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10 septiembre, 2012

Contador enseña la manita. Y la patita

No sabe restar
Terminó lo que la propaganda oficial está calificando de la mejor Vuelta de la historia; terminó, como era de esperar, con el quinto triunfo de Degenkolb, un debutante de 23 años que no ha tenido rival al sprint: creo que es suficientemente indicativo de la exageración de la primera afirmación.

Entre cuatro corredores (Valverde, J.Rodríguez, Degenkolb y Gilbert) han ganado 12 de las 21 etapas de la carrera, para que vean que grande ha sido la Vuelta; por no decir que los tres primeros de la general han acabado dentro del margen de los 2´de diferencia entre ellos, pero el 4º se ha ido a  más de 10´.

¿Gran Vuelta a España? Sin duda alguna, por tercer año consecutivo la mejor grande de la temporada en cuanto a emoción, disputa, momentos singulares e incertidumbre; ¿la mejor de la historia? Pues no: sin ser exhaustivo, creo que las ediciones de 1992, 1998, 1999, 2002, 2003 o gran parte de las últimas han sido igual de buenas que la de 2012.

Supongo que se dirá esa exageración sobre esta edición de la Vuelta a España porque ha acabado ganando Alberto Contador, muy querido por los medios de comunicación y por una parte muy importante de la afición, sensible ante el drama personal del corredor que no duda en utilizar a conveniencia (hermano inválido, cavernoma, vegetariano a la fuerza) e insensible ante todo lo demás, especialmente sus certificados médicos, su chulería y su increíble capacidad para mentir.

Ahí lo tiene retratado entrando en la meta de Madrid, levantando siete dedos, una tontería de moda que obligaron a hacer a Induráin con el quinto Tour -el uso viene del mundo del fútbol-, aunque el navarro nunca lo hizo compitiendo,  y que después Armstrong se encargó de remarcar, para gusto de los propagandistas antes llamados periodistas.

De esos usos vienen esos lodos: al parecer, Contador quiere indicar que tiene siete grandes vueltas en su haber, cuando para los registros del ciclismo tiene cinco; está a dos de que se pueda considerar objetivamente un grande la historia, y a tres Tours de equipararse con los grandes de la historia de este deporte centenario. Mucho ánimo en su intención, pero que no cuente lo que no tiene.

En meta parecía que su brillante asesor de comunicación, Jacinto Vidarte -es tan bueno que tiene un twitter, pero no lo usa- le reprochaba haber hecho el gesto, y Contador se mostraba fiero con el señor de gafas, ex redactor de Marca como mejor bagaje para gestionar la imagen de una estrella de su deporte. Así van las cosas: las suyas personales, y las del país.

Hago el gesto porque me sale de las narices (operadas), parece afirmar Contador. Yo en la foto veo la manita, pero nada más, salvo la arrogancia: una vez más, Contador se muestra como realmente es, y tras la manita asoma la patita, igual que en tantas ocasiones. Por supuesto, en el podio volvió a sacar la pistola y disparar al aficionado.

El público, muy escaso, no abucheó al ciclista por su feo gesto, cosa que si reservó para la alcaldesa por decreto de la ciudad, que tiene el cargo por su propia valía -especialmente en comunicación verbal- y no por ser la mujer de quien es. Como ven, el ciclismo es una metáfora más para explicar este país y por qué estamos como estamos. Un retrato, una serpiente multicolor.

Contador gana la Vuelta con 1´16" sobre Valverde, que podían haber sido únicamente 21" de no mediar la caída de Valdezcaray: la típica ventaja de Contador en una gran vuelta, y más en esta donde sólo ha sido superior en contadísimas ocasiones. El murciano ha mantenido un gran nivel las tres semanas, a pesar de decir lo contrario en la salida. Ahora dice que va a por el Mundial. Pues vale.

Además, ha ganado 2 etapas, y los maillots de la regularidad y la combinada, obtenidos el último día gracias a meterse en el sprint (6º, que gran corredor se perdió para el calendario de primavera) y pidiendo permiso a J. Rodríguez, el damnificado. El catalán había dicho en la previa de la Bola del Mundo que no lucharía por la montaña -estaba a pocos puntos de S. Clarke-, que se conformaba con lo que tenía, y se ha quedado con bien poco en el podio final.

