Se ha convertido ya en una tradición y tiene pocos visos de ser superada. Año tras año, coincidiendo con el inicio de la temporada, ocurre que en una carrera ciclista unos escapados acaban dejando fuera de control al pelotón. Da igual que sea el Tour del Mediterráneo, la Semana Coppi-Bartali o la Ruta del Sol, como es el caso, pero el fenómeno es igualmente preocupante: unos por delante que se esfuerzan y el resto por detrás, aprovechándose de su número y de la certeza de que teniendo a las dos-tres estrellas de turno entre los vagos siempre tomarán la salida al día siguiente. Los ciclistas forman una “familia” (sic) bastante restringida de unos 300 miembros con posibilidades de victoria, y tienen mucho que contarse tras cuatro meses de parón invernal: qué tal la familia, cómo te va con tu coche, que tal con tus nuevos compañeros. Como en cualquier trabajo en septiembre. El problema surge cuando puede más la gana de ir al tran-tran que en ritmo de competición, porque lo que se produce es una adulteración del deporte y una burla al aficionado, ya bastante quemado.
Para los periodistas, ningún problema. Ganan dos hermanos y encima de la tierra, por lo que ya tenemos nota de color para abrir la información. Es más, ganan al lado de su casa, en Armilla. Ya para rizar el rizo, se podría decir que es la cuna de Rosa de Operación Triunfo, porque hay que tener narices para vender como competición la aberración del pasado domingo. Hubo competición hasta el km. 15, cuando se formó la fuga; a partir de ahí, cháchara y, como se dice por esos pagos, musho mamoneo. Los valientes que se fueron por delante son Iñaki Isasi (el Euskaltel, después del buen papel de Albizu en Mallorca, parece que da más la cara que el año pasado), Pasamontes, Rodrígo García del Kaiku, Bonilla del Comunitat Valenciana y Oliver Zaugg de Saunier, además de los hermanos García Quesada: Carlos está de jefe en el Unibet.com y por eso tuvo trabajando a su gregario Pasamontes, mientras que Adolfo está en equipo local. Se repite el caso de los hermanos Gutiérrez. Y es que Belda no tiene piedad: si el bueno de los hermanos se va, se va también el hermano más modesto. Cosas de guerrilleros, ya se sabe. ¿El pelotón? A 31 minutos.
Vale, la etapa era de 160 km. con cinco puertos y un recorrido rompepiernas, aderezado con viento y aguanieve llegando a Otrura, pero ¿dónde están los directores de equipo cuando se les necesita?.En los últimos doce kilómetros. Sí. Cuando faltaba esa distancia para la meta la desventaja era de 34 minutos, y el fuera de control era un hecho. Alguien de la organización debió llamar y, gracias a los amados directores deportivos, se salvo legalmente el fuera de control por 20 segundos. Supongo que habría algún grito, porque después de ir toda la etapa a un cierto ritmo, es doloroso tener que acelerar. Grupetta de principios de temporada y jueces internacionales de la UCI que respiran aliviados, lástima que el veredicto deportivo refleje la desfachatez y la burla de uno colectivo que no duda en rasgarse las vestiduras por la falta de patrocinadores. Me gustaría conocer un solo empresario dispuesto a invertir su dinero en una actividad donde los trabajadores no trabajan cuando no les apetece.
Por cierto, ganó Adolfo.
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Hoy se disputa el Laigueglia, conocido como la piccola San Remo. Gran parte del trazado discurre por la vía Aurelia que, en un sube y baja continuo, recorre la caprichosa geografía de Liguria. El año pasado ganó Kirchen y el gran favorito para este año es Celestino, porque es de la zona y en el Mediterráneo iba muy fuerte. En todo caso, todo huele ya a San Remo, la carrera de un día más importante del mundo. Precisamente la última etapa de la muy francesa carrera del Tour del Mediterráneo acabó en la conocida ciudad balnearia italiana: el triunfo fue para el neoprofesional de Millran Elia Rigotto, tras subir dos veces el Poggio y tras una nueva maravilla de Zabel, su compañero de equipo. El alemán saltó a 200 metros del final y engaño al máximo favorito, Danilo Napolitano, que se cebó en superarlo. A Rigotto, con ese genio como maestro, sólo le quedó rematar tras aprovecharse del rebufo del viejo zorro y el joven impetuoso.
***
Corrigir para mejorar. En el anterior post dije que eran tres los corredores del Comunitat Valenciana en forma: son cuatro. Ayer la victoria en Andalucia fue para Manuel Lloret.
14 febrero, 2006
13 febrero, 2006
Lecciones de las primeras llegadas en alto
Primera llegada en alto y neta victoria del Comunitat Valenciana, un equipo al que gusta actuar en avalancha y aprovechando las pocas oportunidades que tiene de competir con los mejores. La victoria fue para David Bernabeú, pero pudo ser perfectamente para Julián Sánchez Pimienta (enrolado después de su paso por el Fassa, y yo que creía que se iba al Agritubel con Mercado) o David Muñoz, segundo y cuarto respectivamente. El Comunitat Valenciana es un equipo de francotiradores donde ahora están en forma estos tres y tienen que traducir el nivel en resultados, porque sino les espera Belda en el autobús. Controlando la carrera desde el inicio de la ascensión al Mirador des Colomer, el salto final de Bernabeú no pudo ser replicado por Bettini, demasiado rodeado como para poder imponerse: tendría que esperar un día para mojar, imponiendo su sprint con autoridad en la siguiente etapa. El italiano, al contrario que sus rivales coyunturales en Mallorca, apunta alto, y apunta a la San Remo, por mucho que diga que su gran objetivo es el Tour de Flandes.En todo caso, Bettini ha ganado una etapa con Soller, Batalla y Puig Mayor, lo que da una buena medida de su estado de forma tras hacer dos terceros puestos seguidos. Y Valverde fue cuarto ganando el sprint del grupo, con su manera bella y perfecta. No ha sido el único signo positivo de corredores llamados a ser protagonistas de la temporada.
En la etapa de Bernabeú, Schleck sexto a 3”, Boogerd undécimo a 15” con el jovencísimo Linus Gendemann, Thomas Dekker a 31” y Valverde, pásmense, 17º a 36”. Entre las decepciones, Kim Kirchen que el año pasado volaba por estas fechas (ganó el Laigueglia) y que perdió 3´25” -¿le afectará la maldición de los fichajes del T-Mobile?-, además de Toni Colom. Pero hablemos del protagonista, un ciclista de apellido futbolero que tuvo que emigrar a Portugal para abrirse un camino en el profesionalismo. Con 31 años recién cumplidos, se reveló en el año 2002 dentro del Boavista, ganando el Agostinho y siendo segundo en Asturias, Alentejo y quinto en la Vuelta a Portugal. Estos y otros resultados le sirvieron para acabar 72º en la clasificación UCI, todo un éxito corriendo con un equipo portugués. En el 2003 fichó por el sospechosísimo Maia de Jeker, Fran Pérez y él mismo: ganó la última etapa de la Paris-Niza y fue segundo en Valencia, antes de ser parado porque todo era ya un cachondeo. En el 2004 se vendicó a sí mismo y a su equipo ganando nuevamente el Agostinho y la Vuelta a Portugal, lo que le abrió las puertas del Comunitat Valenciana, sin mucho presupuesto y con pocas ganas de formar corredores: 50º en la Vuelta en su debut, 2º en la Semana y 4º en el Trentino. Vamos, que no es un corredor del montón. Se defiende en montaña y en la crono, y es un claro favorito a las próximas vueltas que se disputarán. Su papel ya lo desempeñó con anterioridad Juan Carlos Domínguez, Paco Cabello, Valverde y Javier Pascual Llorente, este último hasta que le frenaron.
En la última etapa de Mallorca, victoria para el alemán David Kopp. Uno de los niños mimados del T-Mobile (clase 79, pasó a profesionales en el 2001 con 22 años), nunca consiguió ningún resultado de relevancia hasta que el año pasado fichó por el modestísimo equipo alemán Team Wiesenhof: 28º en Hamburgo en la única prueba pro-Tour disputada y sus dos primeras victorias en la Vuelta a Colonia (una prueba de un día bastante prestigiosa) y una etapa de la Vuelta a Baviera. Además, 4º en Harelbeke, 5º en Frankfurt y otros resultados muy interesantes. Como premio, este año el Gerolsteiner llamó a su puerta y el alemán ha pagado con una victoria sobre Bernucci, que este año corre con el T-Mobile. Mejor venganza, imposible.
***
En la primera etapa del Mediterráneo, Danilo Napolitano se impuso sobre Zabel. El sprinter siciliano, clase 81, ya ganó siete carreras el año pasado en su segunda temporada de profesional, la más importante el Giro de Romagna. Sin embargo, lo más importante es que en la Vuelta a Bélgica, dominada tiránicamente por Boonen, tuvo un magnífico sprint en el que casi le bate. Aquí tienen la foto y un corredor a seguir. Este año comparte rol de sprinter en el Lampre con Daniele Bennati, otro que sabe ganar. En todo caso, el momento más interesante de la prueba se volvió a concentrar en la ascensión al Mont Faron, allí donde han ganado Bugno, Bartoli o Voigt. Y la campanada ha correspondido a Iván Gutierrez, un ciclista que es un patrimonio nacional y al que a poco que le vayan las cosas en cuanto a confianza en sus propias posibilidades, puede encadenar una victoria tras otra.
Ganar en una cima con seis km. de ascensión al 8,9% de pendiente es muy significativo, aunque ya en 2003 ganó el Giro de Emilia con un final de pendiente brutal ante Bartoli, Bettini y Ullrich. Esta vez, los rivales no han sido tan prestigiosos, pero el sueco Lövkvist, Caucchioli y el rapídisimo Nocentini no regalan nada. El primero, con 22 años, tiene todo el futuro por delante; el segundo se gana bien la vida como corredor de punta del Crédit Agricole; y el tercero se ha asentado como buen profesional en el Aqua Sapone, una vez abandonadas sus veleidades de joven, cuando era un fanfarrón en el Mapei G3. En todo caso, el rival entró 13” más tarde y era Cyrill Desell. Al día siguiente arrebató el liderato al cántabro Gutiérrez, tras aprovecharse del esfuerzo de Lövkvist y su mala suerte al pinchar en el descenso del último puerto. Que el corredor de Caisse d´Epargue no haya ganado el Tour del Mediterráneo es un contratiempo para él mismo y el patrocinador francés, pero muy fácil de solventar: Iván Gutierrez vuela en crono y sube con los mejores. Todos aquellos que se han marcado como objetivo las vueltas de inicio de temporada tienen un rival temible. Ojo con él en Tirreno, donde después de tres años de ausencia vuelve la contrarreloj. Para Dessel, un bonito premio tras dos horas y media de esfuerzo en los 91 km de la cuarta etapa.
***
En la prueba portuguesa GP Costa Azul, victorias de etapas para McEwen, Degano dos veces y Chavanel. General para el australiano, que empieza el curso como Petacchi hace una temporada: ganando vueltas.
***
El siguiente post me lo reservo para el mal ejemplo de la primera etapa de la Vuelta a Andalucia. Si lo llego a haber escrito hoy no hubiese tenido palabras.
En la etapa de Bernabeú, Schleck sexto a 3”, Boogerd undécimo a 15” con el jovencísimo Linus Gendemann, Thomas Dekker a 31” y Valverde, pásmense, 17º a 36”. Entre las decepciones, Kim Kirchen que el año pasado volaba por estas fechas (ganó el Laigueglia) y que perdió 3´25” -¿le afectará la maldición de los fichajes del T-Mobile?-, además de Toni Colom. Pero hablemos del protagonista, un ciclista de apellido futbolero que tuvo que emigrar a Portugal para abrirse un camino en el profesionalismo. Con 31 años recién cumplidos, se reveló en el año 2002 dentro del Boavista, ganando el Agostinho y siendo segundo en Asturias, Alentejo y quinto en la Vuelta a Portugal. Estos y otros resultados le sirvieron para acabar 72º en la clasificación UCI, todo un éxito corriendo con un equipo portugués. En el 2003 fichó por el sospechosísimo Maia de Jeker, Fran Pérez y él mismo: ganó la última etapa de la Paris-Niza y fue segundo en Valencia, antes de ser parado porque todo era ya un cachondeo. En el 2004 se vendicó a sí mismo y a su equipo ganando nuevamente el Agostinho y la Vuelta a Portugal, lo que le abrió las puertas del Comunitat Valenciana, sin mucho presupuesto y con pocas ganas de formar corredores: 50º en la Vuelta en su debut, 2º en la Semana y 4º en el Trentino. Vamos, que no es un corredor del montón. Se defiende en montaña y en la crono, y es un claro favorito a las próximas vueltas que se disputarán. Su papel ya lo desempeñó con anterioridad Juan Carlos Domínguez, Paco Cabello, Valverde y Javier Pascual Llorente, este último hasta que le frenaron.
En la última etapa de Mallorca, victoria para el alemán David Kopp. Uno de los niños mimados del T-Mobile (clase 79, pasó a profesionales en el 2001 con 22 años), nunca consiguió ningún resultado de relevancia hasta que el año pasado fichó por el modestísimo equipo alemán Team Wiesenhof: 28º en Hamburgo en la única prueba pro-Tour disputada y sus dos primeras victorias en la Vuelta a Colonia (una prueba de un día bastante prestigiosa) y una etapa de la Vuelta a Baviera. Además, 4º en Harelbeke, 5º en Frankfurt y otros resultados muy interesantes. Como premio, este año el Gerolsteiner llamó a su puerta y el alemán ha pagado con una victoria sobre Bernucci, que este año corre con el T-Mobile. Mejor venganza, imposible.
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En la primera etapa del Mediterráneo, Danilo Napolitano se impuso sobre Zabel. El sprinter siciliano, clase 81, ya ganó siete carreras el año pasado en su segunda temporada de profesional, la más importante el Giro de Romagna. Sin embargo, lo más importante es que en la Vuelta a Bélgica, dominada tiránicamente por Boonen, tuvo un magnífico sprint en el que casi le bate. Aquí tienen la foto y un corredor a seguir. Este año comparte rol de sprinter en el Lampre con Daniele Bennati, otro que sabe ganar. En todo caso, el momento más interesante de la prueba se volvió a concentrar en la ascensión al Mont Faron, allí donde han ganado Bugno, Bartoli o Voigt. Y la campanada ha correspondido a Iván Gutierrez, un ciclista que es un patrimonio nacional y al que a poco que le vayan las cosas en cuanto a confianza en sus propias posibilidades, puede encadenar una victoria tras otra.
Ganar en una cima con seis km. de ascensión al 8,9% de pendiente es muy significativo, aunque ya en 2003 ganó el Giro de Emilia con un final de pendiente brutal ante Bartoli, Bettini y Ullrich. Esta vez, los rivales no han sido tan prestigiosos, pero el sueco Lövkvist, Caucchioli y el rapídisimo Nocentini no regalan nada. El primero, con 22 años, tiene todo el futuro por delante; el segundo se gana bien la vida como corredor de punta del Crédit Agricole; y el tercero se ha asentado como buen profesional en el Aqua Sapone, una vez abandonadas sus veleidades de joven, cuando era un fanfarrón en el Mapei G3. En todo caso, el rival entró 13” más tarde y era Cyrill Desell. Al día siguiente arrebató el liderato al cántabro Gutiérrez, tras aprovecharse del esfuerzo de Lövkvist y su mala suerte al pinchar en el descenso del último puerto. Que el corredor de Caisse d´Epargue no haya ganado el Tour del Mediterráneo es un contratiempo para él mismo y el patrocinador francés, pero muy fácil de solventar: Iván Gutierrez vuela en crono y sube con los mejores. Todos aquellos que se han marcado como objetivo las vueltas de inicio de temporada tienen un rival temible. Ojo con él en Tirreno, donde después de tres años de ausencia vuelve la contrarreloj. Para Dessel, un bonito premio tras dos horas y media de esfuerzo en los 91 km de la cuarta etapa.
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En la prueba portuguesa GP Costa Azul, victorias de etapas para McEwen, Degano dos veces y Chavanel. General para el australiano, que empieza el curso como Petacchi hace una temporada: ganando vueltas.
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El siguiente post me lo reservo para el mal ejemplo de la primera etapa de la Vuelta a Andalucia. Si lo llego a haber escrito hoy no hubiese tenido palabras.
08 febrero, 2006
La no-Vuelta a Mallorca
La Vuelta a Mallorca no existe. Es una challenge, una prueba por puntos cuyo resultado final no está recogido por la UCI. La llamada Vuelta a Mallorca, que se cita como primera victoria de Valverde como profesional en 2003, nunca ha existido. Es la mera agrupación de cinco carreras que se disputan en Mallorca en febrero de forma consecutiva, y cuya denominación oficial este año es Trofeo Mallorca, Alcudia, Pollença, Soller y Calviá. Si, los organizadores entregan un trofeo al corredor que obtiene mejor clasificación al final de los cinco días, pero no es oficial. Hay otros ejemplos en el ciclismo, como el llamado Trofeo de las Ardenas, que se otorga al corredor que obtiene mejor clasificación en L-B-L y en Flecha Valona, y que David Etxebarría ganó en 2001 tras ser tercero y quinto respectivamente en las dos carreras belgas.
Desconozco la razón última por la que los organizadores nunca han querido dar el salto para formalizar lo que, de facto, es una Vuelta. Supongo que se debe en parte al enorme atractivo que ejerce en muchos corredores (el pelotón presente en Mallorca suma 180 corredores, lo que en tiempos de ProTour es todo un récord) la posibilidad de participar en unas carreras y en otras no, combinando competición, entrenamiento y buenos hoteles. Sin esforzarse mucho, los organizadores cuentan con Bettini, Freire y Valverde, mientras que la supuesta general queda para corredores como Toni Colom, un especialista en la carrera que después desaparece, y no siempre por culpa de lesiones. El problema es que esta cómoda actitud por parte de los organizadores hace que nadie se tome en serio la competición. El último caso es Isaac Gálvez, fresco vencedor de las dos primeras etapas, que deja la carrera para tomar la salida a partir de hoy en el Tour del Mediterráneo. Es cierto que el perfil de los últimos trofeos que quedaban no se adecúa mucho a su exclusivo corte de sprinter que proviene de la pista (esto es: no sube ni una tachuela), pero no deja de ser un desaire propiciado por la propia estructura de la carrera.
En todo caso, buena suerte a Gálvez, un ciclista reñido con las caídas pero que el año pasado ganó el sprint masivo de la etapa llana del Criterium Internacional, un éxito inédito del ciclismo español por lo que tiene de ganar un sprint contra todos los corredores presentes(no un sprint previamente seleccionado), ejecutado además de una manera brillante. En años precedentes ya había ganado otras tres pruebas mallorquinas, para mantener la forma hasta el Giro de Italia, que consiguió acabar el año pasado. A partir de entonces desaparece llamado por la selección nacional de pista, pero no se puede decir que su paso por la ruta sea infructuoso. Que siga la racha.
***
Bernabeu muy bien en Mallorca, Bettini de nuevo tercero.
Desconozco la razón última por la que los organizadores nunca han querido dar el salto para formalizar lo que, de facto, es una Vuelta. Supongo que se debe en parte al enorme atractivo que ejerce en muchos corredores (el pelotón presente en Mallorca suma 180 corredores, lo que en tiempos de ProTour es todo un récord) la posibilidad de participar en unas carreras y en otras no, combinando competición, entrenamiento y buenos hoteles. Sin esforzarse mucho, los organizadores cuentan con Bettini, Freire y Valverde, mientras que la supuesta general queda para corredores como Toni Colom, un especialista en la carrera que después desaparece, y no siempre por culpa de lesiones. El problema es que esta cómoda actitud por parte de los organizadores hace que nadie se tome en serio la competición. El último caso es Isaac Gálvez, fresco vencedor de las dos primeras etapas, que deja la carrera para tomar la salida a partir de hoy en el Tour del Mediterráneo. Es cierto que el perfil de los últimos trofeos que quedaban no se adecúa mucho a su exclusivo corte de sprinter que proviene de la pista (esto es: no sube ni una tachuela), pero no deja de ser un desaire propiciado por la propia estructura de la carrera.
En todo caso, buena suerte a Gálvez, un ciclista reñido con las caídas pero que el año pasado ganó el sprint masivo de la etapa llana del Criterium Internacional, un éxito inédito del ciclismo español por lo que tiene de ganar un sprint contra todos los corredores presentes(no un sprint previamente seleccionado), ejecutado además de una manera brillante. En años precedentes ya había ganado otras tres pruebas mallorquinas, para mantener la forma hasta el Giro de Italia, que consiguió acabar el año pasado. A partir de entonces desaparece llamado por la selección nacional de pista, pero no se puede decir que su paso por la ruta sea infructuoso. Que siga la racha.
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Bernabeu muy bien en Mallorca, Bettini de nuevo tercero.
07 febrero, 2006
Una atención especial para…
Además de las estrellas actuales del ciclismo, la temporada que acaba de empezar será clave para otros corredores que están en trance de definir su propio papel en el pelotón internacional. El año pasado Di Luca se encontraba en esta situación, y lo solventó de una manera ejemplar. Hace dos años era Sevilla el interesado, y ha acabado convertido en gregario en el T-Mobile, de lujo y destacando en Vuelta y Tour, pero lejos de las posiciones de cabeza y gregario al fin y al cabo. Este es un repaso nada exhaustivo de los corredores a los que hay que seguir con atención.
Filippo Pozzato: un habitual de la convocatoria, más que nada porque desde que pasó a profesional con 18 años -saltándose el paso intermedio de sub-23- siempre se ha hablado de él con adjetivos mayúsculos, escasamente corroborados en victorias. En 2002, con el Mapei G3, consiguió 14 victorias en pruebas menores, y después ha enlazado Laigueglia en dos ocasiones, Tirreno-Adriático, etapa en el Tour, Clásica de Hamburgo y otros éxitos, pero con una discontinuidad pasmosa. El año pasado, tras desaparecer en abril, entrenó duro durante julio y fue una de las sensaciones de agosto y septiembre. Sin embargo, en el Mundial volvió a sus Bermudas queridas y fue uno de los corredores italianos más criticados. Siempre tendrá calidad y sprint, pero o espabila esta temporada o nunca será jefe de filas en una carrera grande.
Pereiro: llega al Caisse d´Epargue sabiendo que está Valverde y su proyecto-Tour. Valverde quiere carreras tranquilas, no el estilo rompedor del gallego. En el equipo le han sugerido volver al Giro, la primera grande que disputó con el Phonak, acabando 11º. Sus cualidades pueden ser muy rentables con el recorrido de la ronda transalpina y siempre tendrá la reválida de la Vuelta, pero habrá que ver que tal se amolda al estilo conservador de Echavarri/Unzué. Estrella del ciclismo tras su Tour 2005 al ataque, se va a perder el escaparate que le lanzó a la fama, pero debe saber que ganando en otros sitios también se cimenta una carrera.
