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16 mayo, 2012

Todo es Giro, todo es ciclismo

Metan a un puñado de los mejores corredores del mundo -un puñado pequeño, pero es lo que hay-, el recorrido adecuado en el país adecuado y sale ciclismo. La fórmula es tan fácil y tan antigua como el propio deporte del ciclismo, que sigue insistiendo en inventos cuando la receta es bien conocido.

Ha sido llegar la carrera a Italia y destaparse en todo su esplendor. El primer sprint en Fano fue para Cavendish, un paréntesis hacia el carrusel de los siguientes días: el viernes se llegaba a Porto Sant´Elpidio -el Giro sólo había estado en una ocasión anterior, con victoria de Cipollini (1992)- a través de la tradicional etapa por las colinas costeras de los Apeninos y llegó la fuga.

Fue una fuga dentro de una fuga, la tradicional exhibición de un Homo-Savio de cada Giro: corredores que a duras penas se pueden tener encima de la bici sin caerse, o circular en pelotón, y que todos los años tienen su momento de gloria en ese equipo apestoso llamado Androni, o Diquigiovanni, pero al que es mejor referirse como el "equipo de Savio". Con dopadossputniks como Parra o Rujano, pasando por Bertagnolli o Rebellin, año tras año los hombres de Savio se arrancan por peteneras con algún rendimiento sobrehumano y que jamás volverán a repetir en toda su vida deportiva. Por supuesto, sólo pasa en Italia. Y también en la Vuelta a Malasia.

El protagonista de este año ha sido Rubiano, colombiano menudo que se escapó de sus compañeros a 36 kms. de meta, los 30 últimos completamente llanos. Por detrás perseguían cuatro. Llegó con ventaja y sin desfallecer. El liderato pasaba a Malori, el corredor del Lampre que durante el Tour 2010 -donde era el más joven- fue el foco de atención de Carlos de Andrés y Probenecid, que se pasaron media carrera riéndose de su apelllido, a pesar de que fue décimo en el prólogo de Rotterdam. Da igual, no les gusta el ciclismo, sólo la broma con los demás. Eso sí, del apellido de Vicioso -y su trayectoria- nunca han dicho nada.

El final en Rocca di Cambio, el primero de la carrera, vio la fuga a dos -ya en el puerto- de Pirazzi -escalador del Colnago de Pozzovivo, se dio a conocer en la Vuelta a Castilla-Léon 2011- y Jose Herrada del Movistar. A falta de un km. para meta, el italiano tomó mal una curva por culpa de una moto, y parecía segura la victoria del español de Cuenca, a pesar de su racial apellido cántabro. Sin embargo, el pelotón se echó encima y la victoria fue para ¡Tiralongo!, el gregario siciliano de ¡35 años! que se estrenó en eso de las victorias en el pasado Giro y por mediación de su amigo, con el guarda cierto parecido físico, Alberto Contador.

En el último Romandía hasta se metía en los sprints, toda una osadía dada su falta de experiencia en el campo y lo menudo de su físico. En fin: su equipo había controlado toda la etapa y es una victoria merecida, pero sorprendente. O no tanto si hablamos del Astana. Segundo Scarponi y tercero F. Schleck, metiendo miedo a los allí congregados, mientras que el liderato pasaba, como era fácil predecir, a Ryder Hesjedal.

El domingo la carrera llegó a Lago Laceno, allí donde Zülle dió en 1998 una recordada exhibición hemodruida, de las tantas que hubo en aquella edición. El protagonista de la jornada -junto al costaricense Amador y el polaco Marczynski, escapados todo el día- fue Pozzovivo, otro corredor espantoso en toda su trayectoria. Pasado a profesionales en 2005 tras ser el mejor sub-23 italiano los últimos años, iba el 14º en el Giro de ese año y abandonó sin ninguna explicación a dos días del final. Y así, toda su carrera.