Tres etapas y un tercer puesto final, pero con la sensación y la realidad de haber perdido la carrera por un día de mal cálculo. J. Rodríguez entra en el selectísimo grupo de corredores que han doblado podio en una grande en el mismo año desde el último doblete Giro-Tour (1998, acabó en muerte a los 34 años), integrado por Beloki (2002), Contador (2008), Sastre (2008) y Nibali (2010).

Cuarto Froome, que fue de más a menos -como su equipo-, y que no entra en la clasificación anterior a pesar de haberlo intentado. Dijo que venía probarse si valía como jefe de filas, pero es difícil sacar una conclusión, salvo que no creo que renuncie a su aspiración; quinto Dani Moreno, gregario de J. Rodríguez que siempre ha reservado un muchito para sí mismo, tanto como para acabar quinto y que su jefe pierda la Vuelta porque el día que importaba el no estaba.

Gesink sexto, y como el resto de corredores, totalmente anónimo: la carrera se ha monopolizado entre los tres primeros y, la primera semana, con el cuarto; el resto han acabado en su posición sin mérito aparente, salvo sobrevivir: en el caso de Gesink y su largo historial de caídas, eso es lo más importante. Séptimo el joven americano de 23 años Talansky, buen escalador; octavo Ten Dam, el magnífico gregario del Rabobank, otro peleado con el asfalto; noveno Antón, ídem; y décimo Intxausti.

Un dato desapercibido de esta carrera es que sólo han abandonado un 10% de los corredores que tomaron la salida: no ha habido lluvia, apenas ha habido caidas y el recorrido, salvo la parte final de las etapas, era muy suave. No creo que haya sido la mejor Vuelta de la historia, y menos viendo al ganador final; como mucho, ha sido una Vuelta más: la mejor vuelta grande por etapas, y eso ya es muchísimo.
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La antepenúltima etapa de la Vuelta tenía como final La Lastrilla, un arrabal de Segovia, al que se accedía por una carretera revirada, pero con hechura de autovía. Ganó Gilbert con una demostración de fuerza perfecta: Ballan tiró abajo algún intento de ganar -el de Nicholas Roche- y el belga se quedó en cabeza demasiado pronto...cuando vio que el pelotón se aproximaba, puso el turbo y se fue a ganar en solitario su segunda etapa en esta Vuelta 2012. Valverde, que hizo un timing muy bueno, fue segundo: el sí esperó al momento justo.

La Bola del Mundo, como se preveía, no decidió absolutamente nada: igual que entró la clasificación general, igual salió. Suele pasar con estas etapas, salvo la excepción del Stelvio de este año en el Giro, pero ahí está el sonoro fiasco del Ventoux en el Tour 2009. Una escapada muy numerosa llegó a meta, y se impuso el gran Dennis Menchov ante Richie Porte: los gregarios del tercer y cuarto hombre de la general.

Entre los favoritos, J. Rodríguez atacó en la parte más dura y acabó metiendo a Contador más de cuarenta segundos, algo menos a Valverde, demostrando que sin lo de Fuente Dé -donde Menchov no anduvo nada- habría ganado una Vuelta diseñada para él. Que Moreno fuese de los mejores en la Bola del Mundo y acabe quinto de la clasificación indica que algo se ha hecho mal en el equipo.
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Vibrante edición del GP de Fournies, la prestigiosa carrera de un día francesa que se disputa en un circuito alrededor de la ciudad que da nombre a la prueba. Un increíble Óscar Freire, que venía de ser 3º el día anterior en la París-Bruselas (batido por Boonen y Renshaw) se metió en la fuga del día a más de 80 kms. de meta.

Contra todo pronóstico, y más teniendo en cuenta que jamás tuvieron una ventaja por encima de los 2´20", la fuga fue haciendo recorrido y sumando vueltas y más vueltas al circuito, mientras los acompañantes iban desapareciendo hasta quedar únicamente Freire y el especialista en fugas Morkov, danés del Saxo Bank. Quedaban 15 km. para meta y la exigua renta era de menos de 40".