Luca Paolini: uno de los corredores más inteligentes del pelotón, ha dejado de ser gregario personal de Bettini para fichar por el Liquigas de Di Luca, donde en teoría contará con cierta autonomía. El año pasado no carburó hasta agosto por culpa de una lesión, y después estuvo a un gran nivel. En vida paralela con Pozzato, Madrid lo hundió y acabó dando tumbos y nuevamente lesionado. Con 29 años está ante su última oportunidad, tras estar demasiado tiempo bajo el ala del campeón olímpico: fue el propio Bettini el que abandonó a Bartoli para construir su propia carrera desde jovencito.
Menchov: el año pasado estaba en el brete de cambiar para mejorar y ser jefe de filas, además de demostrarse que podía con una gran vuelta. Fue al Tour y se estrelló. En la Vuelta ganó cronos y se encontró, de rebote, con la victoria final. Seguimos con el mismo discurso de hace doce meses, su mejoría la tendrá que refrendar en el Tour (nadie le da como favorito a priori, a pesar de que es dificilísimo de descolgar en montaña y en crono es el escalador que va mejor, con mucha diferencia) y esta pasa por un cambio de mentalidad: o se empieza a ver como ganador o acabará como gregario de lujo.
Flecha: centrifugado de Italia a Holanda por culpa de la desaparición del Fassa, tendrá que encontrar su lugar en el equipo naranja, y a su vez en el pelotón. Acostumbrado al aplauso fácil, cerró el año pasado con la exigua victoria en la etapa ártica de la Vuelta a Valencia. Sí, tercero en Roubaix y segundo en Gante, pero perdido y sin rumbo el resto de la temporada. Corre el riesgo de acabar convertido en un Ballerini superespecialista cuando puede dar mucho más de sí.
Cunego: quizás el corredor al que más se adapta el tema de este post. A pesar de que la temporada 2005 no fue tan mala como la pintan, su mediocre rendimiento en el Giro y su ausencia, por enfermedad, en el Tour dejaron un sabor agridulce para el que fue el mejor corredor por puntos UCI en el 2004. Esta temporada será el líder único del Lampre y debería volver a encontrar su golpe de pedal, una vez nacida su hija Domitilia (de Damiano, se entiende, aunque habrá que ver que pensará ella de mayor) y con Simoni en el Saunier. O eso, o estamos ante un nuevo Berzin.
Koldo Gil: alcanzado su techo en el Liberty, ficha por el Saunier para ser jefe de filas en un equipo que no cuida mucho esta figura. Tras la exhibición de la etapa de Prato en el Giro y habida cuenta de cómo sube y lo bien que va contrarreloj, está en un año clave para definir su papel como corredor. 27 años es la edad de la explosión, si tiene que suceder.
Michele Scarponi: otro habitual en estas fechas. Fichado el año pasado por Liberty para ser jefe de filas en el Giro, fue devorado en el primer momento importante de la carrera. Se recuperó al mejor nivel para la Vuelta, pero es una de las víctimas colaterales del caso Heras: hay que fruncir el ceño ante el nivel que demostró. Si no tiene confirmación este año, habrá que asumir la peor de las opciones, con todas las consecuencias para su evolución futura.
Eisel: el gigantón austríaco es el único sprinter de esta lista. El club de sprinters es extremadamente selecto y elige sus miembros desde muy jóvenes: nadie se hace sprinter con los años, en todo caso puede mejorar su velocidad. Eisel esta llamado desde hace tiempo a protagonizar muchas victorias, pero sigue fallando. Clase 81, este año tiene que conseguir victorias en cantidad y calidad. En todo caso, los lanzadores se ganan muy honestamente su sueldo y tienen una gran longevidad (Lombardi, Tossato, Guidi), a veces salpicada con esporádicos triunfos.
Por supuesto, a esta lista hay que añadir todo el Euskaltel en bloque, el gran equipo del CSC para clásicas (Michaelsen, O´Grady, Voigt, Cancellara y Schleck) que tendrá demostrar que tal funciona la veteranía con la juventud, tanto a nivel colectivo como individual, Karpets y su evolución constante y silenciosa, Popovych de jefe de filas en el Tour con el tren de Armstrong, Murillo Fischer, Bertagnolli tras el fracaso del año pasado…en general, todos los corredores están bajo el microscopio. He intentado escoger aquellos que están ante un cambio en su carrera y son jóvenes para enderezar, pero son admitidas cualquier tipo de sugerencias.
***
Segunda etapa de la Vuelta a Mallorca para Galvez. Bettini segundo.
Filippo Pozzato: un habitual de la convocatoria, más que nada porque desde que pasó a profesional con 18 años -saltándose el paso intermedio de sub-23- siempre se ha hablado de él con adjetivos mayúsculos, escasamente corroborados en victorias. En 2002, con el Mapei G3, consiguió 14 victorias en pruebas menores, y después ha enlazado Laigueglia en dos ocasiones, Tirreno-Adriático, etapa en el Tour, Clásica de Hamburgo y otros éxitos, pero con una discontinuidad pasmosa. El año pasado, tras desaparecer en abril, entrenó duro durante julio y fue una de las sensaciones de agosto y septiembre. Sin embargo, en el Mundial volvió a sus Bermudas queridas y fue uno de los corredores italianos más criticados. Siempre tendrá calidad y sprint, pero o espabila esta temporada o nunca será jefe de filas en una carrera grande.
Pereiro: llega al Caisse d´Epargue sabiendo que está Valverde y su proyecto-Tour. Valverde quiere carreras tranquilas, no el estilo rompedor del gallego. En el equipo le han sugerido volver al Giro, la primera grande que disputó con el Phonak, acabando 11º. Sus cualidades pueden ser muy rentables con el recorrido de la ronda transalpina y siempre tendrá la reválida de la Vuelta, pero habrá que ver que tal se amolda al estilo conservador de Echavarri/Unzué. Estrella del ciclismo tras su Tour 2005 al ataque, se va a perder el escaparate que le lanzó a la fama, pero debe saber que ganando en otros sitios también se cimenta una carrera.
Luca Paolini: uno de los corredores más inteligentes del pelotón, ha dejado de ser gregario personal de Bettini para fichar por el Liquigas de Di Luca, donde en teoría contará con cierta autonomía. El año pasado no carburó hasta agosto por culpa de una lesión, y después estuvo a un gran nivel. En vida paralela con Pozzato, Madrid lo hundió y acabó dando tumbos y nuevamente lesionado. Con 29 años está ante su última oportunidad, tras estar demasiado tiempo bajo el ala del campeón olímpico: fue el propio Bettini el que abandonó a Bartoli para construir su propia carrera desde jovencito.
Menchov: el año pasado estaba en el brete de cambiar para mejorar y ser jefe de filas, además de demostrarse que podía con una gran vuelta. Fue al Tour y se estrelló. En la Vuelta ganó cronos y se encontró, de rebote, con la victoria final. Seguimos con el mismo discurso de hace doce meses, su mejoría la tendrá que refrendar en el Tour (nadie le da como favorito a priori, a pesar de que es dificilísimo de descolgar en montaña y en crono es el escalador que va mejor, con mucha diferencia) y esta pasa por un cambio de mentalidad: o se empieza a ver como ganador o acabará como gregario de lujo.
Flecha: centrifugado de Italia a Holanda por culpa de la desaparición del Fassa, tendrá que encontrar su lugar en el equipo naranja, y a su vez en el pelotón. Acostumbrado al aplauso fácil, cerró el año pasado con la exigua victoria en la etapa ártica de la Vuelta a Valencia. Sí, tercero en Roubaix y segundo en Gante, pero perdido y sin rumbo el resto de la temporada. Corre el riesgo de acabar convertido en un Ballerini superespecialista cuando puede dar mucho más de sí.
Cunego: quizás el corredor al que más se adapta el tema de este post. A pesar de que la temporada 2005 no fue tan mala como la pintan, su mediocre rendimiento en el Giro y su ausencia, por enfermedad, en el Tour dejaron un sabor agridulce para el que fue el mejor corredor por puntos UCI en el 2004. Esta temporada será el líder único del Lampre y debería volver a encontrar su golpe de pedal, una vez nacida su hija Domitilia (de Damiano, se entiende, aunque habrá que ver que pensará ella de mayor) y con Simoni en el Saunier. O eso, o estamos ante un nuevo Berzin.
Koldo Gil: alcanzado su techo en el Liberty, ficha por el Saunier para ser jefe de filas en un equipo que no cuida mucho esta figura. Tras la exhibición de la etapa de Prato en el Giro y habida cuenta de cómo sube y lo bien que va contrarreloj, está en un año clave para definir su papel como corredor. 27 años es la edad de la explosión, si tiene que suceder.
Michele Scarponi: otro habitual en estas fechas. Fichado el año pasado por Liberty para ser jefe de filas en el Giro, fue devorado en el primer momento importante de la carrera. Se recuperó al mejor nivel para la Vuelta, pero es una de las víctimas colaterales del caso Heras: hay que fruncir el ceño ante el nivel que demostró. Si no tiene confirmación este año, habrá que asumir la peor de las opciones, con todas las consecuencias para su evolución futura.
Eisel: el gigantón austríaco es el único sprinter de esta lista. El club de sprinters es extremadamente selecto y elige sus miembros desde muy jóvenes: nadie se hace sprinter con los años, en todo caso puede mejorar su velocidad. Eisel esta llamado desde hace tiempo a protagonizar muchas victorias, pero sigue fallando. Clase 81, este año tiene que conseguir victorias en cantidad y calidad. En todo caso, los lanzadores se ganan muy honestamente su sueldo y tienen una gran longevidad (Lombardi, Tossato, Guidi), a veces salpicada con esporádicos triunfos.
Por supuesto, a esta lista hay que añadir todo el Euskaltel en bloque, el gran equipo del CSC para clásicas (Michaelsen, O´Grady, Voigt, Cancellara y Schleck) que tendrá demostrar que tal funciona la veteranía con la juventud, tanto a nivel colectivo como individual, Karpets y su evolución constante y silenciosa, Popovych de jefe de filas en el Tour con el tren de Armstrong, Murillo Fischer, Bertagnolli tras el fracaso del año pasado…en general, todos los corredores están bajo el microscopio. He intentado escoger aquellos que están ante un cambio en su carrera y son jóvenes para enderezar, pero son admitidas cualquier tipo de sugerencias.
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Segunda etapa de la Vuelta a Mallorca para Galvez. Bettini segundo.
06 febrero, 2006
Que no quede en el tintero
Hace unos días el diario holandés De Telegraaft anunciaba con gran bombo una noticia que no debería pasar desapercibida (publicada en cyclingnews.com camuflada entre otras). Thomas Dekker, la gran esperanza holandesa de 21 años y que ya el año pasado ganó carreras de relevancia, además de acabar el Giro, pasará a formar parte del grupo de Luigi Cecchini. El doctor transalpino, discípulo predilecto de Michele Ferrari (el hombre del milagro Gewiss y los récords de la hora de Rominger, entre otros méritos), se hace con un corredor que define como “un potencial ganador del Tour” . Para favorecer la relación, que se presenta muy exitosa y de altos vuelos, el jovencísimo Dekker se ha mudado al Lido de Camaiore, una ciudad balnearia y turista a los pies de los Alpes Apuanos, perfecta para entrenar y después pasar por la consulta. Según Dekker “desde luego, no he escogido el camino más fácil. Lo que no quiero es, dentro de unos años, reprocharme no haber explotado al máximo mi carrera. Tengo la intuición de que estoy dando otro paso en la dirección adecuada. Lo que más me importa es lograr una buena clasificación en el Tour de Francia. No soy un corredor del montón”.
En el currículum reciente de Cecchini están comprobados Ullrich, Cunego, Petacchi, Flecha, Kirchen, Cancellara; con anterioridad, Rijs, Basso, Hamilton, Bartoli, Bugno, Casero, Cipollini, Casagrande, P.Richard, Sciandri, Sörensen y Tafi. Ha sido investigado en múltiples ocasiones por las autoridades italianas con temas relacionados con doping, pero para Dekker eso no es un problema: “Sólo tengo relación en temas de entrenamiento. No es mi doctor, es mi preparador. En los últimos años han llegado muchos nombres nuevos al ciclismo, basta fijarse lo fácil que es llegar al estrellato a los corredores jóvenes. Para mí, esto es una prueba de que se puede ganar sin doping”. Cada cual que entienda lo que quiera.
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Sobre Valverde se habla y no se para. Olvidado Roberto Heras, Iban Mayo en su laberinto y Mancebo demasiado sufrido y francés, los medios nacionales han entronizado hasta un nivel difícilmente justificable la figura del corredor murciano. Yo no salgo de mi asombro cada mañana. Josu Garai, de siempre periodista forofo e irracional –da pánico recordar sus crónicas en los años de oro de la ONCE- nos regala esta perla con motivo de la enésima novedad de Valverde (maillot negro, tranquilo hasta el Tour, líder único), el cambio de pedalada a modalidad centrífuga de Armstrong: “Este año, por tanto, no sería de extrañar que el murciano asombrara en sus ascensiones a los colosos con un ‘molinillo’ similar al que hizo grande a Armstrong”. Coño, pues si que sería de extrañar. Más que nada porque son muchos los que han intentado ese cambio y se han quedado por el camino. Ullrich lo intentó y volvió a la tranca. Moreau. Casagrande. Como si fuese tan fácil. El único corredor del pelotón que hace algo parecido es Leipheimer, y tampoco le sirve para gran cosa. Según Valverde, “Antes iba muy clavado, a una media de 84-85 pedaladas por minuto. Ahora, en los entrenamientos, saco una media de 90-95. Voy mucho más ágil, me noto mucho mejor, gasto menos fuerza y el músculo se recupera antes”. Seguro que el tema vuelve a salir a lo largo de la temporada. El caso es que corro el riesgo severo de ser objeto de críticas y comentarios mordaces cuando Valverde firme su primera gran victoria. Bienvenidos sean,pero de momento no puedo dejar de notar la entrevista del diario Marca, bien diferente respecto a la de El País. El periodista le agasaja con elogios del tipo “dicen que estás que te sales”, pero el ciclista es más desconfiado que con Carlos Arribas, aunque me siguen impactando declaraciones sobre la Lieja de este tipo: “lo que tiene no son muros, sino puertos”, noticia que sin duda será bien recibida por todos los aficionados al alpinismo belgas.
Ya se sabe su programa, donde la Milán-San Remo, afrontada de favorito el año pasado, pasa a ser un cita más, ya que se presentará con once días de competición. Exigencias del patrocinador, conocerá las carreras de un día francesas de Haut-Var y Haribo. Si se llega en grupo, ojalá que no se olvide que puede ganar a cualquiera al sprint. Como en San Remo. Después País Vasco, el tríptico de las Ardenas y quizás Tour de Romandía, donde se encontraría con los favoritos del Giro. Mes de mayo al solaz y junio con Dauphiné y Campeonato de España, una carrera muy querida y ambicionada. Típico y tópico programa de aproximación al Tour, el mismo que hacía Hamilton, Mayo, Leipheimer o Botero. No se por qué me da que no vamos a poder disfrutar de su maravilloso sprint, y eso que 37 días de competición dan para muchas oportunidades de victoria.
***
Galvez gana la primera etapa de Mallorca, una carrera que le motiva como ninguna otra. Rujano se pierde el Giro por desavenencias con Gianni Savio: a partir del 1 de junio sera corredor del Quick Step. Otro que ira al Tour como Millar. Petacchi gana en el inicio del calendario italiano (espantoso el maillot de Millram), y Boonen vuelve con seis victorias de Qatar. Kirsipuu repite en la quinta etapa de la Estrella y la general para el belga Willems, exprimiendo su ventaja de la primera etapa. Que bien, ya ha empezado la temporada.
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En una entrevista de cyclingnews.com a Carlos Barredo, al bravo corredor se le escapa que Neil Stephens será el director del Liberty al final de temporada. No he visto ningún eco en otros medios, pero lo pongo por si acaso.
En el currículum reciente de Cecchini están comprobados Ullrich, Cunego, Petacchi, Flecha, Kirchen, Cancellara; con anterioridad, Rijs, Basso, Hamilton, Bartoli, Bugno, Casero, Cipollini, Casagrande, P.Richard, Sciandri, Sörensen y Tafi. Ha sido investigado en múltiples ocasiones por las autoridades italianas con temas relacionados con doping, pero para Dekker eso no es un problema: “Sólo tengo relación en temas de entrenamiento. No es mi doctor, es mi preparador. En los últimos años han llegado muchos nombres nuevos al ciclismo, basta fijarse lo fácil que es llegar al estrellato a los corredores jóvenes. Para mí, esto es una prueba de que se puede ganar sin doping”. Cada cual que entienda lo que quiera.
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Sobre Valverde se habla y no se para. Olvidado Roberto Heras, Iban Mayo en su laberinto y Mancebo demasiado sufrido y francés, los medios nacionales han entronizado hasta un nivel difícilmente justificable la figura del corredor murciano. Yo no salgo de mi asombro cada mañana. Josu Garai, de siempre periodista forofo e irracional –da pánico recordar sus crónicas en los años de oro de la ONCE- nos regala esta perla con motivo de la enésima novedad de Valverde (maillot negro, tranquilo hasta el Tour, líder único), el cambio de pedalada a modalidad centrífuga de Armstrong: “Este año, por tanto, no sería de extrañar que el murciano asombrara en sus ascensiones a los colosos con un ‘molinillo’ similar al que hizo grande a Armstrong”. Coño, pues si que sería de extrañar. Más que nada porque son muchos los que han intentado ese cambio y se han quedado por el camino. Ullrich lo intentó y volvió a la tranca. Moreau. Casagrande. Como si fuese tan fácil. El único corredor del pelotón que hace algo parecido es Leipheimer, y tampoco le sirve para gran cosa. Según Valverde, “Antes iba muy clavado, a una media de 84-85 pedaladas por minuto. Ahora, en los entrenamientos, saco una media de 90-95. Voy mucho más ágil, me noto mucho mejor, gasto menos fuerza y el músculo se recupera antes”. Seguro que el tema vuelve a salir a lo largo de la temporada. El caso es que corro el riesgo severo de ser objeto de críticas y comentarios mordaces cuando Valverde firme su primera gran victoria. Bienvenidos sean,pero de momento no puedo dejar de notar la entrevista del diario Marca, bien diferente respecto a la de El País. El periodista le agasaja con elogios del tipo “dicen que estás que te sales”, pero el ciclista es más desconfiado que con Carlos Arribas, aunque me siguen impactando declaraciones sobre la Lieja de este tipo: “lo que tiene no son muros, sino puertos”, noticia que sin duda será bien recibida por todos los aficionados al alpinismo belgas.
Ya se sabe su programa, donde la Milán-San Remo, afrontada de favorito el año pasado, pasa a ser un cita más, ya que se presentará con once días de competición. Exigencias del patrocinador, conocerá las carreras de un día francesas de Haut-Var y Haribo. Si se llega en grupo, ojalá que no se olvide que puede ganar a cualquiera al sprint. Como en San Remo. Después País Vasco, el tríptico de las Ardenas y quizás Tour de Romandía, donde se encontraría con los favoritos del Giro. Mes de mayo al solaz y junio con Dauphiné y Campeonato de España, una carrera muy querida y ambicionada. Típico y tópico programa de aproximación al Tour, el mismo que hacía Hamilton, Mayo, Leipheimer o Botero. No se por qué me da que no vamos a poder disfrutar de su maravilloso sprint, y eso que 37 días de competición dan para muchas oportunidades de victoria.
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Galvez gana la primera etapa de Mallorca, una carrera que le motiva como ninguna otra. Rujano se pierde el Giro por desavenencias con Gianni Savio: a partir del 1 de junio sera corredor del Quick Step. Otro que ira al Tour como Millar. Petacchi gana en el inicio del calendario italiano (espantoso el maillot de Millram), y Boonen vuelve con seis victorias de Qatar. Kirsipuu repite en la quinta etapa de la Estrella y la general para el belga Willems, exprimiendo su ventaja de la primera etapa. Que bien, ya ha empezado la temporada.
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En una entrevista de cyclingnews.com a Carlos Barredo, al bravo corredor se le escapa que Neil Stephens será el director del Liberty al final de temporada. No he visto ningún eco en otros medios, pero lo pongo por si acaso.
03 febrero, 2006
¿Boonen está sembrando los éxitos de abril?
Existen pocos precedentes al récord que está logrando estos días Tom Boonen. Ha ganado las tres primeras etapas del Tour de Qatar, por lo que en las últimas cinco carreras que ha disputado ha logrado la victoria. La serie se inicia con el Campeonato del Mundo del 25 de septiembre de 2005 en Madrid. Tras esa victoria, el fresco arcoiris se sometió a una operación de rutina, para después descansar en la ghymkana de la UCI en Aruba y en su Flandes natal. Como el año pasado, ha iniciado la temporada en el Golfo Pérsico, sin dejar escapar ninguna oportunidad: GP de Doha y el coto particular de Qatar. Y todo esto con el peso del maillot del campeón del mundo. ¿Habrá derrotado la maldición?
No cantemos victoria todavía. La temporada es larguisíma y si podemos afirmar algo de antemano es justo lo contrario: Tom Boonen no repetirá los éxitos del año pasado. Es mucho más fácil que falle en alguna de las grandes citas que tiene que el remoto hecho de que vuelva a repetir. Porque lo insólito es lo logrado, y lo normal es alternar victorias con otras clasificaciones, muchas de ellas de prestigio. ¿Será fracaso si Boonen gana en Flandes y hace tercero en Roubaix? ¿Si gana el maillot verde y ninguna etapa del Tour? La empresa de Boonen es difícil: el año pasado ganó el E3 Harelbeke (qué fácil se olvida) y ayudó a su compañero de equipo y amigo Nick Nuyens a ganar la Het Volk, donde se clasificó segundo. Además de sus victorias más conocidas, se clasificó octavo en la San Remo, fue un claro protagonista en la Gante-Wevelgem y cuarto en el GP L´Escaut, y sólo contando las clásicas del norte. Cualquier posible combinación da una temporada de éxito, pero habiendo puesto el listón tan alto el riesgo de fracaso es mayor.
¿Precedentes? En 1997 Johann Museeuw era un fresco y veterano campeón del mundo. Empezó la temporada –en esa época no había petrodólares para el ciclismo- en la Vuelta a Andalucía, y se llevó tres etapas, tres: la segunda, la cuarta y la quinta. La general fue para Zabel, que empezaba a mutar en el supercorredor en el que se convertiría, aunque la prensa nacional lo saludó como “el triunfo de un sprinter”, además pactado con Museeuw: para tí las etapas, para mí la general. Museeuw daba miedo: se llevó la general de los 3 días de la Panne, todo parecía indicar un abril arrollador. Fracasó en el Flandes de Sorensen y en la Roubaix entró en el velódromo como el zorro en el gallinero, para ver como la victoria iba a un desconocido Guesdon y para él un nada deshonroso tercer puesto, pero que sabía a hiel. El resto de la temporada fue fatal: victoria en la crono y la general de Dunkerke (por entonces una carrera de máximo nivel) y nada más. La Copa del Mundo, que había dominado en los dos últimos años, jamás estuvo a su alcance. Una de las peores temporadas del mentor de Boonen. Esperemos que le haya sabido transmitir a su pupilo que lo que bien empieza no tiene porque seguir así. Y menos con el maillot arcoiris.
