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12 enero, 2012

La hipocresía de Aldag

El padre de Rudicio, modelo de Aldag
Rolf Aldag se despacha agusto en el Sueddeutsche Zeitung ante el conocido Andreas Burkett. El antiguo escudero polivalente de Ullrich (un percherón que tiraba en montaña y llano como un jefe de filas, y que la última semana del Tour se metía en escapadas a ver si sonaba la flauta), que después confesó su dopaje sistemático durante toda su vida deportiva y que, empero, era uno de los principales directores deportivos del superequipo HTC (doble campeonato del mundo en Copenhague, por ejemplo), ha tenido a bien desahogarse una vez fuera del mundillo.

Este es el requisito indispensable: se ve fuera y por eso raja. Cuando todavía estaba dentro, nada de nada, y cuando confesó públicamente su dopaje tampoco se vio especialmente perjudicado. Al igual que nuestro conocido y siempre recordado Igor González de Galdeano, cambió el sillín por el sillón del coche de equipo con una rapidez pasmosa, o vergonzosa si tenemos en cuenta su pasado.

En el London Eye, en la salida del Tour 2007
¿Qué experiencia pudo ver el HTC en Aldag? Mucha, y no siempre buena. Aunque raras veces se presente como tal, el HTC -nacido como equipo limpio- era la continuación del T-Mobile, y su corredor estrella debutó en profesionales y consiguió sus primeras victorias con el histórico maillot magenta de la formación, algo que los medios ingleses jamás recordarán: saben perfectamente lo que implica.

Además de haber corrido diez veces el Tour, seis la Vuelta y una el Giro, la principal experiencia de Aldag es que era el mejor aprendiz de Rudy Pevenage (padre de Rudicio, según Eufemiano del Gran Poder), al fin y cabo pasó trece temporadas en el T-Mobile y siempre con Pevenage como director, que veía en el alemán el perfecto instrumento para ejecutar sus órdenes tácticas (¡Ullrich, ataca! ¡Ullrich, aguanta! ¡Ullrich, a Madrid! ¡Aldag, persigue!) en carrera.

Es con este pasado con el que Aldag pasa a ser director deportivo de una auténtica máquina de conseguir triunfos como era el HTC, un equipo donde el 75% de los corredores conseguía victoria y que tuvo momentos señeros como la Vuelta a Suiza 2009, donde consiguieron seis etapas con cinco corredores diferentes. Después en el Tour la cosa no fue tan bien, pero es algo que suele pasar en este tipo de formaciones y con estos mimbres.
Rolf Aldag, explicando cómo se dopaba. Una miaja.

Ahora dice que "la UCI no es lo suficientemente fuerte como para luchar contra el dopaje" y que sólo sigue "intereses económicos", que es una cantinela muy frecuente entre ciclistas, directores, periodistas de ciclismo (especialmente entre estos) y amas de casa. Será eso, pero cuando la UCI persigue el dopaje también recibe las mismas críticas.

"No tengo ningún interés en volver a trabajar en un entorno que no me gusta y que no cambia", dice refiriéndose a eso que nosotros conocemos como el mundillo y que él tan bien conoce, tanto-tanto que raja una vez fuera. ¿Qué querrá decir Aldag con eso de que no cambia? ¿Qué querrá decir el director hasta hace nada de T. Martin, Cavendish, P. Velits y Goss? Bah, seguro que se refiere a algo que haya visto en estos dos meses fuera de el mundillo y no lo que le ha pasado a su pupilo A. Rasmussen, finalmente indultado por la UCI a pesar de saltarse tres controles en momentos clave de la temporada.

Sin embargo, Aldag se reserva lo mejor para Holczer, el antiguo director deportivo del Gerolsteiner que siempre dijo que no sabía nada de lo que cocía dentro y que fue a juicio contra alguno de los dopados, y que esta temporada vuelve con un puesto de mucha responsabilidad en el Katusha: "no se puede decir que tienes unos altos valores morales, haber tenido una serie de escándalos de dopaje como los de Schumacher, Rebellin y Kohl y que no veías nada, como si tuvieses una venda en los ojos. Algo no funciona".

Pues no, algo no funciona. Se debería prohibir volver a ocupar puestos de responsabilidad a mánagers o directores deportivos con pasado de dopaje, así evitariamos lo de Holczer. Y también lo de Aldag, pura hipocresía en alguien con su pasado.
***
El AcquaSapone de los Masciarelli, Di Luca y Garzelli, excluído del Giro. Según este último, le han dado la puntilla para dejar el ciclismo: con 38 años sería lo más normal.

14 mayo, 2009

Menchov avisa a sus rivales

Sólo 125 kms. pero un puerto final duro-duro son suficientes para dar espectáculo y diferencias apreciables aunque sólo sea el quinto día de carrera. El desgaste y la resistencia ya vendrán después. Denis Menchov, del que todavía hoy se dice que no es un escalador, gana una etapa de montaña en su segunda participación en el Giro (5º el año pasado), la primera del Rabobank en sus 13 años de historia y entra en el selecto grupo de ganadores de etapa en las tres grandes.

La escapada del día fue neutralizada en el relativo llano tras la primera parte de la subida a Alpe di Siusi, y ahí empezó a marcar el ritmo Szmyd, el gregario polaco que ha pasado esta temporada del Lampre al Liquigas. Después se puso Basso, algo bastante incomprensible, pero como el italiano busca que le lancen piropos por cualquier cosa y llegar a meta diciendo "¿veis?" su trabajo es ese: lucirse. Al menos se llevó la satisfación de ir hundiendo poco a poco a rivales, un poco al estilo de la marcheta de Induráin, si me perdonan la herejía. A 3 kms. de meta sólo siete seguían su ritmo, y según las sabias palabras de Sastre "seremos los que nos juguemos el Giro".

A 600 m. saltó Sastre con su molinillo de café, Di Luca intentó repetir la jugada de ayer pero se encontró con un inmenso Menchov, un corredor que tiene un sprint en subida desaprovechado y con el que ya ganó en el Tour 2006. Le sacó 2" a la nueva maglia rosa (y a ver quien se la quita a Di Luca hasta la crono de Cinque Terre), 5" a Lovkvist y Basso, 9" a Leipheimer y Horner (demostrando que el Tour de Gila es una magnífica puesta a punto para todo, incluso para el matrimonio) y 19" a Sastre, cuyo intento de ganar la etapa se saldó con una buena tunda en segundos. Es el sino del corredor abulense: perdió la Vuelta 2005 por 3" con Menchov y también la Vuelta 2007, donde no le recortó tiempo en ninguna etapa. En el Tour del año pasado ganó por una vez a su némesis ruso, pero tampoco les separó mucho. Parece que este Giro se volverán a ver muy de cerca.

