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26 agosto, 2012

Gilbert gana como siempre a Joaquím Rodríguez, esta vez en casa

Segundo-Primero-Especialista en Montjuic
Casi un año después de su última victoria, Phillipe Gilbert ha conseguido volver a alzar los brazos en la etapa que veía el regreso de la Vuelta a Barcelona, la gran capital europea que ha dado demasiado tiempo la espalda a la ronda española, en parte por el lamentable espectáculo de 1999, la última vez que llegó la Vuelta aquí.

Hubo un intento de parón por un supuesto circuito peligroso. Moreno, de los Moreno de toda la vida, tenía por entonces un equipillo y pasó del boicot, lanzado a Roscioli por delante, que ganó una etapa-farsa. En aquel equipo también militaba un caduco Ekimov, al que después rescató Armstrong: de militar en el Jazztel-Almería a subir el Tourmalet y ganar los JJ.OO CRI en Sidney 2000 y Atenas 2004.

¡Qué cosas! Nos dicen -aprovechando lo último de Armstrong- que eso es el ciclismo del pasado, como si ahora tengamos que tragar con normalidad que alguien que en 2011 arrasó de tal manera como Gilbert, este año se haya arrastrado sin que mediase caída o enfermedad alguna. Como este tema ya se ha tratado, para descrédito de este deporte, ¿para qué abundar?

La etapa, que fue seguida por la medallista olímpica de natación Mireia Belmonte -asmática y alérgica al cloro, chúpate eso-, se decidió en la subida a Montjuic. Atacó Alberto Contador a 5 km. de meta, y con lo más duro de la subida por llegar. Hasta el tradicional Dúo Cómico de TVE tuvo que criticar a su querido amigo, especialmente por su precipitación y por no conocer el terreno.

Parece que Contador, en esta Vuelta, ha vuelto a su "lo importante es dar espectáculo", mantra tibetano obsesivamente repetido entre la Operación Puerto -parecía que hablaba con acento de Torrelavega- y el Tour que le regalaron expulsando a Rasmussen. Que se gane o no ya es lo de menos, porque cada uno de los ataques de Contador en esta Vuelta se han traducido en pérdida de tiempo en la general.

Neutralizado el carnívoro de Pinto, saltó Ballan, secundando y después superado por J. Rodríguez y Gilbert que, muy listo, fue lentamente hasta la rueda del catalán. El corredor del Katusha no podía dejar de relevar a pesar de llevar a alguien tan rápido como el valón a rueda, porque está luchando por la general y, aún siendo segundo y los ocho segundos de bonificación, compensaba.

Dicho y hecho. En la meta Gilbert aceleró un poco y ganó, de la misma manera que ha ganado Amstel y Flecha 2011 con Joaquín Rodríguez segundo. Si no le ha podido ganar en su casa cuando se corre en Valonia, tampoco le ha podido ganar en su casa catalana. La diferencia en meta con los favoritos se traduce en que el corredor catalán ya tiene 53" con Froome en la general, y 1´ con Contador, que volvió a perder tiempo en la general sin ganar nada. "Lo importante es dar espectáculo".

El día anterior en el Coll de la Gallina Alberto Contador atacó a un km. de meta, para después ir pedaleando en el aire en los metros finales -con un desarrollo de cicloturista-, mientras Valverde y J. Rodríguez le superaban en los últimos metros. La subida, como suele pasar siempre que hay porcentajes del 15%, apenas produjo diferencia entre los favoritos.

Mañana hay día de descanso, para favorecer el traslado de 1.000 km. a Galicia, donde la Vuelta disputará ¡cinco etapas!, incluyendo la única CRI de la carrera, 40 km. por Pontevedra, y dicen que un puerto de tercera. Como el propio Valverde reconocía en meta, y que se puede extender al 95% del pelotón, "apenas conozco las carreteras de Galicia". Pues que se santigüen. Por Santiago.
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Degenkolb ha ganado los tres sprints de la Vuelta, todo por potencia en los últimos metros, muy parecido a Boonen. La comparación no es baladí: el alemán ha sido quinto este año en Sanremo y sólo tiene 23 años. Su último triunfo ha venido en Motorland Aragón, una fenomenal inversión de 80 millones de euros de dinero público para asfaltar un secarral al lado de Alcañiz y decir que eso es un circuito de carreras.