***
Cuarta etapa de Qatar para Eisel, fenomenal sprinter austriaco que nunca acaba de despegar desde las buenas maneras que apuntaba en el Mapei G3.
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Primera etapa de la Estrella de Bessegues para el desconocido belga Willems y segunda para el veteranísimo Kirsipuu. Con 37 años todavía tiene chispa para ganar en su mes preferido, febrero.
No cantemos victoria todavía. La temporada es larguisíma y si podemos afirmar algo de antemano es justo lo contrario: Tom Boonen no repetirá los éxitos del año pasado. Es mucho más fácil que falle en alguna de las grandes citas que tiene que el remoto hecho de que vuelva a repetir. Porque lo insólito es lo logrado, y lo normal es alternar victorias con otras clasificaciones, muchas de ellas de prestigio. ¿Será fracaso si Boonen gana en Flandes y hace tercero en Roubaix? ¿Si gana el maillot verde y ninguna etapa del Tour? La empresa de Boonen es difícil: el año pasado ganó el E3 Harelbeke (qué fácil se olvida) y ayudó a su compañero de equipo y amigo Nick Nuyens a ganar la Het Volk, donde se clasificó segundo. Además de sus victorias más conocidas, se clasificó octavo en la San Remo, fue un claro protagonista en la Gante-Wevelgem y cuarto en el GP L´Escaut, y sólo contando las clásicas del norte. Cualquier posible combinación da una temporada de éxito, pero habiendo puesto el listón tan alto el riesgo de fracaso es mayor.
¿Precedentes? En 1997 Johann Museeuw era un fresco y veterano campeón del mundo. Empezó la temporada –en esa época no había petrodólares para el ciclismo- en la Vuelta a Andalucía, y se llevó tres etapas, tres: la segunda, la cuarta y la quinta. La general fue para Zabel, que empezaba a mutar en el supercorredor en el que se convertiría, aunque la prensa nacional lo saludó como “el triunfo de un sprinter”, además pactado con Museeuw: para tí las etapas, para mí la general. Museeuw daba miedo: se llevó la general de los 3 días de la Panne, todo parecía indicar un abril arrollador. Fracasó en el Flandes de Sorensen y en la Roubaix entró en el velódromo como el zorro en el gallinero, para ver como la victoria iba a un desconocido Guesdon y para él un nada deshonroso tercer puesto, pero que sabía a hiel. El resto de la temporada fue fatal: victoria en la crono y la general de Dunkerke (por entonces una carrera de máximo nivel) y nada más. La Copa del Mundo, que había dominado en los dos últimos años, jamás estuvo a su alcance. Una de las peores temporadas del mentor de Boonen. Esperemos que le haya sabido transmitir a su pupilo que lo que bien empieza no tiene porque seguir así. Y menos con el maillot arcoiris.
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Cuarta etapa de Qatar para Eisel, fenomenal sprinter austriaco que nunca acaba de despegar desde las buenas maneras que apuntaba en el Mapei G3.
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Primera etapa de la Estrella de Bessegues para el desconocido belga Willems y segunda para el veteranísimo Kirsipuu. Con 37 años todavía tiene chispa para ganar en su mes preferido, febrero.
01 febrero, 2006
“Ya he aprendido que se trata de hacer lo menos posible y llegar al final más entero ”
La frase puede pertenecer a un alumno díscolo, a un diputado vago con ganas de ser reelegido o a un nuevo suscriptor de un plan de pensiones. Sin embargo, la frase es de Alejandro Valverde en una entrevista ecléctica publicada en El País del domingo. Máxima difusión en un día que el diario alcanza los 900.000 ejemplares de venta directa, en el que se lee en el hogar y se comparte con la familia. Y la frase, pobres de nosotros, está referida a la Lieja-Bastogne-Lieja.
Fue el propio Carlos Arribas el que el año pasado lanzó la llamada Lieja-Valverde-Lieja. El fenómeno de Puerto Lumbreras fichaba por un equipo que lo iba a foguear en carreras de prestigio, y el magnífico periodista de El País pensaba que había serias posibilidades: todo el mundo loaba al murciano, menos yo y algún otro loco de la colina. A un año vista de esa ocurrencia periodística (L-V-L en vez de L-B-L), el propio Arribas se toma con ironía el asunto y nos regala una introducción impagable a una entrevista inclasificable que ya consta por méritos propios en lo mejor que nos ha regalado, aunque se desmarque de lo escrito hace un año (“Los aficionados soñaron un momento con que se haría grande en las carreras de un día, pero no acabó de cuajar”). Se perdona todo por la forma de abordar al entrevistado (dorando la píldora hasta un candor en que nos revela su auténtico pensamiento), pero es menos perdonable la pregunta “por culpa de una lesión de rodilla, usted no pudo correr la última semana del Tour”, cuando la realidad es que Valverde no llegó ni al ecuador del Tour y se perdió Pirineos, Macizo Central y última crono. Pero pasemos a lo importante de una entrevista, las declaraciones.
Quizás lo más importante –y preocupante- es que Valverde cree que el Tour es una competición equiparable a la Vuelta a España (“lo que es la carrera en sí es como otras”), algo que sólo se podrá traducir en decepción y amargura cuando choque con la triste realidad. A lo largo de los últimos 15 años hemos oído declaraciones iguales de corredores que, aupados por el triunfo local, soñaban con extrapolar su fortuna al Tour: Rominger, Zulle, Simoni o Heras, por citar un puñado. Cada uno se construyó su carrera brillante y longeva en otros terrenos, pero siempre chocó con el mismo muro: el Tour no es una carrera como las demás, cualquier aficionado al ciclismo lo sabe. Valverde no, o quizás sea el extraño clima en el que se encuentra el que le hace pensar eso. Arribas insiste en el tema de si el Tour es más duro que la Vuelta, claro, y la respuesta deja pasmado: “Para mí, no. Yo las vi igual. A mi, personalmente, me gustaron más las del Tour. Yo he visto cosas más duras en la Vuelta a España que en el Tour. De hecho, la última etapa que corrí en el Tour, la de la Madeleine, que era durísima, salimos muy rápido y cuando me quise dar cuenta ya sólo quedábamos 30 delante. No había peligro, no había tensión, no había nada. Sólo era aguantar, aguantar, aguantar. Y si vas bien, se puede aguantar”. Valverde habla de la etapa-vergüenza de Briançon, cuando el pelotón se amoldó al ritmo del Discovery Channel y coronaron en comandita, cogidos de la mano, el Galibier, un hecho insólito en la historia del ciclismo. ¡Qué valiente! Con lo que pierde en contrarreloj, su vía para hacerse con el Tour será intentar el método Vinokourov, que no por casualidad circulaba ese día por delante. Y eso sin contar que, sin la presencia tranquilizadora del yanki, nadie asegura que todo vaya a ir tan tranquilo, sin peligro, sin tensión, sin nada. Nah, todo eso no tiene importancia, Valverde puede con todo.
“Pues tal como lo cuenta, y con Armstrong retirado, ya tiene el Tour ganado. ¿Ve a algún corredor muy por encima de usted?”. La pregunta, ofensiva en su planteamiento, tiene su lógica después del autobombo sin sentido, pero Valverde responde por donde cabría esperar y cita la terna más logica: Ullrich, Basso, Vinokourov y Mancebo. Ya se ha sacado bastante, y la entrevista se aproxima a su fin entre preguntas sobre matrimonio, hijos y loro. Sin embargo, hay mucho más. Valverde ya piensa en clave Echavárri/Unzué, en ese plural mayestático tan de Induráin y Olano (“Nosotros estamos ahí, pero a verlas venir un poco”), y no duden en que cuando acabe las etapas dirá “hemos trabajado muy bien”. Valverde se convierte en hombre-Tour: a las clásicas a figurar, y cambia la Paris-Niza por la Vuelta a Murcia (y eso que dejó el Kelme para correr grandes carreras). Y casi mejor así, porque si la mentalidad para afrontar las clásicas es la que refleja el titular, poco podemos esperar. Hay tres corredores españoles que en los últimos años han brillado en las clásicas: Astarloa, Flecha y Freire. Si lo han hecho es porque se han quitado esas telarañas del ciclismo patrio que hoy vemos retornar en esa frase de Valverde. Si estos tres quijotes han logrado lo que han logrado es porque han estado en tensión 260 km, siete horas, 25 tramos de pavés, toda la vía Aurelia y los dos pasos anteriores por el muro de Huy. Valverde no, y no lo hará. Recuerden: lo que le gusta del Tour es que “no había peligro, no había tensión, no había nada”. El año pasado me preocupó mucho su manera de afrontar carreras que nunca se ganan por casualidad, pero ahora me da igual. Si aprendió algo en su desastroso abril de 2005, desde luego no lo aplicó en su igualmente desastroso octubre 2005: en el segundo grupo en la clásica de Zürich, saltos a destiempo en la Paris-Tours y disfrutando del otoño en Lombardía, mientras Simoni, Bettini y Schleck destrozaban el Ghisallo. Se acabó el corredor más dotado que hemos tenido en España para las carreras de un día, y ni siquiera es capaz de reconocerlo, sino que transfiere la responsabilidad al público. (“A mí el Tour me encantó y a la afición también le encanté en el Tour, y ya me ven más como un corredor de Tour que de clásicas. Y yo también lo veo así.”).
Irá a la Vuelta a Murcia con mentalidad de Tour (“yo con estar allí ya he cumplido”), y no será la única carrera: “Si quieres centrarte en un gran objetivo, como es el Tour, no puedes pensar en Vuelta a Murcia, vuelta a no sé qué, vuelta a no sé cuál... No puedes, porque llegas al Tour. Y piensas que vas bien, pero no, pero no vas bien. Si quieres centrarte en grandes objetivos hay que dejar eso a un lado”. En parte tiene razón: el año pasado por estas fechas se esforzaba con lluvia y frio para ganar la Vuelta a Mallorca y dar un saludo al patrocinador, nunca demasiado convencido del dinero gastado. Está bien que se olvide de cosas menores como la citada carrera, pero que no se olvide que su palmarés, a día de hoy, sólo cuenta con esos adornos. El problema es que Valverde es un corredor que, aún estando a un 70% de su forma, puede aspirar a victoria, pero ahora no lo hará por miedo a caída o a pasarse de tono. Y ya se conocen historias, algunas recientísimas, de corredores que se quedan en blanco por jugarselo todo en el Tour. Se acabó el Valverde de los sprints arrebatadores (con diferencia, su mejor cualidad), ese que diezmaba a los velocistas en Le Promenade des Anglais o en Vitoria. “Va a ser un año muy bueno”. Ojalá lo sea. Que a nadie le quepa la menor duda de que me alegraré sobremanera de todos los éxitos de Valverde, pero a ver en que queda todo esto. No seré yo otro loro que le diga “bala”, “guapo” y “figura”. Y ojalá fuesen menos los que se lo dicen.
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Segunda etapa del Tour de Qatar para Boonen.
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Inicio del calendario europeo con victoria de Cooke (que ya no gana tanto como de joven) sobre Gilbert (ganador hace 12 meses) y Geslin en el GP de la Marsellesa.
Fue el propio Carlos Arribas el que el año pasado lanzó la llamada Lieja-Valverde-Lieja. El fenómeno de Puerto Lumbreras fichaba por un equipo que lo iba a foguear en carreras de prestigio, y el magnífico periodista de El País pensaba que había serias posibilidades: todo el mundo loaba al murciano, menos yo y algún otro loco de la colina. A un año vista de esa ocurrencia periodística (L-V-L en vez de L-B-L), el propio Arribas se toma con ironía el asunto y nos regala una introducción impagable a una entrevista inclasificable que ya consta por méritos propios en lo mejor que nos ha regalado, aunque se desmarque de lo escrito hace un año (“Los aficionados soñaron un momento con que se haría grande en las carreras de un día, pero no acabó de cuajar”). Se perdona todo por la forma de abordar al entrevistado (dorando la píldora hasta un candor en que nos revela su auténtico pensamiento), pero es menos perdonable la pregunta “por culpa de una lesión de rodilla, usted no pudo correr la última semana del Tour”, cuando la realidad es que Valverde no llegó ni al ecuador del Tour y se perdió Pirineos, Macizo Central y última crono. Pero pasemos a lo importante de una entrevista, las declaraciones.
Quizás lo más importante –y preocupante- es que Valverde cree que el Tour es una competición equiparable a la Vuelta a España (“lo que es la carrera en sí es como otras”), algo que sólo se podrá traducir en decepción y amargura cuando choque con la triste realidad. A lo largo de los últimos 15 años hemos oído declaraciones iguales de corredores que, aupados por el triunfo local, soñaban con extrapolar su fortuna al Tour: Rominger, Zulle, Simoni o Heras, por citar un puñado. Cada uno se construyó su carrera brillante y longeva en otros terrenos, pero siempre chocó con el mismo muro: el Tour no es una carrera como las demás, cualquier aficionado al ciclismo lo sabe. Valverde no, o quizás sea el extraño clima en el que se encuentra el que le hace pensar eso. Arribas insiste en el tema de si el Tour es más duro que la Vuelta, claro, y la respuesta deja pasmado: “Para mí, no. Yo las vi igual. A mi, personalmente, me gustaron más las del Tour. Yo he visto cosas más duras en la Vuelta a España que en el Tour. De hecho, la última etapa que corrí en el Tour, la de la Madeleine, que era durísima, salimos muy rápido y cuando me quise dar cuenta ya sólo quedábamos 30 delante. No había peligro, no había tensión, no había nada. Sólo era aguantar, aguantar, aguantar. Y si vas bien, se puede aguantar”. Valverde habla de la etapa-vergüenza de Briançon, cuando el pelotón se amoldó al ritmo del Discovery Channel y coronaron en comandita, cogidos de la mano, el Galibier, un hecho insólito en la historia del ciclismo. ¡Qué valiente! Con lo que pierde en contrarreloj, su vía para hacerse con el Tour será intentar el método Vinokourov, que no por casualidad circulaba ese día por delante. Y eso sin contar que, sin la presencia tranquilizadora del yanki, nadie asegura que todo vaya a ir tan tranquilo, sin peligro, sin tensión, sin nada. Nah, todo eso no tiene importancia, Valverde puede con todo.
“Pues tal como lo cuenta, y con Armstrong retirado, ya tiene el Tour ganado. ¿Ve a algún corredor muy por encima de usted?”. La pregunta, ofensiva en su planteamiento, tiene su lógica después del autobombo sin sentido, pero Valverde responde por donde cabría esperar y cita la terna más logica: Ullrich, Basso, Vinokourov y Mancebo. Ya se ha sacado bastante, y la entrevista se aproxima a su fin entre preguntas sobre matrimonio, hijos y loro. Sin embargo, hay mucho más. Valverde ya piensa en clave Echavárri/Unzué, en ese plural mayestático tan de Induráin y Olano (“Nosotros estamos ahí, pero a verlas venir un poco”), y no duden en que cuando acabe las etapas dirá “hemos trabajado muy bien”. Valverde se convierte en hombre-Tour: a las clásicas a figurar, y cambia la Paris-Niza por la Vuelta a Murcia (y eso que dejó el Kelme para correr grandes carreras). Y casi mejor así, porque si la mentalidad para afrontar las clásicas es la que refleja el titular, poco podemos esperar. Hay tres corredores españoles que en los últimos años han brillado en las clásicas: Astarloa, Flecha y Freire. Si lo han hecho es porque se han quitado esas telarañas del ciclismo patrio que hoy vemos retornar en esa frase de Valverde. Si estos tres quijotes han logrado lo que han logrado es porque han estado en tensión 260 km, siete horas, 25 tramos de pavés, toda la vía Aurelia y los dos pasos anteriores por el muro de Huy. Valverde no, y no lo hará. Recuerden: lo que le gusta del Tour es que “no había peligro, no había tensión, no había nada”. El año pasado me preocupó mucho su manera de afrontar carreras que nunca se ganan por casualidad, pero ahora me da igual. Si aprendió algo en su desastroso abril de 2005, desde luego no lo aplicó en su igualmente desastroso octubre 2005: en el segundo grupo en la clásica de Zürich, saltos a destiempo en la Paris-Tours y disfrutando del otoño en Lombardía, mientras Simoni, Bettini y Schleck destrozaban el Ghisallo. Se acabó el corredor más dotado que hemos tenido en España para las carreras de un día, y ni siquiera es capaz de reconocerlo, sino que transfiere la responsabilidad al público. (“A mí el Tour me encantó y a la afición también le encanté en el Tour, y ya me ven más como un corredor de Tour que de clásicas. Y yo también lo veo así.”).
Irá a la Vuelta a Murcia con mentalidad de Tour (“yo con estar allí ya he cumplido”), y no será la única carrera: “Si quieres centrarte en un gran objetivo, como es el Tour, no puedes pensar en Vuelta a Murcia, vuelta a no sé qué, vuelta a no sé cuál... No puedes, porque llegas al Tour. Y piensas que vas bien, pero no, pero no vas bien. Si quieres centrarte en grandes objetivos hay que dejar eso a un lado”. En parte tiene razón: el año pasado por estas fechas se esforzaba con lluvia y frio para ganar la Vuelta a Mallorca y dar un saludo al patrocinador, nunca demasiado convencido del dinero gastado. Está bien que se olvide de cosas menores como la citada carrera, pero que no se olvide que su palmarés, a día de hoy, sólo cuenta con esos adornos. El problema es que Valverde es un corredor que, aún estando a un 70% de su forma, puede aspirar a victoria, pero ahora no lo hará por miedo a caída o a pasarse de tono. Y ya se conocen historias, algunas recientísimas, de corredores que se quedan en blanco por jugarselo todo en el Tour. Se acabó el Valverde de los sprints arrebatadores (con diferencia, su mejor cualidad), ese que diezmaba a los velocistas en Le Promenade des Anglais o en Vitoria. “Va a ser un año muy bueno”. Ojalá lo sea. Que a nadie le quepa la menor duda de que me alegraré sobremanera de todos los éxitos de Valverde, pero a ver en que queda todo esto. No seré yo otro loro que le diga “bala”, “guapo” y “figura”. Y ojalá fuesen menos los que se lo dicen.
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Segunda etapa del Tour de Qatar para Boonen.
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Inicio del calendario europeo con victoria de Cooke (que ya no gana tanto como de joven) sobre Gilbert (ganador hace 12 meses) y Geslin en el GP de la Marsellesa.
31 enero, 2006
Boonen empieza ganando (y otras reflexiones)
La sensación de la temporada pasada comienza el 2006 ganando. Fue el pasado viernes en el GP de Doha, y que ha nadie le extrañe que la glosa de la primera victoria de Tom Boonen con el maillot de campeón del mundo se retrase hasta hoy. Cada cosa en su justa medida. El GP Doha es un criterium hecho carrera profesional, gracias a los petrodólares de las monarquías corruptas y feudales del Golfo Pérsico, en este caso Qatar. Unas invierten en Fórmula 1 (Emiratos Árabes), otras en campos de golf (Bahrein), las más en tenis y fútbol. Con buen olfato empresarial ante este dispendio de dinero dedicado “a diversificar economías dependientes del petróleo”, Jean-Marie LeBlanc contactó con algún príncipe heredero (los hay a decenas) y le ofreció un paquete consistente en la organización del Tour de Francia y un buen puñado de estrellas del pedal. Sobre encontrar un hueco en el calendario y las temperaturas agobiantes del desierto, ningún problema: a finales de enero se puede vender el clima del Golfo Pérsico como mediterráneo y la disparatada fecha como unas vacaciones exóticas, al mismo nivel que esos cicloturistas alemanes que contratan un paquete turístico en Lanzarote para diciembre.
Hecho. Con armas y bagajes, una parte significativa de la caravana ciclista se desplaza desde hace dos años a Qatar con todos los gastos pagados, y qué gastos. A los de logística del material se unen los del personal y ciclistas, que permanecen a cuerpo de rey (feudal, en este caso) toda una semanita disfrutando de las maravillas del lugar: tiendas de lujo, hoteles horteras y mucho coche tapizado en cuero. Estoy seguro de que más de un director deportivo cree que es un destino óptimo para empezar la temporada, más que nada porque está prohibido el alcohol y las señoritas, al menos públicamente. Y mientras tanto, si cae alguna victoria con los jugosos premios que se reparten, mejor que mejor. No es de extrañar que en 2004 el vencedor del GP Doha fuese Simone Cadamuro y en 2005 Robert Hunter, velocistas con vuelos pero pocas confirmaciones. En cambio, este año ha ganado Boonen, y tampoco es de extrañar.
Ya el año pasado fue segundo en la carrera y después se impuso en dos etapas del Tour de Qatar, las dos primeras etapas que acababan en, atención al dato, Doha Hyatt Plaza (un conocido hotel) y el Comité Olímpico qatarí, ese que nacionaliza atletas keniatas. Porque en eso consiste el Tour de Qatar y su prefacio del GP Doha: un bucle continuo a un país cuyo mayor accidente orográfico son las dunas, con carreteras asfaltadas y trazadas a la americana (poner en punto muerto la asfaltadora y dejar que llegue al mar) y todo con una extensión propia de microestado, encima peninsular con forma de percebe. Y con esas dificultades, a un fuera de serie como Boonen le basta con apretar un poco al final de las dos horas y media de competición (sic) para ganar. Igual que Oscar Freire cuando gana en Mallorca, para que engañarse. No se trata de que estén en forma, si no que victorias así se presentan en pocas ocasiones. Los ciclistas no tienen la culpa de que la UCI sancione como carrera profesional una fiesta de barbudos, los mismos que suben al podio tocados con turbante a entregar el premio. Acostumbrados a desplazarse por su hacienda-estado en potentes coches con gasolina gratis, les tiene que parecer gracioso que unos jóvenes se afeiten las piernas y utilicen el medio de transporte de los chinos para conocer la isla. Cuando el nuevo príncipe heredero caiga en la cuenta de que eso puede ser indecente, cerrará el grifo (¿o debería decir oleoducto?) y todo será cubierto por la arena del desierto. Y el que crea que esto forma parte de la expansión del ciclismo y que es un gran paso adelante, es que no ha entendido nada. La Semana Catalana echa el cierre y nosotros tenemos que tragar que esto es “competición”.
Por cierto, otras dos etapas del Tour de Qatar de 2005 acabaron en Doha Landmark (Monumento) y Doha Corniche (Mirador). La única que acabó en un sitio diferente fue la tercera, ganada por Lars Michaelsen en Al Khor Corniche, al igual que la general. El danés ya había sido 3º en el GP Doha. Así las cosas, me haré eco de los resultados del Tour de Qatar, esperando que empiece la temporada.
