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04 junio, 2009

Lo que deja el Giro

Después de una carrera de tres semanas como el Giro, que ha tenido una altísima participación, siempre quedan asuntos por tratar. Si en la salida se presentaron 22 equipos para 21 etapas (fuesen como fuesen las cosas uno ya no iba a mojar), el saldo final era difícil de intuir: sólo seis equipos han logrado etapa. Supongo que el año que Petacchi ganó nueve etapas, no tan lejano, la distribución tuvo que ser parecida, pero la calidad de los contendientes no hacía prever una asimetría tan grande.

Seis etapas para Columbia, cuatro para LPR y Cervelo, tres para Diquigiovanni, dos para Rabobank, una para Lotto y Liquigas. Se han quedado sin etapa equipos como Astana (que llevaba un equipo de gala), Katusha (15 victorias esta temporada) o Caisse d´Epargne. Muchas de esas etapas han ido para jóvenes, pero la realidad es que entre los diez primeros de la general no hay ni un corredor con menos de 30 años. Decían que era un Giro fácil, con etapas asimilables (Arribas pronosticó que Lovkvist acabaría muy arriba y en Roma ha sido 25º a 48´) y sin grandes montañas y el resultado ha sido este. Supongo que alguien ha errado en sus previsiones, tanto en las que apuntaban a un fracaso del recorrido como en las que auguraban poca emoción.

Lo que si que no ha fallado es la previsión del Diquigiovanni: Simoni ha hecho su peor Giro de Italia (ahora dirán que es la edad, pero en la previa de la carrera nadie contaba ese dato: seguramente ha sido otra cosa) pero el resto del equipo ha brillado con las etapas (Bertagnolli, que no debería haber corrido, no falló en la llegada a su domicilio) y también con jóvenes como Serpa (14º) y Rodríguez. Se sabía de salida y han cumplido las expectativas. Lo mismo Armstrong: se sabía que era un liante y un hombre encantado de conocerse a sí mismo, y el día de Milán montó una protesta al más puro estilo de Bettini. Di Luca iba con el ceño fruncido, obligado. El patrón Zomegnan montó en cólera y obligó -a saber con qué presiones- a tirar al Lampre de Cunego, al que ya devolverá el favor. A partir de ahí, el hielo entre el corredor que iba a honorar la carrera con su participación -y hasta el último día las cámaras encima de él, qué agotamiento- y que al final ha acabado sin hablar con la prensa, pasando de la recepción final con el presidente de la República y saliendo con el rabo entre las piernas. ¿Su rendimiento? Pues supongo que le interesará a su médico, a mí no.

Tuvo a su equipo a su disposición: los dos sirvientes asturianos y Brajkovic y Popovych, que sólo tuvieron oportunidad de lucirse en las cronos. Leipheimer fue de más a menos y finaliza sexto, el resultado que obtenía en el Tour cuando iba con el Gerolsteiner. La charlotada de borrar el nombre del patrocinador da una imagen-resumen de su participación: algo fantasmal, además del recuerdo del Liberty en la Vuelta a Suiza 2006, cuando la aseguradora americana ya se había ido y los corredores (entre ellos Contador, que ganó una etapa) compitieron con el espacio en blanco donde tenía que estar el patrocinador. Historias que vuelven, pero que ya son viejas. Como Armstrong.

