Disculpen que no me haya sumado a la ola de felicitaciones que ha acompañado el retorno de Alberto Contador. Tampoco se fue tanto: apenas siete meses de sanción de competición, más los efectos retroactivos que no van a notar en el organismo, aunque sí en el palmarés.
Como no me ha dado tiempo a continuar el serial compuesto por el análisis de la jugosísima sentencia del TAS sobre el caso solomillo, y que forzosamente va a concluir con que la sanción impuesta al carnívoro de Pinto era demasiado benevolente, los hechos se han precipitado y ya está aquí de nuevo este ciclista especialista en meterse en líos: de equipo, de compañeros, de selección de calendario, de dopaje.
Volvió en el Eneco Tour, donde acabó quinto. No era su tipo de carrera -este año la última etapa acabó en un muur-, pero si lo es esta Vuelta a España que lo ha recibido como un hijo pródigo, a pesar de que la sola presencia de Contador y sus dos certificados médicos condicionan cualquier carrera ciclista, y la condicionan en el aspecto más importante: el de quien se va a llevar la carrera.
Entre los abundantes aspectos desagradables de este muchacho que siempre nos han vendido como muy cuerdo y cabal, está la terca realidad consistente en que es bastante impulsivo y rabioso. Ya en el Giro 2011, donde nunca tuvo que participar, salió a stravincere, y a fe que lo hizo; si alguien esperaba una actitud distinta para esta Vuelta de su retorno tras la sanción, una actitud asociada a una madurez que parece no llegar nunca, estaba muy equivocado.
En la CRE se defendió -primera victoria para Unzué en 30 años de estructura en una gran vuelta, se corría en casa: una moto equivocó el recorrido para el Quick Step que volaba, como si esto fuese Italia- y en la primera etapa con final en la navarrísima Viana realizó un gesto inequívoco, casi tanto como el de tocarse la oreja cuando está mintiendo, de tal manera que corre el riesgo de acabar como Mr. Potato: con ella desprendida, o de color rojo.
En la Vuelta a España se conservan las bonificaciones que han desaparecido de las otras dos grandes vueltas, y se conservan de una manera espléndida: 12, 8 y 6 segundos para los tres primeros de cada etapa en línea, y 6, 4 y 2 para los tres primeros de cada uno de los dos sprints intermedios de cada etapa.
No es algo baladí: la Vuelta de 2011 se acabó decidiendo a favor de Cobo porque sumó más bonificaciones que Froome, y Contador ganó su Vuelta en 2008 también gracias a una simpática bonificación que sumó en el sprint intermedio de Almódovar del Campo, desde entonces lugar de peregrinación contadorista a la altura de Arriondas o la carnicería de Irún.
El recorrido de la primera etapa, extremadamente imaginativo, incluía un paso por meta a 16 km. de la conclusión, para apreciar las bellezas incorruptibles de Viana. Ahí estaba un sprint intermedio en el que Contador, de manera muy sorprendente, pasó 3º, sumando así 2" en la general. Al día siguiente no había crono -como si pasó en 2008- que justificase esa avidez de segundos, y aunque la hubiese, no olviden que estamos hablando de la primera etapa de las veintiuno que hay en carrera.
Al contrario: lo que ha habido es la llegada en Arrate, tras muchos años de ausencia artificial de la Vuelta. Apenas 155 km. de etapa y final en esta meta que jamás produce diferencias entre los favoritos. Los que se presuponen como los cuatro más fuertes de la carrera (A.C, J. Rodríguez, Froome y Valverde) han llegado en el mismo tiempo, y el resto de aspirantes a la vertiginosa distancia de 6". Estamos en la Vuelta: las bonificaciones producen más diferencias que los finales en alto.
Alberto Contador, al que los siete meses en la nevera no han cambiado un ápice, ha atacado hasta en siete ocasiones en una subida que no produce diferencias. Para los contadoristas esto es espectáculo. "Lo importante es dar espectáculo", decía el primero de los fieles de esta extraña secta convertida a vegetariana a fuerza de golpes recibidos en Pau.