***
La primera etapa del Tour de Qatar 2006 para Boonen.
Hecho. Con armas y bagajes, una parte significativa de la caravana ciclista se desplaza desde hace dos años a Qatar con todos los gastos pagados, y qué gastos. A los de logística del material se unen los del personal y ciclistas, que permanecen a cuerpo de rey (feudal, en este caso) toda una semanita disfrutando de las maravillas del lugar: tiendas de lujo, hoteles horteras y mucho coche tapizado en cuero. Estoy seguro de que más de un director deportivo cree que es un destino óptimo para empezar la temporada, más que nada porque está prohibido el alcohol y las señoritas, al menos públicamente. Y mientras tanto, si cae alguna victoria con los jugosos premios que se reparten, mejor que mejor. No es de extrañar que en 2004 el vencedor del GP Doha fuese Simone Cadamuro y en 2005 Robert Hunter, velocistas con vuelos pero pocas confirmaciones. En cambio, este año ha ganado Boonen, y tampoco es de extrañar.
Ya el año pasado fue segundo en la carrera y después se impuso en dos etapas del Tour de Qatar, las dos primeras etapas que acababan en, atención al dato, Doha Hyatt Plaza (un conocido hotel) y el Comité Olímpico qatarí, ese que nacionaliza atletas keniatas. Porque en eso consiste el Tour de Qatar y su prefacio del GP Doha: un bucle continuo a un país cuyo mayor accidente orográfico son las dunas, con carreteras asfaltadas y trazadas a la americana (poner en punto muerto la asfaltadora y dejar que llegue al mar) y todo con una extensión propia de microestado, encima peninsular con forma de percebe. Y con esas dificultades, a un fuera de serie como Boonen le basta con apretar un poco al final de las dos horas y media de competición (sic) para ganar. Igual que Oscar Freire cuando gana en Mallorca, para que engañarse. No se trata de que estén en forma, si no que victorias así se presentan en pocas ocasiones. Los ciclistas no tienen la culpa de que la UCI sancione como carrera profesional una fiesta de barbudos, los mismos que suben al podio tocados con turbante a entregar el premio. Acostumbrados a desplazarse por su hacienda-estado en potentes coches con gasolina gratis, les tiene que parecer gracioso que unos jóvenes se afeiten las piernas y utilicen el medio de transporte de los chinos para conocer la isla. Cuando el nuevo príncipe heredero caiga en la cuenta de que eso puede ser indecente, cerrará el grifo (¿o debería decir oleoducto?) y todo será cubierto por la arena del desierto. Y el que crea que esto forma parte de la expansión del ciclismo y que es un gran paso adelante, es que no ha entendido nada. La Semana Catalana echa el cierre y nosotros tenemos que tragar que esto es “competición”.
Por cierto, otras dos etapas del Tour de Qatar de 2005 acabaron en Doha Landmark (Monumento) y Doha Corniche (Mirador). La única que acabó en un sitio diferente fue la tercera, ganada por Lars Michaelsen en Al Khor Corniche, al igual que la general. El danés ya había sido 3º en el GP Doha. Así las cosas, me haré eco de los resultados del Tour de Qatar, esperando que empiece la temporada.
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La primera etapa del Tour de Qatar 2006 para Boonen.
27 enero, 2006
La Semana Catalana como síntoma de la crisis del ciclismo
No ha pasado ni un año y los efectos combinados del ProTour y de la “espantá” de Unipublic del ciclismo se han cargado una prueba de relevancia, nada menos que la Semana Catalana. No es una carrera más, de las surgidas al calor del desarrollo económico-social de España y con el afán de contar con una vuelta por cada comunidad autónoma. Su primera edición se remonta a 1963 y, salvo la edición de 1980 –en plena crisis económica del país y del ciclismo nacional en particular-, se ha desarrollado ininterrumpidamente hasta el año 2005. Y casi siempre con un altísimo nivel de participación y con un selecto elenco de vencedores, pero los síntomas de la crisis ya se podían rastrear en las últimas ediciones.
Joaquín Sabaté, organizador de la prueba, achaca toda la culpa al ProTour, pero hay que huir de las explicaciones fáciles y monocausales, tanto en el ciclismo como en la vida en general. Que el ProTour establezca la cláusula de sólo un 50% del total del pelotón con equipos de su liga de élite es un factor importante para explicar la pérdida de patrocinadores, pero hace ya mucho tiempo que en las vueltas menores las empresas que aflojan el dinero no son multinacionales, sino Jamones de La Esquina o Rodamientos Ceballos. Al grano: la Semana Catalana estaba incluida dentro del grupo de carreras que, al margen de la Vuelta, eran sostenidas y promocionadas por Unipublic. Las vendían en paquete, tanto a los patrocinadores como a TVE. De esta manera, se repetían en estas carreras los mismos mecenas que en la Vuelta (léase Telefónica, Fertiberia o Quesos Campo Real). Y estas carreras, para que estén avisados de lo que pueda pasar, son la Vuelta a Murcia, a Valencia, Aragón y la Clásica de Alcobendas.
Al no poder traer figuras, los patrocinadores son más reacios a invertir –y sin tele, con poquísima posibilidad de retorno de la inversión-, mientras los costes de organización son cada vez mayores, como pasa con todas las cosas. Resultado: ha caído una ficha de dominó y a ver quien detiene la espiral, porque aunque no se haya anunciado oficialmente, la Vuelta a Aragón se da prácticamente por cancelada y la Vuelta a Valencia se ha salvado por poco (apoyo directo de Juan José Camps y su delfín Ángel Casero, que hay que colocar al chaval). Para Andalucía y Murcia no hay problemas, porque el buen tiempo que ofrecen en febrero hace que los equipos –y con ellos los patrocinadores- se peleen para venir. La Clásica de Alcobendas, por su parte, hace tiempo que se ha asentado como una Vuelta a Madrid oficiosa, con lo que esto tiene de dinero oficial. Para Juan Mora, el intempestivo articulista del As, la razón de la huida de los patrocinadores es el doping, así, sin más. Desde lo de Manzano, este hombre no ve más allá.
Sin embargo, el problema es más profundo, y no exclusivo de España. Esas vueltas han sobrevivido y prosperado gracias al generoso manto de TVE y todo lo que traía asociado. El año pasado ya no se disputaron el Midi Libre, la Carrera de la Paz (que vuelve este año), el GP Eddy Merckx o clásicas italianas de prestigio como el Friuli o el Matteoti. Y la lista no es exhaustiva. En esos países ha habido casos de doping al nivel de lo sucedido en España, quizás con un destino distinto para sus protagonistas: Museeuw sigue siendo un héroe en Bélgica, a Pantani lo mataron unos malvados camellos (o la Mafia) y Virenque disfruta de su pequeña isla de Barataria en Francia. Entonces, ¿cúal es el problema?
El problema es el ciclismo en sí mismo. Un deporte que no se disputa en un recinto cerrado, que se desplaza todos los días cientos de kilómetros, que necesita tres helicópteros, que se salta las parrillas de programación (¡eso es sagrado!) y que no cobra entrada tiene poco futuro, en sus manifestaciones menos famosas (léase Semana Catalana), en el moderno mundo de la Televisión Digital Terrestre y del deporte como espectáculo. Hasta que punto esto era algo que rondaba en la imperial cabeza de Manolo Saiz cuando pergueñó la aberración del ProTour no se sabrá nunca, pero que había y hay un objetivo final de reducir los días de competición es evidente. Y si con eso tienen que caer carreras, que caigan. Sus patrocinadores, si están realmente interesados en el ciclismo, se concentrarán en las carreras que les interesan.
Para la memoria: el año pasado la empresa Würth, ya fuertemente comprometida con Liberty Seguros, financió las dos últimas etapas de la Semana Catalana. Ya saben: la tradicional gymkhana en torno a las instalaciones de la empresa, con el patriarca cortando la cinta y saludando a los ases del pedal, en este caso en Palau y Plegamans. ¿Se creen ustedes que Würth va a dejar ese dinero en la caja? Yo por lo menos ya se donde va a acabar más de una etapa de la Volta a Cataluña. Al ser esta una carrera ProTour, también se evita el riesgo de que las etapas vayan a gente como Uros Murn, Claudio Corioni o Robert Hunter (todos ganadores de etapa en la Semana de 2005), que siempre da cosita entregarle la copa a corredores que no aparecen en la tele. Un colectivo que antes era minoría y que ahora será mayoría.
Joaquín Sabaté, organizador de la prueba, achaca toda la culpa al ProTour, pero hay que huir de las explicaciones fáciles y monocausales, tanto en el ciclismo como en la vida en general. Que el ProTour establezca la cláusula de sólo un 50% del total del pelotón con equipos de su liga de élite es un factor importante para explicar la pérdida de patrocinadores, pero hace ya mucho tiempo que en las vueltas menores las empresas que aflojan el dinero no son multinacionales, sino Jamones de La Esquina o Rodamientos Ceballos. Al grano: la Semana Catalana estaba incluida dentro del grupo de carreras que, al margen de la Vuelta, eran sostenidas y promocionadas por Unipublic. Las vendían en paquete, tanto a los patrocinadores como a TVE. De esta manera, se repetían en estas carreras los mismos mecenas que en la Vuelta (léase Telefónica, Fertiberia o Quesos Campo Real). Y estas carreras, para que estén avisados de lo que pueda pasar, son la Vuelta a Murcia, a Valencia, Aragón y la Clásica de Alcobendas.
Al no poder traer figuras, los patrocinadores son más reacios a invertir –y sin tele, con poquísima posibilidad de retorno de la inversión-, mientras los costes de organización son cada vez mayores, como pasa con todas las cosas. Resultado: ha caído una ficha de dominó y a ver quien detiene la espiral, porque aunque no se haya anunciado oficialmente, la Vuelta a Aragón se da prácticamente por cancelada y la Vuelta a Valencia se ha salvado por poco (apoyo directo de Juan José Camps y su delfín Ángel Casero, que hay que colocar al chaval). Para Andalucía y Murcia no hay problemas, porque el buen tiempo que ofrecen en febrero hace que los equipos –y con ellos los patrocinadores- se peleen para venir. La Clásica de Alcobendas, por su parte, hace tiempo que se ha asentado como una Vuelta a Madrid oficiosa, con lo que esto tiene de dinero oficial. Para Juan Mora, el intempestivo articulista del As, la razón de la huida de los patrocinadores es el doping, así, sin más. Desde lo de Manzano, este hombre no ve más allá.
Sin embargo, el problema es más profundo, y no exclusivo de España. Esas vueltas han sobrevivido y prosperado gracias al generoso manto de TVE y todo lo que traía asociado. El año pasado ya no se disputaron el Midi Libre, la Carrera de la Paz (que vuelve este año), el GP Eddy Merckx o clásicas italianas de prestigio como el Friuli o el Matteoti. Y la lista no es exhaustiva. En esos países ha habido casos de doping al nivel de lo sucedido en España, quizás con un destino distinto para sus protagonistas: Museeuw sigue siendo un héroe en Bélgica, a Pantani lo mataron unos malvados camellos (o la Mafia) y Virenque disfruta de su pequeña isla de Barataria en Francia. Entonces, ¿cúal es el problema?
El problema es el ciclismo en sí mismo. Un deporte que no se disputa en un recinto cerrado, que se desplaza todos los días cientos de kilómetros, que necesita tres helicópteros, que se salta las parrillas de programación (¡eso es sagrado!) y que no cobra entrada tiene poco futuro, en sus manifestaciones menos famosas (léase Semana Catalana), en el moderno mundo de la Televisión Digital Terrestre y del deporte como espectáculo. Hasta que punto esto era algo que rondaba en la imperial cabeza de Manolo Saiz cuando pergueñó la aberración del ProTour no se sabrá nunca, pero que había y hay un objetivo final de reducir los días de competición es evidente. Y si con eso tienen que caer carreras, que caigan. Sus patrocinadores, si están realmente interesados en el ciclismo, se concentrarán en las carreras que les interesan.
Para la memoria: el año pasado la empresa Würth, ya fuertemente comprometida con Liberty Seguros, financió las dos últimas etapas de la Semana Catalana. Ya saben: la tradicional gymkhana en torno a las instalaciones de la empresa, con el patriarca cortando la cinta y saludando a los ases del pedal, en este caso en Palau y Plegamans. ¿Se creen ustedes que Würth va a dejar ese dinero en la caja? Yo por lo menos ya se donde va a acabar más de una etapa de la Volta a Cataluña. Al ser esta una carrera ProTour, también se evita el riesgo de que las etapas vayan a gente como Uros Murn, Claudio Corioni o Robert Hunter (todos ganadores de etapa en la Semana de 2005), que siempre da cosita entregarle la copa a corredores que no aparecen en la tele. Un colectivo que antes era minoría y que ahora será mayoría.
26 enero, 2006
¡Como para comprarle un coche usado!
David Millar es el último protagonista –hasta el momento- en la serie de entrevistas del diario As a corredores ciclistas. Siempre he tenido al inglés como un ejemplo de testimonio directo y nítido del dopaje, e incluso de coherencia. Error. Fue un tramposo y un mentiroso y demuestra que lo sigue siendo. Porque no hay nada peor que relatar una farsa que no resiste la más mínima comprobación con los hechos. Fichado por el Saunier Duval, no podrá debutar hasta el 23 de junio en competición oficial, pero Matxin ya le ha prometido una plaza fija en el Tour. Como el honor no se lo ha ganado en la carretera, estamos ante un claro fichaje “mediático” que haría sonrojar al mismísimo Florentino Pérez. Supongo que los responsables del equipo cántabro habrán sopesado los pros y contras, pero la entrevista de ayer deja muy mal parada a la casa.
Como reconoce de entrada, no tenía ninguna oferta, pero Kiko García (ex-profesional de la ONCE, olímpico en Barcelona) lo vendió a Matxin. Demuestra un gran resentimiento: “Los equipos franceses no se han interesado por mí y yo tampoco estoy interesado en ellos. No me gusta su mentalidad. Piensan más como una empresa, que como un equipo. Les falta pasión por el ciclismo”. ¡Y lo dice el corredor que se hizo “grande” en el Cofidis! Mientras el patrocinador retiraba el equipo de las carreras en pleno abril –lo que costó que Astarloa entrase en su ciclo sin fin-, mientras caían los polacos de medio pelo, el bueno de Millar nos vendía la moto de que iba a por el Tour. Tuvo que ser por la delación de Gaumont por la que cantase. Y ahí el llamado “caso Cofidis” entró en barrena. Pillaron al traficante Lelli (que ha ganado un juicio por despido improcendente a su equipo) y el está pagando su pena. Dos años dan para pensar mucho, pero resulta que ha salido un líder mesiánico con tres objetivos: “Competir sin ayuda externa, transformarme en un icono del ciclismo limpio y que mi caso sirva de ejemplo a la gente joven”. Vamos, un Jesucristo resucitado que después de pasar por la crufixión se apresta a expandir su verbo por el mundillo ciclista. Dios nos coja confesados, nunca mejor dicho.
Millar, cuando iba dopado hasta las cejas, no pasaba con los primeros ni un puerto de tercera. Con 29 años, perdidos sus “mejores años fisiológicos” como afirma plañideramente Josu Garai en Marca (más que una entrevista, una rueda de prensa), ¿qué podemos esperar de un corredor que afirma querer servir de ejemplo? Pues que cuando se vea que no anda, servirá de ejemplo justo para lo contrario: que sólo con las jeringuillas de Jesús Losa se puede tener la peregrina idea de “subir al podio de una grande”. David Millar ya servía como ejemplo de la lucha contra el dopaje. Si, porque confesó, pero ahora dice haber “sufrido” interrogatorios durante dos días, “y no voy a negar que hubo presión policial, pero al final fue una decisión propia”. ¡Y tanto! Con varios testimonios en su contra, con su médico personal interrogado y con las jeringuillas con resto de EPO dentro de un libro hueco en su casa de Biarritz, como para no cantar. Pero no, no es todo esto lo que lleva al cabreo con el caradura de Millar...en la farsa-entrevista del Marca, afirma que “algunas victorias las obtuvo con doping, otras no”. ¿Y se creen ustedes que el periodista le pregunta cúales? Ni por eso.
Yo ya no creo nada de lo que diga este vividor, uno de los ciclistas que más ha intentado explotar su imagen pública y que cuenta con menos base para hacerlo. Recuerden: nacido en Malta, residente en Hong-Kong durante un tiempo, entrenamientos en Central Park, su madre le apoyaba (“It´s Millar time!”) y salía muy bien parado del libro-hagiografía que Lance Armstrong se autodedicó con su quinto Tour, probablemente por su buena campaña de autobombo. Se destapa para el gran público con su victoria en el prólogo del Tour del 2000. Tras un rutilante 2001 con ocho victorias y 16º en la clasificación UCI, en el 2002 se despeña hasta el puesto 115º con una sola victoria, una etapa del Tour, carrera que finaliza a dos horas del vencedor en el nada glorioso puesto 68º. No hubo lesiones ni nada: compitió durante todo el año, y en la Vuelta abandonó tras el gesto quijotesco de cruzar la línea de meta en el Angliru. En 2003 mejora hasta el puesto 20º de la UCI, seis victorias incluyendo el Campeonato del Mundo CRI del que luego será desposeido, pero en el Tour estancado: 55º a una hora y cincuenta y cuatro minutos de Armstrong. Haciendo caso a sus declaraciones (“bajo presión policial”), se empezó a dopar para “preparar la Vuelta 2003”, pero ya lo había hecho antes. ¿Cúando? Nadie se lo pregunta. Bueno, pues a mì sus altibajos de forma y resultados me obligan a pensar que se ha dopado siempre. Y con 29 años no es que haya pasado “su mejor momento fisiológico” (menuda suposición) sino que su “It´s Millar time” ya suena a cansino y rancio, tanto como su nuevo papel de cruzado por la pureza.
Como reconoce de entrada, no tenía ninguna oferta, pero Kiko García (ex-profesional de la ONCE, olímpico en Barcelona) lo vendió a Matxin. Demuestra un gran resentimiento: “Los equipos franceses no se han interesado por mí y yo tampoco estoy interesado en ellos. No me gusta su mentalidad. Piensan más como una empresa, que como un equipo. Les falta pasión por el ciclismo”. ¡Y lo dice el corredor que se hizo “grande” en el Cofidis! Mientras el patrocinador retiraba el equipo de las carreras en pleno abril –lo que costó que Astarloa entrase en su ciclo sin fin-, mientras caían los polacos de medio pelo, el bueno de Millar nos vendía la moto de que iba a por el Tour. Tuvo que ser por la delación de Gaumont por la que cantase. Y ahí el llamado “caso Cofidis” entró en barrena. Pillaron al traficante Lelli (que ha ganado un juicio por despido improcendente a su equipo) y el está pagando su pena. Dos años dan para pensar mucho, pero resulta que ha salido un líder mesiánico con tres objetivos: “Competir sin ayuda externa, transformarme en un icono del ciclismo limpio y que mi caso sirva de ejemplo a la gente joven”. Vamos, un Jesucristo resucitado que después de pasar por la crufixión se apresta a expandir su verbo por el mundillo ciclista. Dios nos coja confesados, nunca mejor dicho.
Millar, cuando iba dopado hasta las cejas, no pasaba con los primeros ni un puerto de tercera. Con 29 años, perdidos sus “mejores años fisiológicos” como afirma plañideramente Josu Garai en Marca (más que una entrevista, una rueda de prensa), ¿qué podemos esperar de un corredor que afirma querer servir de ejemplo? Pues que cuando se vea que no anda, servirá de ejemplo justo para lo contrario: que sólo con las jeringuillas de Jesús Losa se puede tener la peregrina idea de “subir al podio de una grande”. David Millar ya servía como ejemplo de la lucha contra el dopaje. Si, porque confesó, pero ahora dice haber “sufrido” interrogatorios durante dos días, “y no voy a negar que hubo presión policial, pero al final fue una decisión propia”. ¡Y tanto! Con varios testimonios en su contra, con su médico personal interrogado y con las jeringuillas con resto de EPO dentro de un libro hueco en su casa de Biarritz, como para no cantar. Pero no, no es todo esto lo que lleva al cabreo con el caradura de Millar...en la farsa-entrevista del Marca, afirma que “algunas victorias las obtuvo con doping, otras no”. ¿Y se creen ustedes que el periodista le pregunta cúales? Ni por eso.
Yo ya no creo nada de lo que diga este vividor, uno de los ciclistas que más ha intentado explotar su imagen pública y que cuenta con menos base para hacerlo. Recuerden: nacido en Malta, residente en Hong-Kong durante un tiempo, entrenamientos en Central Park, su madre le apoyaba (“It´s Millar time!”) y salía muy bien parado del libro-hagiografía que Lance Armstrong se autodedicó con su quinto Tour, probablemente por su buena campaña de autobombo. Se destapa para el gran público con su victoria en el prólogo del Tour del 2000. Tras un rutilante 2001 con ocho victorias y 16º en la clasificación UCI, en el 2002 se despeña hasta el puesto 115º con una sola victoria, una etapa del Tour, carrera que finaliza a dos horas del vencedor en el nada glorioso puesto 68º. No hubo lesiones ni nada: compitió durante todo el año, y en la Vuelta abandonó tras el gesto quijotesco de cruzar la línea de meta en el Angliru. En 2003 mejora hasta el puesto 20º de la UCI, seis victorias incluyendo el Campeonato del Mundo CRI del que luego será desposeido, pero en el Tour estancado: 55º a una hora y cincuenta y cuatro minutos de Armstrong. Haciendo caso a sus declaraciones (“bajo presión policial”), se empezó a dopar para “preparar la Vuelta 2003”, pero ya lo había hecho antes. ¿Cúando? Nadie se lo pregunta. Bueno, pues a mì sus altibajos de forma y resultados me obligan a pensar que se ha dopado siempre. Y con 29 años no es que haya pasado “su mejor momento fisiológico” (menuda suposición) sino que su “It´s Millar time” ya suena a cansino y rancio, tanto como su nuevo papel de cruzado por la pureza.
23 enero, 2006
Y ahora, Iban Mayo
Sigue la serie de entrevistas a astros del pedal nacional. Tras Valverde y Freire, el diario As propone ahora al otrora conocido como “el príncipe”, entronizado como tal tras una inolvidable ascensión a Alpe D´Huez en 2003. Son cosas que pasan cuando tienes 26 años y metes 2´15” a los favoritos en el último puerto. A pesar de que ese mismo año acabó mostrando sus debilidades (la crono, la concentración), acabamos fulgurados por el Dauphinè Liberè de 2004. Desde entonces, nada de nada. Incluyendo toda la temporada 2005, pasada en blanco. Iban Mayo, un hombre en busca de su lugar en el pelotón.