En el pelotón se sucedían los intentos en solitario, y el gigante danés Bak del Lotto consiguió enlazar con el dúo cabecero. Lo que parecía que iba a ser una victoria de Freire se acabó traduciendo una nueva Gante-Wevelgem de 2007, cuando quedó atrapado en el sandwich T-Mobile que le hicieron Burghardt y Hammond.

Los daneses actuaron bajo motivos nacionales y no comerciales de su equipo: saltó Bak poco después de la pancarta de último km. y Freire, muy estúpido, se quedó esperando a que Morkov lo neutralizase. No lo hizo, y en meta dijo "Bak y yo somos buenos amigos", además de compatriotas. Freire tenía que haber saltado, y al sprint le hubiese podido batir, a pesar de los km. de escapada.

Al final, nada de nada: Bak ganó por un margen muy estrecho y el pelotón neutralizó a los fugados, con Kristoff, el sprinter compañero de Freire, ganando el sprint del pelotón con mucha superioridad. Una vez más Freire ha equivocado la estrategia, demostrando al mismo tiempo tener muy buenas piernas. No basta, porque con su actitud ha malogrado una casi segura victoria de su equipo.
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Este año las dos pruebas de Canadá han sido menos lucidas que en otras ocasiones. El viernes se disputó el GP de Quebec con triunfo de Gerrans sobre Van Avermaet, mientras el sprint del grupo fue para Rui Costa, y el domingo el GP de Montreal, con triunfo de Nordhaug del Sky -pasa a Rabobank el próximo año- tras una carrera muy insulsa. Segundo Moreno Moser y tercero Kolobnev.
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Un periodista de Antena 3 pregunta a Contador si va a celebrar su triunfo con un buen chuletón.

15 julio, 2012

Millar, Arribas y cinismo: el nuevo ciclismo

¿Estoy guapo? Sácame bien
Aprovechando que el domingo la gente compra más el periódico, convertido en el caso de El País en un resumen de la semana, hoy el diario independiente de la mañana nos ofrece una extensa entrevista con David Millar, realizada por el simpático Carlos Arribas poco antes de comenzar el Tour. Una feliz coincidencia ha hecho que la publicación de la entrevista coincida con la reciente victoria de etapa de Millar en el Tour, por lo que al menos nos ahorramos las últimas tonterías sobre esto, aunque hay de todo lo demás: de este desgraciado personaje del ciclismo, y también de este periodista, que se interroga a sí mismo.

Utilizando ese lenguaje y código religioso que le gusta tanto, Arribas se siente cómodo con el autoproclamado héroe del antidopaje -saca sus buenos dinero de esto-, por lo menos mucho más cómodo que en una supuesta entrevista a algún dopado no confeso, como sus amigos Valverde o Contador. Con ellos nunca hablaría de dopaje, como mucho de ¿qué tiempo hace? o el clásico ¿tienes hambre de victorias?.

El titular es muy arribiano: "Los deportistas que se dopan son seres humanos". Tienes durante media hora a un tío que te puede hablar del dopaje contemporáneo en equipos como el Garmin y sacas un titular que dice una obviedad, al menos mientras no se compruebe que en la tierra habitan alienigenas. Ah, que lo que quiere decir es que los dopados son buenas personas merecedoras de respeto. Acabáramos.

¿Como Millar, que sigue repitiendo sus mentiras y medias verdades, sin que el periodista afecto lo incomode con preguntas? Será por eso que Arribas empieza su perorata con esta asunción: "En español la palabra periodismo rima con cinismo" (y yo hago de esto mi leiv motiv), que es como si Torrebruno hubiese salido algún día a la pista central del circo -es la edición del domingo de El País, doblan difusión- con un "En español circo rima con Cristo, oremos", en vez de cómo el tradicional "¿Cómo están ustedes?".

