predicen estas carreras. Recuerden: dos dobletes Flandes-Roubaix seguidos a cargo de Boonen y Cancellara. Es más, dos tripletes seguidos E3-Flandes-Roubaix.
Terpstra, opaco toda la temporada, ganó el sprint de una avanzadilla ante Van Avermaet y el francés Gaudin, otro que estuvo en todas las batallas desde el inicio, al igual que su compatriota y compañero de equipo Turgot el año pasado. La carrera se corrió a 44´19 km/h de media -y eso que jugaron al impasse el último km-, la segunda Roubaix más veloz de la historia desde la de Peter Post en 1964.
El ciclismo que cambia. Dirán que había mucho viento de culo. O que el adoquín se ha suavizado.
Me acuerdo que en 2009 comentábamos aquí, entre asombrados y estupefactos, que Haussler hubiese sido segundo en Sanremo, segundo en Flandes y séptimo en Roubaix. Pues bien, las últimas nueve veces que Cancellara ha acabado Sanremo, Flandes y Roubaix ha conseguido esos resultados: 1º, 1º, 2º, 3º, 2º, 2º, 3º, 1º, 1º. Así el ciclismo se parece al motociclismo, la auténtica modalidad que practica Cancellara, el genuino indultado de la Operación Puerto.
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En el GP Amorebieta, victoria para Rui Costa, completando una semana muy buena para el Movistar en el País Vasco. Contador e Intxausti fueron cazados en el último km. Contador, por cierto, antes no corría este tipo de pruebas, pero este año le da al Nobile Rubinetterie y a lo que se tercie. Con igual éxito, eh.
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Era fácil acertar y así ha sido. De entre todas las hazañas de Poblet, singularmente sus dos Milán-Sanremo ante De Bruyne y Rik Van Steenbergen, los medios españoles han destacado casi por unanimidad lo de "primer maillot amarillo español en el Tour". Destaco por su brutalidad la de EFE, reproducida por muchos medios, donde se utiliza el término "esprintador" y se escribe "Voltes a Cataluña". En este país, si no haces algo en el Tour, no eres nadie. Ni siquiera cuando mueres.
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Positivo maketo en el Euskaltel. El ruso Serebryakov ha dado un "no negativo" -no se conoce la sustancia- en un control sorpresa en su domicilio el pasado 18 de marzo. Se ha sabido el sábado por la tarde, justo cuando había terminado la Vuelta al País Vasco y cuando el fichaje que ha salido rana (bueno, eso todos, sin excepción) estaba a punto de tomar la salida en la París-Roubaix, donde sus compañeros se aprestan a hacer el papelón de todos los años.
El ruso ha eximido de toda culpa al equipo, como en su día hizo Landaluze, y lo ha hecho con un comunicado inmediato que parece que tenía preparado desde hace días. Al estilo Galimzyanov, pero sin ser manuscrito. Un comunicado que hace pensar que están escritos desde el inicio de la temporada, para poder utilizarse en caso de que caiga algún soldado.
El Euskaltel compite de tu a tu con el Lampre en cuanto a número de positivos acumulados en su trayectoria profesional de entre los equipos activos. Al ya citado caso del corredor que ganó un Dauphiné con un certificado médico de testosterona disparada -que caducó cuando se empezó a detectar su carácter exógeno-, se suman los de Aketza Peña, Del Olmo, Aitor González, Landaluze y Astarloza.
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Ponferrada 2014, al borde del impago. Espero que el 1 de mayo la UCI ejecute los avales, otorgue la organización a otra ciudad y deje a esa horrible pesadilla con su realidad cotidiana, de por sí una pesadilla.