A 22" entró Arroyo (que va a echar de menos una auténtica etapa de montaña en este Giro) con Rogers, al que la mejor noticia del día le vino de Alemania, y el extraño sueco Kessiakoff, y 2" más tarde Ten Dam, que tendrá que ser el apoyo de Menchov en la montaña. Mal Soler, Simoni y Pellizotti (a 45"), Bruseghin (2´26") y Cunego (2´39"), mientras que la vedette Armstrong entró a 2´58" acompañado por Rubiera, Brajkovic y Navarro, porque todo apoyo es poco para este corredor que tiene que salvar el ciclismo. De momento sigue en el ajo. A partir del undécimo de la general ya está a 2´ de Di Luca, por lo que nos espera un bonito Giro.
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Y como la Guardia Civil fue incapaz de sumar "Valv." a "Valverde" y "(Piti)" al perro del murciano, el Secretario de Estado sigue diciendo, tres años después, que eso es lo que hay y a eso se aferra. Deseo que el 2 de octubre en Copenhague se argumente que una de las razones para dar los JJ.OO de 2016 a Tokio o Chicago sea la pasividad de España en la lucha contra el dopaje: tengo una corazonada, y no creo en las paces fingidas. No se merecen otra cosa. Supongo que los sustitutos de Special Events y Orange Market ya están trabajando activamente para que eso no ocurra, porque los contratos asociados se prometen jugosos: las cloacas del poder, esas en las que siempre se ha movido tan bien la Operación Puerto, Eufemiano Fuentes y la gloriosa floración del deporte español.

Curiosamente, el presidente de la FEC ha tenido una reacción moderada y argumentando que el CONI ha aplicado el principio de jurisdicción universal, ese que tanto gusta en nuestra Audiencia Nacional. Algo es algo. Después dice que ellos están atados de manos por la negativa del juzgado de Antonio Serrano, ese que está esperando al 22 de mayo para que se cumplan tres años y dar por cerrado el caso por plazos legales. Y ese algo ya lo conocemos: cómo se va acercando inexorablemente, cómo todos aceptan su papel pasivo y cómo se lavarán las manos después.
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La comisión independiente alemana para la clínica de Friburgo ya ha presentado su informe. A lo ya sabido, se añade que quien conducía el coche que llevó a Kloden, Kessler y Sinkewitz a la clínica tras la primera etapa del Tour 2006 era la novia de este último. La joven, de la que se desconoce su identidad, pasa así a formar parte de ese gran colectivo, vital para los ciclistas, de las palomas mensajeras. La comisión no descarta la presencia de otro vehículo en la misma dirección, pero extrañamente ha sido incapaz de establecer ninguna otra identidad. De momento, el Astana sigue manteniendo a Kloden en sus filas, la UCI no dice nada y el Tour de Francia espera: aquel año el alemán acabó segundo.
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Me gustaría saber los niveles en Bélgica, por eso de lo de Boonen...

28 abril, 2009

Rogers, un corredor que da fiebre

El pasado sábado se supo que Der Spiegel (elogios pasados y siempre vigentes aquí) publicaba un anticipo del informe de 64 páginas que una comisión de expertos ha realizado sobre el foco de dopaje de la clínica universitaria de Freiburg. La verdad, no hay nada nuevo: queda confirmado que el 2 de julio de 2006, un día después del inicio del Tour, varios corredores del T-Mobile se desplazaron desde Estrasburgo a la ciudad alemana a someterse al mete-saca del dopaje sanguíneo.

La historia tiene su origen -para que vean hasta que punto es valiosa la confesión de un ciclista- en el caso Sinkewitz, que confesó su propio dopaje y ya fue comentado en su día, incluyendo una entrevista posterior muy jugosa. Ahora Der Spiegel señala a Kessler -positivo por testosterona, y por tanto suficientemente quemado: como cuando Arribas señalaba a Heras o Hamilton- y a Klöden, un poco más limpio que el otro, pero que también tiene un paquete con droga a la dirección de su novia en el lejano 2000, cuando fue el sputnik de la temporada. El Astana no ha tomado ninguna medida contra su corredor, que lleva dos victorias esta temporada y quiere ir al Tour: que no le pase como a Redondo o Gusev.

Casualmente, porque ya saben que el ciclismo está lleno de casualidades, Michael Rogers ha sido noticia estos días. El ciclista australiano, desaparecido desde su caída en el Tour 2007 y que sólo aparece como el Guadiana (en los JJ.OO de Pekín sorprendió a propios y extraños en la prueba en ruta), había competido bien en P-V y era de la partida para las Ardenas. Sin embargo, el mismo día que se conoció la noticia de Der Spiegel cayó bajo el malvado influjo de unas altas fiebres, tan altas que incluso se pone en duda su participación en el Giro. Y eso que quedan 12 días. En la página web de su equipo, el limpísimo Columbia-High Road, ha desaparecido toda noticia, y eso que ayer estaba.

¿Quien protege a Rogers? es una pregunta válida entonces y ahora. Será porque es considerado un joven (cumple 30 este año), será porque la humillación de ver dopado a uno que obtuvo una de sus mayores victorias por la descalificación de un dopado como Millar es demasiado, o será quizás porque es australiano, un ciclismo protegido y amparado por la UCI, pero lo de Rogers clama al cielo. Como al final su nombre no ha salido en la información de Der Spiegel -el informe oficial, concluído el 16 de abril, no se publicará hasta mediados de mayo- es probable que el australiano que entrena de negro se recupere de esas altísimas fiebres (el año pasado tuvo el virus de Epstein-Barr, es probable que ahora tenga la gripe porcina) y lo podamos ver de partida en el Giro. Espera, ¿cúando salía el informe oficial? ¿a mediados de mayo? Pues entonces seguirá con fiebre. ¡El ciclismo, señores!.
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Hoy comienza el Tour de Romandía, una prueba dulcificada (no hay finales en alto, de las seis etapas una es el habitual prólogo-sprint de 3 kms. y otra una CRE por primera vez en la historia de la carrera) y con una excelente participación. Aunque al final se ha dado de baja Carlos Sastre -guste o no es el vigente campeón del Tour- saldrán Alejandro Valverde (en su increíble 2006 ganó una etapa y acabó tercero) y Oscar Freire, que creo que debuta en la carrera. Evans, Pozzato, Gilbert, Cavendish, Menchov o Kreuziger ultimarán su puesta a punto para el Giro o darán por concluída la primera parte de la temporada. No se si seguirá habiendo bonificaciones, una de las señas de esta carrera, pero Valverde debería ganar.

10 diciembre, 2007

¿Quién protege a Rogers?

El sábado otro periódico alemán se sumaba al periodismo de investigación que brilla por su ausencia en España. El Stuttgarter Zeitung publicaba que al menos cinco de los nueve integrantes del T-Mobile en la edición 2006 del Tour de Francia pasaron por la famosa clínica universitaria de Friburgo para someterse a hemotransfusiones. ¿La fuente? Una vez más, Sinkewitz, para que vean hasta que punto es importante las propias declaraciones de corredores, tan escasas que se pueden contar con los dedos de las manos.

