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28 agosto, 2008

Otro cántabro pionero

Decía Oscar Freire, en sus múltiples entrevistas con motivo del maillot verde del Tour, que había sido el primer español en ganar muchas carreras y que eso no se tenía en cuenta. Lo decía con la razón del que atesora Flecha de Brabante, Gante Wevelgem o la clásica de Hamburgo. Bueno, pues tiene un paisano que también sabe ganar fuera y que es pionero en inscribir su nombre en el palmarés de varias pruebas.

Ayer Jose Iván Gutiérrez ganó por segundo año consecutivo el ENECO Tour, marca comercial del Tour de Benelux. Es una prueba por etapas ProTour. Su victoria se puede calificar de épica. En una prueba por etapas completamente llana y donde el único peligro viene del tiempo, las diferencia finales se miden por centésimas de segundo, que es como se computa la crono. Para más escarnio, estaba situada en el último día.

La victoria de la etapa fue para Belohvosciks, el letón del Scott. Es su primera victoria con el equipo, y no porque este haya cambiado de nombre: es el típico fichaje de Matxín, que recuperó en 2007 a este antiguo vencedor de los 3 días de la Panne en 2003 -ya sabía lo que es ganar en la zona- cuando ya llevaba dos años en un equipo continental. Curioso lo del equipo amarillo: hasta su espantà del Tour su balance de la temporada se reducía a las victorias de Riccò-CERA, el doblete en Hautacam y la Bicicleta Vasca de Eros Capecchi. Desde entonces, ganan carreras con Cobo en Burgos y Portugal, y están muy activos. A veces viene bien un redimensionamiento de objetivos.

El cántabro Gutiérrez fue segundo, empatado a tiempo con Rosseler y Rogers, a los que sacaba 4" y 7" antes de la crono. Parece fácil, pero rompió el sillín el último km. y tuvo que hacer el mismo de pie, no precisamente lo más indicado en una etapa llana. Parece que victoria épica y ENECO Tour son incompatibles, pero a veces sucede. El corredor del Caisse d´Epargne ya fue el año pasado el primer español en ganar la prueba, al igual que es el único nacional que ha ganado un campeonato del mundo sub-23 (en Verona 1999, CRI) y el Giro de Emilia en 2003, con 24 tiernos años. En noviembre cumplirá 30 años y su palmarés nunca será como el de Olano, su referente cuando pasó a profesionales con el ONCE, pero es muy digno. Y pionero.
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Dados los positivos que ha tenido el Lampre esta temporada, empezada con buen pie en la concentración de San Vicenzo, y de los que pueden hablar Patxi Vila -testosterona- y Paolo Bossoni -EPO-, el pobre de Marzio Bruseghin se ha visto obligado a tomar la salida en la Vuelta. Fue 3º en el Giro, 27º en el Tour, corrió los JJ.OO en ruta y crono y ahora la Vuelta. Creo que no es la primera vez que encadena las tres grandes, pero tiene su mérito con 34 años.
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La Vuelta a Alemania, famosa por sus vetos y medidas estrictas, va a permitir salir al Scott-American Beef. También ha pedido a la UCI que autorice de urgencia tres nuevos métodos para detectar doping, en donde quieren ser pioneros en su aplicación. Aquí hay dos posibilidades: o las noticias se contradicen o están relacionadas.
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A buen entendendor, el titular basta para explicar todo un fenómeno. Y si de algo es entendedor Sastre, gregario de Hamilton y Basso, es de ciclismo.

07 agosto, 2008

"Varios periodistas"

Oscar Freire ha ganado el premio de la regularidad en el Tour. No es una competición oficial, pero es uno de los maillots más prestigiosos del pelotón. El magnífico corredor concedió una entrevista larga, densa a El País -¿por qué no hay más? ¿por qué son tan infrecuentes?-, publicada el 28 de julio.

