Estos días el diario El Mundo celebra su 20º aniversario, una efeméride negra para la pequeña (sección Z bis, apartado 34) historia de España. Lo digo porque en el editorial de este viernes se arrogaban de la machada consistente en decir que la historia de este país hubiese sido diferente sin este periódico escrito por y para un determinado público: efectivamente, la historia hubiese sido mejor.El Mundo es el equivalente español al News of the World, el impagable tabloide humorístico inglés. Órgano de las excrecencias de su director y la corte de aduladores que le acompaña, su principal labor consiste en mentir, enfangar, inventar campañas, mentir, realizar análisis químicos, colgarse medallas, mentir e inventarse historias. Periódico que cabría calificar de neofranquista y que suma más fracasos que éxitos, se ha inventado su propia historia consistente en los GAL, una supuesta honestidad (sin hache) y ese liderazgo que, terco él, se resiste después de veinte años, y eso que lo llevan anunciado desde hace quince.
Como este es un blog de ciclismo, les cuento que ayer el redactor turbio y minus zero Pablo de la Calle publicó un artículo titulado Los nuevos demonios, donde no decía absolutamente nada nuevo sobre Maynar, Losa y Beltrán, simplemente el cortepega con el que ha dotado la naturaleza a cada uno, en este caso de manera especial. Por repetir, repite hasta la gracieta del diccionario holandés-español que ya había aparecido en su momento (la salida de la Vuelta en Holanda) y la semana pasada en Interviú, de donde le ha venido la inspiración a este redactor, cuyo apellido es toda una pista sobre su origen. No pasen por alto el detalle consistente en que, al igual que Arribas, no dice ni mú sobre el ganador del Tour amigo de Losa.
Evidentemente, donde trabaja no es el mejor lugar para que florezca su creatividad, y menos considerando que antes su tribuna la ocupaba Jon Rivas, un subproducto de Bilbao que un día escribió un libro de Joane Somarriba que acabó saldado, como casi todos los de La Esfera, la editorial con la que se ha dotado el grupo del ácido bórico para dar rienda suelta a Leandro de Borbón o Gómez de Liaño. Ahora ya no se le ve, pero es muy recordado el blog que llevó durante algunos Tour donde explicaba lo fino que se ponía a la hora de mover el bigote, su auténtica especialidad. No se si sigue en pie, tampoco lo voy a comprobar. De esos mimbres sale una entrevista como esta.
Fíjense que titular saca de alguien que dice "yo estoy en el ciclismo porque así mato el gusanillo de un deporte que me encanta" o "siempre es fácil echar el muerto a un médico". Este es el nivel de El Mundo, un periódico que en cuanto huele carnaza se echa encima, pero cuyas aportaciones a la lucha contra el dopaje se cuentan con los dedos de la mano de un artificiero. ¿Por qué? Tanta justicia, tanta regeneración de España, tanto que si el periodismo nos defiende de "el poder", tanta palabra hueca y resulta que El Mundo, nuestro salvador como ciudadanos, es otro periódico más que trata el dopaje como un pelillos a la mar y a vivir, que son dos días.
Bueno, es su decisión editorial, igual que la de apostar por la autoría de ETA en el 11-M, regalar freidoras, ocultar la calvicie peinándose de lado o utilizar un papel más barato y que huele mal para ahorrar. Es una decisión, igual que yo decido no comprar jamás esa burla que empobrece a España como país, y me arrepiento de haber enlazado esos dos artículos, porque contarán las visitas con sus trompetas de más de 100 millones de usuarios únicos (o 200, tanto da), líderes de la prensa y blablabla...no me lo tengan en cuenta, o mejor aún: no le den al clic y den por bueno lo que les digo.