La entrevista no es divertida ni ofrece nada nuevo, pero si la oportunidad de recuperar a un corredor que ha aparecido poco por este foro, en rigurosa correspondencia con su rendimiento. A la pregunta de qué fue lo que pasó el año pasado, elenca una serie de lesiones: rodilla, espalda y “nunca acabé de coger la forma”. Es cierto que es un corredor propenso a las lesiones, pero en la Vuelta a Suiza su preparación parecía óptima, dentro del secretismo que impera en el mundo del ciclismo cuando tienes grandes objetivos. En el Tour fue todo lo protagonista que quiso la televisión francesa, gracias a esa costumbre de sacar a la gente que pedalea hacia atrás (Mayo, Menchov) o que pedalea desde detrás (Moreau, Chavanel, Voeckler). En todo caso, la explicación no cuela, porque todo el equipo rindió al mismo nivel. Por lo menos, parece asumir que “el Tour no es la única carrera”. Quizás marcándose otros objetivos podremos volver al Mayo que enamoraba, ese corredor que atacaba en todo lugar y en toda carrera. Pero ni siquiera eso es creíble: Euskatel termina su patrocinio este año y Madariaga quiere banderas de enganche visibles para vender al nuevo patrocinador que le busque el ejecutivo vasco. Al igual que Beloki en 2003, obligado a atacar en cualquier lugar y a cambiar su modo de correr para que Manolo Saiz encontrase patrocinador para su equipo, si vuelve el mejor Mayo será en el Tour.
¿Y si nunca vuelve? “Necesito recuperar la confianza, de que en ciertas carreras me vea con opciones de hacer algo”. ¿Y cómo podrá, si se tiene que reservar para el Tour? Las cosas pintan muy mal.
El resto de la entrevistas transcurre entre dimes y diretes, su opinión personal sobre el doping y la desunión en el mundo del ciclismo. Pobre Iban Mayo. Sólo si se recupera al mejor nivel podremos analizar sin ruborizarnos sus mayores hazañas; si no, quedarán teñidas con la pesada duda del doping. Pero no parece asustarle la posibilidad. Coquetea con la idea de “no entrar ni entre los treinta primeros”. 28 años, los dos últimos y el presente a 600.000 euros por temporada. Su última victoria, la sospechosísima cronoescalada al Ventoux en la Dauphiné 2004. Segundo, el dopadísimo Tyler Hamilton; tercero, un sorprendente Oscar Sevilla que huiría como alma que lleva el diablo a final de temporada del Phonak; cuarto, Lance Armstrong, que arrasaría en el Tour con cinco etapas. ¿Y vamos a pensar que Mayo era mejor que los tres siguientes, que iban manifiestamente dopados? Tras los casos de Santi Pérez y Roberto Heras, que también iban con una marcha de más, ninguno se debería tragar resultados de ese cariz. Por eso cabe la duda: si Mayo recupera su mejor nivel, eso significará que tendremos que mirar a otro lado. Ya lo único que cabe desear es que invierta bien el dinero amasado, y que, de recuperar algo, que sea su espíritu atacante. Aunque no le sirva para ganar. Aunque el Tour no esté a su alcance. Aunque sólo sea por no tener que volver a buscarlo en el fondo de las clasificaciones.
La entrevista no es divertida ni ofrece nada nuevo, pero si la oportunidad de recuperar a un corredor que ha aparecido poco por este foro, en rigurosa correspondencia con su rendimiento. A la pregunta de qué fue lo que pasó el año pasado, elenca una serie de lesiones: rodilla, espalda y “nunca acabé de coger la forma”. Es cierto que es un corredor propenso a las lesiones, pero en la Vuelta a Suiza su preparación parecía óptima, dentro del secretismo que impera en el mundo del ciclismo cuando tienes grandes objetivos. En el Tour fue todo lo protagonista que quiso la televisión francesa, gracias a esa costumbre de sacar a la gente que pedalea hacia atrás (Mayo, Menchov) o que pedalea desde detrás (Moreau, Chavanel, Voeckler). En todo caso, la explicación no cuela, porque todo el equipo rindió al mismo nivel. Por lo menos, parece asumir que “el Tour no es la única carrera”. Quizás marcándose otros objetivos podremos volver al Mayo que enamoraba, ese corredor que atacaba en todo lugar y en toda carrera. Pero ni siquiera eso es creíble: Euskatel termina su patrocinio este año y Madariaga quiere banderas de enganche visibles para vender al nuevo patrocinador que le busque el ejecutivo vasco. Al igual que Beloki en 2003, obligado a atacar en cualquier lugar y a cambiar su modo de correr para que Manolo Saiz encontrase patrocinador para su equipo, si vuelve el mejor Mayo será en el Tour.
¿Y si nunca vuelve? “Necesito recuperar la confianza, de que en ciertas carreras me vea con opciones de hacer algo”. ¿Y cómo podrá, si se tiene que reservar para el Tour? Las cosas pintan muy mal.
El resto de la entrevistas transcurre entre dimes y diretes, su opinión personal sobre el doping y la desunión en el mundo del ciclismo. Pobre Iban Mayo. Sólo si se recupera al mejor nivel podremos analizar sin ruborizarnos sus mayores hazañas; si no, quedarán teñidas con la pesada duda del doping. Pero no parece asustarle la posibilidad. Coquetea con la idea de “no entrar ni entre los treinta primeros”. 28 años, los dos últimos y el presente a 600.000 euros por temporada. Su última victoria, la sospechosísima cronoescalada al Ventoux en la Dauphiné 2004. Segundo, el dopadísimo Tyler Hamilton; tercero, un sorprendente Oscar Sevilla que huiría como alma que lleva el diablo a final de temporada del Phonak; cuarto, Lance Armstrong, que arrasaría en el Tour con cinco etapas. ¿Y vamos a pensar que Mayo era mejor que los tres siguientes, que iban manifiestamente dopados? Tras los casos de Santi Pérez y Roberto Heras, que también iban con una marcha de más, ninguno se debería tragar resultados de ese cariz. Por eso cabe la duda: si Mayo recupera su mejor nivel, eso significará que tendremos que mirar a otro lado. Ya lo único que cabe desear es que invierta bien el dinero amasado, y que, de recuperar algo, que sea su espíritu atacante. Aunque no le sirva para ganar. Aunque el Tour no esté a su alcance. Aunque sólo sea por no tener que volver a buscarlo en el fondo de las clasificaciones.
19 enero, 2006
Más Freire que nunca
Oscar Freire volaba en abril. Ganó la Flecha del Brabante (segunda victoria española en una clásica del norte en toda la historia), hizo quinto en una carrera tan poco apta como la Flecha Valona y…llegó la lesión. Tras tomar la salida en las dos primeras etapas de la Vuelta a Suiza, el tricampeón del mundo no ha vuelto a competir. Más de seis meses. En este tiempo no se ha prodigado mucho en entrevistas, a pesar de haber sido el corredor español más laureado de la temporada 2005. Rumores de que su recuperación no iba tan bien como lo previsto, habladurías sobre si Manolo Saiz había pedido a golpe de talonario “los mejores médicos del mundo” (los del Rabobank, al parecer) y un equipo naranja que jubila a Dekker la misma temporada en la que ficha a Flecha.
Y Freire en su línea, claro. Interrogado en el diario As sobre su estado de forma para la Vuelta a Mallorca, donde siempre suele mojar, se quita peso de encima al mismo tiempo que afirma que se probará “porque el nivel de los sprints es más bajo”. Eso es clase. Corredores como Freire tienen que hacer eso, forzar la victoria aunque sus objetivos y su forma estén muy lejos. Se lamentaba el gran Michele Bartoli, una vez retirado, de que podía haber conseguido más victorias (en cuanto a número, no calidad) que sus exiguas cuarenta. No parece que sea la mentalidad de Freire: se ve ganando hasta el 2009 (Mundiales en Treviso), con 33 años. ¿Y eso? “porque por lesiones apenas llevo 300 días de competición en mis años de profesional”. Bien mirado, Zabel gana la Paris-Tours con 35 años, y eso que compite en todas las carreras posibles.
Quizás lo que más sorprende de la entrevista, una vez habituados a la franqueza de la que siempre ha hecho gala el cántabro, es que se marque como objetivo en la temporada el maillot verde del Tour. Además de la cantinela de “las clásicas y el Mundial”, Freire introduce una novedad en su programa. Y parece haber hecho las cuentas. En 2002 debutó en el Tour con victoria (primera vez desde 1980 –triunfo de Jan Raas- que un campeón del mundo en cargo ganaba una etapa) e hizo un 2º puesto y un 5º. Abandonó antes de la montaña por las consecuencias de una caída. Al año siguiente, con el Rabobank, fue obligado a correr y acabar la carrera, aunque su forma distaba mucho de ser la que exige el Tour: aún así, fue 3º en la tercera etapa. Desde entonces, ve el Tour por televisión por culpa de las lesiones.
Yo creo en Freire con el maillot verde, y voy a tratar de explicarme. Freire no es Petacchi o Cipollini. No es un plurivittorioso como los italianos, aunque su trayectoria en el Campeonato del Mundo o en la última Tirreno-Adriático pueden llevar a pensar lo contrario. En cambio, si que es un corredor que puede sumar muchos buenos puestos seguidos, y eso es clave para hacerse con el maillot PMU de la regularidad. Incluso sin ganar ni una sola etapa, como han hecho Zabel, O´Grady y Hushvod. Y me voy a referir a las últimas participaciones de Freire en la Vuelta a España, que a nivel de sprints es una buena referencia. En 2001, dos segundos puestos y un cuarto, para después abandonar; 2002, un cuarto y abandono; en 2003 no participó por el desgaste del Tour; y en 2004 cuatro terceros puestos y un cuarto antes de abandonar en la primera etapa de montaña.
Por supuesto que ante estos datos cualquiera de los buenos aficionados que leen este modesto blog puede argumentar que Freire abandonará en el Tour, como ha hecho siempre en la Vuelta a España. Puede ser, pero el tricampeón del mundo evitaba la montaña de la carrera española porque le interesaba preparar el Campeonato del Mundo. De hecho, era dejar la carrera española y lograr buenos puestos o victorias en otras pruebas como el Giro di Lucca o la Paris-Tours, además de en su carrera favorita. Lo que he querido argumentar es que si Freire se propone el maillot verde, tanto Hushvod como McEwen (O´Grady ya ha anunciado que este año se dedicará en exclusiva a las clásicas: gajes de fichar por el CSC de Basso) tienen motivos para preocuparse. Y digo motivos en plural porque Boonen también quiere subir al podio de París con un honor que no cuenta como victoria profesional, pero que en los últimos años ha adquirido un protagonismo inusitado. Que no les afecte la maldición del Campeón del Mundo.
Y Freire en su línea, claro. Interrogado en el diario As sobre su estado de forma para la Vuelta a Mallorca, donde siempre suele mojar, se quita peso de encima al mismo tiempo que afirma que se probará “porque el nivel de los sprints es más bajo”. Eso es clase. Corredores como Freire tienen que hacer eso, forzar la victoria aunque sus objetivos y su forma estén muy lejos. Se lamentaba el gran Michele Bartoli, una vez retirado, de que podía haber conseguido más victorias (en cuanto a número, no calidad) que sus exiguas cuarenta. No parece que sea la mentalidad de Freire: se ve ganando hasta el 2009 (Mundiales en Treviso), con 33 años. ¿Y eso? “porque por lesiones apenas llevo 300 días de competición en mis años de profesional”. Bien mirado, Zabel gana la Paris-Tours con 35 años, y eso que compite en todas las carreras posibles.
Quizás lo que más sorprende de la entrevista, una vez habituados a la franqueza de la que siempre ha hecho gala el cántabro, es que se marque como objetivo en la temporada el maillot verde del Tour. Además de la cantinela de “las clásicas y el Mundial”, Freire introduce una novedad en su programa. Y parece haber hecho las cuentas. En 2002 debutó en el Tour con victoria (primera vez desde 1980 –triunfo de Jan Raas- que un campeón del mundo en cargo ganaba una etapa) e hizo un 2º puesto y un 5º. Abandonó antes de la montaña por las consecuencias de una caída. Al año siguiente, con el Rabobank, fue obligado a correr y acabar la carrera, aunque su forma distaba mucho de ser la que exige el Tour: aún así, fue 3º en la tercera etapa. Desde entonces, ve el Tour por televisión por culpa de las lesiones.
Yo creo en Freire con el maillot verde, y voy a tratar de explicarme. Freire no es Petacchi o Cipollini. No es un plurivittorioso como los italianos, aunque su trayectoria en el Campeonato del Mundo o en la última Tirreno-Adriático pueden llevar a pensar lo contrario. En cambio, si que es un corredor que puede sumar muchos buenos puestos seguidos, y eso es clave para hacerse con el maillot PMU de la regularidad. Incluso sin ganar ni una sola etapa, como han hecho Zabel, O´Grady y Hushvod. Y me voy a referir a las últimas participaciones de Freire en la Vuelta a España, que a nivel de sprints es una buena referencia. En 2001, dos segundos puestos y un cuarto, para después abandonar; 2002, un cuarto y abandono; en 2003 no participó por el desgaste del Tour; y en 2004 cuatro terceros puestos y un cuarto antes de abandonar en la primera etapa de montaña.
Por supuesto que ante estos datos cualquiera de los buenos aficionados que leen este modesto blog puede argumentar que Freire abandonará en el Tour, como ha hecho siempre en la Vuelta a España. Puede ser, pero el tricampeón del mundo evitaba la montaña de la carrera española porque le interesaba preparar el Campeonato del Mundo. De hecho, era dejar la carrera española y lograr buenos puestos o victorias en otras pruebas como el Giro di Lucca o la Paris-Tours, además de en su carrera favorita. Lo que he querido argumentar es que si Freire se propone el maillot verde, tanto Hushvod como McEwen (O´Grady ya ha anunciado que este año se dedicará en exclusiva a las clásicas: gajes de fichar por el CSC de Basso) tienen motivos para preocuparse. Y digo motivos en plural porque Boonen también quiere subir al podio de París con un honor que no cuenta como victoria profesional, pero que en los últimos años ha adquirido un protagonismo inusitado. Que no les afecte la maldición del Campeón del Mundo.
16 enero, 2006
Madariaga, o nadar con la ropa puesta
Se debe a Giacomo Leopardi la frase “hacer que parezca que todo cambie para que permanezca como siempre”. Miguel Madariaga, gatopardo norteño, se descuelga con una entrevista a El Correo del 16 de enero que no tiene desperdicio. La culpa, desde luego, no es del magnífico periodista de ciclismo del periódico de Bilbao (J. Gómez Peña), sino de un manager que demuestra tener muy poca memoria a corto plazo. Eso sí, las preguntas evitan los temas más controvertidos, los mismos que hacen daño a la excelente afición vasca: excelente porque saben de que va todo esto y excelente porque están sufriendo mucho con la triste realidad del Euskatel.
Como ejemplo de cómo está cambiando el equipo con la llegada de Igor González de Galdeano, Madariaga cita que “ahora estamos mucho más encima de los corredores”. La pregunta lógica hubiese sido “¿En que sentido?”, pero se pasa a otro tema. Encima de los corredores se ha estado siempre, hasta límites agobiantes (que se lo pregunten a Gerrikagoitia o Alberto Martínez, por citar sólo un par), a no ser que la respuesta haya que interpretarla entrelíneas y referidas a los médicos personales: los mismos a los que se ha recurrido desde el despido de Jesús Losa en julio de 2004, el mes del inicio del declive de la Naranja Mecánica. ¿Objetivos para la temporada? “Estar más arriba y ganar alguna carrera importante, o al menos rozar el triunfo, antes del Tour”. Toma ya. Como en 2005, donde se logró Dauphinè Liberè y Vuelta a Suiza, pero después llegó el Tour y...bueno, para qué chapotear en el fango, ya conocemos la historia. Pues este año se repite el mismo esquema, con el guiño a la Vuelta al País Vasco, que es “fundamental”. Está claro que este objetivo se cumplirá, porque no será difícil superar el vergonzoso 47º puesto en la general de 2005. Y allí estará Madariaga para sacar pecho.
Tras despachar con cajas destempladas a Mayo y Zubeldia (“creo que el Euskatel podría sobrevivir sin ellos”, después de afirmar que pretende recuperarlos a su mejor nivel), se lanza depredador sobre la cantera vasca (“en abril tendré preparado un proyecto sobre el ciclismo de base”), la misma en la que siempre ha pretendido ejercer un monopolio ficticio, y algo caprichoso (¡que pataleta se llevó cuando Beloki se fue al Festina en el 2000!). Una cantera, dicho sea sin ningún ánimo fiscalizador, que jamás se ha preocupado de llevar, porque daba por supuesto que siendo vascos les faltaría tiempo para querer ser enrolados en su destino natural: el Euskatel. Cita a Julen Goikoetxea y Andoni Lafuente como “atados”, y bien harían estos dos corredores con gran futuro, en estudiar las carreras deportivas de los últimos grandes ciclistas vascos, como Olano, González de Galdeano o Etxebarría. Hay más vida fuera del Euskatel. Por lo general, mejor renumerada y con más ambiciones profesionales. El bueno de Madariaga remata con una metáfora envenedada, en donde hay que inferir que su equipo es “un corral en condiciones”.
Como está dentro del ProTour, no lo critica. Se puede entender, pero es difícilmente justificable para un equipo que hace cuatro años mendigaba una plaza en el Tour y que ganó por justicia. Ahora, de aplicarse criterios deportivos, estaría excluido. Si las grandes vueltas se separan del ProTour y hacen cumplir su desafío de sólo los 14 primeros equipos, el Euskatel volvería a bregarse por ganarse su participación. Habría que ver que opinaría Madariaga del ProTour, ese invento que le obliga a enviar corredores a Polonia en septiembre. Incluso si el avión no puede despegar por una misteriosa niebla. En conclusión: el mayor cambio del Euskatel para la próxima temporada es fichar a Igor González de Galdeano como mánager deportivo. Su misión, bien clarita: que reciba las bofetadas en lugar de Madariaga a medida que se vaya fraguando la temporada, que va camino de ser como la anterior. Ojalá me equivoque.
Como ejemplo de cómo está cambiando el equipo con la llegada de Igor González de Galdeano, Madariaga cita que “ahora estamos mucho más encima de los corredores”. La pregunta lógica hubiese sido “¿En que sentido?”, pero se pasa a otro tema. Encima de los corredores se ha estado siempre, hasta límites agobiantes (que se lo pregunten a Gerrikagoitia o Alberto Martínez, por citar sólo un par), a no ser que la respuesta haya que interpretarla entrelíneas y referidas a los médicos personales: los mismos a los que se ha recurrido desde el despido de Jesús Losa en julio de 2004, el mes del inicio del declive de la Naranja Mecánica. ¿Objetivos para la temporada? “Estar más arriba y ganar alguna carrera importante, o al menos rozar el triunfo, antes del Tour”. Toma ya. Como en 2005, donde se logró Dauphinè Liberè y Vuelta a Suiza, pero después llegó el Tour y...bueno, para qué chapotear en el fango, ya conocemos la historia. Pues este año se repite el mismo esquema, con el guiño a la Vuelta al País Vasco, que es “fundamental”. Está claro que este objetivo se cumplirá, porque no será difícil superar el vergonzoso 47º puesto en la general de 2005. Y allí estará Madariaga para sacar pecho.
Tras despachar con cajas destempladas a Mayo y Zubeldia (“creo que el Euskatel podría sobrevivir sin ellos”, después de afirmar que pretende recuperarlos a su mejor nivel), se lanza depredador sobre la cantera vasca (“en abril tendré preparado un proyecto sobre el ciclismo de base”), la misma en la que siempre ha pretendido ejercer un monopolio ficticio, y algo caprichoso (¡que pataleta se llevó cuando Beloki se fue al Festina en el 2000!). Una cantera, dicho sea sin ningún ánimo fiscalizador, que jamás se ha preocupado de llevar, porque daba por supuesto que siendo vascos les faltaría tiempo para querer ser enrolados en su destino natural: el Euskatel. Cita a Julen Goikoetxea y Andoni Lafuente como “atados”, y bien harían estos dos corredores con gran futuro, en estudiar las carreras deportivas de los últimos grandes ciclistas vascos, como Olano, González de Galdeano o Etxebarría. Hay más vida fuera del Euskatel. Por lo general, mejor renumerada y con más ambiciones profesionales. El bueno de Madariaga remata con una metáfora envenedada, en donde hay que inferir que su equipo es “un corral en condiciones”.
Como está dentro del ProTour, no lo critica. Se puede entender, pero es difícilmente justificable para un equipo que hace cuatro años mendigaba una plaza en el Tour y que ganó por justicia. Ahora, de aplicarse criterios deportivos, estaría excluido. Si las grandes vueltas se separan del ProTour y hacen cumplir su desafío de sólo los 14 primeros equipos, el Euskatel volvería a bregarse por ganarse su participación. Habría que ver que opinaría Madariaga del ProTour, ese invento que le obliga a enviar corredores a Polonia en septiembre. Incluso si el avión no puede despegar por una misteriosa niebla. En conclusión: el mayor cambio del Euskatel para la próxima temporada es fichar a Igor González de Galdeano como mánager deportivo. Su misión, bien clarita: que reciba las bofetadas en lugar de Madariaga a medida que se vaya fraguando la temporada, que va camino de ser como la anterior. Ojalá me equivoque.
07 enero, 2006
Ya estamos con Valverde
Entrevista en el diario As, especializado en forjar ídolos, a Alejandro Valverde. Aprovechando que el ciclista murciano había ejercido de Baltasar en la Cabalgata de Reyes, se ponen preguntas de Pulitzer tipo "¿Qué le pidió usted a los Reyes Magos?". Las respuestas no van a la zaga, con perlas en la línea de "si conseguí aquello en mi debut -la etapa de Courchevel-, ¿por qué no voy a lograr las cotas más grandes?" o "aguanté 13 días, que son bastantes". A lo largo del invierno hemos sabido que Valverde había viajado a Treviso al túnel aerodinámico de Pinarello, para ver si mejoraba contrarreloj, pero creo que el mayor problema que acecha al murciano es la autocomplaciencia y la idolatría que le rodea. Trece días en el Tour no son nada, pero a principios de enero parece que son "bastantes". ¿Bastantes para qué? ¿Para pensar en ganar el Tour cuando se deja una minutada en las cronos -y no va a mejorar por mucho que se ponga delante del superventilador-?
Recordemos: en la crono de 19 km en la isla de Noirmoutier Valverde se dejó 1´31" con Vinokourov, 1´16 con Ullrich y 58" con Basso, sólo por citar los tres máximos favoritos para la edición de 2006. A la segunda crono, de 55 km., no llegó. Para este año está previsto el prólogo de Estrasburgo de 7 km., la crono de Rennes de 52 km, y la final de 56 km. Y todavía se piensa que Valverde tiene alguna opción de ganar el Tour. Vamos, yo con eso no trago. Mucho tendrá que mejorar en montaña y en leer la carrera, porque en las cronos se va a dejar un mínimo de 5´con los tres máximos favoritos. Pero la ilusión es lo último que se pierde y el diario As es especialista en eso. Para remachar, Valverde insiste en que la Lieja es la clásica que más se le adapta...en 2005 tomó la salida tras brillar en el País Vasco y ni se le vió.
