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19 marzo, 2006

Una historia de la que sabemos el final

La historia se repite una vez más. La ecuación consta de corredor joven + nacionalidad exótica + irrupción fortísima en el pelotón, sin continuidad + equipo pequeño que cambia por uno grande. ¿El resultado? José Rujano, pero seguro que hay muchos nombres que ahora vienen a la cabeza. El año pasado descolló en el Giro de Italia, y muchos vieron en su rendimiento en montaña el apóstol de una nueva generación de escaladores. A muchos les gusta decir que “estuvo a punto de ganar el Giro de Italia”, como si fuese una cosa así de fácil cuando vienes de Venezuela, tienes 23 años y corres en el Selle Italia de Gianni Savio. Incluso algún paisano forofo se dejaba notar clamando por sus virtudes y lo grande que era y bla, bla, bla.

Es cierto, José Rujano ganó la etapa decisiva del Giro de Italia y fue líder virtual durante muchos kilómetros, para quedarse a menos de un minuto de la victoria. Desde entonces, nada de nada. No volvió a competir, en agosto desapareció incluso para su equipo y poco después se supo que había fichado por el Quick Step a cambio de un extraño contrato. El Giro de Italia de 2006 lo correría con el Selle Italia, para después ponerse el maillot del equipo de Lefevre (que quiere escaladores para no ser el último en la caravana de coches de equipo) en la salida del Tour de Francia. Un contrato compartido para un corredor controvertido. Como suele pasar con corredores jóvenes seducidos de repente con el dinero y las lisonjas de los aficionados (“¡Qué grande eres!” “¡Les vas a ganar a todos¡”), a Rujano se le ha olvidado el orden de las cosas: cumples el contrato, compites y después te centras en tu nuevo equipo. El venezolano ya decidió no competir, ahora no cumple el contrato y será difícil que acabe en su nuevo equipo. El resto de la historia puede tener todas las derivaciones que quieran.

La alcanforada y casposa revista italiana Bicisport le dedicó un reportaje en enero, donde no se paraba de glosar su forma, lo bien que se entrena en la zona montañosa de Venezuela, lo cerca que esta queda de San Cristóbal (donde Moser ganó su Mundial en 1977), el apoyo de la familia y lo estupendo que era el ragazzo. Supongo que ahora habrán cambiado de opinión. Rujano ha decidido no competir más con el maillot que le dio la fama (efímera, fugaz), sin motivo aparente, y Savio ha hecho lo lógico en estos casos: se acabó el acuerdo con el Quick Step y si el corredor se queda la temporada en blanco, allá él. El último corredor con una trayectoria parecida es Perez Cuapio, que aunque no se lo crean sigue enrolado en el equipo de toda su vida, el Panaria. Un mexicano que con 24 años gana la etapa del Pordoi en 2001 y en 2002 las dos etapas dolomíticas del Giro, desde entonces dando tumbos sin continuidad. En su momento, hubo alguno que dijo que el Panaria tenía que ser invitado al Tour para desafiar a Armstrong. El año pasado ganó el Trentino y en el Giro fue una sombra, un fantasma, su tónica habitual. Y vuelta a leer la ecuación del principio. A veces, el ciclismo es una ciencia exacta.
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Un dato importante y que ayer quedó en el tintero. La San Remo 2006 se ha corrido a ritmo de locos, nada menos que a 45 km/h. Adiós al mito de las siete horas encima de la bicicleta, esta vez “sólo” seis horas y media. Sin embargo, la subida a la Cipressa (un único ataque, el de Garzelli) fue medio minuto más lenta…¿dónde han limado tiempo los corredores? ¿Llevaban propulsores? No, resulta que durante toda el tramo costero de la carrera, en cuanto han bajado el Turchino y han cogido la Aurelia, el viento de culo ha sido muy, muy fuerte.

El dato es más importante de lo que parece, puesto que suaviza las pequeñas ascensiones (de ahí lo nutrido del sprint final y las pocas diferencias entre los diferentes grupos en meta) y, sobre todo, ayuda a las escapadas. En cualquier otra circunstancia, una escena como la vivida entre los fugados en las calles de San Remo (tira tú, a mi me da la risa) hubiese acabado con la absorción dentro del pelotón, pero en esta ocasión les dio un impulso de más que, en el caso de Pozzato, fue decisivo. Por detrás el Rabobank tiraba fuerte y duro, pero parecía que nunca llegaban, y cuando lo lograron era con Freire extenuado. No es por justificar la neta derrota del cántabro en la clásica de las clásicas, pero si Boogerd hubiese podido participar (se rompió un hueso del pie jugando con su hijo el pasado jueves) es muy probable que el ataque de Ballan/Pozzato subiendo el Poggio no hubiese ido muy allá: el mismo corredor del Lampre fue incapaz de saltar en etapas de la Tirreno donde el gigante holandés imponía el tempo de la ascensión…

1 comentario:

quintus dijo...

Pues a mi me parece que José Rujano es algo más que los casos que planteas. Pérez Cuapio ganó esas etapas sin contar para nada en la Clasificación General, esto es con escapadas consentidas desde lejos, de hecho en la general apenas si consiguió entrar entre los veinte primeros en su mejor actuación, lo mismo podemos decir de casos similares como Iván Parra, Leonardo Sierra, el cacaito Rodríguez y corredores por el estilo. Rujano el año pasado estuvo entre los mejores en todas las etapas, incluidas las de llano donde no se dejó ir en ningún caso y en todas las de montaña estuvo en punta con los mejores. Además contrareloj no desentona en absoluto. Hacer tercero en un Giro como el del año pasado no está al alcance de los corredores con los que le comparas. Yo apuesto por él. Otra cosa es el desastre de temporada que ha iniciado con el extraño fichaje por Quick Step que ha hecho que todavía no haya competido en condiciones y que le va a impedir llevar ningún tipo de preparación medianamente lógica. Tiempo al tiempo.