La relación sentimental que mantienen Brazofuerte y A.C -porque se profieren sentimientos mutuos- tenía una cita furtiva este fin de semana en la paradisíaca Córcega. El Criterium Internacional, prueba que hace décadas -al igual que el G.P de las Naciones- contaba en el palmarés de un ciclista casi como de clásica se tratase, pasaba de disputarse en Alsacia-Lorena a la isla mediterránea, manteniendo la estructura de dos días y tres etapas.Y algún cambio, claro: la etapa de montaña pasaba a disputarse el primer día y la del sprint en el sector matinal del domingo, incrementando la primera su kilometraje. Así el sábado se subió el Alto de l´Ospedale, la típica subida revirada, complicada y entre chalets de segunda residencia con balcón al mar. Vamos, el territorio predilecto de Contador, que ha hecho del Col d´Eze uno de sus cotos particulares.
El Astana impuso un fuerte ritmo primero con Dani Navarro y después con Vinokourov -no hay más en el equipo-, esperando el salto de su Amado Líder que hasta entonces no había dado muestras de flaqueza. Es más, había disputado ¡dos! sprints intermedios para arañar bonificación, en una actitud francamente extraña cuando quedaba un final en alto. Y si no me creen mirenlo aquí, porque nadie ha hablado de esto. Es algo más que extraño, y muy significativo. El primero en saltar fue el veterano David Moncutie, que hizo hueco. Contador no asomaba cabeza y los muy fanáticos comentaristas del Ente Público RTVE empezaban a sospechar algo: educados para sacar las trompetas de Jericó cada vez que el chaval de Pinto enseña la pistola, no tenían guión B para el caso contrario. El espectador tampoco.
Después saltó Machado, el chaval portugués del que se habla maravillas, y lo hizo agarrado en la parte baja del manillar. Espectacular y fuerte, como ya había demostrado en P-N. Neutralizó al francés y después fue asimismo neutralizado por Fedrigo, ese buen corredor francés que el año pasado ganó la etapa del Tourmalet y que, ágil y veloz, se llevó la etapa con 11" sobre Machado y 15" sobre el grupo encabezado por S.Sánchez, que fue toda la ascensión a rueda de Beñat Intxausti, carrerón el suyo y los que vendrán. Contador entró el 23º a 1´13" del ganador, con ese labio torcido que se le queda cuando no saca la pistola.
Al día siguiente el sprint de la mañana fue para el desconocidísimo corredor inglés -otro más- Downing del Sky, y la crono de la tarde para Millar por 2" sobre Contador, con Intxausti 5º a 11" y su supuesto jefe de filas S. Sánchez 9º a 13": que cada uno saque sus propias conclusiones. La general para Fedrigo con 14" sobre Rogers y 15" sobre Machado. Lo mejor de la carrera ha sido el ganador, Intxausti y los increíbles paisajes de Córcega. También su exuberante y alergénica vegetación.
¿Y qué pasó con A.C? Pues nos dicen que ha encontrado su kriptonita en forma de alergia primaveral. La alergia se manifestó en los últimos kms. de la ascensión a L´Ospedale, no antes porque si no, no se pone a trabajar el equipo. Descendidos a nivel de mar, como se vio en la crono del día siguiente, la alergia desaparece. Se mantiene así el mito de que Contador nunca es derrotado por un rival, sino por fuerzas de la naturaleza incontrolables, llámense ovillo de capilares en el cerebro o polen en el aire. Nada humano le derrota.
Lo de Contador y la alergia, o lo de los ciclistas y sus alergias, es una historia larga. Recuerden que nos venden que para llegar a profesional prácticamente tienes que ser un Apolo de la perfección física, pero resulta que una vez ahí compruebas que el que no tiene asma (el 60% del pelotón del Tour hace un par de años) tiene alergia, cuando no diabetis, epilepsia, colitis ulcerosa, insomnio o cáncer, y aún así competir y ganar. En definitiva, vivir de ello, cuando ya lo pasarias mal en un trabajo de oficina.
Sin ir a la noche de los tiempos, recordar que Induráin también padecía alergia, lo que no le impidió ganar dos Giros de Italia. O un corredor del siempre recordado Saunier, que en su blog decía antes de ir a un Tour que acabó con su equipo "bueno, esta tarde al alergólogo a preparar los papeles". Los papeles: ¿adivinan que tipo de certificado médico tiene un alérgico en este mundo del ciclismo? Pues un certificado médico en el que ponga que, debido a su afección, se puede medicar con productos que sólo, y remarco lo de sólo, mejoran el rendimiento deportivo como efecto secundario. Y si no, ahí está el Gobierno de España haciendo decretos y enmiendas para que quede muy claro este aspecto. ¡Que nadie esté discriminado por tener que medicarse! ¡Que nadie se quede atrás!
Esto no es nuevo en Contador: ni lo del certificado médico ni lo de la alergia. Ya en su victorioso Giro de Italia 2008 se dijo que, además de las caídas y la playa de Barbate, tuvo que superar la alergia primaveral. Una alergia que le afectaba en las etapas en las que no había lluvia, pero que en la famosa exhibición de Di Luca y Riccó en Monte Pora -donde llovió de lo lindo- también sirvió de excusa para el rendimiento del discípulo de Manolo Saiz, su descubridor y en buena lógica, el primero que tramitó el certificado de alérgico. Porque Manolón otra cosa no, pero los papeles, ¡siempre a punto de revista! ¡firmes!, porque en cualquier esquina (por ejemplo, Zurbano con Martínez Campos, Madrid) te puede salir la Guardia Civil y pedirte la documentación.
