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22 marzo, 2010

Otra vez con la de la sorpresa y el despiste

Todavía con lo de la sorpresa: Arribas juega hoy con eso, desmitiéndolo y al mismo tiempo poniéndolo de titular. Todavía con lo del despiste, esta vez una zapatilla. Y todavía con lo de que no se entrena. La persona que hace una y trina esta serie de lugares comunes y desafortunados lleva oyéndolos una década.

Afortunadamente ha sido otro nuevo gran triunfo de Oscar Freire, nada menos que una Sanremo, el que ha traído a colación esta retahíla de topicazos, y pasado a mejor historia otros lugares comunes como su falta de glamour -la famosa historia de Bartoli y su Ferrari, y Freire y su Corsa- o su mala salud de hierro, pero no se descarta que vuelvan.

De hecho, la Gazzetta de hoy es un buen compendio de todo esto. Primero recupera una historia de Pozzato, que dice que en el año 2000 (el tenía 19 años, el cántabro 23) y en la primera concentración del Mapei le acompañó a comprar una chaqueta porque se había presentado vestido como un "pordiosero" (straccione en el original). El italiano le recomendó una de D&G y al campeón del mundo le pareció que era demasiado cara. Al margen de lo ridículo de la situación, con Pozzato haciendo de guía y confidente a esa edad -algo muy típico del país- lo de la primera concentración del Mapei ya alcanza categoría de leyenda.

El mismo periódico sigue después con Paolini, que dice que a pesar de vivir por la misma zona nunca le ve entrenar, "quizás se entrena en el norte de Suiza...". Es una maldad muy seria, ya que hay que pasar el Gotardo, pero es una maldad que viene de un juzgado por doping, amiguísimo y esclavo de Bettini que, cuando ha tenido dos años para ser jefe de filas (en el Liquigas) no ha hecho nada, y donde más que preguntarse por sus escasas victorias hay que preguntarse como pudo hacer dos veces tercero en Sanremo y un bronce en un Mundial. Sin embargo, en la Gazzetta le dan pábulo porque les viene bien en su intento de crear un personaje "que se esconde".

Y ahí entramos de lleno en otra característica, más imaginada que real, de Óscar Freire. Es una que le encanta a Bicisport, que siempre utiliza la metáfora del conejo y la chistera para explicar los triunfos del cántabro, y que estoy seguro que volverán a utilizar en el número de marzo en las páginas interiores, porque jamás le dedicarán una portada. Más imaginada que real porque en lo que va de año Freire acumula quince días de competición antes de la gran cita de la primavera, y ha hecho el programa clásico de T-A antes de la carrera.

Ahora que están de moda corredores que se tiran seis u ocho meses sin participar en una carrera nos venden con suspicacia muy intencionada que Freire se entrena poco, o directamente que no se entrena. Que me digan a mí cómo se aguantan 300 kms. en bicicleta, en siete horas, si no se ha entrenado. Tampoco hace falta que lo digan: a diferencia de otros corredores, de Freire se sabe donde está, y suele ser compitiendo. En todo caso, Arribas ya acudió raudo y veloz a decir que estaba en un hotel cerca de Imola en los días previos a la carrera.

Más interés tiene la entrevista hecha por Deia en la vigilia de La Primavera, este año más que nunca porque la carrera fue un 20 de marzo. Freire veía que podía ganar, en una sinceridad que también ha demostrado en los Mundiales: los que ha ganado y los que le han hecho perder sus compañeros de selección, algo sobre lo que también se extiende. También habla con soltura de rivales y carreras: de Bettini dice que tantos movimientos y tantos artificios en la Sanremo para ganar una única vez (y porque tenía un esclavo a sus órdenes que le hizo todo, como en su segunda Lieja); clava la carrera de dentro de unas horas ("De llegar al sprint, Boonen y Petacchi son los rivales, son los que están mejor; el Liquigas como bloque, es el que está más fuerte"); y dice con toda la razón que muchas de sus etapas en T-A (nueve, que se dice pronto) las consiguió ante un elenco de sprinters mejores que los del Tour.

Sin embargo, lo importante es esto: "cuando estoy corriendo sé que es mi trabajo, que he dedicado toda mi vida a eso y que tengo que hacerlo bien". Lo que se da por sentado en cualquier profesional en cualquier profesión lo tiene que decir explícitamente, hasta aquí hemos llegado. Fíjense en la foto de hoy: es de procycling, que hace tres años le dedicó un reportaje donde salía a entrenar por Torrelavega y se quedaban estupefactos al ver dónde y cómo llevaba la bomba. Gran notición.

Ahora pongan en los platillos de la balanza las victorias de Freire, por un lado, y su supuesto despiste, falta de entrenamiento, negligencia y despreocupación en el otro. Yo ya no hago esos juegos, porque poco no ha cambiado nada de esto escrito hace tres años. Y no debería cambiar nada, estamos hablando de tópicos que se actualizan. Venga, volvamos a lo de la balanza. ¿Ya lo han hecho? Atención al retirar la ley, se puede desequilibrar por la evidente descompensación. Seguro que todos llegamos a la misma conclusión. Nardello, viejo amigo del español, dijo que habló con el al acabar la T-A y le dijo que estaba bien: apostó 30 euros a su victoria y ha ganado 450 euros. Mientras unos siguen con lo de la sorpresa y el despiste, otros ganan dinero. También tres Mundiales y otras tantas Sanremo.
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Según la Gazzetta, el podio de la Sanremo ha sido el más nobile de los últimos 40 años. Han sumado los seis grandes títulos de Freire más los seis grandes de Boonen y la Sanremo de Petacchi y les sale eso, un título nobiliario.
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Lo había dicho y ha cumplido su palabra. Porque es un hombre que hace de ella un santo y seña (no busquen más: aquí está el chiste), y por eso ha vuelto a competir en la Volta a Cataluña ocho meses después de su última carrera oficial. Se llama Carlos Sastre y el futuro del ciclismo pasa por el. Ocho meses, ocho. Ha quedado en el puesto 75º a 18" del ganador de la crono de 3´6 kms, el alemán Voss.

Este corredor de 24 años prolonga la buena racha del Millram (que también ha colado al joven Nerz de 20 años en cuarta posición) y del ciclocross en general, puesto que también viene de esta disciplina, donde sin llegar a ser un Sagan era de los corredores punteros. Batidos en meta nada menos que Leipheimer y Klöden.
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Uf, el BOE es árido y es lo que es, pero merece la pena leer esto. Como todas las cosas que periódicamente publican relacionadas con el asunto. Esta es un poco diferente, porque en vez de venir del Ministerio de la Presidencia (¡ar! ¡todos firmes!) del que depende la cosa deportiva en este país de pandereta y morcilla, viene del Ministerio de AA.EE.

Hemos hecho un "anejo" a la convención internacional sobre el dopaje en el deporte, concretamente sobre las sustancias de uso terapeútico. Esto es: reconocemos una especificidad española en un convenio internacional ampliamente suscrito. Algo que nos hace diferentes. Eso es lo que significa un "anejo" a una convención. Como no apetece mucho analizarlo in extenso en todo su significado, habrá que hacerlo in intenso: me da vergüenza.