Di Luca se ha reconciliado con la aficción y consigue acabar entre los diez primeros por quinto año consecutivo (4º-10º-1º-8º-2º), una sucesión de dientes de sierra que refleja bastante su trayectoria como corredor. Este año no ha tenido ningún día malo (se habla mucho de la crono de Cinque Terre, pero fue 6º), el problema es que se ha encontrado con un corredor superior. Su ansia de tener controlada la carrera le ha llevado a hacer el trabajo del líder y a tener encadenado a Bosisio, que cuando ha podido volar solo ha brillado. Pellizotti ha logrado con su podio su techo como corredor (dice que va al Tour con las mismas aspiraciones, pero le va a tocar ayudar a Kreuziger), porque aunque gana en montaña y se defiende contra el reloj nunca saca grandes diferencias. Y ya tiene 31 años. Por su parte, Sastre ha vuelto a llevar al vigente ganador del Tour al Giro, consiguiendo dos etapas en la última semana y demostrando que las etapas cortas después del descanso producen resultados inesperados. Cuarto en la general final, ni el mismo se siente satisfecho, pero tampoco se sabe muy bien lo que quiere. Sale de la carrera "más agresivo", y considerando que es el corredor de "compras a la cara", los insultos a Unzué o "el favorito para la vuelta es el capitán de la Guardia Civil" uno ya no sabe que esperar. Su equipo, muy mediocre, comenzó a carburar para la última semana, especialmente un Pauwels que desde su revelación para el gran público el sábado de Faenza (2º, y porque le mandó parar ese Clausewitz abulense) se marcó un etapón al día siguiente camino de Monte Petrano (lanzó al grupo en la última subida, cuando ya se iba camino de las siete horas), en el Blockhaus fue 40º, en el Vesubio 8º y en Anagni 10º. Considerando que no había corrido una grande en su vida, tenemos aquí a un nuevo dominador. ¡Qué bueno es Sastre, que hasta mejora al equipo!

Basso, quinto final y que no ha estado jamás en el podio ni entre los tres primeros de una etapa, había empezado con grandes esperanzas la carrera, en contra del sentido común: el que dice que después de tres años sin correr una grande, de dos sin competir y tras volver de una sanción de dopaje no puedes aspirar a una victoria. Ahora dice que va a por la Vuelta, que este año está jibarizada (sí, aún más) y que lo recibirá con los brazos abiertos. Sería un buen matrimonio: una carrera mediocre para un corredor mediocre. Por cierto, la conclusión es que Basso es un corredor ordinario, con graves carencias en el sprint, en resolver las situaciones a su favor, desastroso contra el reloj y al que ciertas cualidades subiendo no salvan de un futuro donde siempre se recordarán sus prestaciones bajo la marca médica Birillo. Y la comparación no es muy favorable.

Por su parte, Menchov entra a formar parte del exclusivo club de corredores con podio en las tres grandes, hasta hace unos días integrado por sólo diez corredores en más de cien años. Y tres victorias en las pruebas de tres semanas que, a diferencia de un famoso plusmarquista de la Vuelta, ha sabido exportar esos rendimientos fuera del país donde se formó y donde todavía reside. No deja de ser paradójico que ni Di Luca, ni Garzelli, ni Bruseghin, ni Simoni, ni Pellizotti, ni Caucchioli, ni Savoldelli, todos ellos italianos con podio en el Giro esta década, hayan podido exportar esos rendimientos fuera de su país. Menchov, ganador de dos Vueltas, gana fuera de España y con el mismo rendimiento. Supongo que algo querrá decir. De momento, dice que va a por el Tour. Me parece un poco complicado que logre el doblete, pero el año pasado consiguió ser quinto en el Giro (a 3´37" de Contador, perdidos en la primera semana y las dos horribles cronos) y tercero en el Tour: puede hacer dos grandes bien y en el mismo año. Aunque bueno, el máximo favorito puede hacer dos grandes en el mismo año y ganarlas. Por lo que se sabe, al menos Menchov no ha dicho que ha ganado el Giro viniendo de la playa.

***
Para Gregory Rast el prólogo de 2´7 kms. de Luxemburgo. Arrasando para la distancia. El suizo, que milita en el Astana, ya brilló en Romandía, donde fue líder. Precisamente vistiendo el maillot amarillo protagonizó una escena curiosa: se quedó en la CRE de la prueba, y eso que era tirando a llana. En la prueba participa su compañero Klöden (6º a 8"), al que ni su equipo, ni la UCI, ni la Federación Alemana ha tenido a bien llamar a raiz de su implicación en la clínica de Friburgo. Dice que va al Tour, y probablemente sea así: el equipo ha solucionado sus problemas económicos (hasta final de mes) y la organización francesa todavía no ha dicho nada.