Maticemos: Sinkewitz dijo en su declaración que había ido en coche hasta la clínica el día antes de ir a Estrasburgo (bien cerquita) para el prólogo. Y que lo había hecho solo. Extraño, eso de una clínica y los doctores preparados para un único corredor. Y más cuando sabemos como trabajaba el T-Mobile: a la alemana, todos juntos prietas las filas. No era muy difícil intuir que Sinkewitz, que ha ayudado bastante en sus revelaciones, estaba de nuevo cubriendo a compañeros. Como cuando se desdijo de que Bettini le había enseñado a aplicarse geles de testosterona de la manera adecuado para que no pitasen la máquina. O sea, que fuente relativa. El periódico de Stuttgart basa su información en que ha visto los documentos de la clínica de ese día, 1 de julio. Cinco corredores.

Como la alineación para esa carrera ya fue comentada en su momento, y no faltan candidatos a la jeringuillas, la auténtica novedad viene de lo que hoy (¡blasfemia! ¡herejía!) se atreve a comentar la Gazzetta dello Sport: que Michael Rogers es uno de los usuarios de las universitarias hemotransfusiones. Ya era hora, por cierto. El ciclista australiano, epítome de la endlebez de todos los ciclistas de su país, había pasado flotando sobre todo el escándalo, a pesar de su trayectoria. Su carrera ha ido paralela a la de Sinkewitz, tanto en el Mapei promesas como en el Quick Step. Y con los mismos resultados: sí, esos que nunca llegan. Una vez comenté en un blog que el ciclismo australiano nunca había ganado nada importante (hasta este año la P-R de O´Grady), y un lector me contestó que Rogers había sido tres veces campeón del mundo CRI...una carrera con una participación bajísima, de una disciplina en regresión y a la que solo aspiran corredores incapaces de grandes metas en vueltas por etapas. Ese es el palmarés de Rogers.

Lleva sin alzar los brazos en una cita importante desde 2003, cuando ganó la Vuelta a Alemania (curiosamente, o no tanto, la misma prueba que brilla en el palmarés de su siamés Sinkewitz) después de haber hecho lo propio en la Vuelta a Bélgica y poco antes de imponerse en la Ruta del Sur. Tres vueltas por etapas seguidas en aproximación al Tour, donde fue 4º en una etapa. Y es de 2003. Saquen ustedes las conclusiones. Ese año ganó su primer mundial CRI, por descalificación de Millar. En 2004 repitió éxito, pero en la Olimpiadas (auténtica obsesión de cualquier australiano) sólo pudo ser cuarto. En 2005 empieza a escalar: octavo en P-V, cuarto en el Volta y segundo en Suiza. Suena como outsider para el Tour. Y sí, hace más out que sider. Daba lo mismo: en la Casa de Campo de Madrid le esperaba su tercer arcoris.

En 2006 cambia a T-Mobile con 27 años, la edad para explotar. Acaba décimo en el Tour, tras ramonear todo lo que pudo en sus relevos: tiraba un poco de Klöden, se iba a cola de pelotón y a amarrar su 10º puesto en la general, probablemente su techo como corredor. Para el Mundial CRI no hubo bolsa de sangre: un corredor de su clase y calidad se tiene que marcar objetivos más ambiciosos. Venga, ánimo campeón, que el 2007 iba a ser tuyo. Hace segundo en la Volta (y también en la etapa de montaña, tras Sevilla) y todo parece encaminado. En la famosa concentración de los Pirineos en donde le hacen el control sorpresa a Sinkewiz, también estaba el australiano. A diferencia del alemán, el tiene tiempo a pasar por el baño antes del control. En el Tour circulaba escapado con Rasmussen el día de Tignes, en donde realizó una apuesta por convertirse en el maillot amarillo, pero una caída con David Arroyo le deja maltrecho y abandona. Su siamés también lo hará en la misma etapa, pero tras comerse un espectador bajando al hotel. Vidas paralelas, ya les digo.

Sinkewitz da positivo y Rogers desaparece. Literalmente. Va a la preolímpica de Pekín porque ya estaba apalabrado, donde se puede comprobar que no tiene ninguna fractura. Le aconsejan que desaparezca una temporada, y a fe que lo ha hecho: no se le ha visto ni el pelo. Hasta hoy, cuando en la Gazzetta -Rogers vive en Italia desde hace muchos años, cerca del Lago di Garda- ya se han hartado un poco con la hipocresía con este joven corredor (¿28 años? ¿joven? ¿qué broma es esta?) amparado por la UCI en su plan de expansión mundial, igual que en su día lo fue McGee. Algún día les hablo de este y su positivo de 2006, felizmente superado para 2008 en donde competirá, nada menos, que con el CSC tras dos años en blanco. Sin correr apenas, por una misteriosa lesión. ¡Ay el ciclismo!.

28 noviembre, 2007

Bastante han aguantado

Siempre que se retira un patrocinador del ciclismo, hay que agradecerle su esfuerzo y su dedicación. En el caso de Telekom/T-Mobile, mucho más. Desde 1991 han patrocinado un equipo ciclista faro y referente: en los tiempos del almíbar, por sus resultados; en estos de sarna y hemodruidas, por su espectacular outing masivo en temas de dopaje. Pero no ha sido suficiente. Bastante han aguantado, pero gracias de todas formas.

Desde el 18 de julio, cuando fue cazado Sinkewitz, ya me habían dicho que el equipo estaba en grave riesgo: una cosa es que confiesen corredores de 1996, otra muy diferente que se pille a uno de los jóvenes valores alemanes. Desde entonces, maniobras de ocultismo sobre una decisión ya tomada, y que se ha hecho aún más necesaria a raíz de lo sucedido: el levantamiento de la omertà sobre Valverde, que estuvo a punto de firmar por la formación hace un año, con especial virulencia en Alemania; el escándalo de los Mundiales 2007, en parte patrocinados por T-Mobile, y ganados por un corredor que no ha firmado el compromiso UCI; la detención de los dos profesores de la Universidad de Freiburg; y las confesiones de Sinkewitz y Jaksche, que reconocieron sin ambajes que dentro del equipo había una estructura montada por y para el doping.

El manager del equipo, Bob Stapleton, había cacareado a los cuatro vientos una política de tolerancia cero, como para hacer olvidar de donde venía: del UsPostal, en uno de los frecuentes trasvases entre ambos equipos, como el que llevó a Livingstone a vestirse de magenta o el que hubiese llevado a Hincapié -nada menos- a debutar con el mismo color en 2008. Demasiado grotesco todo. Dice que el equipo continuará, sin patrocinador. A ver de donde saca los 16 millones de euros que cuesta al año. Lo más probable es que asistamos a la enésima encarnación de una de las constantes del ciclismo, como pasó con Le Groupement, el Linda McCartney o el Mercury. Algunos aprovecharán para decir que la culpa es del ProTour, porque la mezquindad no tiene límites.