Toda la entrevista tiene ese aire de circo, de enano italiano, de cara pintada de payaso y de tradicional familiaridad infantil que desvela la última frase entrecomillada. Pregunta Arribas, el hombre que conociendo la Operación Puerto y muchas otras cosas más, se dedica a llamar arqueólogos a los que no comulgamos -lenguaje religioso: esto es un guiño- con su política de perdonar y olvidar, cuando no de hacer su trabajo, y responde David Millar, una especie de Armstrong -por lo que tiene de sacar dinero- del antidopaje.

Sufriendo mucho en el Saunier
Falta un explícito "¿Cómo está usted, David Millar?", sustituido para empezar por un por qué escribió su libro, ya reseñado aquí. Atentos a la respuesta: "pensé: “Si escribo el libro ahora, tengo que estar a la altura de lo que escriba, porque sigo en el pelotón”". Claro, esa es la clave: como sigo en el pelotón, no cuento nada del Garmin, muy poquito del Saunier y me quito mis años mozos -eh, que yo no he ganado siempre dopado, tengo una Edad Dorada de joven donde ganaba a megadopados con el hematocrito al 40%- y algunas otras cositas por aquí, por allá.

"Tengo que estar a la altura". ¿Qué se puede creer de este personaje? Yo jamás me creí su retorno limpio, el propio Arribas publicó por aquel 2006, a raíz de su victoria en una crono de la Vuelta a España, que lo llevaba Cecchini...Ya, estás a la misma altura a la que te fuiste: ya no quieres ganar el Tour (It´s Millar time) pero tampoco te quieres arrastar a cola del pelotón, como Sella, Valverde, Di Luca u otros corredores con tu misma parábola deportiva.

Es tan abanderado del antidopaje que, sobre el tema Armstrong -recuerden que el cowboy copatrocinó junto a Trek un libro de ensalzamiento propio que se regaló con revistas de ciclismo hace muchos años, donde Millar tenía la condición de heredero del yanki- dice que no se pronuncia. "No llego a entenderle del todo". Claro, David, claro.

"No se deben imponer inhabilitaciones de por vida si es la primera infracción" Claro, David, claro. Ambos llegan al mito actual consistente en lo que Arribas plasma en una frase propia de periodismo/cinismo, del que es un consumado maestro: "puede significar dos cosas: o que sigue haciendo lo de antes y miente o que el ciclismo ha cambiado y estando limpio se puede estar al primer nivel".

De cuando cruzaba la muga
¡Evidentemente! Y con los mismos rendimientos: se quita el gluten, se pone un condón a los cascos, se queman los monos de contrarreloj, y eso iguala lo que se consigue con la EPO, subir puertos a 26 km/h, o convertir a rodadores en escaladores, de Padrnos a Knees. Y todo por llevar buenos hábitos al alcance de todos: de ciclista del montón a dominador de todas las especialidades. Y no estoy pensando en Froome, uno de los abanderados del "nuevo ciclismo". Anglosajón.

"Como nos metimos en este deporte más tarde, hay una actitud moderna y unas técnicas modernas. Y estos atributos resultan muy útiles en el ciclismo moderno, que es limpio", dice Millar, siguiendo la línea argumental. Sí, han contado bien, dice hasta tres veces la palabra "moderno". Y combina muy bien con "actitud" (¿?), "técnica" y "ciclismo". También con su personaje.

Arribas le pregunta por su confesión religiosa, y como recibe un cortante "protestante escocés" -en Edimburgo hay un sitio llamado ChurchHill donde en cada esquina hay una iglesia de una confesión diferente, un buen ejemplo de la pluralidad religiosa en Escocia, algo difícil de entender para el católico castellano viejo Arribas- le suelta igualmente su hipótesis, leída en algún lugar que no es este, que se podría resumir en un "Ética protestante, espíritu menos dopador".

El único pellizco que suelta Arribas a Millar es que no cite en su libro a su médico dopador español -lo digo yo: Jesús Losa-, pero ¡él tampoco lo dice!, a pesar de que hubo juicio en Francia y su nombre aparece en los documentos, además de que fue el propio Millar quien lo delató. Estas son las condiciones: vamos a hacer como que hablamos de dopaje porque presentas tu libro, pero vamos a hablar de lo mismo de siempre. Sin nombres, sin decir nada, vamos a vender una historia de ascenso-caída-redención, que mi redactor-jefe dice que quedan muy bien en el periódico de los domingos, cuando se lee en pareja.

