El domingo se presentó lo que quedaba del Giro de Italia, aunque el butrón de la filtración del Tour ya le había quitado cualquier protagonismo. Para acabar la operación, al día siguiente se presentó oficialmente la carrera francesa, por lo que la relevancia del recorrido del Giro ha durado esto: un día. No ha habido ni expectación previa asociada al Lombardía, ni posterior.
Sin embargo, el recorrido está ahí para el que guste del ciclismo. Maniatado de salida por la estúpida excursión de tres días a Dinamarca -herencia pesada de la desastrosa hégira de Zomegnan, una auténtica calamidad para la carrera y una persona que despreciaba a los ciclistas-, la ronda vuelve a Italia en la cuarta etapa -tras una de descanso-, ¡con una CRE de 32 kms. en Verona!.
Se puede decir que el Giro ha conseguido lo que la Vuelta había intentado en los últimos años de otro desgraciado personaje del ciclismo, Victor Cordero: convertir una carrera de tres semanas, con una historia que rebasa las capacidades de estos dos siniestros sujetos, en una carrera de quince días. Esta es la herencia de Zomegnan, y el que quiera ver algo diferente o mejor es un mentiroso y un ciego.
Vamos, que la carrera empieza el sábado, pero los ciclistas no empezarán a competir en algo que no sea una atracción de feria o un maldito criterium hasta ¡el jueves!. La carrera bajará entonces por la costa adriática con etapas en Fano, una muy complicada de 210 kms. con final en Porto S´Elpidio -se sube Montelupone, la cuesta para burros donde ha ganado dos veces J. Rodríguez en la T-A, poco antes de meta- y un fin de semana con dos finales en alto: una etapa maravillosa el sábado atravesando los Apeninos centrales por la dorsal y final en Roca di Cambio (es una emboscada de 200 kms.) y el domingo la carrera vuelve a Lago Laceno catorce años después.
Son ¡230 kms. de etapa! y final en el alto donde en 1998 se impuso un ultradopado Alex Zülle, que arrasó en las dos primeras semanas de aquel Giro con el maillot del Festina, para acabar hundido en la clasificación en la tercera semana, reventado por uno que lleva bastantes años muerto. Aquel día el suizo atacó en la parte de subida y, en el largo altiplano antes de meta, fue con el turbo puesto como si fuese una crono.
Dos meses después declararía ante la Gendarmeria francesa que había competido toda su vida profesional completamente dopado (y eso incluye sus años en España, esos que algunos quieren recordar el ONCE del ONCE del dosmilONCE), incluyendo ese Giro. Cumplió seis meses de sanción cuando acabó la temporada y fichó por el Banesto, otro equipo donde mean colonia.
En fin, volvamos a la carrera una vez puesto el detalle necesario para que no te enlacen en Biciciclismo. Siempre halaga una deferencia de ese estilo, pero mosquea que cuando se haya producido haya sido en un post donde no se hablaba de dopaje, ¡cómo si fuese posible escribir sobre ciclismo con algo de honestidad y no sacar el tema! ¡Como si fuese posible no recordar la anterior subida a Lago Laceno y su justo contexto!.
A partir de ahí la carrera vuelve a subir al norte, con etapa el lunes en la ciudad latina de Frosinone y el martes nada menos que en Asís, en otro final en alto de esos que todos intentan imitar y que sólo salen genuinamente en Italia, con su justa combinación de dureza, velocidad y marco incomparable. Al día siguiente 243 kms. sin especiales complicaciones hasta Montecatini Terme, seguido de una etapa genuinamente ligur con final en Sestri Levante -cuatro puertos costeros, de esos de dureza media-, y un regalo en forma de etapa farsa (120 kms. llanos) con final en Cervere el viernes.
