La clásica de San Sebastián, una carrera preciosa que había caído en el pozo gracias a su nómina de últimos vencedores, ha vivido una edición 2008 preciosa. Gran participación, una novedad en el recorrido muy significativa, un tiempo espectacular y un ganador a la altura del marco. Un día perfecto.Convertida en la única prueba de relevancia entre el Tour y los JJ.OO, la carrera donostiarra concentró en su línea de salida a gran parte de los grandes nombres del ciclismo. Una escapada numerosa, a la que se tuvo que enganchar el que a la postre sería el ganador, provocó un ritmo vertiginoso. Jaizkibel no fue el juez, y sólo se vivió el ataque del sputnik Kolobnev, del que no se sabía nada desde el Mundial de Stuttgart.
Una subida introducida a 16 kms. de meta provocó una bonita sucesión de ataques y contraataques, sin mayores consecuencias. El triunfo se lo jugarían 10 hombres en la línea de meta del boulevard, y entre ellos estaba Valverde. Utilizando su mejor arma, y con un sprint larguísimo y en cierta manera incierto -no alzó los dos brazos por precaución-, el murciano enjuagó la amarga decepción del año pasado, cuando ganó el sprint de los perseguidores de Bertagnolli -sin noticias desde hace un año- y Gárate.
Segundo, cómo no, fue Kolobnev, capaz de enseñar el dorsal a todos los demás. Rebellin sumó un nuevo podio en una gran clásica -creo que el decimoctavo- y Bettini demostró que si se puede ganar un Tour con 33 años, también se pueden ganar unos JJ.OO con 34 años. Pero hablemos del protagonista, el ciclista más valioso del mundo. Y el mejor pagado. Tras un 2007 horrible, donde no ganó ninguna carrera de relevancia, Valverde parece haber ajustado la mira y gana todo lo que se propone y está a su alcance. Lidera lo que queda del ProTour, y ya habría sentenciado la competición de no haberse salido de la misma ASO, la organizadora de varias de las carreras que ha ganado este año el murciano.
Y sin embargo, este corredor y la gente que le asesora insiste en ir a por el Tour. Como en esta lleva dos años en el top-ten, se seguirá desperdiciando todo el potencial de un ciclista que puede ganar todas las carreras en línea que no sean de pavés. No es que ya lleve una temporada prodigiosa -dos clásicas, dos etapas del Tour, la Dauphiné y dos etapas, campeón nacional-, es que todavía tiene otros objetivos. De entrada, uno muy ambicioso el 9 de agosto en Pekín. Después, la Vuelta a España. Y por último, el Mundial. El ciclista más valioso del mundo por su omnipresencia. Y por sus múltiples victorias.
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Debe ser lo más normal del mundo que entre los siete primeros de una carrera haya cinco del mismo equipo, incluyendo el ganador. Yo no recuerdo algo así desde esa Vuelta a Valencia de finales de los noventa, en la que el equipo ONCE, recién salido de su concentración de pretemporada, copaba todos los puestos, como en un entrenamiento. Sin embargo, en las exiguas crónicas de hoy no veo que nadie refleje lo extraño de este copo masivo. ¡El ciclismo, señores!.
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Ya están en su kiosko favorito las revistas del sector ("A ver, no te quedes leyendo todas, que esto no es una bibloteca"). En una un columnista de As aprovecha para criticar al Marca, en otra ya decantada al cicloturismo le dedican dos páginas -y la portada al Tour- y en PedalierPro ("¿Pero para que las ojeas, si te estás enfadando?") ponen una portada de la carrera de julio, aunque dentro no hay nada de la misma. Sin embargo, suplen esa carencia con la columna de un ciclista positivo por testosterona y un artículo de una psicóloga titulado "La tortura de la localización". Como lo oyen. ("Venga, venga, espabila que nunca compras ninguna"). Parece de las gestoras ProAmnistía o algo del mismo jaíz. Le aconsejo a mi kioskero que la ubique en otra sección de su negocio. "Para qué, se devuelven todas".
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Felicidades al ciclista y a su abogado