"Periodismo rima con cinismo". En español arribiano. No vamos a citar a Jesús Losa, pero vamos a decir que el ciclismo ha cambiado cuando los médicos de entonces son los de ahora: ninguno ha cambiado de profesión, ninguno, porque no han tenido ninguna necesidad. Ni siquiera tienen que salir a buscar sus clientes: como ha dicho Pozzato sobre Ferrari, son tan famosos que llegas a ellos a ciegas. Y a tientas, después de probar todo.

Con Botero, "un tipo magnífico"
"Es una pena que Italia y España hayan adquirido una reputación tan mala porque en realidad eran solo unos pocos médicos los que lo estaban haciendo. Pero se podría decir que eran los mejores", dice Millar. Y lo dice cuando su actual equipo está, casualmente, radicado en Girona, escenario desde los tiempos de Armstrong de algunas de las transformaciones más milagrosas en el ciclismo. Girona es España, aunque Andorra no lo sea.

Dentro de su relato autoconstruido, "yo decidí dejar de doparme en 2003, después del Mundial, y luego me di cuenta de que había tomado la decisión correcta cuando me enteré de la muerte de Pantani y de Jiménez". Cuando registraron su casa a raíz del llamado caso Cofidis -ya habían caído los polacos de su equipo y Gaumont, pero él seguía callado- iba a ir a tope a por el Tour 2004, a pesar de que ahora diga que dejó el dopaje tras ganar el Mundial CRI de 2003, título del que fue desposeído.

Ahí aprendió Millar: no voy a decir que voy dopado desde que empecé a correr, que me quitan victorias, una táctica seguida por todos los de su calaña. Recuerden que Roberto Heras tiene tres Vueltas, para que crean en ellas sus seguidores bejaranos."Porque hayan cometido un error, no se les puede encasillar en dicho error de por vida".

Existe otra vida fuera del ciclismo, pero si algo demuestra la lucha antidopaje es que la mejor medida es la sanción de por vida ante el primer positivo. Así nos ahorraríamos tener que aguantarte a tí y al periodista que te utiliza para contar su propia historia de su profesión entendida como un ejercicio de cinismo. Y como existe otra vida fuera del ciclismo, que se la busquen, pero que no vuelvan al ciclismo.

"Creo que hubo una época en la que los periodistas no querían saber la verdad, no indagaban lo suficiente, y eso también formaba parte del problema: que había cierta negación en todos los niveles del deporte, desde la UCI hasta los propietarios de los equipos, los patrocinadores, los periodistas…" ¡Y es David Millar el que dice esto a Carlos Arribas! No puede haber mejor epitafio: este deporte no tiene remedio.
***
La etapa del 14 de julio en el Tour fue absolutamente preciosa. La carrera llegaba a la zona de Sette -la más turística por masiva del Mediterráneo francés- por carreteras junto al mar, lagunas marinas, bungalows y una espléndida realización televisiva. El infatigable Morkov se escapó una vez más y fue neutralizado en la subida al Mont St. Claire, un peñón no muy pronunciado que parece un gigante en un paisaje dominado por la cota cero del mar.

Poco antes se había descolgado Valverde, desentendido por completo de la batalla por delante. Y eso que la etapa le favorecía. La subida separó al grupo y hubo una espléndida persecución por parte de un increíble Lotto -pasaron a cinco corredores por delante- a la peligrosa pareja de Albasini y Vinokourov.  Poco antes del repecho final, atacó Luis León Sánchez, con fuerza y categoría suficiente para llegar, pero el propio Wiggins encabezó la persecución.

El británico superó al murciano mientras este realizaba aspavientos desaprobando su actitud, que el nefasto Duo Cómico de TVE no supo o no quiso interpretar correctamente: "le estaba indicando que le superase por la derecha". No, lo que el joven Liberty decía era que estaba hasta las narices del dominio acaparador del Sky, y lo corroboró en meta: "Lo quieren ganar todo". Lo mismo dijo Roberto Heras de Pantani en el Giro 1999.