Atacar hasta siete veces en una subida como Arrate, en el tercer día de carrera, es una tontería en un corredor que en teoría aspira a la clasificación final: quédense con esta premisa. Habrá quien aplauda -de nuevo los contadistas-, igual que en el Tour 2011 ese famoso bardo llamado Juanma Trueba y que opera desde el piso franco de As dijo de una de las payasadas que montó Contador con S. Sánchez que "será tan recordada, o más incluso, que algunos de sus triunfos".
Y se quedó tan ancho, oigan. Es difícil que alguien recuerde, no ya el nombre de la tachuela, sino ese propio ataque, porque en una gran vuelta lo que queda es la clasificación final. De ese Tour, a tenor de lo demostrado en estos tres días de competición en la Vuelta, Contador ni su dañino entorno (¿seguirá Pepe from Valencia en él? ¿Y Telepizza como asesor nutricional?) ha aprendido absolutamente nada.
El ataque, y más en un corredor como Contador, tiene que concentrarse en un único momento decisivo, que vendrá en la tercera semana en las etapas de Asturias. Como hizo Andy Schleck en el Galibier. Antes, sencillamente, no hay terreno, y simplemente se trata de limitarse a reducir las pérdidas en bonificaciones ante J. Rodríguez y especialmente Valverde, ganador hoy en Arrate y que ha dicho "que con esta victoria ya he cumplido en esta carrera", para pasmo del aficionado.
Sin embargo, ya lo ven: buscando los segunditos de un sprint intermedio y quemando cartuchos hasta siete veces -especialmente patéticos los dos arreones en el llano antes de meta, en uno pidiendo apartarse a la moto de televisión- cuando no había nada que ganar. Es verdad que Contador suele ganar sus grandes vueltas con márgenes relativamente ajustados, pero no es menos cierto que casi siempre gana.
¿A qué se debe este actitud? Principalmente a su arrogancia e impulsividad, esa que impregna toda su carrera. Sin embargo, los más viejos y veteranos saben que cuando un favorito va buscando las bonificaciones desde tan temprano, o quemando fuerzas en la tercera etapa, es que no va tan bien como parece querer.
Lo dijo muy bien ese zorro viejo -por este orden- llamado Carlos Sastre con la Vuelta del año pasado, donde el favorito número uno en la previa y en la primera semana era Nibali, que parecía poner todo de su lado en el tremendo golpe de mano del Liquigas en la llegada a Córdoba: "si va buscando las bonificaciones es que tan bien no se verá".
La carrera corroboró la intuición del gregario de Hamilton, Basso, los Schleck y Cobo. Veremos a ver que pasa en este Vuelta con un corredor que llega de siete meses sin competir y que, aunque ganase un Giro de Italia viniendo de la playa, su última grande se saldó con un sonoro fracaso de un 5º puesto y sin ningún triunfo parcial -tiene serias dificultades para vencer en etapas de grandes vueltas-, y que ha pedido a sus compañeros de equipo un estado de forma con el que no contó ni el Giro 2011 ni en el Tour de ese año, donde corrió virtualmente solo.
De momento, hoy en Arrate se ha visto como Froome, que cuenta con un certificado médico que rivaliza con el de la epilepsia de Contador, no se ha despegado en ningún momento. También se ha visto que la impulsividad de Contador, al igual que en la etapa de Alpe D´Huez en el Tour 2011, da poquísimo rédito: siete ataques, siete, para al final ser el cuarto de los cuatro favoritos y no sumar bonificación alguna. Eso sí, tiene la del sprint intermedio, que esperemos que no sea un Almódovar del Campo 2.0.
