Con bozal estás mejor, y es lo único verde que verás |
A 85 kms. de meta hubo una caída donde salió muy mal parado Janez Brajkovic, que ha tenido que abandonar la carrera. Habrá que esperar otro año para ver su auténtica valía en el Tour, pero al menos llegará a la Vuelta a España como único jefe de filas en la envejecida estructura del RadioShack: tanto que ganamos todos los aficionados al ciclismo.
No es ni siquiera el primer abandono del Tour: el día anterior ya se había ido a casa Van de Walle, el corredor que asombró en las clásicas del norte con un rendimiento sobrehumano. Se cayó en la primera etapa y aguantó dos, algo más que Cardoso o Terpstra en el Tour del año 2010. Las caídas forman parte de la carrera, y en la primera semana del Tour forman parte del menú diario.
Y no fue el único afectado por una caída donde también se dejaron parte del maillot su compañero Horner -uno propenso a caerse, por cierto-, Gesink -otro que besa el suelo en cada visita papal- y Boonen que, ayudado por un compañero, no cejó y acabó entrando en meta a 7´ del pelotón, a pesar de que sus posibilidades en este Tour son muy escasas.
A 30 kms. de meta atacaron dos batalladores natos: Jeremy Roy, que está en fuga todos los días en este Tour, y Thomas Voeckler, uno de los mejores corredores de la temporada, rozando las diez victorias como si fuese un sprinter. Entre pueblos de piedra y tejados de pizarra negra -¿hace falta comentar el gentío? ¡es julio y es el Tour!) ambos corredores hicieron camino, pero nunca con una diferencia excesiva.
Sin embargo, en la fuga iba Voeckler: ya hace dos años pasado ganó una etapa del Tour cuando parecía que iba a ser cazado por el pelotón, y lo hizo de una manera magistral. Esta vez también era el equipo de Cavendish el que hacía de perro de presa (maravilloso la cara de tonto que se le quedó al británico cuando perdió la etapa por centímetros), ayudado por Navardauskas del Garmin y Cancellara, nada menos.
A 10 kms. de meta también pasó a tirar el Lampre, y la ventaja de los fugados bajó a 26", demasiado poco como para fantasear con una victoria local. El pelotón jugó al gato y al ratón con la pareja francesa hasta que quedaban dos kms. para meta, poco después de pasar por la playa de Les Sables d´Olon, donde a finales de los noventa Cipollini ganó uno de sus sprints más espectaculares.
Aprovechando el repecho para salir de la ensenada, Voeckler hizo un último ataque para la galería, pero algún día será como Chavanel: un campeón de grandes, grandes carreras. Con el pelotón enfilado por Hondo, Tony Martin cogió la cabeza de la carrera. Goss, su compañero y que iba segundo en el tren, intento hacer el hueco de la manera más natural: dejando de pedalear. Martin cogió unos metros de ventaja.
De repente, salió una sombra negra al doble de velocidad del pelotón: eran Boasson Hagen, que ya el año pasado fue tercero en sendos sprints del Tour. El noruego se anticipó demasiado, y un hiperactivo R. Feillou cerró el hueco para el pelotón. Cavendish, que iba a rueda de Geraint Thomas, remontó a cinco corredores en los últimos 300 metros: a Gilbert, a Rojas, a Hushvod y un corredor de la FdJ, estos últimos disueltos en el sprint.
Es la decimosexta victoria del iracundo inglés desde que debutó fugazmente en la carrera en 2007. Diez-y-seis. No llevaba una buena temporada (tres victorias), pero en el Tour muta y se convierte en el mejor sprinter del mundo: en la rueda de prensa parecía que había vuelto a llorar, igual que hizo el año pasado con su primera victoria parcial en el Tour. La eficiente realización francesa nos siguió agraciando con bonitas tomas de la zona de Cap Frehel, el parque natural donde hoy ha acabado la etapa. Apenas tres horas y media a una media de 45 km/h. Quedan los paisajes, y también disfrutar de etapas como esta, mucho más emocionantes de lo que parece.
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Está bien que le hayan puesto una sección a Horrillo en El País, visto que ya no puede hacerla desde el pelotón. Se dedica a comentar chascarrillos y anécdotas centradas en un corredor, al que compara con un animal. El otro día le tocó a Farrar y dijo que era como "un hipopótamo, pacífico en la vida pero temible en los sprints". Sí, es una columna muy pobre, muy forzada y, en definitiva, decepcionante. Pedro, habla de lo que sabes: recuperación, malas artes y puñaladas, ser gregario. Es que eso de los funny animals es tan infantil...por cierto, ¿cúal es tu color preferido? ¿y tu sabor?
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Puaj, comienzan las columnas especializadas en los medios generalistas, al calor del Tour. Hoy traigo a un catedrático de caballos, que empieza su columna así: "El ciclista tiene mucha libertad para entrenarse cuando y lo que quiera. No tiene que acudir al campo, cancha o piscina, y trabajar de cinco a ocho bajo la doctrina de un entrenador. En contrapartida a esta libertad, la falta de dirección hace que tienda a entrenarse por sensaciones. Solamente los ciclistas muy experimentados pueden entrenarse así. Es difícil entender qué cansancio es superable y cuál es mejor no sobrepasar".
¡Pero bueno! ¿Entonces por qué se van a Altea, Girona o el Teide? ¿Por qué acuden a Lucca a casa de un conocido entrenador? "Falta de dirección": ¿en qué puto siglo vive este iluminado de nombre Ricardo Mora?¿A quién se cree que puede engañar? Julio es el peor mes para el ciclismo.
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Malas noticias para todos los contribuyentes: los JJ.OO 2018 de invierno van a Corea del Sur. Eso puede significar que se emprenda la locura de Madrid 2020...