El UkPostal mejora a su modelo del UsPostal: Armstrong nunca lanzó un sprint en sus años victoriosos, pero Wiggins quería hacerle un favor a Boasson-Hagen. Inútil: el noruego sólo fue tercero, superado por Sagan y por Greipel. El eslovaco, más veloz, perdió la etapa por no dar ese último golpe de riñones propio de los sprinters, cosa que si hizo Greipel para obtener su tercera victoria de etapa. La actitud del Sky empieza a cargar a todos, incluso a alguien tan pusilánime como SMS Sánchez.



01 julio, 2012

Cancellara siempre escribe el guión de su derrota, Sagan corre sin guión

Brazos en jarra para la primera victoria
Absolutamente espectacular primera etapa del Tour. Pasará a la historia por el ganador, el sensacional   Peter Sagan, no por la etapa en sí, si no por ser la primera de la larga serie de victorias parciales, y quizás dentro de unos años final, del corredor eslovaco, que hoy ha corrido de manera genial, como un maestro, aprovechando a un corredor bastante estúpido llamado Cancellara.

La organización había propuesto un recorrido por la Valonia, con final en Seraing, habitual lugar de paso en la Lieja-Bastogne-Lieja. A pesar de eso, la etapa no era tan difícil como podía parecer.

En la escapada del día, con una climatología estupenda, iba compuesta por corredores de segunda fila pertenecientes a equipos de segunda fila, buscando liderar las clasificaciones secundarias que se ponían en liza; con esos preliminares, a Urtasun del Euskaltel le tocó disputar la clasificación de la montaña a Morkov, el estupendo danés que vale por la mitad del Saxo Bank, y que ya estuvo escapado durante toda la primavera.

El danés se llevó el honor, mientras los comentaristas del ciclismo hablaban de las jornadas por venir, otra muestra más de su amor por este deporte: no saben ni vender el producto que tienen entre manos. El recorrido, cuya penúltima cota se subía a 40 km. de meta, no favorecía la narración en directo, pero tiene que haber algo mejor que contar chistes.

Las primeras caídas del Tour animaron un poco la cosa para esta gente, especialmente cuando los que besaron primero el suelo fueron Rojas, Valverde y SMS Sánchez, en una especie de fatwa murciana. 198 corredores en carrera, caída en la que se ven implicados no más de 15, y los 3 murcianos de una tacada. Seguro que iban hablando entre ellos, y de sus cosas. El terruño, que tira más que otra cosa.

El peor parado fue el corredor del Rabobank, que en meta se dejó 4´ y una muñeca dolorida. Ya era el corredor con más días de competición en las piernas -nada menos que 56- y había muchas dudas sobre su rendimiento en carrera: ahora tiene la excusa perfecta para buscar sus queridas escapadas y cumplir su gran objetivo vital, el de plantarse en la treintena sin saber si vale para una vuelta por etapas de tres semanas.

En cuanto a Rojas, hoy no ha sumado ningún punto para la regularidad, esa clasificación secundaria del ciclismo -no cuenta como victoria profesional- obsesión particular suya, mientras van pasando los años y el sprinter de bolsillo murciano suma una victoria al año, cuando es un buen año. No, este año tampoco será maillot verde.

Por su parte, Valverde se pegó un buen calentón para llegar a las posiciones delanteras, y finalmente fue sexto en la etapa. Siempre ha sido el mejor de sus compatriotas -con la excepción de Jose Cayetano Juliá, ese corredorazo que tuvo que dejar el profesionalismo muy joven, cuando se agotó la gallina de huEPOs de oro-, pero es dudoso que eso sirva como aval en este Tour; su primera oportunidad de ganar una etapa se quedó en una conversación intranscendente cerca de meta. Después, a perseguir, su especialidad.