El propio Contador dijo que sería difícil volver a verle en el Giro por eso de la alergia, y no por los periodos de descanso activo que preconiza el hostelero de Torrelavega. Un estudio más detallado de la trayectoria de Contador indica que ha obtenido victorias en lugares muy polinizados, como en Romandía 2005 -finales de abril por el valle del Ródano, se ven hasta las nubes de polen- pero no sabiendo a qué es alérgico -¿el huevo? ¿la cáscara de nuez? ¿los dátiles?- no podemos afirmar que hay que temer al chopo o al pino mediterráneo corso. Y, en todo caso, ¿quien soy yo para fruncir el ceño ante la alergia de Contador?
Sin embargo, Allain Gallopin, que fue director de Contador en 2008 y 2009 y ahora está en el equipo satánico del Radio Schack, dijo tras el rendimiento de Contador en Córcega que "cuando coincidí con él en Astana no se si tenía esa alergia". Esto es más que una maldad: estamos hablando del mismo director que llevó a Contador durante el ¡Giro 2008!, el mismo en el que la alergia de Contador se mostraba intermitentemente y virulenta como pocas veces. Y dice que no sabe si tenía esa alergia. Más que una maldad, es un torpedo contra la línea de flotación del contadorismo entendido como fe y devoción.
Evidentemente, un director deportivo sabe las autorizaciones terapeúticas de sus corredores, más que nada porque las piden los inspectores UCI en los controles. En el caso de corredores pluricertificados como Contador, el dossier médico a presentar es un buen tocho de papeles que no puede pasar inadvertido a nadie. Gallopin deja bien claro que no se cree la coartada de nuestro campeón, y lo hace arrojando muchas dudas sobre otras cuestiones.
Sin embargo, Contador dijo en su momento que "al Giro fui sin una gran preparación, y como además era temporada de polinización y soy alérgico, no podía abrir totalmente los bronquios, de modo que no daba todo de mí mismo y cuando llegaba a meta, aunque estuviera cansado, recuperaba enseguida". Hablando con su confesor, el mismo al que dijo lo de su certificado médico clase extra, se sacan estas declaraciones: "cómo se me han hinchado las piernas de retener líquido". Ya ven: una alergia es que no puede abrir totalmente los bronquios, la de Córcega es que retiene líquidos en las extremidades, como las señoras mayores. Y Gallopin dice lo que dice.
Ante la falta de un diagnóstico claro, aunque el médico-periodista-párroco-consejero áulico (la derrota es buena a veces, Pequeño Saltamones) ya le ha recetado el alta, habrá que desearle a Contador lo de siempre: mucha salud. Y a seguir disputando sprints intermedios, como si no supiesemos lo de los calendarios de preparación y los días que toca y los que no toca, ¿verdad?.
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Curiosa la crónica de Gazzetta sobre la G-W. Centrada en Freire, se regodean hasta en dos ocasiones de que por una vez ha tenido que ir al ataque o de una vez que se incorporó al grupo delantero por su propio esfuerzo. Normal que estuviese desfondado al final. La crónica, construida para minusvalorar el mérito del cántabro, sólo hace que engrandecerlo. Firma Luigi Perna, famoso analfabeto funcional cuya debilidad son los corredores condenados por dopaje. Si tuviese la más mínima idea de lo que habla, recordaría que algunas de las victorias de Freire -el Mundial de 1999, el Mundial de 2004, cuando en la subida a Torricelle salía personalmente a los ataques de Basso, Boogerd o Rasmussen, o dos de sus tres Flechas de Brabante- se han conseguido por una implicación en carrera que rara vez se ve. Así suele ser en el norte y en un equipo como el Rabobank. Eso sí, que en el grupo de veinte vayan cinco Liquigas, equipo italiano, y que sólo llegue uno al sprint final de seis no le merece ningún comentario. ¿Analfabeto funcional? Juzguen ustedes mismos, no sabe ni sacar el pírrico porcentaje que eso supone para el equipo...
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Algún maligno pensará que sólo quiero ver lo que quiero ver, pero lo de Samuel Sánchez y su peculiar manera de interpretar las carreras, el ciclismo y su propia trayectoria deportiva es evidente y el mismo protagonista da ejemplos prácticamente en cualquier carrera que disputa. Tras su brillante actuación en el Criterium, donde consiguió su enésima cuarta plaza, justifica así el resultado: "el sábado se nos fueron Fedrigo y Machado. Los demás nos quedamos mirando y, uno por otro, la casa sin barrer. Y hoy Rogers me ha sacado del podio". Atentos al lenguaje: el francés y el portugués "se nos fueron", no es que atacasen y consiguiesen en justa lid su resultado. Para entender bien esta frase, hay que recordar que S. Sánchez nunca ataca, y eso se refleja en su refulgente palmarés: normal que se refiera a corredores que sí atacan como "se nos fueron". Y ya lo de remate es lo de "Rogers me ha sacado del podio". ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Tenía que haber frenado? Lo de este carbayón ye mucho, fío. Y la casa -dos victorias en carreras de pueblo en los últimos dos años- sí, sin barrer. Y con bastantes pelusillas.