Está la pista. Están las gradas. Está el paddock. Pero no hay gente, ni vergüenza. Los últimos cuatro km. de tomas aéreas, retransmitidas para toda Europa que tiene que pagar los excesos de estos Quince Años de Despilfarro, constituyeron una buena muestra de la vergüenza propia que algunos ciudadanos de este país experimentamos ante esos dispendios. Se habla mucho del aeropuerto de Castellón, pero hay cientos de ejemplos equivalentes por toda la geografía de la Península, incluyendo sitios como Alcañiz (Teruel).

Para dar algo de uso al recinto, en 2010 se trajo el circo de las motos, pero que exige un canon creciente de siete millones de euros por Gran Premio. Hay uno al año: quedan otros 51 fines de semana donde el recinto se llenará con la Copa Megane o los supertractores, o que se yo. Dicen que cada GP tiene un retorno de 30 millones: no se lo creen ni ellos.

Ahí ganó Degenkolb: en un decorado de Mad Max o Waterworld, ante un graderío vacío -había 42º y no estaba a la sombra- y encima de una pista que no está construida sobre asfalto, sino sobre deuda. Es la Vuelta a España.
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Espectacular triunfo de Boasson-Hagen en Plouay. Rui Costa atacó muy bien a cinco de meta, pero el noruego cerró el hueco y, mientras el corredor de Movistar intentaba hacer amago de parar porque no le interesaba llegar con él, el Sky se fue solo para delante y entró en solitario como los grandes campeones. Costa amarró el segundo puesto, señal de que tiene muy buenas piernas.
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Se ha disputado estos días la Vuelta a Dinamarca, decidida una vez más por la crono. Ganó Westra y se llevó la general. Sprints para Greipel y Cavendish.
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David Blanco, el ciclista gallego que pedalea remando, 37 años, gana por quinta vez la Vuelta a Portugal. El año pasado Matxín lo fichó para el Geox, y rindió al nivel que cabe esperar. Volvió a Portugal y ha obtenido este éxito enrolado en un equipo que logró los tres primeros puestos en la etapa de montaña, entre otras lindezas. En Portugal se viene desarrollando desde hace años un ciclismo alternativo a medio camino entre la feria de los monstruos y el circo con bestias, y que probablemente sea el ciclismo del futuro.

29 mayo, 2012

Un Giro para Girona

Hesjedal y Vande Velde, muy contentos
Perder un Giro de Italia por 16" debe ser duro cuando has ganado dos etapas, has llegado líder a la crono final y has sido 10 días líder. También cuando has sido cuarto el año pasado. Y debe ser aún más duro cuando pierdes contra un corredor que, con esta victoria, obtiene su tercer triunfo profesional.

Ryder Hesjedal ha ganado el Giro 2012 por sólo 16" -la cuarta diferencia más corta en la historia de la carrera italiana-, suficientes. Salió en la crono final con una desventaja de 31", tras haber perdido únicamente 1" en las etapas de los Dolomitas.

Se sabe las armas con las que Hesjedal ha ganado la carrera de tres semanas -nominales-: tesón, un equipo que voló como acostumbra en la CRE (visto el resultado del Giro y la igualdad que reina en el pelotón, esta disciplina es cada vez más decisiva) y aguantar en montaña. Así visto, parece que este Giro no ha tenido momentos decisivos, y sí que los ha tenido, pero visto a posteriori.

Tanto tiempo con la monserga de "el Giro comienza mañana" o "con esa montaña que queda habrá hundimientos" crea su propia mística basada más en el deseo que en la realidad, y que favorecía las aspiraciones de J. Rodríguez, el gran derrotado y que no volverá a tener una oportunidad así en su vida deportiva. Al final si que hubo momentos decisivos.

