A Contador eso también le sucede, aunque el sea de los que gana. Por ejemplo, ayer le preguntaron en la rueda de prensa como es posible que un escalador que ha subido Verbier superando grandes rendimientos atléticos sea capaz de ganar también la crono larga del Tour, como pasó ayer mismo. Contador no respondió, aunque permitan que yo lo haga por el: "¡Coño, porque soy español!". Por ahí fuera, insisto, andan un poco mosqueados, pero no les hagan caso: es una manifestación más de la envidia y el odio que genera nuestro país, solar privilegiado donde las más grandes civilizaciones han dejado su huella y que, merced a su emplazamiento privilegiado, salió a conquistar el mundo y recoge lo mejor de Europa, África y América, además de que fuimos vitales en el alunizaje de hace 40 años.
Cuarenta kms. alrededor del lago alpino de Annecy, mucho mejor conservado de la depredación urbanística que sus equivalentes en Suiza o Italia. Con tiempo variable, Ignatiev -que está haciendo un gran Tour- marcó el mejor tiempo durante gran parte de la prueba y pasos intermedios. La subida a un puerto de tercera -el mejor parcial fue para Evans- y su posterior descenso hacia meta era el tramo clave, donde los corredores que iban marcando los mejores tiempos se rendían ante la potencia de los contrarrelojistas consumados. Ahí fue donde se exprimió Cancellara, que recuperó su desventaja a Ignatiev y se quedó tres horas esperando a que alguien le batiese.
El suizo es un especialista en aprovechar su armario-cuerpo en las bajadas y los tramos de llano. Así arrasó en los JJ.OO de Pekín y también en el prólogo de Mónaco: crono que acaba con bajada y tramo llano, crono para Cancellara. Hasta ayer. Wiggins iba con buen tiempo, pero sus siete kilos de menos fueron un handicap. Contador, que pesa lo que un colibrí y alza bien poco del suelo, había coronado con 31", no demasiados como para poder aspirar a batir en meta al doble campeón del mundo.
Bueno, pues tras un tramo final impresionante, Contador entró en meta con 3" de ventaja sobre Cancellara. El duo cómico de TVE, al ver la ventaja de su ídolo decrecer tanto, llegó a especular con la posibilidad de que el viento hubiese ayudado al helvético: tremenda su ignorancia y sus dogmas de fe. Ya saben eso de que un español nunca pierde, son los demás que se ven favorecidos. Cancellara tiene otra opinión, pero bueno: la envidia, que es más pertinaz que la sequía. Que Contador haya circulado a 51 km/h de media, con su cuerpo, es una muestra más de su clase y de que es el mejor, consecuente con la carrera deportiva de alguien que gana el Giro viniendo de la playa.
En la entrevista posterior A.C dijo que su pinganillo se había estropeado en el km. 15 y que las únicas referencias que tuvo durante toda la etapa era las que iba viendo en los marcadores. Ojo, sin referencias y bate al mejor del mundo en este recorrido. Para más chulería -eso sí, de diplomacia Vaticana-, afirmó que se había puesto como objetivo batir al suizo, al que tenía ganas. Que tiemble la Roubaix, que el próximo año va a por ella. Exagerado. La recta final, con Contador apretando los dientes y mirando al mismo tiempo el cronómetro de meta me recordó a cuando Usain Bolt batió el record de 200 metros de Michael Johnson: tuvieron que exprimirse a fondo y dejar sus cucamonas para otro día, pero al final lo lograron.
De los favoritos para la general, el mejor fue Wiggins con un sexto puesto y después Kloden noveno a 11". En medio mucho contrarrelojista, demostrando que el recorrido no era, como dice el tópico periquista, para los más fuertes, sino para auténticos especialistas. Que haya ganado Contador se debe a su inmensa clase, y el que piense lo contrario no es español. Fíjense que el siguiente en la lucha por el podio fue Armstrong -también muy elogiado por el duo cómico, a pesar de lo mal que iba subiendo- y entró el decimosexto a 47" de Wiggins. Andy Schleck, que entró en la recta final con la misma determinación que el vencedor, fue el 21º a 1´02 del británico y su hermano 35º a 1´52" del hombre venido de la pista.