¿Por qué? Como ya se gastó inútilmente el primer día de descanso a los tres días de carrera, y por decoro no pueden poner tres en una gran vuelta, los organizadores programan esa burla de etapa el viernes, porque el fin de semana reservan montaña para el sábado (205 kms. final en Cervinia: 28 kms. de subida) y el domingo, con un pequeño Giro de Lombardía con final en una de las montañas que roden Lecco, tras haber subido cuatro puertos en 170 kms.
Tras el descanso del lunes, el martes hay una etapa sin dificultades hasta Falzes, en lo más profundo del Tirol y siguiendo el cauce del Adige, y el miércoles empieza el festival de montaña, igual que en las ediciones del Giro de finales de los noventa: el 80% de la dureza concentrada en los últimos días. Este es el Giro de siempre.
La primera embestida viene con el no muy frecuentado Valparola (40 kms. de subida y 40 de bajada, 2.200 metros de altitud), Duran, Staulanza y el durísimo Giau, y la etapa acaba tras el descenso de 20 kms. y 187 kms. recorridos. Sería ideal para Nibali, pero seguramente vaya al Tour y deje el Giro para un Basso de 34 años y portentosas habilidades en la bajada.
El jueves otra etapa-regalo de 140 kms, todo cuesta abajo y final al lado del Lago de Garda, para dar paso a tres etapas que ya se habían anunciado en las semanas previas. Viernes 200 kms con Manghen, Alpe di Pampeago, Lavazé y de nuevo Alpe de Pampeago, estos tres últimos encadenados, y sábado auténtico día-gourmet para los amantes del ciclismo: Tonale de salida, Aprica, el inedíto y durísimo Teglio, Mortirolo por una vertiente inédita tanto en la subida como en la bajada y final en ¡el Stelvio!. 220 kms. de etapa y final a cota 2757 metros, como en 1975 y el infructuoso asalto de Galdós a Bertoglio.
Aquel año fue la última etapa. En 2012 la última etapa será una crono de 32 kms. en Milán que, como siempre, decidirá bien poco. Curiosamente, este recorrido tan atractivo una vez que se olvida la basura de Dinamarca y la herencia de Zomegnan, no ha gustado a mucha gente, y significativamente cojo un ejemplo cercano.
Juan Gutiérrez es el periodista del As que sacó lo de Manzano. Desde entonces, pellizcos de monja y poco más. Tiene un blog dedicado al ciclismo cuyo mayor mérito es que ya lleva unos cuantos meses y no lo ha abandonado, como hacen la mayor parte de los de su gremio. Eso sí, no lo lee nadie, hasta el punto que tiene que anunciar cada nuevo post hasta dos veces en el twitter. Será que publicar las mismas obviedades que en la versión impresa no lo hace atractivo, o que el público es tonto.
En ese blog dice que el recorrido no le encandila (¿habrá visto la etapa del Stelvio?), que "vamos a echar de menos a Zomegnan" (¿por qué?) y que "me parece un paso atrás en la osadía mostrada por el exdirector del Giro", lo que es un piropo sin querer serlo. Lo mejor de todo es cuando reproduce una opinión de un compañero de gremio, la inmensa mayoría de ellos desdichados porque siguen un deporte que no les gusta, que al parecer ha escrito en twitter “Termina una temporada en la que sólo han sobrado las 17 primeras etapas del Tour” (sin duda, la afirmación típica de alguien con serios problemas de apreciación), a lo que el propio Guti añade "Y mucho me temo que este año puede pasar algo parecido en el Giro".
En fin. Desde hace tiempo sostengo que los mayores enemigos del ciclismo son quienes deberían defenderlo. Si viendo este recorrido, las zonas por donde pasa, los seis finales en alto, el kilometraje de muchas etapas, se escriben cosas como esa es que necesitan cambiar de profesión, porque lo suyo no se opera: es ceguera sobrevenida, estupidez condensada, apatía estructural. Será un gran Giro, porque ya no está Zomegnan y con experimentos ya bastan uno o dos por carrera.