Al igual que el Tour 2010, ganado año y medio después por A. Schleck, el análisis de cúando perdió la carrera por medio minuto se remontó al prólogo de Rotterdam, en el que nadie había reparado y donde el luxemburgués de había dejado 42" con el carnívoro de Pinto. Aquí pasa algo parecido: J.Rodríguez y Ryder Hesjedal perdieron y ganaron la carrera en una de esas etapas en las que no pasó nada, y si pasó.

Habrá que empezar a considerar Cervinia, que sólo ha sido tres veces final de etapa en el Giro, como un puerto decisivo. En 1997 Ivan Gotti arrebató el Giro al superfavorito y en forma Tonkov con un ataque a 4 km de coronar ese coloso infinito, y en 2012 Hesjedal atacó a dos km. de la cima, sacando 28" a un J. Rodríguez que prefirió quedarse a rueda de Basso. Fue la única vez que el canadiense entró por delante del catalán en una etapa de montaña, pero fue suficiente junto con la crono.

En todo caso, que no se llore mucho sobre el Giro perdido. Chirriaba un poco que J. Rodríguez fuese a ganar ahí donde corredores españoles inmensamente mejores como Fuente, Olano o el mismísimo Marino Lejarreta habían fracasado, aunque en su descargo hay que decir que es mucho mejor que Quique Gutiérrez, Arroyo o el propio Galdós, con los que pasa a formar parte del amplio elenco de españoles segundos en Milán.

No merece la pena llorar, porque tanto Hesjedal como J. Rodríguez viven y entrenan por las mismas partes. Del catalán, su piso en la montaña pirenaica, sus salidas con el grupetón de Girona y sus entrenamientos con Piepoli se sabe bastante; de la trayectoria del canadiense -aquí escrita hasta 2010, después dio el salto en el Tour del mismo año y su segundo puesto en una Amstel- y su residencia en Girona, donde le sirve de amigo y confidente nada menos que Vande Velde -UsPostal, Liberty, CSC-, pues tampoco se ha dado especial relevancia: parece muy normal que alguien que jamás ha hecho un top-five en una grande gane una.

El tercero en el podio ha sido finalmente De Gendt, autor de la hazaña más notable de este Giro y por lo que será recordada esta carrera: su ataque en tramo cementado de la nueva vertiente del Mortirolo, y su fenomenal escalada del Stelvio auguran un campeón de largo recorrido. El podio en Milán -el primero de un belga en la carrera desde que Johan De Muynck ganase en ¡1978!) es la punta de lanza de una generación de flamencos que apuntan a las grandes vueltas por etapas, la primera en décadas: Vanendert, Van den Broeck y él mismo.

Quinto en la crono final, desplazó al cuarto puesto a Scarponi, que ya lo conocía de la edición 2010. A Zapatero le ha bastado con aguantar y algún tímido ataque donde nunca sacó tiempo a los favoritos: es la posición que se merece, e incluso le debería corresponder a Cunego -sexto final-, un corredor que ha estado en escapadas lejanas en muchas etapas de montaña y que el día del Stelvio sólo subió un poco peor que De Gendt, ante el silencio de los medios y los aficionados. En todo caso, al Lampre no le sirve ninguno de los resultados, incluyendo su victoria por equipos.

Quinto Basso, ese señor viejo y quejumbroso que dice que va a ir al Tour a ayudar a Nibali: no se sabe muy bien en qué, claro. Fuera de juego, y en su posición natural por sus características como corredor, ha malogrado todo el rendimiento de su equipo, desde hace años protagonista principal en el Giro. Ya encontrará una justificación. Y si no, sacará la foto de los hijos.