Así las cosas, y con Contador compitiendo en otra liga, Andy Schleck tiene muy firme el segundo puesto a 4´11" del que recibía ayuda "moral y económica" de Manolo Saiz, pero para la tercera posición se ha producido un atasco de 30" de diferencia entre el empresario de Texas (5´25"), Wiggins (5´36"), Kloden (5´38") y F. Schleck (5´59"). Y queda el Ventoux. No deja de ser paradójico que este monte se colocase el penúltimo día para ser juez de la carrera, y que al final vaya a decir el tercer puesto. El que seguro que va a atacar es el luxemburgués, con o sin hermano, y veremos si el pobre Kloden no tiene que tirar del señor de 37 años. O el propio Contador. Desde luego, lo más justo sería que Armstrong no estuviese en el podio: no ha hecho entre los cinco primeros en ninguna etapa de la carrera, pero lo mismo hizo el año pasado Menchov y acabó tercero dos meses después. Esperemos que este año no pase algo parecido y que las envidias y celos, todos infundados, que despierta nuestro ciclismo por ahí fuera no vayan a más.
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Una trola tras otra del "diplomático Vaticano": según Bruyneel esa no era la táctica, niega haber regalado la etapa a los Schleck y dice que le daba el viento de cara y por eso frenó -le tuvo que llegar una ráfaga hucaranada repentina, que incluso le obligaba a mirar atrás-. Phantastico.
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¡Cómo se nota que este palmero de De la Morena sólo se interesa por el fútbol! De ciclismo, como su jefe radiofónico, ni idea.
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Esta pieza de periodismo bizarro, que recomiendo a todo el mundo, apareció en el Telediario de la televisión que pagamos entre todos. Aunque no se vea, después vino una sección especial de caídas (Hushvod, Menchov). "Yo sí creo en el ciclismo", decía Lorenzo Milà hace dos años durante la promoción de la Vuelta.
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Lo que todo el mundo quiere saber, los diálogos intra e inter Astana durante la ascensión al Colombiere, lo sabe Alain Laiseka. El periodista de la hoja parroquial del PNV -muy divertida desde que no están en el poder- se desmarca con una crónica donde pone voz y comillas (de cita literal) a cada uno de los protagonistas. ¿Periodismo-ficción? ¿Licencia literaria? A saber, pero su credibilidad está al nivel del betún.***
El contadorismo se extiende: jamás había leído una crónica de EFE tan de fanfarria, orgullo y ra-ra-rá.
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El gigantismo del Tour y los buenos corredores que se quedan embobados tiene visos de enfermedad. Hushovd, un corredor que ha ganado una G-W o que este año hizo una superRoubaix para acabar tercero, dice que su escapada en los Alpes es "su mejor día como ciclista". Algunos pensarán que es por mi foforismo por Freire, pero prefiero mil veces su actitud cuando conquistó el maillot verde el año pasado: "no es una victoria, pero en mi equipo están muy contentos por la repercusión y me siento más valorado". A este paso acabaremos valorando como una victoria ganar un sprint intermedio en el Tour...***
Cuando salió en lo del pasaporte biológico, en su equipo dijeron que no tenía nada que ver con ellos, que era de cuando estaba en Tinkoff; ahora que ha salido con la CERA y cuando ya había logrado la única victoria de verdad que tiene este año el Fuji-Servetto, es el corredor el que dice que no tiene nada que ver con ellos.
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Tras asegurarnos que el retorno del amedentrador de Simeoni era bueno para el ciclismo porque iba a traer más atención e inversores, resulta que este empresario de sí mismo y su enfermedad no ha podido encontrar más patrocinador para su nueva oficina que una empresa que es de su pueblo en Texas.