Llegará abril y llegará julio y Valverde se saldrá y obtendrá todo lo que ha pedido a los Reyes Magos. Pero como yo sé que son los padres, prefiero continuar con mi sano escepticismo en torno a sus posibilidades reales.
***
Luc Gheysens. Este nombre no les dirá nada, pero es el organizador de la Gante-Wegelwen, donde el año pasado Nico Mattan se ayudó escandalosamente de las motos para dar caza a Juan Antonio Flecha -muy resultón en su presentación con el Rabobank-. La UCI le acaba de suspender por un mes, precisamente el de abril, para al menos lavar la cara respecto a uno de los escándalos de la temporada pasada. La medida no asegura que las motos no vayan a volver a remolcar a los corredores locales cuando tengan necesidad, una práctica tan antigua como las carreras que se celebrarán ese mes y donde el pobre de Flecha -sería inútil pensar lo contrario- no será el último damnificado.
Recordemos: en la crono de 19 km en la isla de Noirmoutier Valverde se dejó 1´31" con Vinokourov, 1´16 con Ullrich y 58" con Basso, sólo por citar los tres máximos favoritos para la edición de 2006. A la segunda crono, de 55 km., no llegó. Para este año está previsto el prólogo de Estrasburgo de 7 km., la crono de Rennes de 52 km, y la final de 56 km. Y todavía se piensa que Valverde tiene alguna opción de ganar el Tour. Vamos, yo con eso no trago. Mucho tendrá que mejorar en montaña y en leer la carrera, porque en las cronos se va a dejar un mínimo de 5´con los tres máximos favoritos. Pero la ilusión es lo último que se pierde y el diario As es especialista en eso. Para remachar, Valverde insiste en que la Lieja es la clásica que más se le adapta...en 2005 tomó la salida tras brillar en el País Vasco y ni se le vió.
Llegará abril y llegará julio y Valverde se saldrá y obtendrá todo lo que ha pedido a los Reyes Magos. Pero como yo sé que son los padres, prefiero continuar con mi sano escepticismo en torno a sus posibilidades reales.
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Luc Gheysens. Este nombre no les dirá nada, pero es el organizador de la Gante-Wegelwen, donde el año pasado Nico Mattan se ayudó escandalosamente de las motos para dar caza a Juan Antonio Flecha -muy resultón en su presentación con el Rabobank-. La UCI le acaba de suspender por un mes, precisamente el de abril, para al menos lavar la cara respecto a uno de los escándalos de la temporada pasada. La medida no asegura que las motos no vayan a volver a remolcar a los corredores locales cuando tengan necesidad, una práctica tan antigua como las carreras que se celebrarán ese mes y donde el pobre de Flecha -sería inútil pensar lo contrario- no será el último damnificado.
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Valverde Piti
06 enero, 2006
El ruido de la temporada
Se oye ya el rumor de la temporada ciclista que está a punto de comenzar. La prueba más evidente es como se empieza a ver a los corredores con sus nuevos maillots, la constatación más clara de que con el 1 de enero ya todo es cuesta abajo hacia el debut de cada uno en su respectivo calendario. Antes de esa fecha, se suceden los campamentos y las concentraciones, se toman los primeros pesos y se intenta tener a toda la plantilla, una oportunidad que seguramente no se repetirá en todo el año. Zabel y Petacchi con el poco original maillot del Millram, Mancebo irreconocible en el del AG2R, Simoni con el de Saunier Duval y Valverde esperando por el nuevo de Illes Balears/Caisse d´Epparge, que no se conocerá hasta mediados de mes.
Adelantado a su tiempo, Manolo Saiz ya hizo la primera concentración en noviembre en Puente Viesgo. Como es natural por esos pagos, llovió inclementemente mientras muchos corredores se preguntaban cúal era el sentido de esa ghymkana. Y más cuando, por compromiso de contrato, Vinokourov iba con el maillot del T-Mobile y Kashsehkin con el de Credit Agricole. Fue una demostración de ese espíritu de grupo del que siempre ha presumido el cántabro, espíritu de grupo completamente olvidado con Roberto Heras. Una demostración de fuerza en una temporada en la que todos los focos van a estar sobre un equipo deportivo que no ha revelado el nombre de los doctores y del que se sabe muy poco.
Pero no, no es esa línea para empezar la temporada. Habrá que hacer, como tantas veces en este deporte, borrón y cuenta nueva para olvidar como se cerró en falso el año pasado (y no han pasado ni dos meses desde el escándalo) para encarar el nuevo ciclo de competición con la misma ilusión con la que la Vuelta pasaba al lado de la casa y daban hora libre en el cole. Porque el ciclismo, el deporte en general, vive de la ilusión de mejora y de tiempos mejores, por mucho que se evoquen hazañas y puertos allanados al paso de los antiguos campeones. Armstrong ya no está, y alguien reclamará su trono.
A finales de enero ya habrá carreras en el Tour de Qatar, que el año pasado fue muy prolífico para sprinters. Debutó con victoria Boonen, y ya se vió como continúo el resto de la temporada. Y después de tantos meses sin competición, hasta la insulsa competición que puede haber con etapas de 110 km. completamente llanas será recibida como el agua en el desierto. Porque ya hay mono de que empiece la temporada. Ya se oye el ruido tras la esquina. Ojalá todo vaya bien.
Adelantado a su tiempo, Manolo Saiz ya hizo la primera concentración en noviembre en Puente Viesgo. Como es natural por esos pagos, llovió inclementemente mientras muchos corredores se preguntaban cúal era el sentido de esa ghymkana. Y más cuando, por compromiso de contrato, Vinokourov iba con el maillot del T-Mobile y Kashsehkin con el de Credit Agricole. Fue una demostración de ese espíritu de grupo del que siempre ha presumido el cántabro, espíritu de grupo completamente olvidado con Roberto Heras. Una demostración de fuerza en una temporada en la que todos los focos van a estar sobre un equipo deportivo que no ha revelado el nombre de los doctores y del que se sabe muy poco.
Pero no, no es esa línea para empezar la temporada. Habrá que hacer, como tantas veces en este deporte, borrón y cuenta nueva para olvidar como se cerró en falso el año pasado (y no han pasado ni dos meses desde el escándalo) para encarar el nuevo ciclo de competición con la misma ilusión con la que la Vuelta pasaba al lado de la casa y daban hora libre en el cole. Porque el ciclismo, el deporte en general, vive de la ilusión de mejora y de tiempos mejores, por mucho que se evoquen hazañas y puertos allanados al paso de los antiguos campeones. Armstrong ya no está, y alguien reclamará su trono.
A finales de enero ya habrá carreras en el Tour de Qatar, que el año pasado fue muy prolífico para sprinters. Debutó con victoria Boonen, y ya se vió como continúo el resto de la temporada. Y después de tantos meses sin competición, hasta la insulsa competición que puede haber con etapas de 110 km. completamente llanas será recibida como el agua en el desierto. Porque ya hay mono de que empiece la temporada. Ya se oye el ruido tras la esquina. Ojalá todo vaya bien.
14 diciembre, 2005
El ángel exterminador
Charly Gaul. Su nombre evoca el ciclismo mítico de las grandes hazañas, aquel del que apenas quedan unas pocas grabaciones en celuloide, las justas para el noticiario obligatorio antes de las proyecciones en el cine. Charly Gaul. De él hemos leído las más asombrosas historias, pero lo que siempre quedará para la historia del ciclismo sus récords. Charly Gaul, he aquí el sencillo obituario de un ciclista que nunca conocí pero que ha sabido ganarse un lugar en el corazón de todos los aficionados.
¿Cómo se ama a un ciclista del que no se tiene recuerdos? No por su nacionalidad, la no tan exótica de Luxemburgo, país que ya había dado un doble ganador del Tour como Frantz, uno de los primeros clasicómanos con Faber y que continúa hoy en día su tradición con Schleck y Kirchen. No por su carisma, alejado del circuito durante décadas y sólo recientemente recuperado, en parte como un elemento más del circo montado en torno a Pantani. Y desde luego, no por lo que se haya podido leer en España, demasiado ensimismada en loar justamente las hazañas de Bahamontes, su contemporáneo y enemigo muchas veces derrotado, sin ni siquiera comprender que el hábil toledano engrandece su leyenda cuando se le compara con Gaul.
Su palmarés está compuesto por un Tour y dos Premios de la Montaña (10 etapas) y dos Giros (11 etapas), resultados en sintonía con sus características de gran escalador y con los que sus tres vueltas a Luxemburgo y sus seis títulos nacionales apenas se pueden comparar. 40 victorias en un tiempo en el que se ganaba mucho más, pero ¡qué victorias!. En ambientes ciclistas ya se hablaba de su proyección cuando con 18 años pulverizó el récord de la subida al Glossglockner durante la Vuelta a Austria, pero se dio a conocer con 21 años conquistando el bronce en el Mundial del 54, el de Bobet, corriendo en solitario contra equipos nacionales potentísimos. Al año siguiente, en el Tour, atacó en la etapa de Briançon, dejando al segundo clasificado, el suizo Kubler, a 13´47”: conquisto el tercer puesto final, pero su legendaria cabalgada por el Aravis, el Telegraphè y el Galibier le valió el apodo de “Ángel de las montañas”. En 1956 afronta el Giro y completa su mayor hazaña, con 23 años. En la general estaba 24º a 16´05” del líder, sólo quedaban tres días para finalizar la carrera. No conoce lo que espera delante, descubre sobre la marcha los Dolomitas. En el Costalunga corona por delante de Bahamontes, a la caza de esos puntos de la montaña que tanto le gustaban. En el siguiente puerto, el Rolle, corona en solitario con 2´55” sobre el toledano. Por esas cosas de la mala suerte, pincha dos veces y se le rompe el freno, y vuelve a estar a 4´ de la cabeza de carrera. No será hasta el Bondone cuando, en una tormenta de nieve y hielo, se marche en solitario y gane la etapa con 7´44” sobre el segundo y 12´15” sobre el tercero, un Magni con la clavícula rota que nunca ganará su cuarto Giro: subirá segundo al podio de Milán, la maglia rosa pertenecía al debutante Gaul.
En 1958 se repite la historia, esta vez en el Tour. En la etapa 21º Gaul está a 16´ de Geminiani, líder. Ataca en el Col de Luitel y Bahamontes no le puede seguir, escala en solitario el Porte, Cucheron y Granier para ganar en Aix-Les Bains con 7´50” de ventaja. Será al día siguiente, en un crono, cuando consiga el maillot amarillo y su primer Tour. Y en 1959, de nuevo en la etapa 21º del Giro, Gaul está a 3´49” del líder, Anquetil. Después de 270 km. de etapa, y a tan sólo 4 km. de coronar el Piccolo San Bernardo, el rubio francés sigue a su rueda. Gaul ataca entre gruesas paredes de nieve y Anquetil se hunde. Entra en meta con 9´48”, suficiente para ganar su segundo Giro. Y pudieron ser tres. En 1957, cuando iba líder, Bobet aprovechó que estaba parado para orinar y le atacó. Gaul, que siempre corrió en equipos débiles (aunque su patrocinador fuese la misma Faema que después ficharía a Merckx) perdió en meta su maglia. Al día siguiente, se lanzó como un loco al ataque, reventó a Bobet y el beneficiado fue Nencini, que se llevó el Giro al agua.
El próximo año se cumplen 50 años de la hazaña del Monte Bondone. Es por eso que el puerto ha encontrado lugar en el recorrido de parque de atracciones del próximo Giro de Italia. Ese día les contarán historias de un corredor que tuvo que ser ayudado a bajar de la bici, al que el café le caía por los labios entumecidos del frío, al que se le tuvo que quitar el maillot con unas tijeras porque era incapaz de mover las articulaciones, pero lo que hay que extraer de la historia es que era un corredor que no se rendía y al que no le importaba atacar. Una pena que Gaul no vaya a estar allí para recordar una época en la que la que en el ciclismo los hundimientos se producían en carrera, y no fuera de ella. El Ángel de las cumbres, tantas veces exterminador para sus rivales, estará presente en el recuerdo.
¿Cómo se ama a un ciclista del que no se tiene recuerdos? No por su nacionalidad, la no tan exótica de Luxemburgo, país que ya había dado un doble ganador del Tour como Frantz, uno de los primeros clasicómanos con Faber y que continúa hoy en día su tradición con Schleck y Kirchen. No por su carisma, alejado del circuito durante décadas y sólo recientemente recuperado, en parte como un elemento más del circo montado en torno a Pantani. Y desde luego, no por lo que se haya podido leer en España, demasiado ensimismada en loar justamente las hazañas de Bahamontes, su contemporáneo y enemigo muchas veces derrotado, sin ni siquiera comprender que el hábil toledano engrandece su leyenda cuando se le compara con Gaul.
Su palmarés está compuesto por un Tour y dos Premios de la Montaña (10 etapas) y dos Giros (11 etapas), resultados en sintonía con sus características de gran escalador y con los que sus tres vueltas a Luxemburgo y sus seis títulos nacionales apenas se pueden comparar. 40 victorias en un tiempo en el que se ganaba mucho más, pero ¡qué victorias!. En ambientes ciclistas ya se hablaba de su proyección cuando con 18 años pulverizó el récord de la subida al Glossglockner durante la Vuelta a Austria, pero se dio a conocer con 21 años conquistando el bronce en el Mundial del 54, el de Bobet, corriendo en solitario contra equipos nacionales potentísimos. Al año siguiente, en el Tour, atacó en la etapa de Briançon, dejando al segundo clasificado, el suizo Kubler, a 13´47”: conquisto el tercer puesto final, pero su legendaria cabalgada por el Aravis, el Telegraphè y el Galibier le valió el apodo de “Ángel de las montañas”. En 1956 afronta el Giro y completa su mayor hazaña, con 23 años. En la general estaba 24º a 16´05” del líder, sólo quedaban tres días para finalizar la carrera. No conoce lo que espera delante, descubre sobre la marcha los Dolomitas. En el Costalunga corona por delante de Bahamontes, a la caza de esos puntos de la montaña que tanto le gustaban. En el siguiente puerto, el Rolle, corona en solitario con 2´55” sobre el toledano. Por esas cosas de la mala suerte, pincha dos veces y se le rompe el freno, y vuelve a estar a 4´ de la cabeza de carrera. No será hasta el Bondone cuando, en una tormenta de nieve y hielo, se marche en solitario y gane la etapa con 7´44” sobre el segundo y 12´15” sobre el tercero, un Magni con la clavícula rota que nunca ganará su cuarto Giro: subirá segundo al podio de Milán, la maglia rosa pertenecía al debutante Gaul.
En 1958 se repite la historia, esta vez en el Tour. En la etapa 21º Gaul está a 16´ de Geminiani, líder. Ataca en el Col de Luitel y Bahamontes no le puede seguir, escala en solitario el Porte, Cucheron y Granier para ganar en Aix-Les Bains con 7´50” de ventaja. Será al día siguiente, en un crono, cuando consiga el maillot amarillo y su primer Tour. Y en 1959, de nuevo en la etapa 21º del Giro, Gaul está a 3´49” del líder, Anquetil. Después de 270 km. de etapa, y a tan sólo 4 km. de coronar el Piccolo San Bernardo, el rubio francés sigue a su rueda. Gaul ataca entre gruesas paredes de nieve y Anquetil se hunde. Entra en meta con 9´48”, suficiente para ganar su segundo Giro. Y pudieron ser tres. En 1957, cuando iba líder, Bobet aprovechó que estaba parado para orinar y le atacó. Gaul, que siempre corrió en equipos débiles (aunque su patrocinador fuese la misma Faema que después ficharía a Merckx) perdió en meta su maglia. Al día siguiente, se lanzó como un loco al ataque, reventó a Bobet y el beneficiado fue Nencini, que se llevó el Giro al agua.
El próximo año se cumplen 50 años de la hazaña del Monte Bondone. Es por eso que el puerto ha encontrado lugar en el recorrido de parque de atracciones del próximo Giro de Italia. Ese día les contarán historias de un corredor que tuvo que ser ayudado a bajar de la bici, al que el café le caía por los labios entumecidos del frío, al que se le tuvo que quitar el maillot con unas tijeras porque era incapaz de mover las articulaciones, pero lo que hay que extraer de la historia es que era un corredor que no se rendía y al que no le importaba atacar. Una pena que Gaul no vaya a estar allí para recordar una época en la que la que en el ciclismo los hundimientos se producían en carrera, y no fuera de ella. El Ángel de las cumbres, tantas veces exterminador para sus rivales, estará presente en el recuerdo.
03 diciembre, 2005
Tanto tienes, tanto vales
Quien pone el dinero se lleva el gato al agua. El Ag2R, que había invertido una buena cantidad de dinero en fichar a Mancebo y Moreau (además de sus respectivos acompañantes) ha visto premiados sus esfuerzos económicos con la plaza del ProTour que dejaba libre el Fassa Bortolo. No ha servido de nada que el mejor equipo continental de la temporada 2005 fuese el Panaria de Bruno Reverberi, con 23 victorias de 8 corredores diferentes, cuando los franceses sólo han podido ser segundos con 14 victorias con el mismo número de corredores…El Kelme, tercero, 20 victorias con seis corredores, pero a más de 200 puntos de los italianos. Todos estos resultados se refieren a carreras que no son del Uci ProTour, porque dentro de la elitista challenge de la UCI los grandes equipos sólo han dejando escapar diez etapas, nunca una clasificación general. El análisis de éstas arroja resultados muy interesantes.
El único corredor proveniente de un equipo continental que ha repetido victoria en el ProTour ha sido Iván Parra, en sus mágicos Dolomitas del Giro: después no ha hecho absolutamente nada, al igual que su compañero en el Colombia Selle Italia Rujano, también vencedor de la etapa del Finestre en la misma carrera y con trayectoria similar. También consiguieron ganar en el Giro Brett Lancaster y Luca Mazzanti, ambos del Panaria (que también ganó por equipos, como el Kelme en la Vuelta).El diminuto Samuel Dumoulin consiguió la única victoria ProTour para el Ag2R en la segunda etapa del Dauphinè, Van Dijck hizo lo propio para el Mr.Bookmaker en la séptima etapa del Tour de Benelux y los kelmes García Quesada, Eladio Jiménez y Rubén Plaza ganaron etapas en la Vuelta. Diez victorias para nueve corredores diferentes, lo que refleja la dificultad de abrirse camino en el invento de la UCI viniendo desde debajo. Cinco en el Giro y tres en la Vuelta: en el resto de carreras, teóricamente más accesibles, sólo dos etapas.
Así las cosas, los equipos pequeños están condenados a encontrar un buen patrocinador para poder prosperar; eso, y que alguno de los elegidos para el olimpo se dé de baja. Mientras tanto, sólo servirán de cantina para reforzar a los equipos de primera división. Rujano ha fichado por el Quick Step (este Lefevre, que no espabila nunca: como si no hubiese tenido bastante escarmiento con Pecharromán), García Quesada por el Davitamon y de Parra no se espera que continúe con Savio. Respecto a los demás, Lancaster es un corredor demasiado específico, Mazzanti tiene 31 años y Van Dijck y Eladio han encontrado su lugar en unos equipos pequeños en los que pueden ejercer de líderes. Mención aparte merece el caso de Rubén Plaza, que ha renovado contra todo pronóstico con el Kelme y que vendrá pagado con el dinero de Ángel Casero: su caso es el del único joven y apetecible que ha elegido seguir fuera del ProTour. Está cómodo en con Belda y con sólo 25 años ya tendrá tiempo de escoger otras metas. De momento, es la única anomalía que se puede encontrar en el sistema de levas y castas diseñado con mimo por el estrellado Manolo Saiz. Por lo demás, el ProTour ha respondido bien al plan con el que fue ideado por uno de los directores que menos ha cuidado su cantera hasta tiempos muy recientes: unos que venden y otros que compran, ya sean plazas o corredores.
El único corredor proveniente de un equipo continental que ha repetido victoria en el ProTour ha sido Iván Parra, en sus mágicos Dolomitas del Giro: después no ha hecho absolutamente nada, al igual que su compañero en el Colombia Selle Italia Rujano, también vencedor de la etapa del Finestre en la misma carrera y con trayectoria similar. También consiguieron ganar en el Giro Brett Lancaster y Luca Mazzanti, ambos del Panaria (que también ganó por equipos, como el Kelme en la Vuelta).El diminuto Samuel Dumoulin consiguió la única victoria ProTour para el Ag2R en la segunda etapa del Dauphinè, Van Dijck hizo lo propio para el Mr.Bookmaker en la séptima etapa del Tour de Benelux y los kelmes García Quesada, Eladio Jiménez y Rubén Plaza ganaron etapas en la Vuelta. Diez victorias para nueve corredores diferentes, lo que refleja la dificultad de abrirse camino en el invento de la UCI viniendo desde debajo. Cinco en el Giro y tres en la Vuelta: en el resto de carreras, teóricamente más accesibles, sólo dos etapas.
Así las cosas, los equipos pequeños están condenados a encontrar un buen patrocinador para poder prosperar; eso, y que alguno de los elegidos para el olimpo se dé de baja. Mientras tanto, sólo servirán de cantina para reforzar a los equipos de primera división. Rujano ha fichado por el Quick Step (este Lefevre, que no espabila nunca: como si no hubiese tenido bastante escarmiento con Pecharromán), García Quesada por el Davitamon y de Parra no se espera que continúe con Savio. Respecto a los demás, Lancaster es un corredor demasiado específico, Mazzanti tiene 31 años y Van Dijck y Eladio han encontrado su lugar en unos equipos pequeños en los que pueden ejercer de líderes. Mención aparte merece el caso de Rubén Plaza, que ha renovado contra todo pronóstico con el Kelme y que vendrá pagado con el dinero de Ángel Casero: su caso es el del único joven y apetecible que ha elegido seguir fuera del ProTour. Está cómodo en con Belda y con sólo 25 años ya tendrá tiempo de escoger otras metas. De momento, es la única anomalía que se puede encontrar en el sistema de levas y castas diseñado con mimo por el estrellado Manolo Saiz. Por lo demás, el ProTour ha respondido bien al plan con el que fue ideado por uno de los directores que menos ha cuidado su cantera hasta tiempos muy recientes: unos que venden y otros que compran, ya sean plazas o corredores.