El titular ("No me volverán a ver en París") ya da buenas pistas. Freire no acaba las grandes vueltas: el Tour de 2003, obligado por su entonces nuevo equipo Rabobank, y el de esta año. Un desgaste excesivo para sus características. Ha ganado el maillot verde sin equipo de apoyo, aunque cita a un Flecha del que ya habrá oportunidad de hablar. ¿Para que volver a intentarlo, si ya ha demostrado que lo puede ganar y no es una competición oficial? Bajo este punto de vista, la actitud de Freire es impecable.

Tras la pertinente pregunta de "¿qué se siente al ser el primer español?", pregunta que también es aplicable a la Flecha de Brabante, la Gante-Wevelgem o la Clásica de Hamburgo y que podría ser perfectamente sustituida por la más juiciosa "¿Por qué cree que ningún español ha ganado antes esta competición?", la conversación acaba derivando hacía un tema nuevo: "varios periodistas españoles me han llamado para preguntarme cúal era la última carrera que había corrido. Eso indica que tampoco es que se enteren mucho". Genio y figura. Aunque les recomiendo toda la entrevista, yo me voy a detener en este aspecto.

Al día siguiente de la victoria en Digne-Les Bains (en la foto) Josu Garai de Marca tituló "El increíble Freire". Ya ven, en los tiempos que corren y titula con "increíble". Reparen en un momento en la palabra, que significa "no creíble". Podía haber utilizado el titular para el Saunier, o para su amigo Sastre y su ascensión a Alpe D´Huez, pero no, le cayó a Freire. La crónica, en la tradición de este periodista que tantos servicios ha obrado para que en el ciclismo todo esté como está, es infumable. Pone la estadística de los connacionales plurivittoriosi, como si tuviese algún interés que haya igualado a Chozas; habla de que "se encontró con la oportunidad del Tour (...) casi cuando menos se lo esperaba", como si no hubiese estado bregándose en todas las otras etapas -ojo al color del maillot con el que logra la victoria-; y este párrafo que reproduzco en su totalidad:

"Como siempre, Freire se quejó del poco gancho que tienen los sprinters en España: "Sólo hay fútbol, fútbol y más fútbol", decía para regocijo de los periodistas extranjeros que rodeaban al ciclista cántabro tras su brillante victoria. "Y cuando se habla de ciclismo, se habla de la clasificación general. Yo he ganado tres veces el Campeonato del Mundo y un montón de carreras, algunas de las más importantes del calendario, pero se sigue hablando de los que pueden ganar el jersey amarillo. Más no puedo hacer", decía sin darse cuenta que eso mismo pasa en su equipo (Rabobank), que no es español, sino holandés."

Parece que lo que más molesta a Garai es que de carnaza a esa prensa extranjera que nos trata -con razón- como la R.D.A rediviva. La palabra "regocijo" deja poco lugar a la duda. El "como siempre" con el que introduce el párrafo indica una actitud cansina, más del periodista que del corredor, que tiene más razón que un templo en todo lo que dice. El reproche final no cae en la cuenta de que Menchov, cuando ganó la Vuelta 2005, también lo hizo con un equipo de chichinabo. Y si me fuerzan, en este Tour también ha estado igual de solo que Freire. Pero bueno, ahí está el párrafo que Garai le endosa a Freire. Si tienen ustedes a bien -y estómago- compárenlo con la narración de las otras tres victorias nacionales en el Tour: no hay color. Ni siquiera el verde.