Séptimo Urán, que durante la carrera lució un pelo a lo Theunisse. El talento colombiano se lleva el maillot de mejor joven, pero falló en la etapa del Stelvio. Va cumpliendo años y le falta algo para rematar: sólo tiene  dos victorias profesionales (una en 2006, con 20 años, otra este año) y muchos puestos de honor. Y por detrás vienen muy fuerte. Octavo Pozzovivo, que rozando la treintena consigue meterse por primera vez en el top-ten del Giro, la única carrera de nivel en la que participa. Protagonista destacado hasta la tercera semana, después se diluyó. Noveno Henao, que debutaba en una gran vuelta, igual que debutó en Europa hace unos meses: un resultado sorprendente. 25 años -la edad de Urán- y un rendimiento parecido. Habrá que ver dónde llega.

Décimo Nieve, que consigue meterse otra vez en el top-ten de una grande en la que participa. Eso sí, siempre el 10º. Y esta vez sin ganar la etapa reina: se tuvo que conformar con un 3º puesto en el Stelvio, que no es poca cosa. Parece un corredor ya muy configurado en sus características: siempre obtiene sus buenos resultados por una fuga y consigue a duras penas entrar entre los diez primeros.

En las clasificaciones secundarias, J. Rodríguez ganó la regularidad -en el Giro suele caer a un corredor de los que disputan la general- por un único punto ante Cavendish, que dijo al principio de la carrera que quería llegar a Milán y nadie le creyó. El británico ha cumplido, y eso que sus objetivos están en París y Londres: su actitud también es elogiable, pero parece que tiene cierto problema en ganar la clasificación de la regularidad. En el Tour, a pesar de sus 20 victorias de etapas, sólo ha podido lograrla el año pasado. En el Giro, a ver cuando.

Termina así un Giro que deja algún sprint memorable -el de Guardini ante Cavendish-, una etapa de montaña pasada a la antología del mejor ciclismo posible por De Gendt, que propone nuevos nombres al circo del ciclismo y muy poquita cosa más, porque esa montaña asesina ha servido de poco. Ya lo ha dicho Acquarone, el responsable del Giro que heredó el engendro diseñado por patán de Zomegnan -que haya ganado Hesjedal es su último legado-: "El Tour es la Champions League y el Giro es la EuroLiga". Y eso, dicho por italiano, es reconocer una derrota monumental como organizador.
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En la parte final del Giro se han disputado otras dos carreras "nacionales", aunque todas lo son, hasta la Vuelta a la Rioja. En la Vuelta a Bélgica ese ciclista llamado Greipel y especializado en citas menores ganó las tres primeras etapas. En la cuarta hubo crono y ganó Tony Martin, que al final se ha recuperado muy bien de su caída (ya el 1 de mayo estuvo escapado en el GP de Frankfurt y acabó 6º, apenas veinte días después de su accidente) y también se llevó la general tras la última etapa para el prometedor Betancourt. Acompañaron en el podio al alemán Westra -tercer segundo puesto en una general este año, tras P-N y La Panne- y un sorprendente Barredo, cuarto en la crono.

En la Vuelta a Baviera, la única carrera por etapas de nivel que queda en Alemania -el país más poblado de Europa y el más rico- tras el azote del dopaje, Petacchi ganó tres etapas, y Rogers otras dos y la general. Quizás hubiese sido mejor que corriese el destino del resto de carreras alemanas. Petacchi cuenta 39 años, y Rogers llevaba dos años sin ganar ninguna carrera profesional, en un palmarés donde sus victorias en Alemania suponen el 35% del total. El australiano acaba de bajar del Teide, donde ha estado con el grueso del Sky para el Tour, donde tomará parte como lugarteniente de Wiggins.
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(Relacionado con lo anterior) Por si alguien se acuerda de Chris Froome, el sorprendente segundo en la pasada Vuelta. Esta bien, gracias. No ha hecho absolutamente nada desde entonces, pero entrena en el Teide y sus pulmones "se llenan de oxígeno". De sus venas, paradójicamente, no dice nada.
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Hoy le dan el maillot amarillo del Tour 2010 a su legítimo poseedor, Andy Schleck. La ceremonia será emitida en directo por la tele pública luxemburguesa, y lo pueden seguir desde Pinto aquí: rtl.lu
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La señorita descalza de la foto es la responsable de que De Gendt no haya ido este año al Tour -¡con tres cronos!- por llevarla al altar.