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Alfredo Varona, que ya hizo aquel esperpento de entrevista a Roberto Heras en Público, repite medio, deporte y esperpento con una entrevista a Cobo. Las preguntas son propias de un bolero, y entre las respuestas me quedo con esta frase del cántabro: "A mí no me importa ser segundo, pero me repatea serlo por detrás de un ciclista que se ha dopado". Menudo saludo a Piepoli, y eso que le regaló la etapa de Hautacam 2008.
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Eritreo, "negro africano", exótico...y con problema cardíaco...si, definitivamente es ya un ciclista como los demás.
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Qué grande, pero qué grande es Bahamontes. Nunca me canso de decirlo. A por los noventa años con la cabeza perfecta y dando entrevistas como esta.
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Diezmil y pico equipos en el tropela.net para la Vuelta, y sólo el 1´9% ha escogido a Cobo, vigente campeón, en su elección.
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20 agosto, 2012
07 julio, 2012
Hoy no empieza el Tour
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| Medio minuto después |
Como no habrán leído por ahí ni oído al Duo Cómico de TVE, en estas seis etapas "de transición" se han hecho siempre más de 200 km. de recorrido, pasando por lluvia, considerable velocidad -aunque menos que otros años- y otros elementos que configuran que el ciclismo sea conocido como el deporte más duro. Ellos sólo parecen interesados en las caídas, ese otro elemento que sin duda contribuye a la dureza y selección de este deporte, pero que nunca tiene que ser motivo de expectación o de gozo.
Escuchando la narración de la etapa, las continuas e indisimuladas muestras de aburrimiento de gente que vive de relatar este deporte, da la sensación de que estén esperando la caída para contar algo que les atraiga: a ellos y al resumen de medio minuto en el Telediario (El Parte), donde siempre tienen que aparecer caídas.
Ayer tuvieron buena carnaza, claro. Según Thibaut Pinot, el corredor más joven de este Tour, la brutal caída camino de Metz -quedaban algo más de 30 km. para el final de etapa- se produjo cuando el pelotón iba bajando una pequeña ondulación en una gran recta, con campos alrededor, y según su cuentakilómetros, a una velocidad de 78 km/h.
Claro, eso explica el desastre. Otros relatos abundan en que "de repente, hubo como una explosión en medio del pelotón, con bicis volando y todos al suelo". No era la primera del día: en una anterior se había caído Freire, que por entonces iba descolgado y que al llegar a meta descubría que tenía que abandonar el Tour con tres costillas rota y un pulmón perforado -ambas dolencias suelen ir unidas en este deporte-, y que dice adiós a lo que serían sus cuartos JJ.OO.
Los comentaristas de TVE no lo sabían, claro, y alabaron la inteligencia de Freire ¡quedándose a 30 km. de meta!. Después ya tuvieron elementos para comentar, de los que les gustan: una tremenda carnicería que se saldó con varios abandonos, importantes corredores para la general con pérdidas considerables de tiempo en meta y un pelotón desbocado.
Los que estaban por delante de la caída aceleraron el ritmo, especialmente un Vacansoleil que se dejó en la cuneta a Poels, su supuesto líder para la general. Y qué decir del RadioShack del líder Cancellara, que dejó atrás a F. Schleck, acompañado únicamente de un gregario. Si los hermanos luxemburgueses siguen el próximo año en ese equipo serían aún más idiotas de lo que se intuye que son en circunstancias normales. Parece que con tener a Cancellara y al cuarentón Horner delante les bastaba. También al joven Gallopin: pensarían que iba a poder ganar la etapa. Tremendo lo de este equipo.
Como suele pasar en estos asuntos, también estaban Gesink y todo el Rabobank que cuenta, además de Valverde -vimos a Cobo relevando, la primera vez en la temporada que estaba en cabeza de algo, aunque fuese el tercer pelotón-, Brajkovic y otros sospechosos habituales, porque dirán que las caídas son una loterías, pero siempre pillan a los mismos.
