
El Tour ha esquivado por muy poco el primer escándalo de la carrera. Tras tejer un acuerdo para satisfacer a todas las partes, que consistió en expedir bulas oficiales para varios corredores que ahora mismo triunfan en Francia, la edición de este año se presentaba como la más limpia de todas. Es un sino: el próximo año también será la edición más limpia. Y el siguiente. Dentro de poco no habrá leoncito al vencedor de la etapa, pero si un paquete de Ariel o Fairy. De momento, un corredor que tomó la salida en Londres había dado positivo el 8 de junio, y de no mediar una caída de por medio, seguramente seguiría en carrera.
Se trata de Patrik Sinkewitz. Para el seguidor de este deporte el nombre sonará bastante, no tanto para el menguante grupo de los seguidores esporádicos del ciclismo (Tour y poco más), habida cuenta de que el alemán había hecho pocas cosas de primera plana. Si, siempre ha sido uno de los
jóvenesMapei más cacareados (Eisel, Pozzato, Cancellara, Petrov), y tuvo un éxito muy joven, nada menos que la Vuelta a Alemania 2004, pero poco más. Había seguido en el candelero porque siempre ha obtenido buenos puestos en clásicas, especialmente en el 2006, donde logró la muy notable sucesión de 5º en Amstel, 5º en Flecha y 4º en Lieja, de tal relieve que hasta
Piti, que de esto sabe mucho, le citaba este invierno como uno de los favoritos para este año.
No fue así. El no tan joven alemán (clase 80, natural de la muy filosófica y oriental ciudad de Fulda) desapareció, aunque ganó el GP de Frankfurt (en la imagen), y el Tour era su primera cita importante del año. Ya el año pasado lo disputó y su figura está indisociablemente unida al día de DisneyLandis: fue el último corredor en aguantar al robot menonita, que se desembarazó de él en las primeras rampas del Joux-Plane. Ha dado positivo por testosterona en un control sorpresa el 8 de junio, justo en los días clave –según lo que conocemos de los protocolos de dopaje contemporáneo- de preparación para el Tour. Ya saben la historia: corredor joven del que esperaba mucho, no acaba de carburar y cae en un control de dopaje. El
chico-conoce-chica cinematográfico trasladado al ciclismo: una sipnosis que ya aburre.
La historia se complica por la nacionalidad del joven, el equipo en el que milita y las fechas en las que se produce, las de mayor concentración de periodistas en torno al deporte de la bicicleta. Escándalo es la palabra más utilizada, cuando es una cosa de lo más común. La gente se olvida de que Aketza Peña estaba disputando el Giro cuando le comunicaron su positivo, y aquí pan y después vino. Pero no nos alejemos al escenario español, de sobras conocido, y sigamos con el alemán, sin lugar a dudas el que más ha evolucionado a tenor de la periódica constatación de que el ciclismo es un deporte volcado a la farmacia. La ARD y la ZDF, televisiones públicas, han comunicado que dejan de retransmitir y dar cobertura al ciclismo. Conviene recordar que T-Mobile es una empresa semipública. El mismo día del positivo de Sinkewitz, el prestigioso diario muniqués
Suddeustche Zeitung publicaba una entrevista con el picapielos desenfundado a Gendermann, el vendido por Arribas&Cia como la enésima esperanza blanca del ciclismo. El joven alemán de 24 años, que debutó con Rijs, confesaba que frecuentó la clínica de Cecchini, con las típicas explicaciones de que le enseñó a entrenar y a limpiarse el culo.