La empresa T-Mobile retira su generosísimo patrocinio del ciclismo (nunca necesitaron un segundo patrocinador, tienen un equipo femenino, amparan muchas carreras) por el dopaje. El dopaje es la lacra que está devorando el ciclismo desde sus cimientos, que son, como en todo negocio, económicos. Mientras una de las jóvenes figuras del ciclismo actual repite como si fuese un talismán ante problemas de dopaje "lo importante es que hemos dado espectáculo", porque es lo que le han enseñado en su escuela, la realidad es esta: el problema del dopaje masivo, organizado y como la hiedra que cubre todo el ciclismo acabará devorando al mismo. Y lo debería saber muy bien él mismo, que ha tenido que fichar por un equipo continental, y que ha visto como los dos equipos en los que ha militado anteriormente han desaparecido por el mismo problema.

Y es que el eterno rival de T-Mobile, el UsPostal-Discovery, se ha ido en la misma temporada. Y por los mismos motivos. Claro, la prensa oficial vendió otra moto, pero nadie puede olvidar que hasta mayo militaba de azul y negro Ivan Basso, con la toda la jeta que le dió el mundo y este mundillo de hipócritas y ocultamiento masivo de unas prácticas en vena de la inmensa mayoría de las estructuras. Es un ejemplo, quizás el más clarificador, de hasta que punto no se puede seguir confiando en este deporte, que ha perdido hasta la más mínima presunción de inocencia. A ver quien arriesga su dinero en un patrocinio en el que, probablemente, el 40% de los salarios de sus corredores van destinados a la compra de Actovegym, EPO y hormona del crecimiento. Y eso por no hablar de los premios conseguidos en las carreras, que ya va siendo hora de romper el mito de que "se reparten entre todos los corredores".

La formación de la foto es la que tomó la salida en el Tour 2005 (es de unos meses antes, por eso Kloden es todavía campeón de Alemania y Vinokourov no tiene los colores kazajos). Pueden elegir cualquier otro año o carrera, da igual: es probable que sea incluso más inquietante, como la de 2006 (Mazzoleni y Sinkewitz). Ganaron tres etapas, fueron terceros con Ullrich y quintos con Klöden. Se llevaron la clasificación por equipos. Un gran Tour. Ahora bien, de izquierda a derecha, de arriba a abajo: Guerini gana una etapa en la última semana, de llano, con 33 años, y tras haber tuteado de tu a tu a Pantani en el Giro 1998; Kessler, positivo por testosterona en 2007 con una tasa de 1:81 (valor máximo legal: 1:4); Vinokourov, positivo por hemotransfusión en el Tour 2007; Sevilla, con varias bolsas de sangre en la O.P; Steinhauser está ahí porque era amigo de Ullrich (¿quien dijo que Jose Cayetano Juliá no tenía replicantes?); Schreck nunca ha hecho nada en su carrera; Klöden se cayó a pocos días del final, ¿milita? en el Astaná, estuvo tres años desaparecido (2001-2003) por una extraña lesión; Ullrich....; y Nardello, superviviente de los años del Mapei de Rominger, el de los 55 km/h con 34 años.

Con estos mimbres, habrá que reiterar, como en el primer párrafo, las gracias a T-Mobile, por todos sus años de patrocinio y, singularmente, por irse.
***
Tom Simpson murió azulado. Este quiere "morir de naranja". No es la única perla de un corredor pagado de sí mismo, encantado de conocerse, sin abuela: "me he metido entre los diez primeros del Pro Tour por segundo año consecutivo" (lástima que en 2006 fueses segundo y este año ni se sepa en que lugar, probablemente noveno o décimo), "hablando con el corazón en la mano" (no vaya a ser que se pare) y poco después "con los números en la mano" (y si la entrevista no acabase, acabaría diciendo "con los dedos en la mano"), para remachar de manera ambigua diciendo que "con los tiempos que corren en el ciclismo, hay que saber seleccionar y planificar bien los objetivos" (¿¿??). ¿Lo mejor de todo? Ante la pregunta del amigo-periodista (por ese orden, ¡ay del que mente la ética profesional!) de si con 30 años no está ya viejuno, responde sin inmutarse: "soy un corredor un año más maduro que tiene margen todavía para seguir evolucionando".



Jo, a ver si alguien de su entolno le explica que todos los corredores que siguen mejorando (o la mejora del rendimiento deportivo) a su edad son tan creíbles como una encuesta de Playboy a sus lectores.

30 octubre, 2007

Sinkewitz habla sin pruebas


Estos días está declarando, con el más absoluto silencio de los grandes medios, el alemán Patrick Sinkewitz, positivo por testosterona exógena durante un control sorpresa antes del Tour. La situación contrasta bastante con el seguimiento que se realizó, hace un año y por las mismas fechas, al llamado caso Cofidis. A saber a qué intereses responde, porque lo que está diciendo el antiguo corredor estrella no puede dejar indiferente a nadie.

Repitamos: fue cazado por un control sorpresa de la UCI, no del equipo, cuando volvía de un largo entrenamiento por los Pirineos, allá por el mes de julio. Sus compañeros de travesía (Rogers, entre otros) también pasaron por el mismo trance, pero en el caso del australiano pudo visitar el baño antes de someterse al control. A Sinkewitz no le dejaron. Estaban sobre la pista. Por supuesto, cuando le comunicaron el positivo, declaró desde la camilla donde convalecía por una caída "no se nada, debe tratarse de un error". Después se retractó, y ahora, al parecer, está colaborando para no ver que, quizás, vuelva a competir en las grandes carreras con 31 años.

Hombre, colabora de puertas para dentro. Por ejemplo, primero se informó de que todo el T-Mobile compitió completamente drogado el Tour 2006, el de la supuesta limpieza por la Operación Puerto, el mismo equipo que vio como apartaban, el día de la salida, a Ullrich y Sevilla. Ahora salen informaciones que dicen que no, que no dijo eso. Como cuando dijo que Bettini fue el que introdujo en el maravilloso mundo de los geles de testosterona de aplicación cutánea, cuando compartían maillot en el Quick Step. ¡Qué difícil es colaborar con las autoridades deportivas y al mismo tiempo salvarte de la vendetta del grupo!.

Relacionado con este último aspecto, merece la pena hacer un excurso a que Jaksche, uno de los pocos corredores que ha confesado su dopaje, ha declarado recientemente en Islandia que, antes de su outing, Bjarne Riis le amenazó gravemente sobre las consecuencias de sus actos, habida cuenta de que fue su director en la única temporada en la que el alemán ganó algo. Y aquí enlazamos de nuevo con el T-Mobile. Junto con Ullrich, el danés desposeído de su Tour fue la punta de lanza del Telekom (antigua encarnación del T-Mobile) en 1996, una edición donde, según hemos sabido este año, todos los integrantes del equipo magente compitieron dopados. Sí, Zabel sólo una semana (sic); sí, Ullrich no ha confesado; pero Henn, Aldag, Bolts...ejem.

