Fran Ventoso es un nuevo valor cántabro, vinculado desde sus orígenes a Matxín. Este joven director (“pero viejo en sus métodos”, Arribas dixit) promocionó a su pupilo en las mejores carreras del mundo, desde las clásicas del norte al Tour de Francia, pasando por el exotismo de los Emiratos o EE.UU. En esta temporada, apenas finalizada, el corredor de Saunier fue cuarto en Gante y ganó tres etapas seguidas en Castilla-León, con arrebatadores resultados en montaña, para pasmo de propios y extraños. A partir de ahí, el olvido. Estuvo en el Tour, pero como si se hubiese quedado comiendo quesadas en su patria chica. No fue a la Vuelta. Por esas fechas se comunicó que no seguiría en el equipo, sin mayor explicación.
J.A Redondo es un corredor de 22 años, que ya en 2006 fue capaz de entrar segundo en una etapa de montaña de Romandía, tras una exhibición, y andar escapado en la etapa de Calar Alto en la Vuelta (en la imagen). Militaba, respectivamente, en el Liberty y el Astana, aunque es mejor poner consecutivamente. O lógicamente. Este año realizó un Dauphiné in-cre-í-ble militando en el mismo equipo asiático que se papó tres etapas con tres corredores diferentes, y que estuvo en tris de ganar la carrera con Kascheskin. No fue al Tour, pero se le esperaba en la Vuelta. Tras el lío hematológico de las estrellas del equipo, la dirección comunicó –sin especificar más- que su joven estrella era apartado del equipo por un asunto de “normas internas”. A su representante le faltó tiempo para explicar que no era nada de dopaje, en un excusatio non petita de manual. Al paro. A buscarse equipo.
Ambos corredores militaban en equipos ProTour y disputaban lo mejor del calendario. Contaban, además, con prometedores resultados que auguraban un brillante futuro. Bien, pues han acabado en el Andalucía-Caja Sur, un equipo que se puede calificar de regional más que continental, y no por el patrocinador. Un equipo que no corre nada más allá del calendario español, y que este año ha contado con la enorme fortuna de tener a un corredor como Luis Pérez que le ha dado presencia en la Vuelta, incluyendo una victoria de etapa. ¿A que se debe este fascinante ejemplo de que el ascensor social funciona bastantes veces en sentido descendente?
No faltará el racional –el ingenuo, en este mundo del ciclismo- que diga que es por la crisis de patrocinadores, el ambiente enrarecido y Nelson, que todavía sigue hundiendo nuestra flota en Trafalgar. Que hasta Contador, todo un ganador del Tour, ha tenido problemas para encontrar equipo, que las ofertas escasean. Ya. Pero es que hay ejemplos de lo contrario. Corredores como Marcel Seiberg, por poner uno cualquiera, pasan del Millran al T-Mobile, y tienen bastantes menos resultados que los dos protagonistas. “Jo, pero es que es alemán”. Bueno, el T-Mobile fichó a españoles en su tiempo. Que cada uno se pregunte porque ya no lo hace. Y tampoco italianos.
Una y otra vez el aficionado al ciclismo, incluso el más irredento y adorador de Garai, se tiene que tropezar de bruces con la auténtica realidad del ciclismo. Un deporte corrompido por un mal, que no voy a citar, y que está en la base de estos extraños movimientos de mercado. Veremos ahora, pasados a un equipo con menos acceso a recursos, en que se quedan las prometedoras carreras de estos corredores. Siempre puede ser que impulsen hacia arriba un equipo modesto como el Andalucía-Caja Sur. Lo mismo decían este año del Relax-Gam, y salvo la Vuelta a Chiahuahua y dos etapas vergonzosas en País Vasco y Cataluña, poca cosa para tanto gran nombre. Al final, el tiempo pone a cada uno en su sitio. ¿Qué se puede esperar de unos jóvenes prometedores en un ambiente como el del ciclismo actual, del que son responsables los propios ciclistas y no los dirigentes? O que los cacen en un control antidopaje, o que se metan a las listas del paro antes de los treinta años. Al tiempo.
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Entrevista a Contador en El País. Don Desmayos se muestra más seguro que nunca. "Ellos me necesitan (los organizadores) porque voy a ser un joven que va a estar muchos años ahí". Ehhhhhhh, ejem. Cof, cof: esa frase no la puede decir alguien que esté en plena posesión de sus facultades, más bien parece la frase de algún admirador-gurú que le asesore. Tan pronto como salga una nueva figura, estará más caduco que las pasas. Ya parece que se haya olvidado de su compañero -hasta hace seis meses- Basso, que tenía su mismo perfil y que, cuando vuelva al Tour, tendrá 32 años.
Remacha la entrevista con un "por la credibilidad, lo que haga falta". Esta frase entronca directamente con sus frases robóticas durante el pasado Tour, cuando repetía hasta la saciedad que "lo importante es dar espectáculo". Mutatis mutandis, "por el espectáculo, lo que haga falta", y ahí tenemos la puerta abierta a todo tipo de desmanes, con certificado médico de por medio.
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Estas noticias tan ridículas sólo pueden suceder en Italia, un país que atraviesa una crisis monstruosa, propiciando un campo abierto para cualquier tipo de iniciativas indecentes. Concretamente esta, impulsada desde hace muchos años por Bicisport como la necesidad de disponer de un Coverciano a nivel ciclista. Coverciano es el sitio donde se reune la nacional de fútbol en sus concentraciones, una selección que, tras su triunfo en el Mundial de 2006, es lo más parecido a los 12 apóstoles que se ha visto por el país desde los tiempos de la caída de Roma.
Ya se imaginan el ambiente, con Alfredo Martini dando consejos de abuelo cebolleta tras sus gafas strictely eighties, las mujeres-palomas mensajeras aiutando al sempre neccesario riposo (sic) y Bicisport aplaudiendo hasta sangrar las manos, con la excusa perfecta para colar a sus lectors el enésimo reportaje sobre los Mundiales ganados por Italia, con las mismas fotos de siempre.