Abundemos un poco en la decisión de ARD y ZDF. Dentro de la expansión del ciclismo propugnada por la UCI desde finales de los ochenta, el mayor éxito ha sido Alemania. El país europeo más poblado (84 millones, y con mucha diferencia sobre el segundo), con gran renta
per cápita, idóneo para practicar el ciclismo, se volcó con un deporte a rebufo del efecto Ullrich-Zabel. Solo hace falta comprobar que los alemanes son una de las nacionalidades más presentes en el pelotón de esta edición del Tour, y con muy buenos corredores. Ha sido un éxito sin paliativos. O lo estaba siendo. La decisión del ente público radiotelevisivo alemán revela la auténtica gravedad con la que se han tomado en ese país el dopaje. Y las medidas drásticas que están dispuestos a tomar. Sin tele no hay patrocinadores, sin patrocinadores no hay dinero, sin dinero no hay droga. Ni tampoco ciclismo. ¿Y qué? Ahora esperemos que la UCI se deje de cartas firmadas y tome medidas proporcionales, porque se le hunde el tenderete, el mercado más goloso que había conquistado. Por cierto, y nadie podrá sorprender esto: en todo este asunto yo solo puedo decir
Ich bein deutsch.Sinkewitz ya había sido noticia en fechas recientes. Tras la etapa de Tignes, en la que no anduvo especialmente bien, se comió un espectador de 75 años al que envió al hospital bajo como profundo, no sabemos si el mismo donde también tuvo que reposar nuestro protagonista para recuperarse de la fractura de pómulo que se procuró. Al menos ya sabemos porque no se rompió la cara en la caída: porque la tiene de mármol. Otro más. Suma y sigue. Gontchar, su compañero de equipo que el año pasado ganó las dos cronos del Tour con 36 años y fue maillot amarillo, fue cazado en controles internos. Sinkewitz en un control sorpresa, lo que tiene su aquel en tanto y cuanto había pasado –suponemos- los internos
caza-ucranianos. Me comentan desde Alemania que hay fuertes presiones gubernamentales para que el T-Mobile abandone el Tour de Francia. Ya tenemos el escándalo de todos los años en el mes de julio. Y los que quedan.
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En el Tour se llegaba a Marsella en una etapa de 236 kms. Escapada de 10 corredores, en donde está –que nadie se apunte la medalla, era muy fácil adivinarlo- Juan Antonio Flecha. Veo la etapa en directo únicamente para confirmar mis teorías, a sabiendas de que va a ser un tostón. Comentan que el catalán no ha pasado al principio a los relevos con eso de que es del equipo del líder y sus compañeros están tirando por detrás. Ni por esas. Se produce el primer arreón en un puerto de cuarta y es el primero en caer. Décima etapa, diez en la fuga, y llega el décimo. Por fin saca un diez en algo, y por partida triple. No me perderé su columna de hoy en
La Vanguardia, (en meta: “etapa larga, calor, han sido mejores”), que promete ser antológica, casi tanto como Perico diciendo “sabe manejar muy bien las fugas”.
La etapa fue para Vasseur, maillot amarillo cuando Ullrich ganó su Tour, y desde entonces corredor de equipo con algún problema de dopaje colgando. Tercera etapa para Quick Step con tres corredores diferentes, y todavía falta la cabalgada de Gárate. Ayer estaba en la escapada Jens Voigt, el alemán que le vendió la etapa reina del Giro 2006. Está claro que el favor ya estaba pagado, porque el otrora poderosísimo alemán fue quinto, el último de los que disputaron el sprint. Marsella, que es a Francia como Nápoles es a Italia, estaba preciosa por la tele, sobre todo porque pasaron de la ciudad y se dedicaron a enfocar calitas y acantilados.
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En
Ciclismo a Fondo de este mes, recordatorio muy breve de Manuel F. Ginés sin citar las cefaleas que le apartaron del ciclismo sin haber cumplido los 30 años; entrevista de Eduardo Chozas a Roberto Heras (“ganó cuatro vueltas, pero le quitaron una”); y otra entrevista a J.L –exKelme, exmamporrero de Armstrong- Rubiera en su casa de Asturias: por favor, no se pierdan la foto (ojeen la revista en el kiosko, como hago yo: los tres euros van mejor empleados en tomar algo en una terraza) de la instalación que tiene en el jardín con una simulación de una entrada a una mina de carbón, con vagoneta y todo....¡y después dicen que tiene una de las cabezas mejor amuebladas del pelotón! ¡Pues como sea igual que la jardinería que practica....!