Analicemos, pues, la formación del T-Mobile en el Tour 2006, para comprobar la veracidad de las declaraciones de Sinkewitz. Aquí la tienen. Además de la pareja germanoespañola de Quijote y Sancho Panza ya citada arriba, los alemanes salieron con Kloden, Guerini, Gontchar, Kessler, Mazzoleni, Rogers y Sinkewitz. Muy bien. Gontchar, Kessler, Mazzoleni y el del gel de testosterona han tenido problemas de dopaje, cuando no positivos de manual, esta temporada. ¿Podemos creernos que fuesen limpios en 2006? No, igual que hay que hacer un esfuerzo para pensar en la pulcritud de Klöden (amiguissimo de Ullrich, en el equipo del Tour 2007 con los hemotransfusionados Vinokourov y Kascheskin), de Guerini (aguantaba a Pantani en montaña, ganó en 2005 una etapa del Tour en el llano) y de Rogers, el pupilo de Ferrari.

Y si no se convencen, miren los resultados. En la crono de Rennes 2006, al séptimo día, el T-Mobile coloca a seis de sus siete corredores entre los 16 primeros. Eran 52 kms., no precisamente un prólogo. Eso incluye al vencedor y maillot amarillo Gontchar, que jamás la vió tan franca, sacando un 1´al segundo, la misma diferencia que separaba a éste del decimocuarto. Además, Rogers fue cuarto, ¡Sinkewitz sexto!, Klöden octavo, Kessler 14º y Mazzoleni 16º. En la general, el T-Mobile acaparaba la primera posición, la tercera, la cuarta, la sexta y la décima. Vamos, como tras una CRE.

Llega la primera etapa de montaña seria, la de Pla de Beret, y Kessler, que jamás había subido un puerto con los favoritos, dinamita la carrera en el Portillon, y de paso también a su equipo. Una vez más, el T-Mobile, teniendo el equipo más potente, lo echa todo a perder. Aunque al final, tras todas las vicisitudes, Klöden fue segundo en la general, ahí queda el rendimiento del equipo, donde, entre otras hazañas, Sinkewitz fue el único que aguantó a Landis en su día de whisky, por lo menos hasta el Joux-Plane. Ya. Ahora me dirán que Sinkewitz, con tal de ver reducida su condena, dispara contra todo, que un tramposo quiere enfangar a todos. No, qué va. Como aprendimos con la Operación Puerto, sólo se dopaba el jefe de filas (Ullrich), los demás iban a cafés con leche y spagghetis. Y por eso han ido cayendo en gran medida: por las declaraciones de traidores y no por positivos. En fin. El Tour de 1996, como el de 2006.

19 julio, 2007

Sinkiewitz, cazado en un control sorpresa

El Tour ha esquivado por muy poco el primer escándalo de la carrera. Tras tejer un acuerdo para satisfacer a todas las partes, que consistió en expedir bulas oficiales para varios corredores que ahora mismo triunfan en Francia, la edición de este año se presentaba como la más limpia de todas. Es un sino: el próximo año también será la edición más limpia. Y el siguiente. Dentro de poco no habrá leoncito al vencedor de la etapa, pero si un paquete de Ariel o Fairy. De momento, un corredor que tomó la salida en Londres había dado positivo el 8 de junio, y de no mediar una caída de por medio, seguramente seguiría en carrera.

Se trata de Patrik Sinkewitz. Para el seguidor de este deporte el nombre sonará bastante, no tanto para el menguante grupo de los seguidores esporádicos del ciclismo (Tour y poco más), habida cuenta de que el alemán había hecho pocas cosas de primera plana. Si, siempre ha sido uno de los jóvenesMapei más cacareados (Eisel, Pozzato, Cancellara, Petrov), y tuvo un éxito muy joven, nada menos que la Vuelta a Alemania 2004, pero poco más. Había seguido en el candelero porque siempre ha obtenido buenos puestos en clásicas, especialmente en el 2006, donde logró la muy notable sucesión de 5º en Amstel, 5º en Flecha y 4º en Lieja, de tal relieve que hasta Piti, que de esto sabe mucho, le citaba este invierno como uno de los favoritos para este año.

No fue así. El no tan joven alemán (clase 80, natural de la muy filosófica y oriental ciudad de Fulda) desapareció, aunque ganó el GP de Frankfurt (en la imagen), y el Tour era su primera cita importante del año. Ya el año pasado lo disputó y su figura está indisociablemente unida al día de DisneyLandis: fue el último corredor en aguantar al robot menonita, que se desembarazó de él en las primeras rampas del Joux-Plane. Ha dado positivo por testosterona en un control sorpresa el 8 de junio, justo en los días clave –según lo que conocemos de los protocolos de dopaje contemporáneo- de preparación para el Tour. Ya saben la historia: corredor joven del que esperaba mucho, no acaba de carburar y cae en un control de dopaje. El chico-conoce-chica cinematográfico trasladado al ciclismo: una sipnosis que ya aburre.

La historia se complica por la nacionalidad del joven, el equipo en el que milita y las fechas en las que se produce, las de mayor concentración de periodistas en torno al deporte de la bicicleta. Escándalo es la palabra más utilizada, cuando es una cosa de lo más común. La gente se olvida de que Aketza Peña estaba disputando el Giro cuando le comunicaron su positivo, y aquí pan y después vino. Pero no nos alejemos al escenario español, de sobras conocido, y sigamos con el alemán, sin lugar a dudas el que más ha evolucionado a tenor de la periódica constatación de que el ciclismo es un deporte volcado a la farmacia. La ARD y la ZDF, televisiones públicas, han comunicado que dejan de retransmitir y dar cobertura al ciclismo. Conviene recordar que T-Mobile es una empresa semipública. El mismo día del positivo de Sinkewitz, el prestigioso diario muniqués Suddeustche Zeitung publicaba una entrevista con el picapielos desenfundado a Gendermann, el vendido por Arribas&Cia como la enésima esperanza blanca del ciclismo. El joven alemán de 24 años, que debutó con Rijs, confesaba que frecuentó la clínica de Cecchini, con las típicas explicaciones de que le enseñó a entrenar y a limpiarse el culo.