El balance en meta fue desolador: abandonos de Freire, Txurruka, Gutiérrez, Erviti, Astarloza, Poels, Danielson, Hesjedal, Wynant, Vigano y Dupont. Diez de los once abandonos se deben a una única caída, algo que yo no recuerdo. Se va el vigente campeón del Giro, que estaba muy centrado en carrera, dos gregarios de Valverde -o de Rui Costa- y dos de S. Sánchez -y otro como Verdugo está seriamente tocado-.
Además, corredores con muchas opciones como Brajkovic, Scarponi -muy enfadado en meta-, Sorensen o Vanendert se dejan 2´, y ahora tienen que recuperar ese tiempo si aspiran a entrar en el top-five o en el top-ten de la carrera. Etapas de transición. A veces se olvida que lo primero que se enseña en el ciclismo es a no caerse de la bici, y que en estas etapas de transición pasan estas cosas.
Según Valverde, todo un as, "parece que todo el mundo quiere ganar el Tour de Francia", incluyéndole a él. Según Voeckler, que parece un poco más sabio, la caída se debió a las emisoras, supuestas garantes de la seguridad del ciclista en carretera, pero que llaman a rebato a todos al mismo tiempo, produciéndose la caída.
Se cayeron, y se cayeron muchos, tantos como no se recuerda en otro Tour, especialmente por las consecuencias. La llegada fue para un increíble Sagan, que también evitó otra posible caída en pleno sprint, cuando se salió la cadena de un lanzador y lo esquivó rebasándole por la derecha, y teniendo todavía fuerzas para remontar a todos los corredores desarrollando una cadencia de pedaleo increíble, tampoco nunca vista en un sprint donde predomina el 11.
Se impuso a Greipel, que se había caído dos veces a lo largo de la etapa, y a Goss, que tiene serias dificultades para ganar: basta ver su palmarés. El eslovaco consigue ganar tres etapas en su debut en el Tour, y sólo se han disputado siete días. El anterior corredor que ganó tres etapas en su Tour de estreno fue Hinault en 1978, pero no las ganó en un espacio tan corto de tiempo. Es un corredor que marcará una época.
Hoy el Tour de Francia aborda su primer final en alto, al cumplirse justo una semana de carrera. Y no es un final fácil: la Planche des Belles Filles es una subida dura, con grandes porcentajes, nada que ver con las llegadas a SuperBesse de 2008 y 2011, sus antecedentes más cercanos en cuanto a recorrido y situación en carrera. El Tour gira, pero todo lo pasado no ha sido de transición. Nunca lo ha sido, pero año tras año se vende así.
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Siguiendo la línea marcada por otros grandes hispanistas como John Elliott o Raymond Carr, el corresponsal de The Independent en España publica un libro sobre el genial e inevitable Federico Martín Bahamontes. No he tenido ocasión de leerlo, pero seguro que está bien. Lo que hay que preguntarse en estos casos y en los dos egregios ejemplos que pongo al inicio es por qué tiene que hacer este tipo de cosas un inglés.
En los historiadores, siempre se ha justificado de manera maniquea; con un deportista de la talla de Bahamontes, a ver qué explicación hay. Es cierto que en Reino Unido hay una importante industria editorial sobre temas deportivos -sustentada en que hay lectores, que compran cualquier tipo de libro sobre sus ídolos en cualquier deporte- que ayuda a la publicación de este género, pero ¿por qué no existe en España? ¿porque no hay lectores? ¿o porque nadie ofrece esto a los lectores? Porque gente dispuesta a escribir sobre estos temas los hay a patadas, y muy buenos.
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Su señoría La Senadora, aficionada al oro y al platino, seleccionada para los JJ.OO de Atenas. Ahora está lesionada, esa cosa tan frecuente en los deportistas profesionales (¿es deportista profesional o senadora profesional?) cuando se acerca una gran cita. Y seguro que rinde a gran altura, tanto, tanto como la Cámara Alta. Y con el mismo preparador de siempre.
