
En el equivalente para el Tour, titulaba "El sistema inmunológico del ciclismo". A posteriori, se puede decir que ha funcionado. Hombre, la redada al padre de los Schleck iba con mucha intención -y pistolas en mano- y se quedo en nada, pero Beltrán, Dueñas y Riccò (todo el Saunier) pueden atestiguar que el sistema inmunológico del ciclismo funcionó bastante bien. Si lo comparamos con el resto del ciclismo, de matrícula de honor. Había serias dudas en la partida, con todos los medios presionando veladamente para que el espectáculo de bocas con espuma, cadencias de pedalada de 110 y escapadas de 180 kms. no fuese cercenado por una estúpida cruzada para combatir el dopaje, pero los franceses han resistido. En el Giro ya se vió que no. Queda la Vuelta.
Bueno, en la Vuelta nunca hay positivos. Lo expliqué en su momento. Ahora dicen que han aumentado el presupuesto antidopaje de 180.000 a 300.000 euros, que detectarán la CERA y, en palabras de Victor Cordero, que la carrera es "mejor que el Tour" en participación. Aires de grandeza. O simplemente un sirocco, que te deja atontado. Si el CSC, ese equipo referente, se gasta al año 700.000 euros para que ningún corredor pite la máquina -el Saunier 400.000, del Scott no se nada-, ¿a dónde se va con ese dinero?. Y, sobre todo, con el historial que cuenta la Vuelta. La carrera de Casero, Sevilla, Nozal, Santi Pérez, Heras, el granadino del butrón al Unibet.com, la raza kazaja ganando a pares y tantos otros. Dime de qué presumes y te diré de que careces. Cuando no se quieren tener escándalos en plena carrera la voluntad está clara. Como en el Giro con Sella: que el espectáculo continue. Que no te lo chafen los controles.
El titular de hoy no es mío. Yo jamás tendré esa capacidad para titular. Y lo digo con envidia, que es como la verdura: sana. Pertenece a Garai y lo publicó en Marca (el periódico de mayor difusión después de 20 minutos) el 29 de julio pasado, a los dos días del triunfo de Sastre. Lo repetiré: "Lo peor del Tour, los controles antidopaje". El primer párrafo sirve para felicitar a su manera al famoso laboratorio de Châteneay-Malabry ("si es verdad, que no acaba de estar del todo claro"), y el segundo ya empieza con un "Pero". Vamos, realiza los exvotos para que no parezca directamente un libelo, y después se pone a hablar de lo que le interesa. ¡Que lo peor del Tour son los controles antidopaje!.
Lo califica de "auténtico desastre", porque "se ha llevado a cabo de la manera menos conveniente posible, sin transparencia y siempre a través de los medios, lo que le resta credibilidad y seriedad". Hombre, seriedad la que tu tienes. Esta columna, por no remontarse a la dedicadas a Manzano, cimenta una carrera profesional sólida, seria y comprometida con el ciclismo limpio. Dice que oficialmente no se sabe nada de los positivos, "no ha habido un miserable comunicado oficial" y especula con la posibilidad de que hayan retrasado resultados para "no dañar más a la imagen de la ronda", como si enchironar a un sputnik como Riccò dañase la imagen de alguien que no fuese su director con gafas de poli yanki. Y le pagan por escribir esto.
Por ejemplo, también se hace eco de un rumor sobre Moreau -lo tiene entre ceja y ceja, no se que le habrá hecho este chico-, dice que a Fofonov lo dejaron acabar porque corre en un equipo francés. Se sorprende de que "en sólo cuatro días de carrera salieran tres positivos y sólo uno el resto", como si sus expectativas -fue de los que publicó varias veces eso de "se especula con otros seis positivos en los próximos días"- no se hubiesen visto satisfechas. La columna no tiene desperdicio, porque lo es en sí misma. Lo mejor es el colofón: "lo digo sin otra intención que intentar que el sistema sea creíble y funcione porque lo demás la presión francesa contra el dopaje nos ha ayudado a ganar otro Tour". Es un frase ambigua: ¿se refiere a ganar para el ciclismo o se refiere a Sastre? Lo que no es ambiguo es el titular. Seguro que en la Vuelta no lo utiliza.
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Lo de Cavendish clama al cielo. Lleva en forma desde marzo y ganando. Ayer sumo su segunda victoria, de dos etapas, en la Vuelta a Irlanda. En los JJ.OO, los que le obligaron a abandonar el Tour, fracasó miserablemente en Madison, superado por la experiencia de dos nonagenarios argentinos -entrenados por Lombardi-, la pareja española -uno reside en Girona y el otro es un ex-Kelme que en marzo de 2006 dio hematocrito alto en un equipo murciano que se disolvió- y los rusos, con Ignatiev. Y eso fueron los metales, que la pareja británica quedó novena. Bueno, ahí está toda esa gente que sabe tanto de ciclismo -Horrillo, por ejemplo- para decir que es todo talento. Será eso. Ayer mismo, sin ir más lejos, entró tercero Richeze, el sprinter del CSF-Navigare excluído en vísperas del Giro. Al parecer, ha colado su excusa de que el positivo se debió a un preparado vitamínico. ¡El ciclismo, señores!.