Abundemos un poco en la decisión de ARD y ZDF. Dentro de la expansión del ciclismo propugnada por la UCI desde finales de los ochenta, el mayor éxito ha sido Alemania. El país europeo más poblado (84 millones, y con mucha diferencia sobre el segundo), con gran renta per cápita, idóneo para practicar el ciclismo, se volcó con un deporte a rebufo del efecto Ullrich-Zabel. Solo hace falta comprobar que los alemanes son una de las nacionalidades más presentes en el pelotón de esta edición del Tour, y con muy buenos corredores. Ha sido un éxito sin paliativos. O lo estaba siendo. La decisión del ente público radiotelevisivo alemán revela la auténtica gravedad con la que se han tomado en ese país el dopaje. Y las medidas drásticas que están dispuestos a tomar. Sin tele no hay patrocinadores, sin patrocinadores no hay dinero, sin dinero no hay droga. Ni tampoco ciclismo. ¿Y qué? Ahora esperemos que la UCI se deje de cartas firmadas y tome medidas proporcionales, porque se le hunde el tenderete, el mercado más goloso que había conquistado. Por cierto, y nadie podrá sorprender esto: en todo este asunto yo solo puedo decir Ich bein deutsch.

Sinkewitz ya había sido noticia en fechas recientes. Tras la etapa de Tignes, en la que no anduvo especialmente bien, se comió un espectador de 75 años al que envió al hospital bajo como profundo, no sabemos si el mismo donde también tuvo que reposar nuestro protagonista para recuperarse de la fractura de pómulo que se procuró. Al menos ya sabemos porque no se rompió la cara en la caída: porque la tiene de mármol. Otro más. Suma y sigue. Gontchar, su compañero de equipo que el año pasado ganó las dos cronos del Tour con 36 años y fue maillot amarillo, fue cazado en controles internos. Sinkewitz en un control sorpresa, lo que tiene su aquel en tanto y cuanto había pasado –suponemos- los internos caza-ucranianos. Me comentan desde Alemania que hay fuertes presiones gubernamentales para que el T-Mobile abandone el Tour de Francia. Ya tenemos el escándalo de todos los años en el mes de julio. Y los que quedan.
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En el Tour se llegaba a Marsella en una etapa de 236 kms. Escapada de 10 corredores, en donde está –que nadie se apunte la medalla, era muy fácil adivinarlo- Juan Antonio Flecha. Veo la etapa en directo únicamente para confirmar mis teorías, a sabiendas de que va a ser un tostón. Comentan que el catalán no ha pasado al principio a los relevos con eso de que es del equipo del líder y sus compañeros están tirando por detrás. Ni por esas. Se produce el primer arreón en un puerto de cuarta y es el primero en caer. Décima etapa, diez en la fuga, y llega el décimo. Por fin saca un diez en algo, y por partida triple. No me perderé su columna de hoy en La Vanguardia, (en meta: “etapa larga, calor, han sido mejores”), que promete ser antológica, casi tanto como Perico diciendo “sabe manejar muy bien las fugas”.

La etapa fue para Vasseur, maillot amarillo cuando Ullrich ganó su Tour, y desde entonces corredor de equipo con algún problema de dopaje colgando. Tercera etapa para Quick Step con tres corredores diferentes, y todavía falta la cabalgada de Gárate. Ayer estaba en la escapada Jens Voigt, el alemán que le vendió la etapa reina del Giro 2006. Está claro que el favor ya estaba pagado, porque el otrora poderosísimo alemán fue quinto, el último de los que disputaron el sprint. Marsella, que es a Francia como Nápoles es a Italia, estaba preciosa por la tele, sobre todo porque pasaron de la ciudad y se dedicaron a enfocar calitas y acantilados.
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En Ciclismo a Fondo de este mes, recordatorio muy breve de Manuel F. Ginés sin citar las cefaleas que le apartaron del ciclismo sin haber cumplido los 30 años; entrevista de Eduardo Chozas a Roberto Heras (“ganó cuatro vueltas, pero le quitaron una”); y otra entrevista a J.L –exKelme, exmamporrero de Armstrong- Rubiera en su casa de Asturias: por favor, no se pierdan la foto (ojeen la revista en el kiosko, como hago yo: los tres euros van mejor empleados en tomar algo en una terraza) de la instalación que tiene en el jardín con una simulación de una entrada a una mina de carbón, con vagoneta y todo....¡y después dicen que tiene una de las cabezas mejor amuebladas del pelotón! ¡Pues como sea igual que la jardinería que practica....!

12 julio, 2007

¿Que pasó con Klöden en el Tour 2005?

Circula un rumor por el pelotón. Klöden está que se sale. Ahí está su prólogo de Londres, equivalente en diferencias con su inmediato perseguidor al de Cancellara. Ahí está su Vuelta a Suiza, disputada de menos a más y concluida con un décimo puesto y brillantes actuaciones contra el reloj. Es, para gente que sabe mucho de ciclismo, el máximo favorito para el podio final de París. En 2004 fue segundo. En 2006 tercero, que bien podría haber sido primero considerando que le precedieron Landis y Pereiro, el de la escapada de media hora. ¿Qué pasó en 2005? Mejor aún: ¿qué pasó entre su eclosión fulgurante en 2000 hasta su retorno en 2004?

Tampoco vamos a andar con misterios. Klöden es un corredor producto del Telekom/T-Mobile. Ya saben: el laboratorio de Friburgo y todo eso. Ahí están los testimonios de Jaksche, Aldag o Henn, que compartieron equipo y años con nuestro protagonista. En el año 2000 gana la París-Niza y el País Vasco con un golpe de autoridad en la crono. En los JJ.OO completa el copo del equipo telefónico con un bronce. Desaparece. La explicación oficial es una lesión de rodilla "por la sobrecarga de entrenamientos". Ellos sabrán. Lo cierto es que no hace nada de nada en tres años. ¿Un nuevo Berzin? ¿Un sputnik más en la lista del ciclismo?

Sorprendentemente renueva por el T-Mobile, al parecer por una apuesta personal de Godefroot, el amigo de Arribas y el que dice que no sabía nada de lo que hacían sus corredores. En el Tour 2004 hace en ocho etapas entre los cinco primeros. Segundo en la general, con soberbias actuaciones en la montaña y en la crono. Su supuesto jefe de filas, Ullrich, sólo pudo ser cuarto. Y llega el Tour 2005, el de la superarmada T-Mobile contra Armstrong en su último embate. Recordemos el equipo, que merece la pena: Vinokourov, Ullrich, Sevilla, Kloden y Kessler, entre otros. Y pasa lo que pasa: en la etapa de Gerardmer, 231 kms. de cuando los ciclistas no se quejaban por el kilometraje y rematados con una subida a pocos kms. de meta a un puerto traicionero.