16 marzo, 2012

En la estela de Tom Simpson

El maillot del Sky
 El jueves pasado la Paris-Niza llegó a Mende, cima mitificada por Manolo Saiz, los franceses -porque ganó allí en 1995, la única de sus cuatro victorias de etapa en el Tour en una etapa trancendente- y por cierta parte de la afición ciclista, la misma que alucina con los porcentajes exagerados y con el espectáculo de la última rampa, que suele ser la rampa de lanzamiento para el corredor más sputnik del momento.

Tal mérito corresponde al sorprendente e inefable Lieuwe Westra, toda una vida como holandés del montón -grande, rodador, anónimo- y que en el Vacansoleil de los amores ha experimentado una mejoría que linda con el cambio de paradigma, puesto que ahora es el mejor escalador y el mejor cronoescalador del pelotón. En su equipo comparte características con De Gendt, Hoogerland o Poels, todos capaces de hazañas similares.

Westra ya estuvo escapado el día anterior, y sólo fue neutralizado en los kilómetros finales por un pelotón (perdón, Movistar) desatado. En Mende, cuya subida fue atenazada por el tran-tran de Urán para Wiggins, atacó en el km. final con tal potencia y tal despliegue de facultades que parecía un Riccò o un Mosquera, sus efímeros compañeros de equipo en 2011. Por su parte, la estrella predestinada Valverde (el killer, según definición arribiana, de tanto mérito como El Imbatido) desaprovechaba su última oportunidad de intentar sacar tiempo a Wiggins.

Con el tiempo, el mismo propagandista del término killer (como si Di Luca, ese ejemplo, no se hubiese llamado igual), nos dijo que estaba enfermito y malito ese día, cosa que nunca le sucede en la Vuelta a Andalucía, Murcía o Burgos, pero muy frecuentemente en el Tour, el Dauphiné (inolvidable su debut en 2007, pasando vomitando delante del monumento a Simpson en el Ventoux) y en todo lo que se considera como cita importante. Es El imbatido: como mucho, le derrota un malvado virus, nunca un corredor en justa lid.

De tan malito que estaba fue segundo en la etapa, abriendo camino a Wiggins. Al día siguiente, su paisano y también propenso a la enfermedad SMS Sánchez ganó su cuarta etapa en la Paris-Niza tras fugarse con el clásico Jens Voigt: es su segunda victoria con el Rabobank, donde todavía esperan al corredor que ficharon como número cinco del mundo en 2010, y que desde entonces parece un cazaetapas de la más pura escuela italiana.

No fue el único día de fugas. De Gendt, el talentoso compañero de Westra -capaz de ir de menos a más en el pasado Tour, atacando en Alpe D´Huez- se fugó de buena mañana con Taaramae y terminó llegando a la meta de Niza con 9´30" de ventaja sobre el pelotón, y el bueno del estonio a 6´, tras dejarlo en el Col de Vence. Ahí también se dejó sus opciones a la general Leipheimer, un corredor propenso a la caídas, aunque no tanto como su compatriota y ex-compinche Horner, que hizo de las suyas en esas mismas fechas en el Tirreno-Adriático.

La París-Niza estuvo a punto de no disputarse en 2003, cuando el director era el malogrado Laurent Fignon. Las dificultades económicas y, especialmente, un recorrido aburridisimo que sólo sería superado con el tiempo por la Vuelta al País Vasco, hicieron que la carrera fuese siempre un sopor con final en la cronoescalada al Col d´Eze. Este año se ha vuelto a esta fórmula.

