
Ya sabrán ustedes que Matxín y su estructura han evitado el morlaco y están de nuevo compitiendo por ahí, ahora con el nombre de Scott-American Beef. Este
estupenda crónica lo cuenta todo. Falta un
Morgan Spurlock que cante las bondades de las hamburguesas mexicanas, pero el objetivo de aquel documental era vilipendiar a una cadena de comida rápida, no a la comida rápida
per se. En todo caso, el nuevo patrocinador encaja muy bien en un
mundillo que ha visto un cupón para ciegos, un test de embarazo y un colchón que recarga energía mientras duermes.
Repasemos rápidamente los hechos: un equipo gana tres finales en alto de tres en el Tour, el último de ellos con doblete y 2´17" de diferencia sobre los favoritos. Un corredor de este equipo, el ganador de dos etapas, da positivo por una sustancia que se creía indetectable. Inmediatamente, abandona la carrera todo el equipo por iniciativa propia. Al poco, se conoce que Leonardo Piepoli, también corredor de este equipo, es expulsado por la extinta formación Saunier Duval. Una medida profiláctica ante lo que iba a venir, o eso parecía.
No ha pasado tanto tiempo, pero repasen por ahí a todos los que escribían -no precisamente yo- que venía una nueva avalancha de positivos y blablabla. En ese equipo sólo hubo un positivo, pero abandonaron todos "por el bien de la imagen del Tour", aunque el personaje que lo dijese lo hiciese parapeteado tras unas gafas de sol tipo
Harry El Sucio. Entonces, ¿por qué se ha quedado en el paro este corredor tan querido por todos, auténtica alma viviente del espíritu amarillo, la llama perenne de los calentadores Saunier Duval? ¿por qué es tan injusto este mundo? Dejar en la calle a un pobre corredor, a todas luces inocente, y por esta curiosa lista de pecados que les voy a mostrar.
Piepoli, conocido como
il Trullo de Alberobello, era el compañero de habitación de Riccò. No solo eso: el diminuto italiano es conocido por su
experiencia para entrenar y cómo muchos corredores acuden a él para
mejorar su rendimiento. Sin ir más lejos, De Andrés no se acordaba del sobrenombre de Piepoli y un bendito SMS de Joaquín Rodríguez se lo recordó en plena transmisión. Normal que el corredor de Parets del Valles lo supiese: en su
blog tuvo a bien mostrar como se pasó sus buenos días durante febrero entrenando con este capitán de ruta, por la transitadísima zona de la Versilia, allí donde también residen, entre otros muchos, Thomas Dekker y Gusev, al que el propio Bartoli le puso un piso de su propiedad. Curioso lo del corredor catalán: al igual que le pasó a Piepoli durante su estancia en iBanesto.com, el año pasado no lo llevaron a ninguna grande. Este año ha ido al Giro y ha sido tercero en dos etapas de altísima montaña. Esta claro que Unzué no sabe todo el potencial que albergan sus corredores para las tres semanas. O sí.
A lo que iba: ahí tienen el primer cargo contra Piepoli. Ser compañero de habitación de Riccò. Y bueno, hay otro. Giannetti, que según palabras del director del Tour no es un personaje de fiar, le pidió respuestas sobre lo que sabía. Como las respuestas de
Il Trullo fueron evasivas, no concluyentes, lo expulsaron del equipo. Confieso que me divierte mucho esta parte de la tragicomedia: pedir respuestas concluyentes a un italiano es como pellizcar cristales o esperar que el sol salga algún día por el oeste. El diálogo tuvo que ser muy divertido.
Può essere.
Mah.
Però.
Beh.
A volte capita. El problema viene cuando
Arribas afirma que tal diálogo no existió, que Piepoli dijo literalmente -por eso utiliza el entrecomillado en su crónica- "yo he hecho lo mismo que Riccardo".
Ya ven que son dos versiones contrapuestas. Desde Saunier han negado la versión del periodista, el propio Piepoli ha dicho ante el CONI que no tiene nada que ver y el control antidopaje de la etapa de Hautacam ya hace tiempo que salió. Fue Riccò el que dijo que "de diez controles en el Tour, sólo he dado positivo en dos, el método no es fiar". Joder, y tanto. En fin. El caso es que Piepoli, ese baluarte del buen ciclismo, se ha quedado en el paro. Por su edad y por lo turbio del asunto, puede que no lo volvamos a ver en el pelotón, aunque Matxín es especialista en segundas oportunidades, como bien saben Rinero, Mayo, Beloki, Tafi y tantos otros. Es tiempo de un pequeño resumen.
Nacido en la friísima ciudad suiza de La Chaux-de-Fons en 1971, no hace falta ser un adivino para intuir el contexto socioeconómico de Piepoli. De una familia originaria de una región deprimida y en el culo del mundo como Puglia, nació en la emigración, de la misma manera que Bugno en 1964 en la también helvética Brugg. Esa era la Italia del
miracolo economico: la prosperidad también se consigue enviando a 4 millones de ciudadanos a la emigración. En España también fue así, y también se llama milagro. Es curioso el término religioso, que aleja la prosperidad de medidas económicas racionales y del mundo humano, para situarlas en el divino. También es un milagro ganar en Hautacam con 37 años.
En categorías inferiores del primer lustro de los noventa, Piepoli ganaba a Pantani, como el mismo se encargó de recordar en su efímera gloria del Tour. Su paso a profesionales fue más problemático. Con 24 años, se tira tres en el modesto Refin, logrando buenos resultados en montaña. En 1998 pasa a Saeco, donde a pesar de hacer Giro-Tour entre los 15 primeros y cuarto en la Vuelta a Suiza situada entre ambas grandes, sólo aguanta un año. Pasa al Banesto. Ahí lo especializan en vueltas de una semana, una especie de J.C Domínguez, cambiando el crono por la montaña: son muy entretenidas ese tipo de carreras y en esa época. Así se tira cinco años.
En 2004 pasa a Saunier, ya con 33 años. Empieza a ganar etapas etapas en grandes vueltas. Una ese mismo año en la Vuelta, segundo en la Volta en 2005, dos en el Giro 2006, una etapa de nuevo en la misma carrera en 2007 (y tres segundos puestos, dos de ellos tras compañeros de equipo, como en Hautacam) y otra en la Vuelta...y hasta este Tour, donde nadie se extrañaba de que este
Trullo hiciese esas cosas a su edad. Será la casualidad - o quizás no, porque ellos mismos escogían nombres de perro para su médico- pero "Trullo", en castellano de esos grandes creadores de términos que son los
yonkis, es la cárcel. La casualidad, ya les digo.
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Para el que le guste el mundo del arte contemporáneo, le recomiendo vivamente la exposición de
Antoni Miralda en el Artium de Vitoria. Aunque no parezca un tema de este blog, no se dejen llevar por las apariencias. El artista aborda las relaciones entre comida, energía, poder, nutrición, política, medicina, ciencia-ficción y cultura popular. Y el dopaje, claro. Muy recomendable.