A pesar de su supuesta calidad, jamás lo ha querido un equipo grande, y siempre ha estado en la misma estructura. Ahí compartió maillot -y otras cosas- durante el Giro 2008 con Enmanuelle Sella. De hecho, fue el único año donde sacó de rueda a sus rivales, concretamente en la etapa de la Marmolada que ganó su recordado compañero en-CERA-do. Acabó segundo aquel día -nunca jamás ni nunca después consiguió colarse en el top-five de una etapa de montaña en el Giro- y noveno en Milán, pero su auténtica victoria fue eludir el control antidopaje. Por eso es muy interesante ver los primeros clasificados de ese día, y qué fue de ellos. También las diferencias en meta del dúo CSF-Navigare.

Por supuesto, jamás ha ganado nada fuera de Italia. Este año se impuso en Trentino, su victoria más importante, y ahora va camino de hacer saltar la banca en el Giro. Fíjense que en Rocca di Cambio fue sexto, ayer cuarto en Asís -cuando jamás se acercaba al top-five en etapa alguna- y bueno, en Lago Laceno ganó la etapa de una manera digna de Zulle en la anterior ocasión que se subió allí. Atacó a siete km. de meta, de los que los cinco finales eran llanos, y llegó con 27" sobre los favoritos, 23" sobre un bravo Intxausti que salió, en vano y a pesar de su mejor planta y rodar, en pos del italiano.

Fue una buen exhibición de un corredor de apenas 53 kg, que parece sólo apto para finales muy largos y muy exigentes, al estilo de Cacaíto Rodríguez o Rujano. Pues no: ganó en un final muy llano. Por supuesto, a todo el mundo le pareció normal -en la notable retransmisión de gazzetta.it, con Berton y Saligari, elencaron su palmarés de puestos intentando justificar lo injustificable-, porque esto es el ciclismo: Rubiano, Tiralongo y Pozzovivo. Evviva!


El lunes la carrera hizo su habitual parada en la provincia de Frosinone, esta vez con visita a la capital provincial del mismo nombre. El final en cuesta llamaba a un sprint restringido, pero no tanto como para que J. Rodríguez atacasa a cinco kms. de meta, apoyado por Vicioso. No fue muy lejos y parecía que si, que iba a haber sprint, pero masivo: sólo una organización del sprint caótica -y preciosa, claro, por la falta de dominio- alteró el resultado.

En la última curva Goss se quedó sin compañeros y expuesto al aire, y prolongó el trazado de la misma mucho más de lo normal. El pelotón, encabezado por ese dislate que es Pozzato, lo siguió, provocando una soberana caída de los favoritos al intentar enmendar la trayectoria. El italiano pidió perdón por su error, y al día siguiente abandonó por una fractura de esas suyas.

Ventoso, que el año pasado ganó en la vecina Fiuggi, repitió victoria tras remontar a ¡ocho corredores!, un poco como en su París-Bruselas de 2010. Es un buen corredor que acaba de cumplir 30 años, y su equipo se estaba mereciendo una victoria de etapa, tras los tiros al palo de Herrada, Amador e Intxausti. Y tendrá más oportunidades: tanto el cántabro como su equipo.

Y ayer en Asís un final típicamente italiano: no bastó con llegar a la encantadora ciudad de San Francisco -sólo había acogido el Giro en otras tres ocasiones-, es que la organización metió a los corredores por todos los lugares, incluyendo la subida al castillo, para acabar justo enfrente de la iglesia central, en un dédalo de calles donde el mayor ganador fue J. Rodríguez, que se llevó etapa, liderato y entrar en el club de ganadores  de etapa en las tres grandes.