Para ganancia de ASO, el organizador, han tenido la fortuna de que el liderato desde el prólogo hasta el final de Bradley Wiggins fuese amenazado por el sputnik Westra, que subiendo los 9´4 kms. de Eze subió como un cohete. Se quedó a 2" de Wiggins por el triunfo de etapa (el tercer clasificado se fue a más de 30", y no disputaba la general), pero es que era verlo subir y ver un sufrimiento continuo de la aerodinámica y la más pura lógica, esa que hace tiempo se perdió en el ciclismo. Perdió la general por 8", un poquito más de lo que perdió el día de Mende entre celebraciones estúpidas: aquel día se quedó a 6" del liderato.

Tercero en la general Alejandro Valverde, que perdió 52" con Wiggins en la cronoescalada, precisamente el terreno que le podría venir mejor. El Tour tiene más de 100 kms. contrarreloj, nadie sabe como va a superar ese handicap el murciano, del que nos dicen que va mucho mejor contra el crono ahora. Nos dicen, claro. También lo de el Killer. De resultas de su rendimiento en la Carrera hacia el Sol, es ahora mismo el número uno del mundo, la misma posición que tenía en mayo de 2010, cuando fue sancionado dos años por su implicación en la Operación Puerto. El mejor en lo suyo, que no es precisamente ganar, como vengo insistiendo desde hace años.

En cuanto a Wiggins, consigue ganar la carrera francesa 45 años después de Tom Simpson, el notable corredor británico de principios de los sesenta que fue Campeón del Mundo, Flandes, Sanremo y Lombardía, y se empecinó en ganar el Tour, dejándose la vida en el intento -farmacia mediante- de lograrlo. Una ley del ciclismo dice que ningún corredor desde Eddy Merckx gana Paris-Niza y Tour el mismo año.

En 2006 Landis iba camino de lograrlo, y de hecho vivió las dos ceremonias de coronación, pero después perdió el Tour. Al año siguiente Contador ganó Paris-Niza y el Tour porque al que iba a ganarlo le invitaron a irse. En 2010 volvió a ganar París-Niza y acaba de perder el Tour que también ganó en la carretera para perderlo en la farmacia. No son muy buenos antecedentes para Wiggins, del que se dice que tiene una calculadora en la cabeza, además de que es el máximo favorito para julio. Tampoco lo es Tom Simpson, cuyo legado insiste en recordar.
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Maravillosa edición 2012 de la Tirreno-Adriático, una carrera que se disputa íntegramente sin público alguno en las cunetas, y que discurre por zonas de Italia alejadas del turismo de masas. Al margen de esto, año tras año consigue reunir uno de los mejores planteles de todo el calendario, además de algunos de los mejores sprints de toda la temporada.

El del primer día fue un buen ejemplo. El Sky, que ese mismo día había manejado el final en Mende como de si de un sprint se tratase, hizo todo el trabajo para Cavendish, que ganó con no mucho margen a un espléndido Freire, capaz de remontar en el sprint al británico. No es casual que la etapa fuese de 230 kms. y los ciclistas estuviesen 6h30´ en la bici: cuando hay fondo, ahí aparece Freire, que debutó en la carrera de los dos mares en el lejano año 2000 con un triunfo de etapa, el primero de los diez que tiene en la carrera, además de una victoria final y dos podios.  Es su mejor resultado en la carrera desde 2008.

Al día siguiente fue el turno de Boasson-Hagen, compañero de Cavendish y destinado a ganar carreras de más entidad que etapas. De momento, en Terni enseñó el dorsal a Greipel y un increíble Sagan, muy contrariado en meta de no haber podido remontar. El sprint fue muy largo y desorganizado, al contrario de los que lanzan para el británico campeón del mundo. El líder seguía siendo Goss, el actual campeón de Sanremo. Estos son los nombres, año tras año, de la Tirreno-Adriático: lo mejor del pelotón, y disputando cada victoria con la intensidad que se merece la carrera.