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Fantástica edición 2011 del Giro de Lombardía, la última celebrada a mitad de octubre puesto que el próximo año pasará a disputarse a finales de septiembre, el fin de semana inmediatamente posterior al Mundial de Valkenbourg. Disfrutando del clima casi veraniego que ha azotado Europa en este último mes, la carrera se disputó bajo unas condiciones de luz inusuales: en el tramo final había esa luz crepuscular de otoño a partir de las cuatro de la tarde en esa zona de Europa, donde entre las montañas y la posición del sol salían unos contrastes bellísimos.
Y también hubo ciclismo, del excelente. A 60 kms. de meta se movió Gilbert, llevándose consigo a Fulgsang, y posteriormente Nibali y otros corredores. El italiano soltó al temible valón en el tramo más duro de la Madonna del Ghisallo, y fue muy bonito ver por una vez hincar la rodilla al campeón belga. Eso sí, la apuesta de Nibali era de una categoría superior a las de Gilbert: ganar la carrera en solitario y a tantos kms. de meta.
Subió de una manera portentosa el Ghisallo, con las campanas sonando al paso de los ciclistas, y en el descenso aprovechó sus cualidades para llevar la diferencia a casi dos minutos, mientras los perseguidores que no pudieron aguantar su ritmo en la ascención eran reintegrados al gran grupo. Ahí tiraba el BMC y un infatigable Rogers, que tras una temporada en blanco (otra más) ha empezado a carburar a partir de agosto.
Cuando quedaban 20 kms. para meta la ventaja de Nibali empezó a perder tiempo en picado, hasta tal punto que sólo aguantó 5 kms. más escapado. Cuando empezó la última asperidad orográfica de este -para mí- dulcificado Lombardía con final en Lecco, se quedó en la primera rampa, el destino más frecuente para los valientes, pero dejando una agradabilísima sensación de que el siciliano es un corredor como la copa de un pino, por si alguien tenía alguna duda: en las victorias y en las derrotas.
En la cuesta final (básicamente una carretera entre chalets que se iba estrechando imposiblemente y subiendo el porcentaje hasta parecer una carrera de juveniles) Basso iba delante, como en los últimos 60 kms: primero molestando a los que se esforzaban en la persecución de su compañero Nibali, y después molestando al resto de corredores con su forma de subir patibularia, con bandazos.
El más ágil parecía el gran Dani Martin, atacando, pero en el momento más duro de la subida apareció Zaugg, el gregario suizo del equipo Leopard. El pequeño corredor estaba en muy buen estado de forma (9º Emilia, 8º Beghelli, 11º Piamonte) y subía muy ágil. Coronó la cuesta con un margen de veintitantos segundos sobre los perseguidores, suficientes para mantener el tipo en el descenso y llegar a meta en solitario.
Fue su primera victoria profesional. Escalador de los primeros puertos, rarísima vez protagonista en la parte final de carrera alguna, su trayectoria se parece muchísimo a la de su compatriota Loosli, de siempre enrolado en el Lampre. Anónimos, muy apreciados como gregarios y absolutamente negados para la victoria.
La victoria de Zaugg transciende la épica personal. El Leopard, un equipo que ha durado una única temporada y sin un patrocinador, sólo acumulaba puestos de honor: todos los conseguidos por Cancellara en primavera y los de los hermanos Schleck en el podio del Tour, pero sin ninguna victoria de relumbrón. Hasta el domingo pasado, en la última carrera del equipo. Y con un corredor inesperado.
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Presentado el Tour 2012, se confirma la filtración. Emboscadas, una etapa en los Alpes ideal para valientes y suficiente crono. Sería un Tour ideal para Olano, por ejemplo. Será un Tour ideal para el espectador, algo de lo que estoy convencido.
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A Samuel Sánchez le gusta mucho el recorrido del Tour 2012. La verdad es que le viene muy bien.
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Otro gran fichaje para el Saxo Bank: y ya van siete. La plantillaza al completo aquí.
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El último grito para el ciclismo.
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19 octubre, 2011
Un Giro mucho mejor
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