El corredor español, al que hoy todas las crónica empiezan a señalar como favorito a la victoria final, porque tiene 57" con Basso, 1´11" con Scarponi y 1´25" a F. Schleck (ayer perdió 23"+20" de bonificación por culpa de su poca pericia con la bicicleta y en este tipo de finales), dice que dejará pronto la maglia rosa, porque desgasta mucho al equipo. Como pronto, hoy hay una etapa de ¡255! kms hasta Montecatini Terme, típica del Giro: todo aparentemente llano, y final nervioso. La única maglia rosa que cuenta es la de Milán, todo lo demás es ciclismo y es el Giro.
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Parece que algunos están descubriendo a Sagan al ganar las ¡tres! primeras etapas de California. Y lo que vendrá...
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Urán, alérgico al polen. La garantía de un campeón. Y otro nuevo caso en el Giro: Tom Leezer.
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Turgot, el sorprendente segundo clasificado en la Roubaix de este año -anduvo atacando todo el día-, resulta que se ha saltado tres controles en los últimos 18 meses. Será que se mueve mucho y muy rápido. Su director Bernadeau lo ha llamado "idiota".
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Manolo Saiz ha decidido hacer caja -siempre le ha gustado ir con el dinero en contante- y vende su colección de 58 bicicletas, adquiridas con el sudor de su tejido adiposo y no por haberse extraviado en el extraño triángulo que manejaba tan bien de suministrador-patrocinador-yo mismo y supremo.  Como no pudo hacer el butrón del "Museo Würth del ciclismo", ahora nos viene con estas. ¡Dos cafés y un carajillo para la mesa del fondo!
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Bonita y completa estadística sobre los ganadores de etapa en las tres grandes.
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Que lo pidan al juzgado de Plaza de Castilla. O al CSD. Tienen almacenado bastante, que es año olímpico.

09 abril, 2012

"Soy el mejor corredor de la historia sobre el pavés"

Pues sí que lo eres, y ya lo eras antes de la exageración de la carrera de ayer. Nada menos que la cuarta París-Roubaix, ganada a la manera de Ballerini y Cancellara, con un ataque muy lejano de esos que suelen verse -con éxito- en esta carrera. "Ha sido mi mejor carrera". Si a la primera declaración se responde con un rotundo sí, a esto ya no tanto.

Partiendo de máximo favorito, y habiendo ganado ya tres de las cuatro grandes citas de pavés de la temporada (en la H-V fue segundo) y contando con un equipo poderosísimo -ayer la carrera hubiese sido distinta sin esta circunstancia, aunque ganar escapado pueda inducir a pensar lo contrario-, además de con escasos rivales de nivel, favorece la victoria. No, no ha sido la mejor victoria de Boonen.

El paso por Arenberg lo encabezó el campeón belga acompañado por Sylvain Chavanel, evitando cualquier problema y cualquier posible ataque. Cuando estos se produjeron -una fuga a seis con Ballan y Flecha, que llegó a contar con 30"-, el encargado de tumbarla fue Steegmans, el corredor que de joven quiso ser grande y ha acabado de gregario en la estructura en la que comenzó.

En el tramo de pavés de Orchies, a 60 kms. de meta, Boonen aceleró por primera vez y sólo le pudo seguir Pozzato, alcanzando al fugado y sorprendente Turgot, que se había movido poco antes. En breve fueron alcanzados por Terpstra y Ballan, aunque el quinteto no abrió hueco y lo que quedaba del pelotón les alcanzó pronto.

¿Miedo de Boonen a irse de nuevo con Pozzato y Ballan, como en Flandes? A saber. Lo cierto es que fue el propio Quick Step el que tiraba en el pelotón. ¿Desperdiciar una fuga llevando como gregario a una locomotora como Terpstra? En ese momento pareció así, pero no fue durante mucho tiempo.

Muy cerca  del lugar exacto donde Cancellara se escapó en la edición de 2010 -cuando Boonen estaba comiendo a cola del grupo- Boonen atacó con Terpstra, pero el valiosísimo corredor holandés no aguantó mucho, al quedarse en el durísimo tramo de pavés de Auchy-les-Orchies. Quedaban 52 kms. para meta y ahí se acabó la carrera.

Bueno, alguno disfrutaría con el monólogo de Boonen, pero no es mi caso. Tampoco lo hice con el de Ballerini en 1998 -llegó con más de cuatro minutos de ventaja a la meta- ni con el conocido caso de Cancellara, y en este caso era todavía más favorable por la poca entidad de sus rivales y el dominio de su equipo.

Boonen fue haciendo hueco mientras sus rivales se caían -Pozzato, que antes se había abierto de piernas ante el ataque de Terpstra, pensaría que no era un movimiento apreciable- o hacían sus cucamonas de siempre, como el sufrido Flecha, omnipresente en todas las narraciones televisivas de este país, como si los demás no existiesen.