Armstrong se queda solo y Kloden lanza un ataque brutal. Enlaza con el escapado Weening -un corredor que parece estancado- y sólo es batido por medio tubular en la línea de meta, metiendo a todos los favoritos 27" más la bonificación. Al día siguiente la maravillosa etapa de Rasmussen por los montes de Alsacia y después día de descanso, con lo que eso significa en los tiempos pre-Operación Puerto. Aguanta bien la etapa siguiente, la mitificada victoria de Valverde en Courchevel. También con la cabalgada de Vinokourov, Botero y Pereiro en el Galibier. Pasa el macizo central cómodamente asentado entre los puestos octavo y décimo de la general, y eso que trabajaba de gregario. En la etapa de Pau, la que ganó Urco Pereiro a 39 km/h de media subiendo el Marie-Blanque, y que casualmente estaba después de la segunda etapa de descanso, Kloden se cae. Como se sabrá el día después, cuando no toma la salida, tiene la muñeca rota. Muñeca rota, ojo. Imaginénse el dolor, ¿cómo se agarra el manillar? ¿Con la boca?. Bueno, pues Kloden consiguió acabar la etapa en el tiempo del grupo de favoritos, a pesar de que iban volando para arreglar el desaguisado montado por delante. Eso si que tiene mérito, si. Lo de hacer pitar la máquina y presentarlo como un abandono por fractura.

Kloden, amiguísimo de Ullrich, realizó en 2006 durante el Tour declaraciones inequívocas sobre lo que pensaba del doping. Señalado por su propio equipo, emigró al Astaná con Kessler (positivo esta temporada en la Flecha Valona), a pesar de saber que iba a estar supeditado a su no tan amigo Vinokourov. Pero claro, ya se sabe lo que iba buscando. No la amistad, no la progresión, sino seguir con las mismas prácticas sobre las que ha construido una de las historias deportivas más oscuras del ciclismo reciente.
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Sprint imperial ayer en el Tour. Ganó Hushvod, en lo que sorprendentemente es su primera victoria de la temporada. Era una recta perfecta para un gran sprint: ancha, larga y con muchas ganas, porque este año no hay ningún dominador claro. Y ojalá esto sea una tendencia general: que se acabe la época de los trenos, de los Cipollini y Petacchi ganando cuatro y cinco etapas, una calcada de la otra. Gran parte de la victoria del noruego se debe a que, por una vez, fue bien pilotado por Julian Dean, el neozelandés con tendencia a caerse. Un lanzador, sólo uno.

Freire ni eso. Su supuesto lanzador, J. A Flecha, circuló escapado con otros cuatro corredores una buena porrada de kms., para nada. Es su espíritu como corredor. Alguien que ganó un G.P de Zürich con un demarraje a pocos metros de meta lleva años intentando la escapada, siempre con el mismo resultado. No se ni por qué le dejan. A la hora del sprint, Freire se tuvo que arreglar a rueda de un impresionante Hunter, y si no llega a ser que se rozó con Burghardt, hubiese estado mucho más cerca de Hushvod de lo que muestran las imágenes. Tercero final, algo que no mereció ni un comentario en el Telediario que agriamente -cuando se pone a hablar de ciclismo- presenta María Escario. Las cámaras para Flecha. Pues ellos mismos. Un último apunte: absolutamente preciosa la zona de Francia por donde discurrió ayer la etapa.
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Es una maldad absoluta, pero hoy es el día para decirla. Resulta que Juanma Castaño, el reportero semianalfabeto que habían especializado en la Ser para hablar de ciclismo, con tanta fortuna como el Bizconde, este año no está en el Tour. ¿La razón? Está retransmitiendo los San Fermines para Cuatro. A saber que extraños mecanismos mentales dentro de los vasos comunicantes Cuatro-Ser-Prisa han llevado a tan extraña pirueta comunicativa. O no hace falta saber tanto: hoy, que ha salido un encierro crudo, salvaje, hemos visto la auténtica catadura moral del gijonés que aprovecha cualquier oportunidad para hacer patria pueblerina. Al fin y al cabo, tampoco es tan raro el salto que ha hecho: ha pasado de hablar sobre sangre a seguir hablando sobre sangre y de presentar el ciclismo como una reunión de amigos tipo "La aldea del Arce" a los San Fermines como una actividad cultural; la pena es que no corra delante del toro...

24 mayo, 2007

Y Zabel también se mete

En la foto vemos al simpático Rolf Aldag, el hombre que con casi 40 años seguía siendo un puntal clave en el T-Mobile hasta que se retiró para dedicarse a la maratón. Aldag ha confesado que se dopaba. Henn también. Udo Bolts. Y ahora Zabel. Rijs y Ullrich no hace falta que confiesen.

Este blog, por línea editorial, no se habla de corredores que no estén en activo. El escándalo se remonta a una década, suficiente para que todos los corredores estén jubilados. Y así es. Todos menos uno. Él. El estandarte del ciclismo de febrero a octubre e incluso de los 6 días en noviembre y diciembre. Zabel. El hombre seis años consecutivos maillot verde del Tour. Cinco años seguidos en el podio de San Remo. El hombre que ganó dopado la París-Tours de 1994, su primer gran éxito. Aquí no hay medias tintas: cuando un corredor confiesa que se ha dopado, toda su carrera tiene que ser puesta en entredicho. Su palmarés se vuelve hojarasca.

El alemán eterno ha llorado en la rueda de prensa, donde se ha presentado por sorpresa junto al señor de la foto. Ha matizado que sólo se dopó con EPO entre 1994 y 1996, porque "los resultados no llegaban". Mentira. Zabel compitió en los JJ.OO de Barcelona y fue 4º, ganando el sprint del grupo. En su primer año de profesional ganó una etapa en Tirreno e hizo segundo en otras seis pruebas. Había resultados. De creer su confesión, Zabel se empezó a dopar en 1994. ¿Por qué no en 1993? Es el problema de cuando se pierde la credibilidad, que no puedes andar matizando. El caso es que en 1995 debuta en el Tour en aquel equipo extrañísimo que era mitad ZG de Gianni Savio, mitad Telekom y se papa dos etapas sin equipo ni lanzador, en una temporada en la que también disputa la Vuelta con grandes resultados. Y en el 96 que contarles: seguía ganando sprints y marcaba el ritmo del pelotón en los puertos alpinos. No sigo, el que quiera ver su palmarés de hojalata aquí tiene la tabla.

En teoría, a partir de 1997 ya no se dopó más, "porque había sido un experimento que se abortó por los efectos secundario". Vuelvan a ver el palmarés. Siguió ganando lo mismo o más que no estando dopado. El problema de todos los mentirosos es que, de una u otra forma, siempre intentan mantener levantada su mentira, que es como un palafito ante un maremoto. Es normal. Han vivido siempre en la mentira y en el engaño. Como todos. Y que nadie intente buscar paliativos: Zabel ha cantado porque: 1) Jeff d´Hont, masajista del Telekom en aquellos años, publicó hace un mes un libro (con portada integral en Der Spiegel, que no es broma) sobre las prácticas dopantes que se realizaban 2) El actual T-Mobile, heredero de la estructura, despidió a los dos profesores de la Universidad de Freiburg Andreas Schmid y Lothar Heinrich, señalados directamente por D´Hont, que (ojo, ojito) todavía colaboraban con el equipo 3) el miércoles los profesores cantaron 4) el jueves los despidieron de su cómoda y rediticia cátedra 5) y empezó el carrusel de confesiones. Zabel sólo ha confesado de los años en los que le podía acusar D´Hont.