El pasado viernes, coincidiendo con la onomástica negra y purulenta, se entregó al lector un grueso volumen de esos que los periódicos se autodedican cuando cumplen años. Entre las páginas 290 y 294 y bajo el título genérico de Desafío Mundial un redactor jefe escribe la tribuna Por un marco de acción común, centrado en el dopaje. Ya ven: veinte años de autobombo y tienen tiempo para hablar de dopaje. El artículo merecería más análisis, pero lo guardaré en el archivo para un futuro serial sobre a favor del dopaje, o algo así: en una de las perlas que se entresacan se lee "(en) quien ha consagrado una vida de sacrificio al deporte y no tiene más que sus piernas y sus brazos para conservar su posición en la sociedad, a menudo la elección es, lamentablemente, el dopaje". Resumiendo: yo robo para dar de comer a mi familia o, en la peculiar imagen de este genuino representante de la escuela de El Mundo, yo robo para mantener mis privilegios. Eso sí, lamentablemente y después de una vida de mucho sacrificio.
Esperen, que les pongo otra: "ser justo no quiere decir que las medidas de control deban ser exactamente las mismas para todos, porque son diferentes las especialidades, los calendarios y las dinámicas de entrenamiento". Resumiendo: la Ley es igual para todos, pero para algunos es más igual que para otros (la autoría de esta frase es del gran Chumy Chúmez), algo que casa muy bien con el periódico del riojano con la piscina en dominio público de Mallorca. Ya ven hasta que punto los subalternos se identifican con el credo del jefe-factotum-guru-pope: seguro que el juego de sábanas es de Ágata.
La desfachatez de defender el dopaje con argumentos sibilinos y taimados se completa con un artículo del antes mentado Pablo de la Calle, titulado Lacra social y fraude deportivo. No está hablando de Rául González Blanco y su cámara hipobárica, sino de ciclismo: lo se porque la foto de esta columna retrata a Valverde y el pie de foto es "uno de los ciclistas más salpicados por la Operación Puerto y contra el que nada se ha demostrado". Olé. ¿Quieren ustedes más pistas de por qué El Mundo no mueve nada del tema del dopaje, con lo bien que le quedaría en su autorepresentación de periódico honesto y luchador de la libertad y la verdad? "Contra el que nada se ha demostrado": unos renglones al lado hablan de la necesidad de normas comunes y en el canto de dos líneas se niega credibilidad al CONI y a la prueba del ADN. La credibilidad del periodista ya no existía, o sea que no se pierde nada.
"En este trayecto de limpieza del deporte también se han cometido graves errores que EL MUNDO (nota: cuando se refieren a ellos en tercera hay que ponerlo bien gordo, que estamos en un especial de autobombo. El resto de los días también), como siempre se ha caracterizado, ha investigado y denunciado. En numerosas ocasiones no se ha respetado la presunción de inocencia del deportista". Ya ven: El Mundo, periódico de combate y agitación, se cuelga medallas en el apartado de dopaje por defender la presunción de inocencia de los deportistas, no por desenmascarar a dopados. El caso arriba citado de Valverde es un buen ejemplo. El Mundo, siempre defendiendo las libertades. El Mundo, ra-ra-rá.
Bueno, si se hacen con el ejemplar denle un vistazo y fíjense en la cadena de argumentos exculpadores del pobre deportista ("en una sociedad tan competitiva como la nuestra, una fina línea separa el éxito del fracaso", ¿a que suena a anuncio de Actimel?), por experiencia se que este tipo de ejemplares se conservan durante años en recibidores de casas, consultas de dentistas, bibliotecas y papeleras: ahí fue donde lo encontré yo, la única ocasión en la que le doy una oportunidad a El Mundo. Una pena que el escarabajo se haya quedado sin el material para hacer muchas bolitas: menos mal que ya tiene 20 años de escritura ininterrumpida.
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Merecería un análisis más detallado el cómo los medios han conseguido vender un corredor que está intentando romper su contrato como la víctima de un "culebrón" y todo eso. Pero bueno, para que insistir más, sólo hace falta ver la cara de Jesús Álvarez y Nico de Vicente, cada día más especializado en el deporte...