En Chieti, cuarto día de carrera incluyendo el prólogo CRE, se vivió uno de esos grandes momentos que forjan la rivalidad en el ciclismo. Los cinco corredores más fuertes de la carrera llegaron en solitario a la subida final a la ciudad del interior de Italia: Horner, Di Luca, Kreuziger y sus dos ex-compañeros Sagan y Nibali. Cuando el italiano pensaba que el eslovaco le iba a dar el triunfo de etapa, el joven de 22 años sprintó con fuerza y rabia hacia la meta, mientras el sicialiano se quedaba con cara de circunstancias.

Les queda toda una temporada compartiendo maillot, después a ver como llevan la convivencia. O antes. Kreuziger, que vuelve a ser el corredor que fue -ya en Strade Bianche estuvo muy fino- quedó segundo, un poco alucinado de ver a sus dos ex-compañeros -con los que compartió todo, todo- en una tesitura igual. En todo caso, el liderato fue para Horner, el ciclista casi cuarentón cuya simple existencia es una negación a eso de que el ciclismo ha cambiado.

Al día siguiente se llegó a la inédita subida apeninica de Prati di Tivo, con Nibali enseñando la jerarquía -actual, pero no permanente- a Sagan, obligado a trabajar para su teórico jefe de filas, un jefe de filas que sube un poco mejor que el eslovaco, pero que es más lento y más viejo. Fue una subida muy bonita, entre la nieve, con Nibali atacando a 4 kms. de meta y Horner persiguiendo con la calculadora para mantener sus opciones: al final 16" de ventaja para el corredor del Liquigas sobre Kreuziger y el americano.

Todo por decidir (la general quedaba con Horner con 5" sobre Kreuziger y 12" sobre Nibali) en la crono final de San Benedetto del Tronto, ya en el Adriático, porque el circuito del día anterior en Offida fue para J. Rodríguez (tercera victoria de etapa en la carrera), mientras los favoritos se marcaban mutuamente y Nibali, muy hábil, conseguía ser segundo en la etapa y ponerse a sólo 6" del triunfo.

La crono fue para Cancellara sobre su compañero Bennati -no es la primera vez que hace estas cosas, y ha llegado a ganar pruebas contra el reloj-, una pareja que ya dio muestras de su compenetración en Strade Bianche y que dará mucho juego en la Sanremo de mañana, mientras que Nibali remontaba y se hacía con el triunfo final por delante de Horner y Kreuziger, ambos ganadores de vueltas de semana de prestigio. El siciliano ya tiene una vuelta por etapas que haga juego con su Vuelta a España, y demuestra en cada uno de sus triunfos lo laborioso de sus éxitos. Que siga así, mientras Sagan le deje.
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Víspera de Sanremo, para mí la mejor carrera de un día del mundo y uno de las pocas carreras cuyo triunfo justifica toda una vida deportiva. A pesar del amplio abanico de favoritos que todos los años se presenta de manera un poco forzada, cualquier aficionado al ciclismo sabe que, a la hora de la verdad (y si es víspera de primavera, la verdad en el ciclismo es el sprint en las calles de Sanremo) sólo unos pocos priviligiados pueden ganar la carrera.

Dado que Cavendish está en forma, pero también lo están Cancellara-Bennati, o los BMC (Ballan, Gilbert, Van Avermaet), habrá mucho interés en romper la carrera. Dudo que se haga de la misma manera que en la inolvidable edición de 2011, pero ahí delante estarán los de siempre: Freire, Boonen -de nuevo en forma, y con una cuenta pendiente con la carrera-, el suizo ganador en 2008, dicen que Sagan y Nibali -otros que moverán la carrera antes del sprint- y bueno, prácticamente el que ustedes quieran. Según la poco científica encuesta de este blog, el máximo favorito es Freire. Ojalá.
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Como siempre, interesante entrevista a Freire. Tanto por parte del entrevistador, que no elude los temas controvertidos y no suelta la presa, como por el entrevistado, que siempre dice las cosas sin pelos en la lengua.