
Igor Astarloa hizo un día las maletas y se fue de aficionado a Italia: dicen que ganó una carrera e hizo entre los diez primeros en otras treinta. Eran finales de los noventa y se pueden imaginar el panorama de la época. Pasa a profesionales con el Mercatone Uno, un equipo destinado a consagrar a Pantani, y que lograba que fuesen como cohetes corredores como Forconi. El líder está muerto, el lugarteniente Fois es un cadáver reciente, y otro aún más anonimo ha sido cazado hace pocos días con 270 plantas de maría en su casa. Realmente, el Mercatone Uno empieza a ser la versión del siglo XXI de la maldición de la momia. O la maldición del calvo.
En 2001, con 25 años, empieza a lograr sus primeros resultados. Empieza carburar en el Miguel Indurain, pierde la primera etapa de P-V porque se le sale una cala, hace segundo y tercero en otra. Rápido y sube bien, un corredor que nunca ha abundado en España. Como premio a sus sinsabores, gana en Amorebieta, además de 11º en L-B-L y 15º en Amstel. En 2002 cambia a Saeco, y carbura para el verano. Gana el Brixia Tour, y en agosto hace segundo en Hamburgo y San Sebastián, batido por Museeuw y Jalabert. Llega al Lombardía con opciones matemáticas de ganar la Copa del Mundo, pero Bettini lo marca en seco.
En 2003 explota. Gana la Flecha Valona -segundo fue Aitor Osa, que vergüenza-, en lo que es la primera victoria de un nacional en Bélgica, y así quedará para todos los tiempos. Logra buenos puestos por doquier, y llega al Mundial de Hamilton como el segundo espada de la selección. Se cae a falta de dos vueltas y entre Carlos de Andrés y Perico Probenecid cunde el pánico: "¡No, no!, ¡qué grave!". A veces, dándole vueltas, creo que los comentaristas saben perfectamente el estado de forma -ya me entienden- de determinados corredores. No le paso nada, al contrario: ganó el Mundial, y lo hizo de tal manera que, en escala 1-10, sólo puede ser calificado de 9,9: escapado, descolgando a todos en una subida sin sentarse, y bajando en solitario entre las hojas muertas.
En meta diría aquello de que Bettini le había ofrecido un maletín de dinero, para después desdecirse. Pasa a Cofidis con contrato arcoiris, y empieza fuerte, muy fuerte: Mediterráneo, Tirreno, San Remo...hasta que el llamado caso Cofidis estalla y el equipo se retira de las carreras, justo cuando llegaban las clásicas. Nos dijeron que él no tenía nada que ver, y lo creímos: le dejaron salir y fichó por el Lampre, con el que tomó la salida en el Giro. La maldición del campeón del mundo. Sólo ganó una etapa del Brixia con el maillot arcoris. Problemas de dinero y contrato hacen que en 2005 fiche por el Barloworld: empezaba el ProTour y nuestro protagonista elige un equipo de tercera fila, con tal de conservar su patrocinador personal -sí, como Carlos Sainz-. Tiene un auténtico momento Popeye en la Vuelta a Burgos, donde gana una etapa y hace segundo en otras dos, y poco más. En 2006 gana la Milán-Turín y está en el corte bueno de San Remo, y se acabó. Desde entonces, nada de nada. Hasta ayer.
Astarloa es un hijo de su tiempo. En Hamilton, en su momento de más gloria, se subió al podio con otro español, mucho más hábil que el vizcaíno a la hora de sortear su destino y su tiempo, que es el mismo a pesar de la diferencia de edad. Uno se podría cebar en un reportaje aparecido en Bicisport, donde se veía como habían alquilado un local en Ermua para poder estar todos los de la grupetta sin tabaco y sin los malos rollos de un bar, en eso que el País Vasco se llama "la cuadrilla", o en la maldición del campeón del mundo, pero ¿para qué? Con la foto, he querido recordarlo en su momento de mayor gloria, pero en una toma insólita: de espaldas. Como tiene que ser leído el palmarés y la trayectoria de cualquier dopado.
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Numerito de Voigt en el circuito mundialista. Había que dar dos vueltas, y dos que te dio el alemán, doblemente escapado: primero del pelotón, y después de sus compañeros de fuga. 40 kms en solitario, y no le dieron alcance con un grupo con Bettini, Visconti, Nocentini, Bosisio y Bennati, presentando sus credenciales. Otro que también presentó sus galones fue Joaquín Rodríguez, que visto su papelón en F-V y demás citas importantes, a ver si se le quita de la cabeza sus sueños de grandeza. 36 años que tiene el gigante teutón. Vivir para ver. Por cierto, el circuito me pareció ideal para Freire....
Hoy etapa larga de montaña (228 kms) con tres puertos en la parte final: Vivione, Presolana y el inédito Monte Pora. Hará daño, y Riccò ha dicho que atacará. Por norma general, en el ciclismo cuando se anuncian ataques (¡y la alianza italiana! ¡uh, uh!) no pasa nada, y menos teniendo mañana el Gavia-Mortirolo, pero ahí está La 2 que ofrecerá la etapa para toda España a partir de la 16:00, intercalando con Roland Garros. Hoy no hay documental, Fungairiño: hoy vuelve el gran ciclismo para las amas de casa, para ese aficionado que no araña tiempo para buscar una etapa en Internet o para sintonizar emisoras exóticas. En resumen: hoy es un día para hacer aficción, captar nuevos seguidores. Que así sea.
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Ya está en sus kioskos la revista del periodista con apellido de conquistador y el ciclista de una victoria de profesional, que iba a ser jefe de filas en el Giro (ejem). Una maquetación horrible, fotos mal iluminadas, contenidos anticuados (hablan de la Roubaix, mes y medio después de su disputa) y un reportaje final consistente en sacar fotos de los caretos de los ciclistas subiendo Montelupone, Aia y demás cabestradas: un reportaje sadomaso. Indica bien a las claras su concepción del ciclismo. En cambio, de las tasas de testosterona de su socio fundador NI UNA PALABRA. ¡Eso es independencia, qué cojonazos! ¡Y piden 4´10 euros!