Desconozco si Garai es uno de los periodistas a los que se refiere Freire. O García Luque, que también en su crónica en La Vanguardia parece especialmente molesto porque Freire se exprese en esos términos ante la malvada prensa extranjera. No importa. Lo que si me creo es que hay periodistas que le llaman para preguntarle por la última carrera que ha disputado. Y ese es el estado del periodismo de ciclismo en España. "El increíble Freire". Y tanto, por lo que tiene que aguantar de ostracismo y pasotismo, de crónicas que empiezan con sus despistes o con "es díficil pensar que Oscar Freire se toma en serio el ciclismo", que es como empieza la entrevista de El País. "Varios periodistas" ¿no serán todos?.
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Victor Cordero ha cumplido y el Scott-American Beef no estará en la Vuelta. Con el dopaje de Beltrán, dijo en caliente que también excluía a Liquigas, decisión que no ha concretado. Sin embargo, ha tenido arrojos para resistir la presión mediática y fáctica para seguir adelante con este equipo amarillo. Habrá aprendido de la lección de 2006: el Tour excluyó a Astana, el los invitó, y pasó lo que pasó. Primero y tercero de la raza kazaja, entrando a pares en las etapas de montañas. Igual que Piepoli y Cobo. Sobre este tema, Urraburu hace su propia lista y le sale un periodista, el de "joven, de viejos hábitos".

05 agosto, 2008

Ciclista escalador de 37 años busca trabajo

Ya sabrán ustedes que Matxín y su estructura han evitado el morlaco y están de nuevo compitiendo por ahí, ahora con el nombre de Scott-American Beef. Este estupenda crónica lo cuenta todo. Falta un Morgan Spurlock que cante las bondades de las hamburguesas mexicanas, pero el objetivo de aquel documental era vilipendiar a una cadena de comida rápida, no a la comida rápida per se. En todo caso, el nuevo patrocinador encaja muy bien en un mundillo que ha visto un cupón para ciegos, un test de embarazo y un colchón que recarga energía mientras duermes.

Repasemos rápidamente los hechos: un equipo gana tres finales en alto de tres en el Tour, el último de ellos con doblete y 2´17" de diferencia sobre los favoritos. Un corredor de este equipo, el ganador de dos etapas, da positivo por una sustancia que se creía indetectable. Inmediatamente, abandona la carrera todo el equipo por iniciativa propia. Al poco, se conoce que Leonardo Piepoli, también corredor de este equipo, es expulsado por la extinta formación Saunier Duval. Una medida profiláctica ante lo que iba a venir, o eso parecía.

No ha pasado tanto tiempo, pero repasen por ahí a todos los que escribían -no precisamente yo- que venía una nueva avalancha de positivos y blablabla. En ese equipo sólo hubo un positivo, pero abandonaron todos "por el bien de la imagen del Tour", aunque el personaje que lo dijese lo hiciese parapeteado tras unas gafas de sol tipo Harry El Sucio. Entonces, ¿por qué se ha quedado en el paro este corredor tan querido por todos, auténtica alma viviente del espíritu amarillo, la llama perenne de los calentadores Saunier Duval? ¿por qué es tan injusto este mundo? Dejar en la calle a un pobre corredor, a todas luces inocente, y por esta curiosa lista de pecados que les voy a mostrar.

Piepoli, conocido como il Trullo de Alberobello, era el compañero de habitación de Riccò. No solo eso: el diminuto italiano es conocido por su experiencia para entrenar y cómo muchos corredores acuden a él para mejorar su rendimiento. Sin ir más lejos, De Andrés no se acordaba del sobrenombre de Piepoli y un bendito SMS de Joaquín Rodríguez se lo recordó en plena transmisión. Normal que el corredor de Parets del Valles lo supiese: en su blog tuvo a bien mostrar como se pasó sus buenos días durante febrero entrenando con este capitán de ruta, por la transitadísima zona de la Versilia, allí donde también residen, entre otros muchos, Thomas Dekker y Gusev, al que el propio Bartoli le puso un piso de su propiedad. Curioso lo del corredor catalán: al igual que le pasó a Piepoli durante su estancia en iBanesto.com, el año pasado no lo llevaron a ninguna grande. Este año ha ido al Giro y ha sido tercero en dos etapas de altísima montaña. Esta claro que Unzué no sabe todo el potencial que albergan sus corredores para las tres semanas. O sí.

