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17 junio, 2010

Exhibición de Gesink en los Alpes

Maravillosa etapa reina de la Vuelta a Suiza, que no ha defraudado las expectativas. 213 kms. y más de 4.700 metros de desnivel acumulado en un carrusel alpino con final en la pequeña localidad de La Punt, que ya había recibido la carrera en cinco ocasiones anteriores.

La primera fue en 1992, con victoria de Eric Boyer. En 1995 Tonkov le endosó la belleza de 1´52" a Zulle, hasta entonces líder de la carrera y que tuvo que esperar hasta 2002 y ya enrolado en el Coast para ser profeta en su tierra. En el año 2000 fue el turno de Garzelli, que venía de ganar el Giro y que se impuso al sprint a otros cuatro compatriotas muy de su época y de una etapa de montaña (Simoni, Bartoli, Belli y Frigo; han leído bien, Bartoli). En 2003 Casagrande sacó 39" a Vinokourov, que ganaría la Vuelta, mientras el italiano celebraba su triunfo sacando la lengua. Y en 2006, la última ocasión hasta hoy, Koldo Gil se impuso en solitario a Jan Ullrich, conformando los cuatro mejores puestos de la general final con otros dos corredores que un mes antes habían perdido su anonimato perruno en la Operación Puerto.

Bastante historia en La Punt, pues. Los ciclistas dejaron la batalla para la última ascensión del día al Paso de Albula, que se coronaba a 10 kms. de meta y 2.300 metros de altitud. Además, con un fortísimo viento de cara. Al revés que en el Dauphiné, donde esta misma adversidad meteorológica hizo que los ataques se contasen con los dedos de una mano, en la ronda helvética -quizás porque hay más candidatos y porque no ha habido crono que alejase a pretendientes- todos se han sentido un poco valientes. Por delante iba la típica fuga con corredores de aquí y de allá y esos simpáticos hombres de naranja, esta vez representados por el conocido Txurruka y Oroz.

El primer ataque serio lo hizo Andy Schleck, para gozo y solaz del pésimo comentarista de TVE, que ya veía una fuga legendaria allí donde sólo había pruebas generales. Últimamente a los Schleck se les ve a la legua: primero ataca el más débil del momento y después el más fuerte. ¿Últimamente? Siempre han hecho así. Gesink saltó pronto tras el campeón nacional luxemburgués y se conformó un cuarteto en cabeza de carrera con Txurruka, Gárate, su compañero Gesink y A. Schleck. Mientras la realización se entretenía en una larguísima toma aérea buscando la cola del pelotón y del maillot amarillo Tony Martin, el holandés Gesink ya se había ido: sin ningún ataque, sólo a ritmo, mientras A. Schleck miraba hacia atrás, esperando a su hermano.

Cuando los cazaron fue el turno del mayor de los Schleck. Sólo le pudo seguir el local Zaugg, otro suizo escalador como Tschoop o Loosli, a los que se presume sus cualidades pero nunca acaban de lograr algo grande, como le pasó también a aquel otro helvético que se llamaba Montgomery y que siempre parecía que iba a ser su año. El año, por si no se habían dado cuenta, es del Liquigas, donde anda hasta el mecánico y las azafatas: en este equipo y no en otro es donde milita Zaugg, que ha mostrado un nivel desconocido a rueda de uno de los tres mejores escaladores del mundo, con viento de cara y en una superetapa de montaña.

Sin embargo, Gesink se movía en otra liga. En cuatro kms. endosó minuto y pico a estos dos perseguidores -alcanzados poco antes de la cumbre- y un pelotón de favoritos donde tiraba el RadioShack con Kloden para Armstrong, muy metido en carrera y vigilando sus flancos. La rueda que le parecía preocupar más era la de Kreuziger: con Zaugg por delante y siendo el mejor contrarrelojista entre los primeros de la general, el americano ha demostrado bastante inteligencia táctica. Sin embargo, se quedó solo poco antes de coronar, cuando atacó J. Rodríguez y mostró las debilidades de cada uno.

A esa rueda se sumó Amstrong. No en el ataque, que cada uno da para lo que da y 38 años y cuatro hijos son muchos, sino en el falso llano antes del descenso, cuando la carretera atraviesa el lago de montaña donde nace el Inn. El catalán no le hizo mucho caso, y eso que se conocen de Girona, ese pequeño gran lugar que une a tantos ciclistas, desde el holandés volador que iba escapado hacia la victoria de etapa hasta estos dos últimos protagonistas. Entre una cosa y otra, y mira que Gesink es mal bajador, consiguió llegar a meta con 42" de ventaja sobre Urán, que se impuso en el sprint de los favoritos a J. Rodriguez, no poca cosa.

El holandés, que perdió unos segundos preciosos haciendo cucamonas en meta -se nota que gana poco- tiene ahora 29" de ventaja sobre Urán, que es un colombiano escalador y también contrarrelojista, porque el corredor multiherramienta ya no entiende de nacionalidades. Gesink es muy malo contra el cronómetro y encima el último día hay 27 kms. de esta modalidad...y etapas nada fáciles antes. Sin embargo, el colombiano no es la única preocupación: el local Morabito del BMC, otro que no había andado así en su vida (¡un saludo a Frei y Andy Rhis!) es tercero a 36" y tampoco es malo contra el reloj. J. Rodríguez es 5º a 42" y Armstrong está a 55", pero no ha hecho una buena crono desde que ha vuelto de su jubilación. El primer buen contrarrelojista es Lofkvist, décimo a 1´32", quizás demasiado lejos. A Gesink no le vendría mal intentar alcanzar alguna bonificación. O haber aprovechado más la llegada de hoy. Tampoco es poca cosa lo conseguido contra todo el pelotón y con el viento de cara, pero una Vuelta a Suiza no se tiene al alcance todos los días.
***
El día anterior, bajo un aguacero tremendo, el pelotón circuló por una de las zonas más bonitas de Suiza, el valle que lleva de Lucerna a Berna siguiendo el curso del Kleine Emmen. Lástima que el día no favoreciese la promoción turística. La escapada del día llegó porque el pelotón, que los tenía a 2´30" a 40 kms. de meta, hizo un parón cuando el alemán del Silence Löwik se fuese recto contra unos espectadores al quedarse sin frenos. Y en la escapada del día iba un buen especialista en resolver este tipo de situaciones de carrera: Markus Burghardt, que el año fue escamoteado del equipo Columbia para el Tour porque había que poner todo al servicio de Cavendish. Este año corre en el BMC, que es un patrocinador suizo, por lo que habrán disfrutado de la victoria de este alemán potentísimo que estará en el Tour. Los damnificados fueron Maaskant, al que se le ha visto muy poco desde que fue cuarto en una Roubaix, y Daniel Oss, el joven italiano. También había un Euskaltel que no llegó a la disputa final, quizás porque le obligaron a pasar primero por los sprints especiales.