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30 junio, 2009
Lo que deja el Tour (I): 50 años de la victoria de Bahamontes
Por una vez parece que los aniversarios no pasarán de largo y los medios están al tanto que el próximo 18 de julio se cumplen 50 años de la victoria de Federico Martín Bahamontes en el Tour de Francia. En 2001, cuando se cumplían 10 años de la primera victoria de Indurain, Arribas se descolgó con unos magníficos artículos que después fueron copiados e imitados, aunque hoy hay que verlos con indulgencia: estoy seguro que las continuas referencias a "planificación" y "programado" serían mal interpretadas.El merecido asalto con el aniversario de Bahamontes apenas ha empezado. Primero fue el folleto publicitario de El Mundo con un reportaje lamentable, ahora Marca prepara un homenaje en un hotel de Madrid y Garai le dedica reportajes, mientras As lo entrevista. En todo caso, el grueso de las celebraciones está por llegar: antes de que eso ocurra reparen en que este país no tiene ni siquiera una biografía mínimamente digna de este gran deportista, que obtuvo el primer éxito internacional del deporte español (éxito es ganar, estamos hablando de competición profesional) en una época bien miserable y oscura.
España en 1959 era un país de ruina y mierda. A Bahamontes, al que siempre hay que escuchar con atención, le gusta extenderse en esas circunstancias desde sus propias vivencias personales. La política económica del franquismo había logrado que, 20 años desde el fin de la Guerra Civil, apenas se hubiese recuperado el nivel de renta de 1936. En las escuelas se estudia que 1959 fue el año del Plan de Estabilización, que básicamente consistió en liberalizar una economía autárquica y paternalista, pero raramente se explica que ese plan tenía un capítulo especial para la "artesanía" o que el enviado del FMI en España dejó en sus memorias que Franco no tenia ni idea de economía y que al final le daba igual cómo se estableciese el tipo fijo de cambio con el dólar, con tal de que no le molestasen.
Les cuento eso para que ubiquen el contexto histórico de Bahamontes. Era una España del azar y la improvisación, y el ciclista de Toledo fue un genio espontáneo. Su Tour victorioso, el único y suficiente, vino un 18 de julio y el régimen vio la oportunidad de enlazar la celebración del alzamiento nacional, su mito fundador, con la rareza de que un español triunfase fuera. Se ha hablado mucho de esa utilización propagandística, pero el caso es que no fue más allá de ese año y la recepción obligada, y es normal que alguien se preste a ello cuando viene del agro manchego.
A lo largo de 50 años también es normal que repita anécdotas. Cumple 81 años el próximo 9 de julio, y aunque la cabeza y la memoria le funcionan bastante bien -sólo hace falta oír el caudal de palabras que suelta cada vez que tiene un micrófono delante-, su presencia resulta incómoda: habla sin tapujos, dice sus opiniones sin medias tintas y muestras sus filias y sus fobias. También en eso, y sin saberlo, es un grande. Basta ver el nivel de los comentaristas y sus almibaradas opiniones para desear que Bahamontes se ponga detrás de un micrófono a romper la escaleta, a hablar encima de la publicidad y a llamar "cobarde" a un ciclista que prefiere ir a rueda. Y si vuelve a repetir la anécdota del helado, o el día que se escapó con Nencini, o que Coppi le dijo aquella vez esas palabras, pues a callar y escuchar: Bahamontes está hablando.
Ya les digo que se vayan preparando a la justa y merecida avalancha de celebraciones. Sin embargo, como todo hay que verlo en perspectiva, reparen en que el mayor éxito de Bahamontes no es haber ganado un Tour cúando y cómo lo hizo, sino en haber llegado a esta edad y poder contarlo, pero eso será el tema de mañana. De momento, expresaré de nuevo mi más profunda admiración un ciclista único: yo de mayor quiero ser Bahamontes. Por ese orden.
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Una noticia simpática, pero me gustaría saber quien fue el primero en vender las bondades de esta pastelería.
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