30 noviembre, 2005
Auge y caída de Roberto Heras
No. Los contraanálisis no existen para desmentir al análisis, sino para ratificarlo. Todos aquellos que siguieron con atención la segunda prueba a la orina de Roberto Heras debían saberlo. Y lo sabían. A unos se les disculpa por la normal aprehensión del aficionado traicionado y que se resiste a creer. A otros no. Me estoy refiriendo al diario El País, que el día de la exhibición del Liberty camino de Pajares no dedicó ni una mínima atención en la primera página, y que desde su exclusiva han dedicado un seguimiento inusitado a la confirmación del tanto que se apuntaron: que Roberto Heras se dopa. Bravo. El sábado 26, primera página de deportes y sesuda columna de reacciones. La semana de la vigilia, retratos de familia y detalles de abogados, casos de esperanza (Hamburguer, Llaneras, Guido). En vano.
Sigue el muro de ceguera en torno a Heras. Nadie se atreve a criticarlo, nadie. Se da gran alharaca a las declaraciones de Mancebo, el único que se sale del guión de plañideras (“El que juega con fuego, se quema”), pero hasta donde yo sé no he leído en ningún medio de comunicación la gran pregunta que cabe hacerse en estos casos:
¿Cuando empezó?
Nooooooo, que va, el gran Roberto ha sido pillado por un método no fiable, está pagando los platos rotos de la guerra entre la FCE y la UCI, entre la Vuelta y el ProTour, entre Manolo Saiz y todo el mundo vivo. Un cuerno. No avanzaremos nada hasta que no seamos conscientes de que no se pilla al tramposo en la primera ocasión en la que juega con cartas marcadas. Una vez confirmado el positivo, hay que preguntarse cuando se pudo producir antes. Dice Vicente Belda, en una de sus pocas declaraciones razonables, que se trata del mayor escándalo de doping desde el caso Festina…bueno, si tenemos en cuenta que Pantani en Madonna di Campligio en 1999 no fue estrictamente doping, puede pasar, pero para conocer la verdad del mal tenemos el caso Millar. Lo he utilizado frecuentemente en este blog porque es la confesión de un corredor que nunca dio positivo, pero confesó ante la jeringuilla con restos de EPO: la utilizó para ganar etapas en la Vuelta y un Mundial CRI, mientras recibía elogios sobre su clase y su futuro. Se dopaba cuando estaba bajo de forma, y nunca fue pillado.
Es bien conocida la epopeya ciclista de Roberto Heras. Formado en la escuela vasca, casi pasa a profesional con el Euskadi. Era un joven fibroso que andaba muy bien en montaña y con una buena punta de velocidad: así fueron sus primeras temporadas en el Kelme, con victorias en el GP Primavera y un debut en la Vuelta con victoria de etapa en El Morredero y 5º puesto final. Era 1997. En 1999 debuta en el Giro y logra su única victoria en el extranjero, nada menos que la etapa del Mortirolo por delante de Simoni y Gotti. Precisamente la etapa que no disputó Pantani. El salmantino estaba en auge, el cometa italiano iniciaba su caída. Con 26 años gana la Vuelta y ficha por el equipo de Armstrong, por 200 millones de pesetas al año y con esperanzas de mejorar contrarreloj, aunque pierde gran parte de la chispa que le caracterizaba. En 2002 pierde la Vuelta en la última crono con una prestación decepcionante, pero en 2003 gana una Vuelta disputada de menos a más, tras un Tour horrible. Nunca tendré pruebas, y no creo que jamás Heras tenga la entereza de hacer una confesión pública como la de Millar, pero para mí toda su trayectoria tiene que ser puesta en duda. No se cuando empezó a doparse, pero no fue en esta Vuelta. Si sé, en cambio, cuando no se dopó: en los dos últimos Tours. Así de triste, así de sentido común.
La etapa de La Mongie en 2002. La cronoescalada de Abantos. Calar Alto. Valdezcaray. Los días y los recuerdos se agolpan y en ninguno soy capaz de poner la mano en el fuego. No tengo tampoco porqué. No soy herista, ni nadie me paga, pero quizás Roberto Heras tendría que preguntarse por qué el día del contraanálisis sólo le escudaban Vicioso y Serrano. ¿Dónde está su superamigo Rubiera? ¿Cual es la razón por la que renuncia en el último momento al abogado especialista en rebatir resultados de laboratorio “por su elevada minuta”, cuando gracias a su trabajo en todas estas temporadas tiene asegurada su jubilación y la de toda su prole? ¿Quizás por que las pruebas son abrumadoras?. Y no vale la explicación ofrecida por Carlos Arribas en El País. La tan cacareada “familia” de Manolo Saiz, ¿dónde estaba ese día? ¿Dónde está el médico del Liberty? ¿Por qué Heras no dice el nombre de su médico particular? Bah, ya nada importa. El dopaje confirmado de Heras pone una mancha indeleble en la Generación de Oro del ciclismo español, mucho más allá de la suya particular. La historia del auge y caída de uno de los mejores corredores españoles por palmarés, pero que cierra su carrera en falso, al mismo tiempo que arroja sombras densas como el betún sobre todo el ciclismo.
Sigue el muro de ceguera en torno a Heras. Nadie se atreve a criticarlo, nadie. Se da gran alharaca a las declaraciones de Mancebo, el único que se sale del guión de plañideras (“El que juega con fuego, se quema”), pero hasta donde yo sé no he leído en ningún medio de comunicación la gran pregunta que cabe hacerse en estos casos:
¿Cuando empezó?
Nooooooo, que va, el gran Roberto ha sido pillado por un método no fiable, está pagando los platos rotos de la guerra entre la FCE y la UCI, entre la Vuelta y el ProTour, entre Manolo Saiz y todo el mundo vivo. Un cuerno. No avanzaremos nada hasta que no seamos conscientes de que no se pilla al tramposo en la primera ocasión en la que juega con cartas marcadas. Una vez confirmado el positivo, hay que preguntarse cuando se pudo producir antes. Dice Vicente Belda, en una de sus pocas declaraciones razonables, que se trata del mayor escándalo de doping desde el caso Festina…bueno, si tenemos en cuenta que Pantani en Madonna di Campligio en 1999 no fue estrictamente doping, puede pasar, pero para conocer la verdad del mal tenemos el caso Millar. Lo he utilizado frecuentemente en este blog porque es la confesión de un corredor que nunca dio positivo, pero confesó ante la jeringuilla con restos de EPO: la utilizó para ganar etapas en la Vuelta y un Mundial CRI, mientras recibía elogios sobre su clase y su futuro. Se dopaba cuando estaba bajo de forma, y nunca fue pillado.
Es bien conocida la epopeya ciclista de Roberto Heras. Formado en la escuela vasca, casi pasa a profesional con el Euskadi. Era un joven fibroso que andaba muy bien en montaña y con una buena punta de velocidad: así fueron sus primeras temporadas en el Kelme, con victorias en el GP Primavera y un debut en la Vuelta con victoria de etapa en El Morredero y 5º puesto final. Era 1997. En 1999 debuta en el Giro y logra su única victoria en el extranjero, nada menos que la etapa del Mortirolo por delante de Simoni y Gotti. Precisamente la etapa que no disputó Pantani. El salmantino estaba en auge, el cometa italiano iniciaba su caída. Con 26 años gana la Vuelta y ficha por el equipo de Armstrong, por 200 millones de pesetas al año y con esperanzas de mejorar contrarreloj, aunque pierde gran parte de la chispa que le caracterizaba. En 2002 pierde la Vuelta en la última crono con una prestación decepcionante, pero en 2003 gana una Vuelta disputada de menos a más, tras un Tour horrible. Nunca tendré pruebas, y no creo que jamás Heras tenga la entereza de hacer una confesión pública como la de Millar, pero para mí toda su trayectoria tiene que ser puesta en duda. No se cuando empezó a doparse, pero no fue en esta Vuelta. Si sé, en cambio, cuando no se dopó: en los dos últimos Tours. Así de triste, así de sentido común.
La etapa de La Mongie en 2002. La cronoescalada de Abantos. Calar Alto. Valdezcaray. Los días y los recuerdos se agolpan y en ninguno soy capaz de poner la mano en el fuego. No tengo tampoco porqué. No soy herista, ni nadie me paga, pero quizás Roberto Heras tendría que preguntarse por qué el día del contraanálisis sólo le escudaban Vicioso y Serrano. ¿Dónde está su superamigo Rubiera? ¿Cual es la razón por la que renuncia en el último momento al abogado especialista en rebatir resultados de laboratorio “por su elevada minuta”, cuando gracias a su trabajo en todas estas temporadas tiene asegurada su jubilación y la de toda su prole? ¿Quizás por que las pruebas son abrumadoras?. Y no vale la explicación ofrecida por Carlos Arribas en El País. La tan cacareada “familia” de Manolo Saiz, ¿dónde estaba ese día? ¿Dónde está el médico del Liberty? ¿Por qué Heras no dice el nombre de su médico particular? Bah, ya nada importa. El dopaje confirmado de Heras pone una mancha indeleble en la Generación de Oro del ciclismo español, mucho más allá de la suya particular. La historia del auge y caída de uno de los mejores corredores españoles por palmarés, pero que cierra su carrera en falso, al mismo tiempo que arroja sombras densas como el betún sobre todo el ciclismo.
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17 noviembre, 2005
Un Giro extraño y duro, pero habrá espectáculo
El pasado fin de semana se presentó en Milán la edición 2006 del Giro de Italia. La ceremonia careció de cualquier tipo de interés, sin ninguna estrella internacional y sin ni siquiera el último vencedor, Savoldelli: su equipo se lo había prohibido tras la crucifixión pública de Lance Armstrong en la presentación del Tour 2006. Si a esto añadimos que el único corredor de nivel internacional que había manifestado públicamente su intención de disputar la carrera italiana –obligado por su equipo- era Roberto Heras, nos encontramos de nuevo ante la paradoja del ProTour: los mejores no van a las mejores carreras. El Giro de 2006 será un coto local, con alguna sorpresa extranjera, del tipo Rujano (que no ha vuelto a competir desde su fulgor en Finestre) u Osa. Se comenta que Ullrich podría tomar la salida…ya lo hizo en 2001 y no le gustó mucho la redada de San Remo, pero ese año disputó uno de sus mejores Tour. En todo caso, el T-Mobile es especialista en crear expectativa con sus estrellas. Sin ir más lejos, este mismo año mantuvieron hasta última hora la opción Klöden-Vinokourov…para después ir con Klier.
A lo que iba: el Giro se presenta como la tradicional carrera dura, con gran parte de esa dureza concentrada en la última semana. El diseño ha sido ideado por Angelo Zomegnan, un antiguo periodista del periódico organizador, que ha pecado de querer meter todo. Hay etapas en Bélgica (como en 2002), prólogo, contrarreloj por equipos, tramos sin asfaltar, Mortirolo y, si no llega a ser porque los corredores la han boicoteado, ¡una cronoescalada el último día!. Esto pasa cuando se pone a un aficionado al ciclismo a hacer cosas de organización: por mucho que sepa de ciclismo y lo ame, es un auténtico despropósito. Y se acabará pagando en la carrera, aunque el Giro siempre da jornadas espectaculares y emoción sin límite alguno.
Se parte el sábado 6 de mayo de Seraing –ya escenario de una crono del Tour, aquella tan emocionante de Indurain batiendo a Rijs en 1995- con un prólogo de 6´2 km que incluye una pequeña ascensión y las siguientes tres etapas son una apoteosis de explotar el territorio valón, con final en Namur (como en el GP de Wallonia) y alguna incursión en muros de la Lieja-Bastogne-Lieja. Y punto. Con sólo cuatro días de competición, habrá un día de descanso por el traslado obligado a Italia. Un despropósito jamás visto en una gran prueba por etapas…¡y es que encima les estará recibiendo una CRE de 50 km, la primera en el Giro desde 1989! Al menos el recorrido es llano, como la etapa siguiente, camino de Forlí, que será la segunda etapa más larga de la carrera (223 km.) como prólogo de la del día siguiente, la más larga con 230 km. por el difícil perfil de Las Marcas. El domingo, séptimo día de competición, primera llegada en alto al Paso Lanciano, el mítico Blockhaus donde Jose Manuel Fuente se olvidó de la fuerza de la gravedad y firmó una de las mayores exhibiciones de un escalador: sólo por ver esta etapa merecerá la pena el Giro. Además, los finales en alto en la primera semana favorecen las sorpresas y los hundimientos, aunque el recorrido favorece al corredor local, Danilo Di Luca. Dos etapas más de llano y el segundo día de descanso, miércoles 17 de mayo. No es para menos: la caravana tiene que subir desde el profundo sur hasta Toscana, por lo que el reposo brillará por su ausencia.
Y de nuevo, una crono de recibimiento: 50 km por un terreno quebrado, una distancia inusual en el Giro y que puede hacer muchas diferencias. Al día siguiente, espectacular llegada a la bellísima localidad marítima de Sestri Levante, con el durísimo Paso del Bracco a pocos kilómetros de meta. El Bracco es un auténtico puerto de los Apeninos Ligures: estrecho, grandes pendientes y emboscada en cada curva. Se llega así al segundo fin de semana de la carrera: el sábado final en la estación de esquí de La Thuile tras 216 km, tras subir antes el San Carlo y el increíble Pequeño San Bernardo. Habrá batalla y no tiene porque ser en la no muy exigente subida final, en pleno Valle de Aosta. Aunque es la primera vez que se sube en competición, la tradicional y prestigiosísima vuelta por etapas para aficionados que se corre en esa zona hace que todos los corredores transalpinos conozcan la subida. Y el domingo, la traca: otros 224 km. con final en Domodossola y “sólo” dos puertos, pero que puertos: el Gran San Bernardo y el Sempione, que no se sube en el Giro desde los tiempos de Mari Castaña.
La última semana tiene, tras una etapa de transición hacia los Dolomitas, el final en el Monte Bondone el martes y la etapa de 158 km. del miércoles, con final en el inédito Plan de Corones, sin asfaltar: 5´5 km a más de 2000 metros de altura con un tramo de pendiente al 24%. Para más Inri, antes se habrá subido el Pinei y el durísimo Erbe, por lo que tengo mis serias dudas de que la etapa no se acabe convirtiendo en una prueba de trial a ver quién es el que no se cae hacia atrás. Y a eso lo llaman ciclismo. El jueves será el día de atravesar los Alpes Julianos en una larga jornada de 227 km. con dos puertos de montaña, pero el último a cincuenta de meta. Discurso distinto es el del viernes, la etapa reina sobre el papel: 220 km con Forcella, la Marmolada y sus maravillosas rectas asesinas, el Pordoi por encima de los 2000 metros y final en alto en San Pellegrino.
Se podría decir que la carrera ya estará decidida, pero es que el sábado vuelve un viejo conocido: el Mortirolo, el puerto más duro que existe y capaz de invertir el orden de cualquier clasificación general. Y el criminal de Zomegnan, que ha diseñado el Giro porque nunca se ha subido en una bicicleta, lo inserta en una jornada de 212 km. y precedido por el Tonale y…el Gavia. Toma ya. Como con Olano en 1996, aunque esta vez el final de etapa está en Aprica y no en alto. Para el domingo estaba la bufonada de la cronoescalada al Ghisallo, la mítica subida del Giro de Lombardía donde está la patrona de los ciclistas: eran sólo 11 km en una semietapa por la mañana y después la tradicional pasarela hacia Milán, pero el sindicato de ciclistas ha dicho que es ilegal hacer semietapas en una gran vuelta por etapas. Curioso: el mayor especialista en ganar sectores parciales, Jens Voigt (tres años seguidos en el País Vasco, por poner un ejemplo), ha sido el vocal de esta justísima reclamación. Claro, como él no va a participar... Una lástima, porque este Giro va a necesitar valientes para rescatar una carrera asesina por las subidas, el recorrido de Monopoly y los traslados.
A lo que iba: el Giro se presenta como la tradicional carrera dura, con gran parte de esa dureza concentrada en la última semana. El diseño ha sido ideado por Angelo Zomegnan, un antiguo periodista del periódico organizador, que ha pecado de querer meter todo. Hay etapas en Bélgica (como en 2002), prólogo, contrarreloj por equipos, tramos sin asfaltar, Mortirolo y, si no llega a ser porque los corredores la han boicoteado, ¡una cronoescalada el último día!. Esto pasa cuando se pone a un aficionado al ciclismo a hacer cosas de organización: por mucho que sepa de ciclismo y lo ame, es un auténtico despropósito. Y se acabará pagando en la carrera, aunque el Giro siempre da jornadas espectaculares y emoción sin límite alguno.
Se parte el sábado 6 de mayo de Seraing –ya escenario de una crono del Tour, aquella tan emocionante de Indurain batiendo a Rijs en 1995- con un prólogo de 6´2 km que incluye una pequeña ascensión y las siguientes tres etapas son una apoteosis de explotar el territorio valón, con final en Namur (como en el GP de Wallonia) y alguna incursión en muros de la Lieja-Bastogne-Lieja. Y punto. Con sólo cuatro días de competición, habrá un día de descanso por el traslado obligado a Italia. Un despropósito jamás visto en una gran prueba por etapas…¡y es que encima les estará recibiendo una CRE de 50 km, la primera en el Giro desde 1989! Al menos el recorrido es llano, como la etapa siguiente, camino de Forlí, que será la segunda etapa más larga de la carrera (223 km.) como prólogo de la del día siguiente, la más larga con 230 km. por el difícil perfil de Las Marcas. El domingo, séptimo día de competición, primera llegada en alto al Paso Lanciano, el mítico Blockhaus donde Jose Manuel Fuente se olvidó de la fuerza de la gravedad y firmó una de las mayores exhibiciones de un escalador: sólo por ver esta etapa merecerá la pena el Giro. Además, los finales en alto en la primera semana favorecen las sorpresas y los hundimientos, aunque el recorrido favorece al corredor local, Danilo Di Luca. Dos etapas más de llano y el segundo día de descanso, miércoles 17 de mayo. No es para menos: la caravana tiene que subir desde el profundo sur hasta Toscana, por lo que el reposo brillará por su ausencia.
Y de nuevo, una crono de recibimiento: 50 km por un terreno quebrado, una distancia inusual en el Giro y que puede hacer muchas diferencias. Al día siguiente, espectacular llegada a la bellísima localidad marítima de Sestri Levante, con el durísimo Paso del Bracco a pocos kilómetros de meta. El Bracco es un auténtico puerto de los Apeninos Ligures: estrecho, grandes pendientes y emboscada en cada curva. Se llega así al segundo fin de semana de la carrera: el sábado final en la estación de esquí de La Thuile tras 216 km, tras subir antes el San Carlo y el increíble Pequeño San Bernardo. Habrá batalla y no tiene porque ser en la no muy exigente subida final, en pleno Valle de Aosta. Aunque es la primera vez que se sube en competición, la tradicional y prestigiosísima vuelta por etapas para aficionados que se corre en esa zona hace que todos los corredores transalpinos conozcan la subida. Y el domingo, la traca: otros 224 km. con final en Domodossola y “sólo” dos puertos, pero que puertos: el Gran San Bernardo y el Sempione, que no se sube en el Giro desde los tiempos de Mari Castaña.
La última semana tiene, tras una etapa de transición hacia los Dolomitas, el final en el Monte Bondone el martes y la etapa de 158 km. del miércoles, con final en el inédito Plan de Corones, sin asfaltar: 5´5 km a más de 2000 metros de altura con un tramo de pendiente al 24%. Para más Inri, antes se habrá subido el Pinei y el durísimo Erbe, por lo que tengo mis serias dudas de que la etapa no se acabe convirtiendo en una prueba de trial a ver quién es el que no se cae hacia atrás. Y a eso lo llaman ciclismo. El jueves será el día de atravesar los Alpes Julianos en una larga jornada de 227 km. con dos puertos de montaña, pero el último a cincuenta de meta. Discurso distinto es el del viernes, la etapa reina sobre el papel: 220 km con Forcella, la Marmolada y sus maravillosas rectas asesinas, el Pordoi por encima de los 2000 metros y final en alto en San Pellegrino.
Se podría decir que la carrera ya estará decidida, pero es que el sábado vuelve un viejo conocido: el Mortirolo, el puerto más duro que existe y capaz de invertir el orden de cualquier clasificación general. Y el criminal de Zomegnan, que ha diseñado el Giro porque nunca se ha subido en una bicicleta, lo inserta en una jornada de 212 km. y precedido por el Tonale y…el Gavia. Toma ya. Como con Olano en 1996, aunque esta vez el final de etapa está en Aprica y no en alto. Para el domingo estaba la bufonada de la cronoescalada al Ghisallo, la mítica subida del Giro de Lombardía donde está la patrona de los ciclistas: eran sólo 11 km en una semietapa por la mañana y después la tradicional pasarela hacia Milán, pero el sindicato de ciclistas ha dicho que es ilegal hacer semietapas en una gran vuelta por etapas. Curioso: el mayor especialista en ganar sectores parciales, Jens Voigt (tres años seguidos en el País Vasco, por poner un ejemplo), ha sido el vocal de esta justísima reclamación. Claro, como él no va a participar... Una lástima, porque este Giro va a necesitar valientes para rescatar una carrera asesina por las subidas, el recorrido de Monopoly y los traslados.
08 noviembre, 2005
Un deseo para el próximo año
La noticia estalló el lunes por las principales agencias de noticias, a punto para que al día siguiente todos los medios de información se hiciesen eco. Es normal. La noticia afecta nada más y nada menos que al vencedor de una gran vuelta por etapas, es español y era, hasta hace 24 horas, un corredor de trayectoria inmaculada. Roberto Heras, a falta del contranálisis, ha dado positivo por EPO en la crono de Alcalá de la última Vuelta. Y en todos los periódicos (una buena muestra es la crónica de Carlos Arribas en El País, matizada por otro articulo para guardar la ropa) la reacción ha sido opaca, seria, sin aristas: un parte de guerra, de una guerra que se cobra su enésima víctima, pero esta vez no hay corneadores que se ensañen con la víctima, como en el caso de Aitor González.
Analicemos fríamente los datos: un equipo que ya ha tenido dos hematocrito altos en la temporada (Ribeiro y Nozal: uno expulsado, el otro redimido), un corredor que volaba en la parte final de la Vuelta, hasta el punto que la jornada en la que da positivo pierde la etapa por centésimas ante un especialista en un terreno en el que nunca ha brillado, una carrera que el año pasado produjo los casos de doping sanguíneo de Santi Pérez (aunque fue cazado fuera de carrera) y Hamilton, un corredor con la rodilla maltrecha, pero que sin embargo se recupera para las etapas asturianas…elementos que se confabulan para que haya poca esperanza para Roberto Heras. Sin embargo, es imposible encontrar eco de alguno de ellos en ninguna de las crónicas. A Aitor González le recitaron todo el historial de fracasos, su relación con Eufemiano y la banda de la Covatilla y, entre líneas, su conversión a vasco para encontrar equipo. El que escribió esas cosas y el martes no se mojó con Roberto Heras debería releer lo escrito hace poco más de un mes. Y como me consta que muchos de ellos leen de vez en cuando este humilde blog, estaría bien recordar que un caso de doping es el mismo para figuras que para vedettes del ciclismo. Y que estaría bien que alguno se dignase a informar sobre el resultado de la autopsia a Alessio Galetti, que no ganó ninguna Vuelta, pero se murió en la carretera hace seis meses sin ninguna explicación.
