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05 mayo, 2008

Astana, con licencia para todo

El post de hoy debería ir dedicado a Klöden, un corredor de vueltas que ya tenía dos segundos puestos en el Tour y victorias en P-N y P-V (cuando recibía paquetes de droga desde Friburgo a nombre de su novia, hoy su mujer) en el 2000, Tirreno en 2007 y que ayer sumó Romandía a su notable y lagunar palmarés.

Sin embargo, la noticia se subsume en la invitación a última hora -tras lanzar unos globos sonda- de su equipo al Giro, carrera organizada por los mismo que excluyeron a los turquesas de San Remo y Tirreno. ¿Ha salido una sentencia que declare inocente a Mazzoleni, tercero en el pasado Giro con el equipo asiático? ¿La testosterona de Kessler era natural? ¿Los kazajos se intercambian la sangre por ósmosis cuando se juntan mucho? Noooooooooooo. El Giro, valiéndose del mismo derecho que el Tour (la Ley "porque me sale de las narices", tan universal como la de la gravedad) ha hecho la italianada de donde dije Diego. Considerando que Basso ya tiene contrato firmado con el Liquigas, todavía están a tiempo de que esta edición del Giro se convierta en una Feria de Monstruos al mismo nivel que EE.UU. Y menos mal que Cipollini se separó del RockRepublic, que si no también conocerían los Dolomitas Botero, Sevilla y Hamilton.

La gente del Giro dice que los invitan por sus resultados. Hombre, pues en un equipo con esa lápida en forma de dopaje no parece el mejor criterio de medición. El Astaná cuenta sus apariciones por éxitos. En P-V y Romandía han ganado, y de una manera abrumadora, a lo UsPostal, con un control absoluto del pelotón. El problema no es ese, es el nivel general mostrado: Rubiera ganando una etapa en Murcia, cuando hacía años que no ganaba en carreras de verdad; Gregory Rast coronando en segunda posición el KappelMuur en Flandes, y dos días después dando vueltas como un molinillo en Estambul y, bueno, volvamos a Romandía.

¿Conocen a Iglinsky? Pues es un corredor kazajo, como Vinokourov (que lo pasó a profesionales en el T-Mobile en 2004) y Kashechkin. El año pasado recibió el mismo entrenamiento cinco estrellas para el Tour que otros compañeros de equipo, de ahí su victoria en una etapa de altísima montaña en Dauphiné, carrera donde también triunfaron los del intercambio de fluidos corporales y Colom -que ganará la Volta a Catalunya-, en plena orgía demoniaca. Bueno, pues ha vuelto a las andadas. En Romandía el prólogo-sprint fue para Cavendish y la primera etapa fue para Iglinsky ante un grupo restringido de favoritos, bajo la lluvia y adelantando al pelotón. No contento con eso, al día siguiente y en un sprint masivo de manual -ganó McEwen-, hizo 12º, como el que no quiere la cosa. En la crono ganada por Klöden -en Romandía siempre es lo mismo: quien gana la crono gana la carrera, aunque esta año no haya sido la última etapa- cayó al 21º puesto, en la etapa de montaña ganada por un anónimo italiano cedió un minutito y, el último día, hizo 3º en un sprint masivo ganado por otro corredor que, viniendo de las sombras, llega a punto al Giro, Bennati.

Bueno, ustedes saben mucho de ciclismo y conocen perfectamente a que se debe el rendimiento de un corredor que aguanta con los mejores en la montaña y después se mete en un sprint masivo. Y si ese corredor es kazajo -la raza kazaja de Garai- y milita en el Astaná, pues habrá que entender que en el Giro saben perfectamente a quien están invitando. Siempre lo han sabido. En el Giro, como en el Vuelta, nunca hay escándalos de dopaje durante la carrera. Madonna di Campiglio todavía escuece. O San Remo 2001. Se echa la vista a otro lado, y ahí tenemos al típico guiri al que dejan ir hasta las cejas para que haga el papel de malo ante los italianos. Repasen la lista del podio de los últimos años (Unai Osa, Hamilton, Popovych, Gontchar, Rujano, Quique Gutierrez, un chaval de 20 años de Luxemburgo en su primera grande) y verán como entienden los italianos el espectáculo.

Sin embargo, con el Astana se han colado un gol tremendo. El equipo de las sucesivas reencarnaciones va a ir con Kloden, Leipheimer -que está haciendo sus cositas en EE.UU, la tierra de la promisión- y Contador, además de con toda la nómina de secundarios que, al margen de sus nombres, pueden rendir como Iglinsky, porque no dejan de ser robots programables. Hoy por hoy, el máximo favorito para el Giro es Klöden, o cualquiera que vista de turquesa. Es lo que han querido los organizadores. Veremos que tal se lo toma la aficción italiana.
***
En la Vuelta a Asturias, que sobrevive mientras van cayendo otras pruebas de similares características, cuando no mejores, los tres primeros puestos de la general están copados por tres corredores del mismo equipo, el portugués MSS: Vicioso, Tondo y Zaballa. Para seguir así, lo mejor es cerrar. Es más: considerando que la Subida al Naranco la ganó Tondo (por delante de K. Gil y Garzelli, nada menos) y Vicioso la primera etapa, la duda está en cuando ganará su etapa Zaballa. ¿Les suena el Acebo, la subida de toda la vida en la carrera asturianina? Por lo demás, ayer se repartieron los sectores Garzelli y Samuel Sánchez, ese contrarrelojista que ya ni siquiera va a las Ardenas, a pesar de mostrarse en forma antes (en CyL, donde fue un todoterreno) y después.