Yo tengo poco más que añadir. Una vez más, el dopado sólo confiesa el último, salvo en el caso de Manzano. También es cierto que Zabel nunca se quedó tirado en una cuneta y boqueando, como le pasó al ciclista del Kelme en el Tour 2003. Nunca se le vió preocupado. El hombre de la eterna sonrisa. Por cierto, también era de los que subían el churumbel al podio. El que inició la tradición.

28 marzo, 2007

Con el dinero no se juega

Aquí apuestan a lo grande. Se presenta la Vuelta a Alemania, el evento deportivo que más ha crecido en los últimos años, y que ya compite de tú a tú con la Vuelta a Suiza como "cuarta grande". No es para menos. Crono de 40 kms. este año, distancia que sólo la Dauphiné se ha atrevido a afrontar fuera de las grandes vueltas. Nueve días. Un país de 85 millones de habitantes que llena literalmente las cunetas. Se podrá criticar mucho a Verbruggen/Rogge por su intento de expandir el ciclismo a nivel mundial, pero la confirmación de la Vuelta a Alemania y su mercado -sólo hace falta recordar la explosión de corredores teutones de los últimos años- es una de las mejores noticias para el ciclismo en la última década. ¡Y pensar que hace seis-siete años esa vuelta la disputaban con éxito corredores como Garmendía o Plaza!.

Y en este éxito influyen mucho los patrocinadores. Singularmente, T-Mobile. El coloso alemán de las telecomunicaciones lleva algunos años con el título honorífico de decano del ciclismo mundial -eso que nos metían hasta en la sopa cuando el Kelme- y, aunque sus mayores éxitos están ya muy lejanos -los Tours de 1996 y 1997 de Rijs y Ullrich- siempre ha desplegado una intensa actividad como patrocinador de las pruebas alemanas y también del Tour de California, donde tiene una filial, pasando por el poderoso equipo femenino. Vamos, que los alemanes se funden todos los años en torno a 18 millones de euros en inversión pura y dura en ciclismo como promoción...y estaban dispuestos a poner 12 millones en tres años por Valverde. Pasta gansa, que se dice.

Patrocinadores como estos se tienen que cuidar y mimar. Alfombra roja todos los días y la familia de los directivos en los coches de equipo, siguiendo todas las etapas que les plazcan. Chocolatito debajo de la almohada. Y ahora viene lo que yo les quiero contar. Resulta que con la presentación de la Vuelta a Alemania, donde T-Mobile pone la parte del león de los gastos, un alto cargo de la empresa ha dicho bien clarito que como participe uno solo de los corredores implicados en la Operación Puerto cierran el tenderete y se van con la pasta a otro lado. A patrocinar vela o motos, como hizo en su tiempo Telefónica. O a stock-options. Pero a pagarle las recetas y los tratamientos a Eufemiano, que es a lo que iban los premios de las carreras de los ciclistas con cuentas pendientes, jamás.

Este medida es ejemplar y muy necesaria. Ataca donde más duele. Si no hay dinero, no hay tratamiento, que como el mismo Eufemiano decía, "yo no tengo pacientes, sino clientes". Si hay dopados con bula judicial, no hay carrera. Así de claro. En T-Mobile no se andan con remilgos: tras los desastres del Tour 2006 largaron a todo el equipo de directores que se lucieron el día de Montelimar y el día de DisneyLandis, empezando por Ludwig -que tenía parte de los derechos del equipo- y el inútil (¿qué méritos ostentaba?) de Valerio Piva. Largaron también a todos los corredores vinculados al Dr. Ferrari, como Kessler, Kloden y Mazzoleni, además de los consabidos Ullrich y Sevilla. No voy a decir que en T-Mobile andan todos limpios, porque ahí está ese Rogers seguido desde tierno infante por Cecchini, pero por lo menos guardan las formas.

No tienen un líder claro y es algo que pagarán a lo largo de la temporada. Intentaron fichar a un Valverde dolido porque sus amigos no habían evitado la filtración de su nombre en la Operación Puerto, tras el esperanzador "están todos los grandes, menos Valverde" de los primeros compases. Cuando parecía que estaba todo hecho, a una semana de la presentación del equipo alemán, J.C Carabias publicó un documento en el que aparecía inequívocamente el nombre de Valverde, dentro de las pertenencias que tenía Fuentes en su cartera. En esta operación orquestada, los alemanes se volvieron atrás y Valverde se quedó en España, con bula ampliada. Ni que decir tiene que la noticia de Carabias cayó en el olvido y ningún medio la reprodujo. Fue un aviso. Y los alemanes se fueron.

Ahora son ellos los que tienen la sartén por el mango. Que no vengan, o nos vamos. Y quien paga manda, en una vieja ley económica que no formuló Adam Smith. La única pega a esta medida esperanzadora es que seguramente se quedará en los grandes nombres y dejarán vía libre a otros implicados hasta la médula como Contador o el resabido 18.- Valv. (Piti). Ojalá todos los grandes patrocinadores hiciesen lo mismo, ya verían como se acababa el dopaje rampante, ya verían.
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Victoria para Fran Ventoso en la segunda etapa de Castilla-León. El muy prometedor sprinter cántabro sólo tiene 24 años pero datos que apuntan a un gran porvenir: ganó la primera carrera que disputó entre profesionales en Qatar, el campeonato americano en 2004 y el año pasado una etapa en la Vuelta con un sprint donde pulió a grandes, grandes nombres. Encima, es alto, fuerte y tiene unas palancas de flandrien. Matxín lo está fogueando en las clásicas del norte, donde va a llegar en muy buen estado de forma. Otro discurso es la colocación y la suerte, pero ojito como llegue con los mejores a un sprint.
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En la Coppi&Bartali (qué rancios son los italianos, ¿se imaginan una Perico&Induráin en España?) primera semietapa para Bertolini bajo un diluvio. El veteranísimo corredor italiano iba para auténtica superestrella cuando era joven y se quedó, una vez más, en sputnik. Debutó en 1993 y hasta 1997 no ganó una carrera como la París-Bruselas. Parecía que iba a ser el aldabonazo, pero...ahora, con 35 años, lleva un par de temporadas ganando carreras como Sabatini, Agostoni o Lucca, que no están nada mal. En la crono por equipos, triunfo para el Predictor, en lo que creo que es la primera victoria de la estructura belga en esta disciplina. Líder Pavel Brutt, el Tinkoff de espalda como tabla de planchar que estuvo escapado en la San Remo.