El corredor español ha ido este año a la Roubaix con una preparación stealth: se hizo pupa hace un mes en una mano y, con eso del traqueteo de la piedras, no corrió ninguna prueba de Bélgica hasta el pasado Tour de Flandes. Tampoco de ningún otro sitio, donde no hay pavés y donde algunos domingos ha habido hasta cuatro carreras profesionales. El no, encerradito en su refugio de los Pirineos, a medio camino entre Girona y Andorra, para plantarse en la Roubaix a ver si este año si. Pues no. Ni con esas, vamos.

Ni con compañeros, puesto que el Sky llegó a tener a cuatro corredores persiguiendo a Boonen: Hayman -amiguisimo de Flecha, el único que tenía en el Rabobank, donde acabó a las malas-, Stannard y Boasson Hagen. Eso sí, solo tiraba Stannard, a saber por qué. Por inglés. Me quedan dudas de si sabía para quien trabajaba, si para un supuesto líder que nunca gana, para su gregario australiano, o para el niño bonito noruego que siempre desaparece en los momentos clave.

Cuando saltaba alguien, ahí que iba Flecha a por él, con una eficiencia que ni el propio Terpstra. Efectivamente, lo han adivinado: el corredor español estaba corriendo por el puesto y no por ganar, pero eso ya lo podían haber adivinado en la salida de Compiégne. Y así, entre pinchazos, descuelgues y unos rivales de bajísima calidad Boonen caminó en solitario hacia su cuarta Roubaix, pero no fue tanta exhibición como con Ballerini o Cancellara. Exhibición, pero no tanta.

Con Boonen celebrando su victoria, los del puestómetro -sólo se salva Ballan- entraron en el velódromo: eran Flecha, Boom y Ballan. Como al final racanearon, dieron tiempo a que la pareja formada por Turgot -menudo carrerón, y desde los primeros compases- y Terpstra se uniesen a la disputa de las plazas.

El resultado fue magnífico: Flecha lanzó el sprint, y fue superado por Turgot -por milímetros segundo clasificado- y Ballan, obteniendo un meritorio cuarto puesto, el que se acaba obteniendo cuando se corre así. El corredor francés -clase 1984- volverá a aparecer por el velódromo: corrió en todo momento para ganar. Le acompañarán en años futuros Boom -sexto ayer- y Phinney, que ayer debutó en la carrera tras haber ganado dos veces la versión amateur y acabó 15º. Otro corredorazo de esta edición de Roubaix fue Ladagnous, penalizado al final por los pinchazos.

Volvamos a los campeones. Boonen nunca será Monsieur Roubaix: ese título siempre corresponderá al que empató ayer, Roger De Vlaeminck, incluso aunque consiga ganar por quinta vez la carrera. El Gitano ganó cuatro veces la carrera, fue tres veces segundo y otras dos veces tercero. Y eso que durante su época competía un tal Merckx, que ganó tres veces el adoquín, o con Moser, que también ganó tres veces. Flecha y Ballan no son rivales para Boonen, que ha visto su reinado favorecido por la falta de competencia de nivel. Es el más grande de todos los tiempos en el pavés, y está bien que no caiga en la falsa modestia de no reconocerlo -¡cómo si se pudiese esconder un palmarés como el suyo-, pero no es por esta edición 2012 de la carrera del adoquín.
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Visconti, tras caerse, descolgarse y enfermar en las clásicas del norte, gana el GP Amorebieta porque se lo regala su compañero Valverde, igual que hizo en 2007 con J. Rodríguez, por entonces también compañero. Fichar a un corredor para que gane por regalo de un compañero es fichar bien, sobre todo si lo vendes como estrella y ayer gana su primera carrera fuera de su país, no precisamente jovencísimo. Y de esa manera. Dicen que lo va a hacer muy bien en las Ardenas, cuando padece -y sobremanera- los porcentajes duros. Como no se meta en una escapada...Antón, que si que lo ha hecho muy bien últimamente en las Ardenas, fue tercero, la nota de color entre una carrera dominada por el Movistar, que copó 1º-2º-4º y 5º puesto.

Por cierto, Valverde reaparecía en carrera tras su caída y posterior abandono -al día siguiente- en la Volta. Lo de "Valverde reaparecía" es ya casi una letanía.