Uno de los rasgos más llamativos de lo que llevamos de temporada es el anonimato del Saunier Duval. El equipo amarillo, capaz de realizar un comienzo de 2007 fulgurante, ha pasado a ser un combinado con rendimiento propio de equipo francés, y no aquel turboteam que aspiraba a todo y con todos.Algo de mala suerte ha habido. Riccó se cayó en Tirreno y desde entonces ha vuelto a besar el suelo en el País Vasco, y sigue sin ganar; en la foto vemos a Ángel Gómez, que quería brillar en el pavés y se cayó en el Tour de Flandes. Alguno más ha habido, hasta tal punto que, con gran pena y dolor, han tenido que renunciar a su participación en el Tour de Georgia, donde eran unos fijos desde la temporada de su debut, en 2004, cuando llevaron por ahí a Tafi y demás embalsamados, muy en la tradición de Matxín, Zidanes y Pavones.
En 2007 el Saunier empezó ganando en Argentina, siguió en la Tirreno con dos etapas, en Castilla-León Ventoso ganó tres etapas y Koldo Gil -todo el equipo, para que ocultarlo- subía al ritmo de A.C, mientras que en País Vasco ya recuerdan el rendimiento de Cobo, que hasta entonces había demostrado muy poco en el profesionalismo. En 2008 sólo tienen la alegría de Pagliarini, el sprinter brasileño que ganó una etapa en California. En datos brutos: el año pasado consiguieron 29 victorias, casi el doble que en 2006 y once más que en su temporada más prolífica, y encima con quince corredores diferentes, el mejor indicador de la calidad media del grupo amarillo.
Se podría argumentar que el Saunier ha perdido a algunos de sus mejores corredores: Simoni, Koldo Gil, Mayo, Ventoso y Millar. Es cierto, pero es igualmente cierto que estos corredores tampoco han ganado -salvo Ventoso, y una etapa- en sus nuevos equipos, cuando los hay. Y que tampoco ha hecho una adecuada política de fichajes, donde el mayor relumbrón corresponde a Jufré, un magnífico corredor de equipo, pero en las antípodas de un ganador. Lo peor de todo no es el número de victorias, es el nivel general: ganador en los dos últimos años de la Vuelta al País Vasco, este año el corredor mejor situado ha sido Gómez Marchante, en el puesto 19º. Y así, o mucho peor, en todas las citas de relumbrón.
¿Existe algún punto de cesura en el rendimiento de la banda de amarillo? Quizás alguien recuerde a Ibán Mayo, que el año pasado compitió de amarillo, incluyendo el día que dió positivo por EPO. Desde entonces, el Saunier sólo consiguió cinco victorias: la Subida a Urkiola -su ganador, un potencial runner-up para la Vuelta, desapareció como un azucarillo en los Lagos, y por allí sigue-, una etapa del Eneco Tour, una etapa de la Vuelta con Matusalén Piepoli, una en Txiguagua con el diabético Megías y la Japan Cup. Vamos, que 24 de las 29 victorias se lograron en la primera mitad de la temporada. Creo que se van a tener que espabilar un poco para igualar los resultados.
Pero bueno, vivimos el ciclismo de las maravillas. Que a nadie le extrañe que un equipo que campaba a sus anchas por todo el pelotón resurja en estas dos semanas de Ardenas. Siempre ha sido un territorio muy ambicionado por su director. O en el Giro, donde quieren ganar la general con Riccó. De momento, Juan José Cobo está disputando el ¡Tour de Turquía!, que en el País Vasco estaba malito y no pudo defender su título. Nadie lo hechó de menos, y si no me creen repasen la muy talibán y especializada prensa vasca, capaz de entrevistar a Rominguer, pero olvidarse del dorsal número 1. Allí está acompañado de Cañada, bregándose por la victoria; José Benítez; Bertogliatti (un ciclista que parece Benjamín Noval, no ha vuelto a hacer nada desde su etapa en el Tour); Megías; y el niño prodigio Arkaitz Durán, que tenía que empezar muy fuerte la temporada y en el prólogo en Estambul entró el último. Si uno se esfuerza, puede ver a los hombres del Saunier, pero los tiene que buscar en sitios exóticos y en el fondo de la clasificación.