¿Por qué tanta precaución en este caso? Heras es un corredor respetado, uno de los mejores de la historia del ciclismo español y respaldado por un importante patrocinador del ciclismo, que seguramente se vaya a replantear todo: si se confirma el positivo, Heras sería descalificado como vencedor de una gran vuelta. Como Ángel Arroyo. Como Pollentier. Ambos a principios de los ochenta, quizás demasiado lejos para que la gente se acuerde, pero de lo que si se va acordar es de la marca comercial. Todo son posibles explicaciones, así como la notable presencia de heristas en las principales redacciones, las mismas que no dudan en sacrificar a Armstrong ante pruebas mucho más insustanciales. Contra el doping no existen medias tintas: todos iguales. Incluso Heras, probablemente el corredor que menos se lo merecía por su carácter reservado. Pero así también era Santi Pérez, que todavía plañe su inocencia en los foros que le dejan (el último, en El Larguero celebrado en Gijón en la última Vuelta, un exhibición impúdica de juicios paralelos). Me duele imaginarme a Roberto Heras en la misma tesitura. Si se confirma su positivo, son dos años de sanción, por lo que se pondría en 33 años: con tres Vueltas a España confirmadas, sería difícil volver a encontrar motivación para volver.
Y ojito a no caer en los cuentos de la abuela de que es una venganza de la UCI por la falta de apoyo a Verbrugghen y su equipo, como ya se intentó vender el positivo (una historia que está paralizada, nadie sabe si se ha confirmado) de Aitor González. Esta carrera ya la hemos visto muchas veces, la carrera del ciclista capaz de resucitar después de arrastrarse en la carrera precedente, andar mucho mejor que sus rivales y salirse en especialidades que no son la suya. Y todos los años volvemos a picar. Qué error. Nadie esta libre, habrá que dar la razón en la cena de Navidad a todos esos que te espetan, mientras se comen la gamba y hablan de fútbol, “es que se meten todos”. Y en Nochevieja, pedir en silencio encontrar argumentos para seguir atento a este deporte, al deporte de competición en general.
Analicemos fríamente los datos: un equipo que ya ha tenido dos hematocrito altos en la temporada (Ribeiro y Nozal: uno expulsado, el otro redimido), un corredor que volaba en la parte final de la Vuelta, hasta el punto que la jornada en la que da positivo pierde la etapa por centésimas ante un especialista en un terreno en el que nunca ha brillado, una carrera que el año pasado produjo los casos de doping sanguíneo de Santi Pérez (aunque fue cazado fuera de carrera) y Hamilton, un corredor con la rodilla maltrecha, pero que sin embargo se recupera para las etapas asturianas…elementos que se confabulan para que haya poca esperanza para Roberto Heras. Sin embargo, es imposible encontrar eco de alguno de ellos en ninguna de las crónicas. A Aitor González le recitaron todo el historial de fracasos, su relación con Eufemiano y la banda de la Covatilla y, entre líneas, su conversión a vasco para encontrar equipo. El que escribió esas cosas y el martes no se mojó con Roberto Heras debería releer lo escrito hace poco más de un mes. Y como me consta que muchos de ellos leen de vez en cuando este humilde blog, estaría bien recordar que un caso de doping es el mismo para figuras que para vedettes del ciclismo. Y que estaría bien que alguno se dignase a informar sobre el resultado de la autopsia a Alessio Galetti, que no ganó ninguna Vuelta, pero se murió en la carretera hace seis meses sin ninguna explicación.
¿Por qué tanta precaución en este caso? Heras es un corredor respetado, uno de los mejores de la historia del ciclismo español y respaldado por un importante patrocinador del ciclismo, que seguramente se vaya a replantear todo: si se confirma el positivo, Heras sería descalificado como vencedor de una gran vuelta. Como Ángel Arroyo. Como Pollentier. Ambos a principios de los ochenta, quizás demasiado lejos para que la gente se acuerde, pero de lo que si se va acordar es de la marca comercial. Todo son posibles explicaciones, así como la notable presencia de heristas en las principales redacciones, las mismas que no dudan en sacrificar a Armstrong ante pruebas mucho más insustanciales. Contra el doping no existen medias tintas: todos iguales. Incluso Heras, probablemente el corredor que menos se lo merecía por su carácter reservado. Pero así también era Santi Pérez, que todavía plañe su inocencia en los foros que le dejan (el último, en El Larguero celebrado en Gijón en la última Vuelta, un exhibición impúdica de juicios paralelos). Me duele imaginarme a Roberto Heras en la misma tesitura. Si se confirma su positivo, son dos años de sanción, por lo que se pondría en 33 años: con tres Vueltas a España confirmadas, sería difícil volver a encontrar motivación para volver.
Y ojito a no caer en los cuentos de la abuela de que es una venganza de la UCI por la falta de apoyo a Verbrugghen y su equipo, como ya se intentó vender el positivo (una historia que está paralizada, nadie sabe si se ha confirmado) de Aitor González. Esta carrera ya la hemos visto muchas veces, la carrera del ciclista capaz de resucitar después de arrastrarse en la carrera precedente, andar mucho mejor que sus rivales y salirse en especialidades que no son la suya. Y todos los años volvemos a picar. Qué error. Nadie esta libre, habrá que dar la razón en la cena de Navidad a todos esos que te espetan, mientras se comen la gamba y hablan de fútbol, “es que se meten todos”. Y en Nochevieja, pedir en silencio encontrar argumentos para seguir atento a este deporte, al deporte de competición en general.
03 noviembre, 2005
Un humorista llamado Lance Armstrong (y otras historias)
Se supone difícil la transición de astro del pedal a ciudadano corriente, aunque la carrera haya estado plagada de éxitos. Coppi seguía corriendo exhibiciones y arrastrando su leyenda cuando una enfermedad tropical se lo llevó por delante (como todo desaparecido italiano que se precie, hay misterio en torno a su muerte); Anquetil se desvinculó totalmente de su estela y se refugió con su bella rubia en una villa de ensueño antes de que el cáncer le consumiese; Eddy Merckx colgó la bicicleta con 30 años y una próspera empresa con su propio nombre le tuvo bien ocupado mientras amasaba kilos y millones; Hinault tardó pocos años en vincularse con la empresa organizadora del Tour, donde ejerce de Di Stefano rejuvenecido; e Indurain transita su madurez entre cargos testimoniales y variados como el COE, el jurado de los Príncipe de Asturias y la UCI, tras unos años de completa desvinculación. ¿Y Armstrong?
Armstrong es humorista. Si, como lo oyen. Pasea su popularidad fruto del binomio campeón-cáncer por los más populares talk-shows americanos, mientras rumia su rencor ante el enésimo rapapolvo del Tour en la presentación de la edición 2006 (todos los comentarios en el anterior post). Una de sus últimas actuaciones ha sido dejarse perseguir por un payaso que se hacía pasar por francés (ya saben: acento nasal, comer paté y leer a Rousseau dan la combinación perfecta) y que estaba interesado en hacerse con una muestra de su orina al grito de “J´acusse”. El espectáculo de latrocinio público que está ejerciendo el Tour con Lance Armstrong una vez que se ha retirado no tiene nombre, desde la revelación de su doping con EPO en 1999 una vez que acabó la edición de 2005 (cuando se tenían los datos desde la primavera de ese año) hasta la supuesta investigación de todas las muestras congeladas del heptacampeón americano, pero tampoco es de recibo que cada semana tengamos noticia del último numero circense del hombre que derrotó a su destino y que ahora parece cebarse en su propia condición de sospechoso. La historia va para largo, en estos largos meses sin competición estaré atento: acabará formando pareja en plan Tip y Coll con Ekimov, el simpático ruso que seguirá un año más en el equipo, hasta cumplir los 40. ¿Adivinan quién recibirá las bofetadas cariñosas que tan bien captó Alex de la Iglesia en “Muertos de Risa”?
Como ejemplo de que la mala transición de la vida deportiva a la de un ciudadano más no es exclusiva de Armstrong, habrá que decir que Cipollini está compitiendo en un programa de la RAI que se titula “Bailando con las estrellas”…no lo hace mal, pero su ego lleva mal no ser protagonista: hace unas semanas se encaró con un periodista que le hizo una observación sobre su carrera: “Tu eres un ignorante: mis cuarenta y dos etapas en el Giro equivalen a 120 goles en la Serie A, sólo que vosotros únicamente teneis ojos para el fútbol”. Jo, Mario, ya nos explicarás esa tabla de conversión.
***
Patéticos algunos argumentos que se han atribuido a Manolo Saiz defendiendo el ProTour: “El año pasado siguieron la Paris-Niza cien periodistas y este año 185” o “Se ha podido ver la Vuelta a Suiza en 130 países”. Recordemos: la Paris-Niza se vio en España en resumenes a las tres de la mañana y si hubo mayor cobertura informativa fue porque fue la primera carrera del ProTour: que diga el impacto de la Vuelta a Polonia; y la Vuelta a Suiza, sencillamente, no se vio: yo tuve que ir a casa de un amigo con parabólica a sintonizar la nacional suiza. Y estamos hablando de España, uno de los países donde se sigue más el ciclismo
***
El CSC, que ya ha ganado este año la clasificación por equipos del ProTour (batiendo al Rabobank, que ha hecho una temporada increíble), se ha reforzado bien y barato, y eso es mérito de Rijs. Acaba de cerrar una plantilla de 30 corredores, reflejo de la ambición que le anima, y las dos últimas incorporaciones son Iñigo Cuesta, por referencias de Carlos Sastre (fueron buenos compañeros en la ONCE, donde les tocó gastar fuerzas por compañeros), y Gustov, el ruso que estaba en Fassa y que algunos años ha volado en las clásicas. Rijs ha conseguido que un corredor de 36 años como Lombardi (los mismos de Cuesta) haya acabado este año Giro, Tour y Vuelta: la locura de llevarlo al Mundial ya fue consecuencia directa de Ballerini. Esperemos que logre lo mismo con el burgalés de Villarcayo, uno de los corredores con más clase y profesionalidad del pelotón.
Armstrong es humorista. Si, como lo oyen. Pasea su popularidad fruto del binomio campeón-cáncer por los más populares talk-shows americanos, mientras rumia su rencor ante el enésimo rapapolvo del Tour en la presentación de la edición 2006 (todos los comentarios en el anterior post). Una de sus últimas actuaciones ha sido dejarse perseguir por un payaso que se hacía pasar por francés (ya saben: acento nasal, comer paté y leer a Rousseau dan la combinación perfecta) y que estaba interesado en hacerse con una muestra de su orina al grito de “J´acusse”. El espectáculo de latrocinio público que está ejerciendo el Tour con Lance Armstrong una vez que se ha retirado no tiene nombre, desde la revelación de su doping con EPO en 1999 una vez que acabó la edición de 2005 (cuando se tenían los datos desde la primavera de ese año) hasta la supuesta investigación de todas las muestras congeladas del heptacampeón americano, pero tampoco es de recibo que cada semana tengamos noticia del último numero circense del hombre que derrotó a su destino y que ahora parece cebarse en su propia condición de sospechoso. La historia va para largo, en estos largos meses sin competición estaré atento: acabará formando pareja en plan Tip y Coll con Ekimov, el simpático ruso que seguirá un año más en el equipo, hasta cumplir los 40. ¿Adivinan quién recibirá las bofetadas cariñosas que tan bien captó Alex de la Iglesia en “Muertos de Risa”?
Como ejemplo de que la mala transición de la vida deportiva a la de un ciudadano más no es exclusiva de Armstrong, habrá que decir que Cipollini está compitiendo en un programa de la RAI que se titula “Bailando con las estrellas”…no lo hace mal, pero su ego lleva mal no ser protagonista: hace unas semanas se encaró con un periodista que le hizo una observación sobre su carrera: “Tu eres un ignorante: mis cuarenta y dos etapas en el Giro equivalen a 120 goles en la Serie A, sólo que vosotros únicamente teneis ojos para el fútbol”. Jo, Mario, ya nos explicarás esa tabla de conversión.
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Patéticos algunos argumentos que se han atribuido a Manolo Saiz defendiendo el ProTour: “El año pasado siguieron la Paris-Niza cien periodistas y este año 185” o “Se ha podido ver la Vuelta a Suiza en 130 países”. Recordemos: la Paris-Niza se vio en España en resumenes a las tres de la mañana y si hubo mayor cobertura informativa fue porque fue la primera carrera del ProTour: que diga el impacto de la Vuelta a Polonia; y la Vuelta a Suiza, sencillamente, no se vio: yo tuve que ir a casa de un amigo con parabólica a sintonizar la nacional suiza. Y estamos hablando de España, uno de los países donde se sigue más el ciclismo
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El CSC, que ya ha ganado este año la clasificación por equipos del ProTour (batiendo al Rabobank, que ha hecho una temporada increíble), se ha reforzado bien y barato, y eso es mérito de Rijs. Acaba de cerrar una plantilla de 30 corredores, reflejo de la ambición que le anima, y las dos últimas incorporaciones son Iñigo Cuesta, por referencias de Carlos Sastre (fueron buenos compañeros en la ONCE, donde les tocó gastar fuerzas por compañeros), y Gustov, el ruso que estaba en Fassa y que algunos años ha volado en las clásicas. Rijs ha conseguido que un corredor de 36 años como Lombardi (los mismos de Cuesta) haya acabado este año Giro, Tour y Vuelta: la locura de llevarlo al Mundial ya fue consecuencia directa de Ballerini. Esperemos que logre lo mismo con el burgalés de Villarcayo, uno de los corredores con más clase y profesionalidad del pelotón.
26 octubre, 2005
La respuesta es no
Hace unas semanas, el diario As llevó a cabo una serie de entrevistas a personas del mundo del ciclismo sobre el balance del ProTour. El periódico deportivo, fuertemente escorado en contra del invento de la UCI, daba cancha a todo tipo de especulaciones sobre el origen, la gestación y el resultado de una innovación a la que se le puede reprochar lo peor que se le puede reprochar a algo que pretendía ser un paso adelante: ha sido un paso atrás.
No queda nada del proyecto original que pretendía que los mejores ciclistas fuesen a las mejores carreras, y que tenía que ser el motor sobre el que girase la revolución. Y ha sido así desde el principio de temporada. A diferencia de otros organismos deportivos con sistema de liga cerrada, como la ATP del tenis, la UCI no tiene ningún mecanismo para obligar a sus federados en equipos ProTour a tomar parte en tal y cual carrera. Casi mejor así, porque si no hubiesen hecho como las estrellas de la raqueta cuando no les interesa ir a un torneo: es que me duele la ceja o no entiendo como no ha llegado mi vuelo. Algo de eso también ha habido en el ProTour, pero el caso es que la UCI se ha dado por satisfecha viendo los equipos inscritos en las carreras seleccionadas, sin importarle el contenido. Y eso al final ha ido en contra del deporte y el espectáculo. En la cabeza de todos están los ejemplos de equipos franceses, pero el Domina Vacanze o el Euskaltel no han ido a la zaga. Veinte equipos para el ProTour parecen excesivos, y todavía no sabemos porque se escogió ese número y no catorce. Para el próximo año, visto que la reelección de Verbrugghen encarnado en irlandés asegura una nueva edición del invento, hay una plaza en litigio, la del Fassa Bortolo. El candidato más serio, porque tiene el dinero, es el AG2R, pero el equipo que presenta mejores resultados dentro de la categoría continental es el Panaria italiano: como no hay sistemas de ascensos y descensos, no hay reclamación posible. Como la NBA.
En el plano deportivo, una triste realidad: salvo el vencedor del ProTour, que desde luego no se marcaba este objetivo a principio de temporada, los demás situados en las primeras posiciones están ahí por marcarse objetivos concretos del calendario, no por la challenge en sí. Es el caso de Boonen, Ullrich (por una vez por delante de Armstrong, que a pesar de disputar únicamente Dauphiné y Tour está entre los primeros de la clasificación), Vinokourov y todos los demás, salvo Rebellin, un especialista en sumar buenos puestos, pero cuya única victoria de la temporada ha sido fuera del ProTour. Un fracaso rotundo y mayúsculo, y más si tenemos cuenta que en los meses de rodaje la casaca de líder fue repudiada por Freire y ninguneada por Petacchi, aunque desde la UCI no dudarán en interpretar que prefirió no tomar la salida en Flandes para no ensuciar el blanco inmaculado de un maillot que no significada nada. Un momento, estoy especulando sobre esa posible justificación...Al fin y al cabo...¿hay alguien en la UCI que realmente haya hecho un balance de pros y contra con los resultados encima de la mesa? ¿Han intentado siquiera justificarse? Ni eso. No lo necesitan. Ellos tienen el ordeno y mando, pero nosotros la capacidad de criticar un desbarajuste que no ha beneficiado en nada al ciclismo.
Porque es muy difícil sacar argumentos a favor del ProTour. Incluso entre los propios ciclistas. Lo más que llegan a decir es “ha habido más competencia, más ansia”, pero habrá sido en las grandes citas del calendario, que ya lo eran antes del advenimiento de la criatura de Saiz y Verbrugghen. De la Vuelta a Polonia, el Benelux y la crono de Eidhoven no se acuerda nadie, y eso que en teoría iban a verse potenciadas en proyección, interés y competitividad. Un pimiento. Lo único mínimamente tibio (por no entrar en temas como el sistema de puntuación o el solapamiento de calendario) que se puede decir sobre el ProTour es que ha sido su primer año y puede enmendarse, porque la esperanza es lo último que se pierde. O porque nos gusta mucho este deporte. En todo caso, siempre hay que recurrir a la pregunta esencial, a reducir todo a un respuesta de si o no, apelando a nuestra conciencia interna: ¿El ProTour ha hecho que la temporada fuese mejor que las precedentes? ¿Hay alguien ahí que se lo haya preguntado?
***
Segundo puesto de Mancebo en la Japan Cup. Ya entró en el grupo principal en Lombardía y ahora se ha metido un viaje de aúpa para despedirse de su equipo de toda la vida. Buena suerte en su nueva andadura francesa, pero supongo que en casa Unzué/Echavarri siempre tendrán la puerta abierta, porque es un grandísimo profesional y lo ha demostrado hasta el fin con una entrega que recuerda a la de Olano cuando se fue del Mapei. La victoria ha sido para Cunego, la cuarta de la temporada, una cifra de todo respeto pero que palidece ante el fulgor de su increíble 2004.
No queda nada del proyecto original que pretendía que los mejores ciclistas fuesen a las mejores carreras, y que tenía que ser el motor sobre el que girase la revolución. Y ha sido así desde el principio de temporada. A diferencia de otros organismos deportivos con sistema de liga cerrada, como la ATP del tenis, la UCI no tiene ningún mecanismo para obligar a sus federados en equipos ProTour a tomar parte en tal y cual carrera. Casi mejor así, porque si no hubiesen hecho como las estrellas de la raqueta cuando no les interesa ir a un torneo: es que me duele la ceja o no entiendo como no ha llegado mi vuelo. Algo de eso también ha habido en el ProTour, pero el caso es que la UCI se ha dado por satisfecha viendo los equipos inscritos en las carreras seleccionadas, sin importarle el contenido. Y eso al final ha ido en contra del deporte y el espectáculo. En la cabeza de todos están los ejemplos de equipos franceses, pero el Domina Vacanze o el Euskaltel no han ido a la zaga. Veinte equipos para el ProTour parecen excesivos, y todavía no sabemos porque se escogió ese número y no catorce. Para el próximo año, visto que la reelección de Verbrugghen encarnado en irlandés asegura una nueva edición del invento, hay una plaza en litigio, la del Fassa Bortolo. El candidato más serio, porque tiene el dinero, es el AG2R, pero el equipo que presenta mejores resultados dentro de la categoría continental es el Panaria italiano: como no hay sistemas de ascensos y descensos, no hay reclamación posible. Como la NBA.
En el plano deportivo, una triste realidad: salvo el vencedor del ProTour, que desde luego no se marcaba este objetivo a principio de temporada, los demás situados en las primeras posiciones están ahí por marcarse objetivos concretos del calendario, no por la challenge en sí. Es el caso de Boonen, Ullrich (por una vez por delante de Armstrong, que a pesar de disputar únicamente Dauphiné y Tour está entre los primeros de la clasificación), Vinokourov y todos los demás, salvo Rebellin, un especialista en sumar buenos puestos, pero cuya única victoria de la temporada ha sido fuera del ProTour. Un fracaso rotundo y mayúsculo, y más si tenemos cuenta que en los meses de rodaje la casaca de líder fue repudiada por Freire y ninguneada por Petacchi, aunque desde la UCI no dudarán en interpretar que prefirió no tomar la salida en Flandes para no ensuciar el blanco inmaculado de un maillot que no significada nada. Un momento, estoy especulando sobre esa posible justificación...Al fin y al cabo...¿hay alguien en la UCI que realmente haya hecho un balance de pros y contra con los resultados encima de la mesa? ¿Han intentado siquiera justificarse? Ni eso. No lo necesitan. Ellos tienen el ordeno y mando, pero nosotros la capacidad de criticar un desbarajuste que no ha beneficiado en nada al ciclismo.
Porque es muy difícil sacar argumentos a favor del ProTour. Incluso entre los propios ciclistas. Lo más que llegan a decir es “ha habido más competencia, más ansia”, pero habrá sido en las grandes citas del calendario, que ya lo eran antes del advenimiento de la criatura de Saiz y Verbrugghen. De la Vuelta a Polonia, el Benelux y la crono de Eidhoven no se acuerda nadie, y eso que en teoría iban a verse potenciadas en proyección, interés y competitividad. Un pimiento. Lo único mínimamente tibio (por no entrar en temas como el sistema de puntuación o el solapamiento de calendario) que se puede decir sobre el ProTour es que ha sido su primer año y puede enmendarse, porque la esperanza es lo último que se pierde. O porque nos gusta mucho este deporte. En todo caso, siempre hay que recurrir a la pregunta esencial, a reducir todo a un respuesta de si o no, apelando a nuestra conciencia interna: ¿El ProTour ha hecho que la temporada fuese mejor que las precedentes? ¿Hay alguien ahí que se lo haya preguntado?
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Segundo puesto de Mancebo en la Japan Cup. Ya entró en el grupo principal en Lombardía y ahora se ha metido un viaje de aúpa para despedirse de su equipo de toda la vida. Buena suerte en su nueva andadura francesa, pero supongo que en casa Unzué/Echavarri siempre tendrán la puerta abierta, porque es un grandísimo profesional y lo ha demostrado hasta el fin con una entrega que recuerda a la de Olano cuando se fue del Mapei. La victoria ha sido para Cunego, la cuarta de la temporada, una cifra de todo respeto pero que palidece ante el fulgor de su increíble 2004.
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