La organización había diseñado un recorrido muy atractivo para la parte final, con el pelotón atravesando la zona minero-siderúrgica de Seraing al lado del Mosa, una industria de cabecera genuina del siglo XX -el gran río para traer las barcazas llenas de carbón y sacar los productos siderúrgicos, la barriada obrera al lado- y que, como todas las de su estilo en el viejo continente, vivió tiempos mejores.

Si conocen la antigua margen izquierda de Bilbao, Avilés o Gijón se harán una idea del lugar por donde pasó hoy el pelotón; si no, las imágenes aéreas del Tour, que no escatimaron en sacar esos paisajes industriales -y lucían espléndidamente- dan una imagen muy cercana de esa combinación de verde, agua, óxido y negro del carbón.

En la cota entre casas -parecía la Lieja- que subía el cañón del Mosa tras salir de la siderurgia, atacó Chavanel y sólo Sagan le siguió. Poco después saltó Cancellara y el tremendo eslovaco, que debuta en este Tour, se acopló fácilmente a su rueda. Mucho más tarde consiguió enlazar Boasson Hagen, y ese trío, magníficamente impulsado por Cancellara, se separó del pelotón.

Ahí se vivió un guión torcido que Cancellara se empeña en interpretar, quizás porque sabe los aplausos que recibirá, aunque casi siempre pierda. El Dúo Dinámico de RTVE no esconde sus simpatías por el suizo, a pesar de su deficiente desempeño en carrera. Está muy bien eso de saltar y aumentar la renta en la general -todo apunta a que este año Cancellara también llevaré el liderato toda la primera semana de la carrera-, pero después que no quiera la etapa si detrás lleva a dos corredores más rápidos.

Cancellara pidió el relevo a Sagan, que muy astuto no pasó jamás. En un momento dado, el suizo dio un bandazo muy violento y amagó con dejar de pedalear ante la falta de asistencia del corredor del Liquigas. Ni por esas entró: sabe perfectamente, como sabe todo el pelotón -lo ha hecho en JJ.OO, dos veces en Sanremo, en Flandes...- que es todo un órdago, que sólo sabe pedalear hacia delante como un caballo desbocado...

Así siguió, llevando a meta a Sagan igual que hizo con Gerrans en la Sanremo de este año. A un paso de meta, y con el pelotón echándose encima -no consiguieron ninguna renta para la general-, Sagan superó como era de esperar a este suizo inconsciente y se fue a por su primera victoria de etapa en el Tour, celebrando de una manera peculiar. No parecía muy cansado: sólo había pedaleado de cara al viento los últimos cien metros. Como todos los que son capaces de seguir la rueda al primer arreón de Cancellara.

En el pelotón, el sprint fue para el local Gilbert sobre Mollema -mucho ojo a este corredor, muy bueno en la crono y que en montaña se pega como pocos-, y el citado Valverde, con un sorprendente Hesjedal en el noveno lugar. Froome se dejó minuto y medio, y Velits casi dos minutos, pero todavía queda mucho Tour.

Tanto, tanto, que no se sabe cuantas etapas va a ganar Sagan, que nunca se va con un único éxito de una ronda por etapas; de hecho, se suele ir con un mínimo de tres. Es el ganador más joven de etapa en el Tour desde la famosa victoria de Armstrong en Verdún en 1993 -el yanki ganó con 21 años, Sagan con 22-, y desde que Baldato ganó la primera etapa del Tour 1995, nadie había debutado en la carrera con victoria de etapa.

De Sagan ya se ha dicho de todo, pero a mí me gustaría destacar algo: corre sin guión. Corre para ganar siempre, y la demostración de hoy aguantando los gritos y la presión de Cancellara -le encanta hacerlo, y ha llegado a parar el pelotón del Tour con su estilo siciliano- es otra buena muesca. Corre sin un guión establecido: no hay una rueda buena para seguir, simplemente el primero que salte. Corre sin pensar en París, simplemente día a día. Sólo cuenta la victoria, y si se la tiene que arrebatar a su jefe de filas -como en la pasada Tirreno-Adriático- lo hace.

Y cómo corre sólo para ganar, jamás hará lo que hace Cancellara, que de tan amigo de Flecha que es, parece que ya sólo corra para el aplauso, o para facilitar la victoria a los demás.