A lo que iba: ahí tienen el primer cargo contra Piepoli. Ser compañero de habitación de Riccò. Y bueno, hay otro. Giannetti, que según palabras del director del Tour no es un personaje de fiar, le pidió respuestas sobre lo que sabía. Como las respuestas de Il Trullo fueron evasivas, no concluyentes, lo expulsaron del equipo. Confieso que me divierte mucho esta parte de la tragicomedia: pedir respuestas concluyentes a un italiano es como pellizcar cristales o esperar que el sol salga algún día por el oeste. El diálogo tuvo que ser muy divertido. Può essere. Mah. Però. Beh. A volte capita. El problema viene cuando Arribas afirma que tal diálogo no existió, que Piepoli dijo literalmente -por eso utiliza el entrecomillado en su crónica- "yo he hecho lo mismo que Riccardo".

Ya ven que son dos versiones contrapuestas. Desde Saunier han negado la versión del periodista, el propio Piepoli ha dicho ante el CONI que no tiene nada que ver y el control antidopaje de la etapa de Hautacam ya hace tiempo que salió. Fue Riccò el que dijo que "de diez controles en el Tour, sólo he dado positivo en dos, el método no es fiar". Joder, y tanto. En fin. El caso es que Piepoli, ese baluarte del buen ciclismo, se ha quedado en el paro. Por su edad y por lo turbio del asunto, puede que no lo volvamos a ver en el pelotón, aunque Matxín es especialista en segundas oportunidades, como bien saben Rinero, Mayo, Beloki, Tafi y tantos otros. Es tiempo de un pequeño resumen.

Nacido en la friísima ciudad suiza de La Chaux-de-Fons en 1971, no hace falta ser un adivino para intuir el contexto socioeconómico de Piepoli. De una familia originaria de una región deprimida y en el culo del mundo como Puglia, nació en la emigración, de la misma manera que Bugno en 1964 en la también helvética Brugg. Esa era la Italia del miracolo economico: la prosperidad también se consigue enviando a 4 millones de ciudadanos a la emigración. En España también fue así, y también se llama milagro. Es curioso el término religioso, que aleja la prosperidad de medidas económicas racionales y del mundo humano, para situarlas en el divino. También es un milagro ganar en Hautacam con 37 años.

En categorías inferiores del primer lustro de los noventa, Piepoli ganaba a Pantani, como el mismo se encargó de recordar en su efímera gloria del Tour. Su paso a profesionales fue más problemático. Con 24 años, se tira tres en el modesto Refin, logrando buenos resultados en montaña. En 1998 pasa a Saeco, donde a pesar de hacer Giro-Tour entre los 15 primeros y cuarto en la Vuelta a Suiza situada entre ambas grandes, sólo aguanta un año. Pasa al Banesto. Ahí lo especializan en vueltas de una semana, una especie de J.C Domínguez, cambiando el crono por la montaña: son muy entretenidas ese tipo de carreras y en esa época. Así se tira cinco años.

En 2004 pasa a Saunier, ya con 33 años. Empieza a ganar etapas etapas en grandes vueltas. Una ese mismo año en la Vuelta, segundo en la Volta en 2005, dos en el Giro 2006, una etapa de nuevo en la misma carrera en 2007 (y tres segundos puestos, dos de ellos tras compañeros de equipo, como en Hautacam) y otra en la Vuelta...y hasta este Tour, donde nadie se extrañaba de que este Trullo hiciese esas cosas a su edad. Será la casualidad - o quizás no, porque ellos mismos escogían nombres de perro para su médico- pero "Trullo", en castellano de esos grandes creadores de términos que son los yonkis, es la cárcel. La casualidad, ya les digo.
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Para el que le guste el mundo del arte contemporáneo, le recomiendo vivamente la exposición de Antoni Miralda en el Artium de Vitoria. Aunque no parezca un tema de este blog, no se dejen llevar por las apariencias. El artista aborda las relaciones entre comida, energía, poder, nutrición, política, medicina, ciencia-ficción y cultura popular. Y el dopaje, claro. Muy recomendable.